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Una historia triste con final feliz

01/11/2009 22:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Era una mañana del primer día de Enero del año 2004, cuando desperté bruscamente con los desesperados ladridos de los perros de mis vecinos

Era una mañana del primer día de Enero del año 2004, cuando desperté bruscamente con los desesperados ladridos de los perros de mis vecinos.

Pensando que algo inusual ocurría en la calle me asomé por la ventana y fue una tremenda sorpresa ver que todos los perros, desde adentro de sus casas, le ladraban nada menos que a un cachorro que estaba tirado en la puerta de mi casa, en un lamentable estado, todo herido y lleno de garrapatas. El corazón se me encogió de pena y ternura: era un cachorro de unos 2 o tres meses pero muy deteriorado y pequeñito, sin raza pero con algo de Siberiano dibujado en su carita. Las patas traseras estaban casi sin pelo y llevaba un alambre amarrado fuertemente al cuello. Me dio la impresión que trataron de ahorcarlo sin resultados y lo arrojaron a la vereda. Nunca olvidaré su mirada; era la tristeza y el miedo reflejado en unos ojitos de perro. Lo llevé a mi patio trasero, lo limpié con paciencia y delicadamente, él se dejaba pues se veía abatido, sin fuerzas……luego le dí un baño tibio y lo arropé. En la tarde lo llevé al veterinario para chequearlo, y luego de lapidario diagnóstico que éste me dio : “Es mejor sacrificarlo porque está demasiado deteriorado y no vivirá”, decidí volver a mi casa con el pequeño abandonado.

No sabía como solucionaría su estadía en mi casa, porque yo ya tenía una perra –también recogida – grande y celosa, que no admitía ni siquiera el olor del pobre advenedizo. Desprovista yo de esa dureza y frialdad que se necesita para dejar a los animales a su suerte, me decidí a buscarle un hogar lo antes posible, no sin antes tomar todas las medidas para su cuidado y bienestar..

Llevaba un alambre amarrado fuertemente al cuello. Me dio la impresión que trataron de ahorcarlo

Pero pasó el tiempo y nadie contestaba los avisos de “Regalo perrito” ….por lo tanto, Tirrito (así le puse como conjunción de “triste perrito”) se fue quedando y ganándonos a Dina mi perra y a mi.Después de buenas comidas, .vacunas, vitaminas, baños y cepillados, Tirrito fue “hermoseándose” y tomando actitud de perro “bien avenido”.

Su pequeño razgo Siberiano se hizo mas evidente y de pronto, no se como, ocupaba un lugar importante en mi casa y en mi corazón.

Hoy Tirrito es un perro feliz; lejos está aquel vago moribundo que una vez tiraron a mi puerta. Es amado y se siente importante.

Mi mensaje es para todos aquellos que sentimos que la compasión es un tema importante en nuestras vidas, y como ésta puede levantar y dar felicidad a una vida.

Marival


Sobre esta noticia

Autor:
Maraní (9 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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