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La historia del hombre que luchó contra Dios

19/11/2009 23:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El único hombre sobre la tierra que se enfrentó en una lucha cuerpo a cuerpo contra Dios, se llamaba Jacob. Lo vio a la cara y Dios lo bendijo y lo puso al frente de una gran nación; Israel

La historia de Jacob tiene mucho que ver con la suplantación, con el perdón y con el futuro de una nación. Abraham engendró a Isaac, y este tenía cuarenta años de edad cuando se caso con Rebeca. Como no podía tener hijos, Isaac rogó por ella y Dios lo escucho. Rebeca se embarazo y dio a luz unos mellizos. La Biblia dice que Dios le dijo; tus hijos representan dos naciones. Son dos pueblos separados desde antes de nacer. Uno de ellos será más fuerte, y el otro será más débil, pero el mayor servirá al menor. Al primero en nacer le pusieron por nombre Esaú, porque tenía el cuerpo cubierto de pelo. Luego nació su hermano, agarrado del talón de Esaú. Le llamaron Jacob. La historia cuenta que Esaú era un excelente cazador e hijo predilecto de Isaac, a quien le gustaba comer de lo que cazaba su hijo. Por su parte Jacob era un hombre tranquilo que prefería quedarse en el campamento. Rebeca querías más a Jacob. La Biblia dice; Un día, cuando Jacob estaba preparando un guiso, Esaú llegó agotado del campo y le dijo: Dame de comer de ese guisado rojizo, porque estoy muy cansado. Jacob le pidió a cambio de su comida, que le vendiera bajo juramento los derechos de ser el hijo mayor. Esaú estaba tan hambriento que no le importo vendérselos a cambio de un pedazo de pan y guiso de lentejas. Cuando termino de comer, Esaú se levantó y se fue menospreciando sus derechos de ser el hijo mayor.

Esaú le había cedido los derechos de su primogenitura a Jacob. Por esa época, Isaac estaba ya muy viejo y se había quedado ciego, además estaba a punto de morir. La Biblia dice; un día llamó a Esaú, su hijo mayor ¡hijo mio!, le dijo. Aquí estoy, contesto Esaú. Isaac le dijo a Esaú, su hijo; como te darás cuenta, ya estoy muy viejo y en cualquier momento puedo morirme. Toma tus armas; tu arco y tus flechas y ve al campo a cazarme algún animal. Prepárame luego un buen guiso, como a mi me gusta, y tráemelo para que me lo coma. Entonces te bendeciré antes de que muera. Rebeca, la madre de ambos, había escuchado la conversación de su esposo con su hijo Esaú y cuando este fue al campo a hacer lo que su padre le ordenara, fue a contarle a su hijo Jacob. Le dijo; según acabo de escuchar, tu padre le ha pedido a tu hermano Esaú que cace un animal y se lo traiga para hacerle un guiso como a él le gusta. También le ha prometido bendecirlo antes de morir. Ahora bien, hijo mío, escucha lo que voy a decirte. Rebeca urdió un plan para que Jacob pudiera suplantar a su otro hijo, Esaú. Le pidió que fuera por dos cabritos para que ella pudiera prepararle el guisado que le gustaba a su esposo. Escogió la ropa de Esaú y con ella vistió a su hijo Jacob. Como Jacob era lampiño y Esaú peludo, mando quitar la piel de los cabritos y con esta le cubrió los brazos y la parte lampiña del cuello. Rebeca preparó ese guiso que gustaba a Isaac y Jacob fue a ofrecérselo. Isaac estaba ciego y casi no podía oír bien. Toco a Jacob y comió del guiso que le había llevado y finalmente lo bendijo con estas palabras; El olor de mi hijo es como el de un campo bendecido por el Señor. Que Dios te conceda el rocío del cielo; que de la riqueza de la tierra te dé trigo y vino en abundancia. Que te sirvan los pueblos; que ante ti se inclinen las naciones. Que seas señor de tus hermanos; que ante ti se inclinen los hijos de tu madre. Maldito sea el que te maldiga, y bendito el que te bendiga…

Esau llegó un poco después con lo que su padre le había ordenado. ¿Quién eres tu?, pregunto Isaac. Soy yo, Esaú, tu primogénito. La Biblia dice que Isaac comenzó a temblar, y muy sobresaltado, dijo; ¿Quién fue el que me trajo lo que había cazado? Poco antes de que llegaras, yo me lo comí todo. Le di mi bendición, y bendecido quedara. Al escuchar Esaú las palabras de su padre, lanzó un grito aterrador y lleno de amargura dijo; ¡Padre mío, te ruego que también a mi me bendigas! Su padre le dijo; Tu hermano vino y me engañó, y se llevó la bendición que a ti te correspondía. Esaú le dijo a su padre; ya van dos veces que me engaña; primero me quita mis derechos de primogénito, y ahora se lleva mis bendiciones. ¿No te queda ninguna bendición para mí? Su padre le respondió; Ya lo he puesto por señor tuyo; todos tus hermanos serán siervos suyos; lo he sustentado con trigo y con vino ¿Qué puedo hacer ahora por ti, hijo mío? Esaú insistió; ¿acaso tienes una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme también a mí! Esaú se echo a llorar, entonces al verlo su padre le dijo; Vivirás lejos de las riquezas de la tierra, lejos del rocío que cae del cielo. Gracias a tu espada, vivirás y servirás a tú hermano. Pero cuando te impacientes, te libraras de su opresión…

Esaú guardo un profundo rencor contra su hermano Jacob y solo pensaba en el día que su padre muriera para así poder darle muerte a su hermano. Rebeca, la madre de ambos, al ver el odio que tenia Esaú en contra de Jacob, ordenó a este que se fuera lejos, a la tierra de Padán Aram, donde vivía Labán, el hermano de Raquel. Allí se caso Jacob con Lea y Raquel. Isaac le había dicho; cásate allá con una de las hijas de tu tío Labán. Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y haga que salgan de ti numerosas naciones. Que también te de, a ti y a tu descendencia, la bendición de Abraham, para que puedan poseer esta tierra donde ahora vives como extranjero, esta tierra que Dios le prometió a Abraham. En la tierra de Padán Aram, Jacob progreso grandemente gracias a las bendiciones de Dios. Allá vivió durante muchos años, hasta que supo que su hermano Esaú venia a su encuentro con 400 hombres.

Jacob luchó con un hombre durante toda una noche. Ese hombre era Dios

La Biblia dice que Jacob sintió mucho miedo. Dividió a su gente en dos grupos, y lo mismo hizo con los animales que tenia, pues pensó; Si Esaú ataca a un grupo, el otro podrá escapar. Luego se puso a orar; Señor, Dios de mi abuelo Abraham y de mi padre Isaac, que me dijiste que me regresara a mi tierra y a mis familiares y que me harías prosperar; realmente yo, tu siervo, no soy digno de la bondad y fidelidad con que me has privilegiado. Cuando crucé este río Jordán no tenia mas que mi bastón; pero ahora he llegado a formar dos campamentos ¡líbrame del poder de mi hermano Esaú, pues tengo miedo de que venga a matarme a mí y a las madres y a los niños! Tú mismo afirmaste que me harías prosperar, y que mis descendientes serían tan numerosos como la arena del mar, que no se puede contar. Jacob pensaba apaciguar el rencor de su hermano regalándole presentes, así envió a sus empleados delante de el para llevarle como presente parte de su ganado. Jacob pensaba, luego me reuniré con él y tal vez me reciba bien. Aquella noche Jacob se levantó; tomó a sus dos esposas, a sus dos esclavas y a sus once hijos, y cruzó el vado del río Jaboc. La Biblia dice; una vez que lo habían cruzado, hizo pasar también todas sus posesiones, quedándose solo. Entonces un hombre salio a su encuentro y luchó con el hasta el amanecer. Los dos eran demasiado fuertes y buenos guerreros. El hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, de tal modo que lo tocó en la coyuntura de la cadera, y ésta se le dislocó mientras luchaban. Jacob se aferro fuertemente a este hombre, quien le decía; ¡suéltame, que ya esta por amanecer! Jacob le respondió; no te soltare hasta que me bendigas. El hombre le preguntó: ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Jacob. Entonces el hombre le dijo; ya no te llamarás Jacob, sino Israel, que significa “has luchado con Dios” y con los hombres, y has vencido. Jacob pregunto; ¿y tú cómo te llamas? ¿Por qué me preguntas como me llamo? Preguntó el hombre. En ese mismo lugar Dios bendijo a Jacob y llamó a ese lugar Penuel, porque dijo; he visto a Dios cara a cara y todavía sigo con vida.

La Biblia dice que Jacob, o Israel, fue padre de doce hijos, que conforman las doce tribus de Israel, entre ellos José, el de los sueños y Juda, de quien se conoce nació el pueblo Judío. Esaú, por su parte, finalmente perdonó a su hermano Jacob y regresó a su tierra Seir. Jacob o Israel en cambio, se fue hacía Sucot, y allí se hizo una casa para él y cobertizos para su ganado.

La pregunta es ¿alguna vez has tenido luchas contra Dios? Todos tenemos luchas con Dios, pero no debemos alejarnos de el, por el contrario, debemos aferrarnos a Dios hasta lograr su bendición, tal y como sucedió con Jacob.

Genesis Cap. Del 28 al 33

(A Aranzazu y Erendira.)


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