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Hitler y el Holocausto de los gitanos

21/09/2010 12:17

0 La expulsión de los gitanos de Francia, obra de Sarkozy, trae al recuerdo el Holocausto de los gitanos durante la Segunda Guerra Mundial. Y ese genocidio no conocido no se puede dejar al olvido

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Si bien la mayoría de los condenados a muerte en las cámaras de gas de los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial fueron judíos, estos no fueron los únicos que sufrieron esta condena. Los gitanos, los homosexuales, los prisioneros de guerra, rusos, polacos, checos, eslavos, serbios, muchos católicos y protestantes que no se plegaron, los testigos de Jehová y otros grupos que fueron en mayor o menor grado asesinados no tan intensamente.

De otro tipo, pero iguales en cuanto a penalidades fueron los enfermos mentales y los disminuidos psíquicos y físicos que fueron otros de los colectivos afectados por las deportaciones y eliminados en los campos de concentración. Sobre el tema ha habido tanta literatura que es difícil hallar quién dice qué y si es auténtico.

Destaca Christian Bernadac que no buscó sino una fuente: la de su padre que le dictó aunque desordenadamente sus sufrimientos en un campo de la muerte. También René Remond respecto a los ficheros Franco-alemanes sobre las redadas hacia el Velódromo de Invierno de París y los de Dominique Natanson.

Hacia el final de la guerra, 6 millones de personas habían sido asesinadas. De ellas tres cuartas partes judíos. Estas cifras dan idea acabada que si bien los judíos fueron la minoría más afectada no fueron sólo las víctimas del Holocausto.

Así, el Holocausto Judío fue en realidad holocausto europeo. Se ha minimizado la importancia de la muerte y sufrimiento de millones de no Judíos. Acaso los Judíos sin intención de hacerlo, han guardado todo el sufrimiento para ellos solos. Y por otra parte, el Holocausto es un elemento central y crucial de los judíos, incluso cuando millones de otras personas murieron. El juicio, pues, no puede ser personal y hay que dejarlo para la historia.

Leales a Hitler, los nazis tomaron como blanco a los judíos y lo hicieron desde un comienzo, en efecto ya en 1919 Hitler le escribía una carta a Herr Gemlich en la cual decía que si alguna vez llegara a tomar el poder expulsaría a todos los judíos de Alemania. Walter Buch, juez supremo del Partido Nacionalsocialista Alemán escribía en 1938 en ‘ Deutsche Justiz’ : ‘ sería un error creer que los judíos pertenecen a las razas humanas. Son la antiraza (‘ Gegenrasse’ ). El término ‘ Untermenschen’ se aplica a las ‘ razas inferiores’ , como los eslavos, los romaníes, porque sus capacidades son muy reducidas, pero, muy maleables y peligrosas’

Aún cuando las ideas de odio hacia los judíos empezaban a tomar forma en la mente de Hitler, éste seguía siendo un asunto de debate. Mientras él vivía en Linz, iba asimilando su odio racial y durante la guerra europea (1914-1918), aún cuando algunos de sus camaradas en las trincheras alemanas eran de raza judía, y se portaban bien con él (tenía el grado de cabo) su odio alcanzó el paroxismo. Esta y otras muchas experiencias que tuvo acrecentaron sus tendencias genocidas.

En ‘ Mein Kampf’ (Mi lucha), la biblia del nazismo, (escrita por Adolf Hitler) que dicta a partir de 1924 a Rudolf Hess durante sus 4 años de estancia en la fortaleza de Landsberg. Allí proclama el derecho de conquista al decir: ‘ Ningún pueblo sobre la tierra posee ni un solo metro cuadrado de territorio en virtud de la voluntad divina o el derecho humano. Las fronteras de los estados las crean los hombres por la fuerza y ellos son quienes las moldean y modifican por ese principio.’

¿‘ Hay algún acto de desvergüenza moral, sobre todo en la vida cultural, en el cual, al menos un judío no haya estado involucrado?. Tan pronto como uno cuidadosamente se metía en tal absceso, encontraba como gusanos en un cuerpo podrido, incluso visibles a la débil luz, de un quinqué’ .

‘ Si hubiéramos tenido al principio y durante la guerra, sometidos 12 o 15 mil de estos hebreos corruptos y destinados a la aniquilación, trabajando como cientos de miles de nuestros mejores obreros alemanes de todos los estratos y ocupaciones, no habríamos tenido 10 millones de víctimas en el frente y nuestra derrota no habrían sido en vano’ (Hitler se refería a la primera guerra europea).

Otro pueblo víctima del exterminio: los olvidados gitanos

Muchos gitanos fueron condenados a trabajos forzados en el campo III C, denominado el "campo gitano". Los demás fueron exterminados a su llegada o poco después. Los gitanos, explotados como mano de obra esclava, trabajaban en fábricas de ladrillos, en aserraderos, o bien debían cavar canales de irrigación. Terminaban por morir igualmente, vencidos por el hambre y el agotamiento. Vivían en tiendas de campaña o a cielo abierto, hacinados, hambrientos y descalzos, bajo el sol, la lluvia o la nieve. Sus alimentos eran aún peor que el de los otros prisioneros. Sus guardianes, los ustachis (los croatas nazis) encontraban un placer especial en golpearles y azotarles. A la caída de la noche, sacaban a algunos del campo para matarles. Se decía que habían llegado para entretener a sus guardianes de las SS, sobre todo si eran centroeuropeos.

Algunos prisioneros no gitanos intentaron esconder a los gitanos de los ustachis. Entre ellos había un violinista llamado Jovanovic. Pero el comandante del campo, Filipovic, le descubrió y le mató. El botiquín del campo no atendía a gitanos. El capellán de los ustachis, al que llamaban "padre Satán" ordenó que todos los gitanos enfermos fueran ejecutados. Algunos de ellos llegados a Jasenovac eran músicos. Los ustachis crearon varios grupos de orquestillas gitanas. En junio de 1.942 a los músicos gitanos y otros prisioneros europeos, generalmente húngaros se les obligó a tocar en concierto. Nada más terminar fueron fusilados todos.

Las condiciones de vida del campo III C eran tan terribles que se debían recoger cada mañana casi cuarenta cuerpos de prisioneros muertos por el frío. Bozidar F. trabajaba en la lavandería del campo. Pudo ocultar su identidad. Otro gitano - un violinista llamado Vaso- tocaba en la orquesta del campo. Ellos dos fueron los únicos, junto a dos gitanos alemanes de Turingia que habían trabajado en una forja como fogoneros, que sobrevivieron a la carnicería hasta los últimos días del campo, que relata magníficamente Christian Bernadac en ‘ Le dernier jour de notre mort’ .

El exterminio en Ustice y Gradina

Un superviviente, Dusan Culum, recuerda: " Todos los días, llegaban a Jasenovac de seis a doce vagones de gitanos. Debían desembarcar del tren ante el campo y sentarse en el suelo. El comandante del campo, Luburic, u otros responsables ustachis les señalaban el lugar donde serían instalados para trabajar. Los ustachis sacaban primero a los hombres y les contaban. Estos, los más robustos, eran enviados a trabajar en fábricas de Alemania o territorios ocupados. Les hacían cantar "Bendito sea Pavelic (el jefe nazi croata)" y les embarcaban. Este personaje guardaba los ojos de los ejecutados en tarros de alcohol. Al final de la guerra fue ahorcado por las fuerzas de Mariscal Broz Tito.

Les hacían montar en balsas para cruzar el río hasta Ustice y les llevaban a casas vacías cuyos ocupantes servios habían sido asesinados paras hacer sitio para ellos. Las casas estaban rodeadas de alambradas de espino y formaban un pequeño campo. Después, cuando ya no les servían, los guardianes mataban a los gitanos a mazazos y los enterraban en los jardines. Tras haber liquidado a los hombres, volvían y mataban a las mujeres y a los niños".

A otros recién llegados les contaban que serían enviados a Bosnia e instalados en las tierras de los partisanos de Tito que estaban acechando en el monte. El jefe de la contraguerrilla ustachi era el general Mihailovic. "Que Dios les bendiga", decía una anciana gitana al escucharlo. Los gitanos atravesaron el río para alcanzar Ustice. Los hombres fueron conducidos a la orilla, atados de cinco en cinco y asesinados. Los ustachis regresaron enseguida para matar a las mujeres y los niños.

Como la capacidad de exterminio del campo de Ustice se reveló insuficiente en relación al número de prisioneros llegados a Jasenovac, se abrió un nuevo centro de exterminio en Gradina. Un grupo de hombres, mujeres y niños fue conducido directamente por tren a Gradina sin pasar siquiera por el campo de Jasenovac. Se les ordenó cantar durante el viaje las canciones que entonaban en la celebración de las bodas. A su llegada a Gradina fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes.

Un superviviente describe el modo en que fue conducido otro convoy de mujeres y niños, en canoa, a Gradina. Los prisioneros habían cavado allí una fosa. Las mujeres fueron llevadas hasta el borde de la fosa, primero en grupos, luego una a una, para ser abatidas. Después, el grupo encargado del trabajo debió cavar otra fosa. Los vestidos de los gitanos asesinados eran enviados a una fábrica textil del campo, y de allí a una fábrica en Zagreb, cuyo propietario era Pripic. Algunos gitanos cavaban las tumbas. Cada cierto tiempo, los trabajadores de estos grupos eran abatidos, y se formaba un nuevo grupo. En 1.945 fue asesinado el último de ellos, y ningún testigo de Ustice sobrevivió.

La evasión de Jasenovac, en parte abortada por los guardianes

Simon Kotur formó parte del comando encargado de cavar las tumbas del campo III C. Según cuenta: "450 de los nuestros fueron escogidos para ser reemplazados por nuevos obreros. Nos ataron las manos y nos enviaron en lanchas para cruzar el río Sava. Pudimos distinguir un grupo de gitanos en la otra orilla, cavando nuestras tumbas. Ellos nos gritaron: "No os matarán esta noche. No hemos podido hacer una fosa tan grande para todos vosotros". Todo el día estuvimos viéndoles cavar nuestras tumbas. Mi amigo Branko me dijo: "Nos mataran mañana. Es necesario fugarse de cualquier forma". Acordamos que cuando los ustachis comenzaran a llevarnos hacia la fosa, nosotros saltaríamos detrás y huiríamos a la carrera. Los ustachis mataron a 20 esa noche. Por la mañana, vimos a los otros gitanos cavar nuestra tumba hasta el mediodía. A las 4 de la tarde, estos gitanos, escoltados, nos trajeron un guiso. Tres horas después, los que habían tomado esta comida fueron presa de convulsiones y murieron. A las 9 de la noche, los ustachis comenzaron a reunir a los que quedábamos. Nos ordenaron desnudarnos. Stevo saltó sobre un ustachi y gritó: "¡Corred, muchachos!" Yo pude pasar bajo la cerca y correr hacia el lugar donde el río Una confluye con el Sava. Cuatro de los nuestros lograron escapar y atravesar los campos corriendo hasta Prodsara".

Joka Nikolic también pudo escapar antes de la ejecución y esconderse entre los rosales junto al río. Más tarde, se unió a los partisanos. Volvió a reencontrarse con Janko Gommen, otro fugado de Jasenovac. Tras múltiples evasiones, los gitanos fueron puestos bajo la vigilancia de guardianes armados con ametralladoras y atados de dos en dos cuando eran conducidos a la ejecución.

Los ustachis, nazis de Croacia, fueron los guardianes y esclavistas del Campo de Concentración de Jasenovac. Pasarán a la historia por su crueldad

La crueldad de los guardianes croatas ustachis fue la más atroz de los campos de concentración

Comprender la historia de Bosnia durante la guerra es hacer un viaje a la oscuridad, pues los horrores que se perpetraron entre 1941 y 1945 son bestiales, en el sentido literal del vocablo. Recordamos que los campos de concentración originales creados en esta zona por los nazis y sus aliados croatas lo fueron a una escala infinitamente crueles. Jasenovac, ya citado, fue escenario de actos de salvajismo que se pueden equiparar a los de Auschwitz.

Construido por el Estado ustacha fascista de Croacia, instalado por los alemanes después de su invasión de Yugoslavia en 1941, Jasenovac tomó como modelo campos de concentración ya en marcha en la Europa nazi.

Personal militar alemán visitaba de modo habitual los campos -una fotografía muestra a un comandante de la Wehrmacht tomando cerveza con los famosos jefes del campo de Stara Gradiska, comandados por Marks Luburic-. Los alemanes dejaban mano libre a los ustachis croatas y ellos fueron los responsables históricamente del sistema de liquidación de aquella guerra. En total, 700.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados sólo en Jasenovac, casi todos ellos civiles. Setenta mil de ellos eran judíos. No se sabe a ciencia cierta cuantos eran gitanos, pero otros relatos permiten suponer que su cifra no era de cientos sino de miles.

En Jasenovac no había cámaras de gas. Cientos de hombres eran liquidados de la forma más cruel posible o arrojados al río Sava por millares, con hormigón sujeto a sus cinturas. Las muchachas eran violadas en grupo, cientos cada vez. El teniente Artur Hefner, oficial del cuerpo de transporte de la Wehrmacht, fue a visitar Jasenovac en febrero de 1942 y lo describió en una carta al Ministerio alemán de Asuntos Exteriores en Berlín como un campo "de la peor categoría, igual al infierno de Dante". Las fotografías archivadas de dicho campo muestran mujeres mutiladas. Muchas de ellas habían sido asesinadas a cuchillo por los ustachis.

Cuando los partisanos dirigidos por Josip Broz, Tito, él mismo croata, incrementaron sus fuerzas que hostigaban a las fuerzas alemanas y ustachas, en 1942, la Wehrmacht preparó una campaña sangrienta en torno a las montañas de Kozara para aplastar al ejército guerrillero. Más de 70.000 soldados alemanes reunieron a los habitantes, hombres, mujeres y niños, en la meseta y les transportaron por carretera o ferrocarril hasta Jasenovac y sus campos satélites, muchos de ellos fueron colgados en horcas improvisadas.

De todo eso no se llevaron ficheros, sino clandestinos. En Francia, sí. Pero sobre todo en torno a las deportaciones de los judíos. Pero aún esos no son muy seguros. Los únicos válidos y exentos de sospechas de xenofobia fueron los de los desmovilizados cuando Francia se rindió a los alemanes, los de los prisioneros de guerra franceses, hay uno de 1941 de Clermont-Ferrand, que ha subsistido.

Los únicos, más bien numéricos que permiten una información bastante detallada, son los del campo de Drancy, donde se reunía a todos los deportados parisinos, franceses o extranjeros para encaminarlos a los campos de la muerte. En origen todas las prefecturas de policía llevaban un fichero doble: individual y familiar. Este a partir del Armisticio en Compiege de 1941, se entregaba a la Kommandantur alemana, de oficio.

Lamentablemente la decisión de destruir todos los ficheros establecidos fue tomada con autorización del general Charles De Gasulle ‘ para establecer de una vez la legalidad republicana y restaurar el estado, liberando al país de las reglamentaciones de origen enemigo que huelen de lejos’ . La administración trataba de destruir la mayor parte de los documentos fundados en la discriminación racial, entre franceses.

(Las citas relativas a las víctimas gitanas están basadas en escritos de Donald Kenrick y Grattan Puxon: ‘ Los gitanos bajo la opresión nazi’ Centro de Estudios Gitanos, CRDP, Midi-Pyrénées, Toulouse, 1996)

La exterminación de enfermos mentales e inválidos: las primeras cámaras de gas

En la Alemania de entreguerras, científicos racistas como K. Binding y A. Hoche desarrollaron las ideas que iban a conducir a justificar la destrucción de ‘ vidas sin valor’ , de ‘ existencias superfluas’ , de ‘ espíritus muertos’ , de ‘ envoltorios humanos vacíos’ . Esta concepción, llamada ‘ eugenismo’ se inspiró en la idea de Darwin de la ‘ lucha por la vida’ aplicada no al mundo animal, sino al humano y condujo a la exterminación de ‘ seres inferiores’ : alcohólicos, epilépticos, psicópatas, enfermos, inválidos y enfermos incurables.

A través de la prensa y de la radio controlada por el Ministro de Información y Propagana Josep Goebbels, los alemanes fueron acostumbrándose poco a poco a admitir una especie de ‘ eutanasia’ para estas personas. Aunque hubo numerosas protestas, de boca o oido, porque la Gestapo lo oía todo. Mucho más que el Gran Hermano. Los nazis justificaban estas muertes porque, según ellos, eran personas incapaces de desarrollar un trabajo pero consumían los recursos de la nación, y esto era inadmisible para un país en guerra.

A los niños en las escuelas nazis los profesores se lo explicaban en términos matemáticos:

‘ Un enfermo mental cuesta diariamente unos 4 marcos, un enfermo 5, 50 marcos, un criminal 3, 5 marcos y un aprendiz 2 marcos.

1. Haced un gráfico con estas cifras.

2. Según prudentes estimaciones, hay en Alemania 300.000 enfermos mentales, epilépticos, etc. que reciben cuidados permanentes. Calculad cuanto cuestan anualmente estos 300.000 enfermos mentales y epilépticos...’

Una circular del Ministerio del Interior alemán datada el 18 de agosto de 1939 obligaba a los médicos y a las comadronas a declarar qué niños nacían con deformidades. A éstos se les mataba enseguida mediante inyecciones de morfina o de escopolamina. Se creó un comité para el estudio científico de las enfermedades graves, hereditarias y congénitas y para estudiar los modos de aplicación de este tipo de ‘ eutanasia’ .

Hitler no quiere perder la popularidad entre los enfermos y sus familias

El 1 de octubre de 1939 (al comenzar la invasión de Polonia) una carta de Hitler autorizaba a los médicos a ‘ proporcionar una muerte misericordiosa a los enfermos incurables, según su apreciación tan rigurosa como sea posible’ . La operación de eliminación de internos de los hospitales y manicomios comenzó entonces, disimulada bajo el nombre de ‘ código T4’ (el lugar de la central, situada en el número 4 de la calle Tiergarden de Berlín). La operación comportaba la selección de víctimas por una comisión de control que dictaba resoluciones en la mayoría de los casos sobre la información contenida en los dossieres), el traslado a uno de los seis institutos de ‘ eutanasia’ repartidos sobre todo el territorio, la ejecución mediante monóxido de carbono (las inyecciones de morfina y de escopolamina se mostraron ineficaces), la incineración y una notificación de defunción y de condolencias para las familias.

Aunque las operaciones se desarrollaban con gran discreción, usando un lenguaje codificado, los rumores circulaban y las familias se inquietaban. Las iglesias protestante y católica se alarmaron. Y hubo protestas episcopales. Fue seguido por los obispos de Fulda y de Limburg. El 24 de agosto de 1941 Hitler ordenó oficialmente la detención del programa T4. En esta fecha las víctimas eran ya 70.273 repartidas de la siguiente manera: 9.839 en Grafeneck, 9.772 en Brandenburg, 8.601 en Bemburg, 18.269 en Hatheim, 13.720 en Sonnenstein y 10.072 en Hadamar.

En realidad, la eliminación de enfermos mentales e incurables continuó discretamente hasta 1945. Los centros de ‘ eugenesia’ recibían además convoyes de detenidos procedentes de campos de concentración que habían sido juzgados inútiles para el trabajo. Los documentos señalan la muerte, por ejemplo, de 5.000 detenidos procedentes de Mauthausen (en que hubo centenares de presos republicanos, entregados por Vichy) y de otros 3.000 de Dachau. El número de víctimas estimado en esta segunda fase de la operación T4 asciende a más de 30.000. Todos los ancianos judíos o extranjeros internos en establecimientos terapéuticos fueron asesinados. La ‘ eugenesia’ permitió a los nazis asesinar a más de 100.000 víctimas indefensas. Fue la primera vez que se realizó un exterminio biológico justificado por el concepto de ‘ higiene racial’ ; y la primera vez que fueron experimentadas las cámaras de gas que luego se usaron en las exterminaciones masivas de prisioneros de campos de concentración.

A esas muertes precedían los experimentos de los médicos nazis, no sólo Mengele sino otros muchos en los campos de Dachau y Auschwitz y otros muchos. El historiador británico Jay Lifton en su obra ‘ Los doctores nazis’ y otros documentos relata muy bien y muy exactamente estos crímenes. Se realizaban en tandas de 400 y se incluía también a prisioneros de guerra rusos, británicos o polacos. Fue famoso el estudio sobre la hipotermia del doctor Sigmund Rascher.

Lamentablemente, esas aberraciones nazis se han realizado también en países civilizados y especialmente en Estados Unidos en experimentos principalmente militares. El director de la revista ‘ New England Journal of Medicine’ no alcanzó nunca a comprender que se diera validez científica a tales actos.

Como este reportaje de Diáspora se sale del tema programado lo dejamos aquí pero también creemos que el director de la citada revista tenía mucha razón al formularse la licitud moral de tales experimentos nazis, muchos de los cuales, hoy, aparecen en relación con la guerra biológica, sin decir su origen.

Continúa en el reportaje: "La amnesia de Sarkozy y la expulsión de los gitanos"

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