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Dos historias de amores tardíos.2.1

20/12/2009 21:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continuación del primer capítulo

Cuando por fin quedaron solos, pues el agente inmobiliario ya se había retirado, los cuatro se miraban unos a otros como si estuvieron presenciando un espectáculo maravilloso.

Les esperaba mucho trabajo pero sabían que lo único que no les faltaba a ninguno era el empuje y las garras para hacerlo.

El local estaba limpísimo y recién pintado. Daba la sensación de tener una disposición adecuada para su utilidad, no obstante cada uno quería hacer algún cambio. Pequeños cambios en realidad pero era como si sintieran que tenían que poner su toque personal.

Entre risas y chistes fueron cambiando la disposición de las mesas y las sillas hasta encontrar la que fuera aceptada por todos.

Decidieron cambiar las cortinas y los manteles para que la gente supiera que el bar estaría atendido por nuevos dueños. Querían que se viera distinto y este era el cambio más económico.

Se pusieron de acuerdo en que una tela rayada en color verde no muy brillante resaltaría sobre el color bordó de los adornos y del bajo mantel.

Averiguaron donde encargarlas y lo hicieron ese mismo día. Les prometieron que estarían listas en cuatro días.

Luego fueron a comprar algunos cuadros para adornar las paredes.

Ya habían hecho un arqueo de las existencias y habían considerado que por el momento no era necesario comprar nada más. Ya verían con el correr de los días y una vez que las cosas comenzaran a funcionar que elementos faltaban.

Preferían no apurarse a comprar pensando que podrían cargarse con cosas que realmente no le resultaran funcionales o útiles y no querían malgastar el dinero en eso.

Pasaron los siguientes días averiguando sobre los posibles proveedores y confeccionando el menú de comidas rápidas. Para esto último habían estado almorzando y cenando en distintos lugares de la zona para observar que era lo que mas les apetecía a los chilenos puesto que eran conscientes que sus gustos eran tenían ciertas diferencias con los argentinos. Ya lo habían estado haciendo la vez que tomaron la decisión de comenzar con el negocio y ahora estaban completando sus conocimientos.

Compraron libros de cocina chilena y se abocaron a su lectura. Fueron seleccionando lo que consideraban mas práctico y mas apropiado a sus proyectos.

Habían planeado intercalar algún plato con sabor argentino pero no querían que fueran demasiados por temor a que no fuera aceptado. Verían con el tiempo si eran del gusto de sus clientes para ir aumentándolos.

De todas formas habían decidido no comenzar con una gran variedad. Ninguno sabía cuanto tiempo insumiría preparar diferentes platos diarios y temían no poder hacerlo, por lo menos hasta que la experiencia los ayudara a actuar con tranquilidad y rapidez.

Cuando se presentaban estas dudas sentían un poco de aprensión por la tarea emprendida pero rápidamente alguno encontraba un chiste que los hacia estallar en una carcajada y ponerle punto final a la perturbación que se había provocado.

La mejor en esta tarea era Teresa, tal vez porque la soledad sentimental que había rodeado su vida le había hecho a encontrar una puerta de escape en estas salidas graciosas que ocultaban su dolor.

Aunque a los cuatro les gustaba mucho cocinar y eran muy buenos en el tema habían decidido que esa sería la tarea de las dos mujeres mientras que los hombres se encargarían de atender la barra del bar.

También tuvieron que entrevistar a varias personas para seleccionar a una ayudante de cocina que además colaborara en el mantenimiento de limpieza y dos camareros. Decidieron que contratarían a uno de cada sexo. Les parecía que serían menos competitivos entre si y además que seria mas agradable a la vista de los clientes.

Le compraron camisetas de bordó y pantalones negros a él, y una pollera del mismo color que llegaba hasta la rodilla, para ella.

Con el tiempo sabrían si tenían que aumentar el personal pero por el momento pensaron que sería suficiente aunque por supuesto todos deseaban que hubiera que duplicarlos o triplicarlos porque eso significaría que su negocio marchaba “viento en popa”.

Cuando las cortinas y los manteles estuvieron listos y colocados en sus respectivos lugares se sintieron muy conformes con los resultados. El lugar presentaba un aspecto muy agradable y cálido, tal vez más de lo que habían imaginado cuando lo eligieron. Realmente se sentían satisfechos de cómo se iban desarrollando las cosas. No veían la hora de abrir las puertas para ver los resultados.


Sobre esta noticia

Autor:
Edelweys (185 noticias)
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Opinión
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