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El homicida de Olot llegó a comentar a una víctima que asesinaría a alguien para conseguir popularidad

18/12/2010 12:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

«Algún día me haré muy famoso porque me cargaré a unos cuantos. .Toma ya!! Y encima invadido por una especie de serpiente. Este que le pasa, somos tontos o qué...a la carcel sin salir de allí

Leedlo que no tiene desperdicio...

Quería ser famoso. Más de una vez, Pere Puig Puntí, el albañil que el miércoles acabó con la vida de cuatro personas en Olot (Girona), había comentado que entre sus planes se encontraba alcanzar la popularidad internacional cometiendo asesinatos. «Algún día me haré muy famoso porque me cargaré a unos cuantos. Tengo una lista de los que quiero matar», había llegado a decir.

Comentarios que realizaba en un ambiente distendido, mientras desayunaba con sus colegas de trabajo, que nunca fueron tomados en serio, y que se interpretaban como meras fanfarronerías. Llegó a bromear sobre estas intenciones con la que sería su primera víctima, el constructor para el que trabajaba, Joan Tubert. Éste, entre risas, le habría comentado, divertido: «espero no estar en esa lista», a lo que Puig habría contestado: «sólo estoy bromeando».

La familia del empresario fallecido recuerda ahora con tristeza esas conversaciones, que tras la brutal masacre del miércoles adquieren un macabro significado. Lo explicó ayer su abogado, Carlos Monguilod, ante los juzgados de Olot, donde el detenido prestó declaración durante más de tres horas, previamente a ser ingresado en prisión sin fianza.

Ante el juez, Puig reconoció los cuatro crímenes con semblante calmado, deteniéndose sosegadamente en los detalles. Haciendo gala de una pasmosa frialdad. Admitió encontrarse más «tranquilo» tras ejecutar la cruenta matanza. El miércoles, de buena mañana, con el plan bien definido en mente, se vistió de «cazador», en sus propias palabras, porque había decidido «ir de cacería». En este caso para disparar a personas con su rifle.

Quería ser famoso. Más de una vez,

Reconoció también que en su funesta lista de posibles víctimas había dos nombres más. El del dueño del bar 'La Cuina de l'Anna', en el pueblo de La Canya, escenario que escogió para disparar a bocajarro a sus jefes, y el de Marcelí, cliente habitual del local, que tuvieron la fortuna de no encontrarse en el establecimiento en el momento del crimen. Quería cobrarse venganza de estas personas porque «le miraban mal y hacían comentarios sobre él que no le gustaban».

Se sentía «menospreciado» El homicida insistió en este motivo, el de sentirse objeto de burlas, para explicar sus actos. Se había sentido «vapuleado, menospreciado» por su superior Joan Tubert, y su hijo Ángel. Los otros dos hombres a los que quería matar, también participaban de las risas, de los comentarios jocosos hacia él. Razones a las que se añadirían otras de índole económico.

La empresa constructora le debía las pagas extras de las últimas Navidades y de julio pasado, y 15 días de salario del último mes, según relató. Con los dos empleados de la sucursal en Olot de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) a los que asesinó, había tenido problemas porque no estaba conforme «con la manera en la que gestionaban su tarjeta Visa», explicó, sin dar más detalles. Presuntamente, Puig habría quedado molesto por el trato dispensado por estos trabajadores cuando visitó la oficina para informarse sobre una cantidad de 4.500 euros que tenía en su cuenta al descubierto. Él pensaba que había saldado la deuda tras pagar 180 euros al mes durante un cierto periodo, pero se enfadó tremendamente cuando los empleados le comunicaron que la deuda no se había saldado, y que debía abonar ese dinero si quería seguir siendo cliente de la entidad bancaria.

El homicida también dijo sentirse «arrepentido» y haberse sentido «invadido por una especie de serpiente interior, en el estómago y el cerebro». Su abogada de oficio, Nuria Masó, ha solicitado que unos psicólogos examinen a su cliente para determinar si ha sido víctima de un trastorno mental, pues según apuntó la letrada «él es una buena persona». Una conjetura que no comparte el abogado de la familia de los constructores asesinados. A Carlos Monguilod no le pareció que Puig estuviera trastornado pues su declaración, plagada de detalles, «no es propia de una persona enajenada». Tampoco se acabó de creer lo de que estuviera arrepentido de su crimen. «Ha dicho que se arrepentía, pero con la boca pequeña». El abogado rechazó que el desencadenante de la matanza fueran las penurias económicas, pues construcciones Tubert sólo debía unos 2.000 euros al albañil. Monguilod aclaró que Puig no había sido despedido, pues le quedaban cuatro meses de trabajo más, los que restaban para finalizar la obra que la empresa estaba realizando en La Canya. Sí que se le había comunicado que si no surgían más proyectos no habría más trabajo, pero ésta era una situación que «sufría toda la empresa». El letrado no se atrevió a aventurar un motivo para la despiadada masacre. «Esto sólo lo puede saber el asesino».


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Lafuentepito (117 noticias)
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