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Historia de dos barrigas

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10/02/2021 22:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Como todo no puede ser críticas y malas noticias. Hoy les presento un historia relacionada con la operación biquini que pronto comenzaremos para lucir nuestros cuerpos en las playas

HISTORIA DE DOS BARRIGAS (Prologo de su existencia)

 

 

       Esta es la historia de dos barrigas, no exageradamente descomunales, sino de esas que abundan por ahí en cantidades industriales, cerveceras, esas barrigas anunciadas como curvas de felicidad, barrigas de las que los hombres nos sentimos orgullosos por haberlas conseguido y mientras nos las miramos y acariciamos como si fuera una copa conquistada gritamos a viva voz que el embarazo de una mujer dura nueve meses y el de un hombre nueve años. Pues bien, estas barrigas tenían sus nueve años recién cumpliditos y estaban a punto para que comenzara un parto mucho más doloroso y más largo que cualquier parto.

       Un día después de una gran barbacoa, desmesurada en viandas y caldos fermentados de uva y cebada,   se examinaron y ubicaron cada gramo de grasa conseguida con el esfuerzo de años. De esa forma supieron que en la parte superior derecha estaban los piononos de Santa Fe, las tortas de la Virgen, los roscos fritos, los pestiños “almelados”, las pastelas moriscas, las tortas de chicharrones y otros tantos dulces, herencia de nuestros antepasados. Justo debajo se habían colocado todos los líquidos que unas veces con mesura y otras no tanto (todo hay que decirlo), habían acompañado a todos los eventos, celebraciones, comidas familiares, cumpleaños, comuniones, bodas y bautizos; vinos llegados desde Galicia, Castilla León, País Vasco, La Rioja, Cataluña, La Mancha y por supuesto el de la tierra; licores traídos desde las remotas y maravillosas tierras de Sudamérica, de Escocia, de Alemania, Italia y naturalmente los autóctonos (como olvidar los rones de Motril y el pacharán o ayuda en carretera); en la parte izquierda guardaban todos los chorizos, chistorras, longanizas, morcillas, tocinos, costillas adobadas, chuletas y demás partes del cerdo utilizadas en las barbacoas, además del resto de carnes de otras especies; finalmente en la parte inferior izquierda colocaron los mariscos y frutos del mar (como dirían los italianos).

Tras mirarse y compararse ante la mirada atónita de sus compañeras diarias, o sea, de las respectivas mujeres que entre risas comentaban las típicas frases sobre los hombres que nosotros por supuesto ni compartimos ni comprendemos, decidieron que ya era hora de rebajarlas y convertirlas sólo en parte de un recuerdo, parte de un pasado basado en la despreocupación. Lo que no sabían aquellas dos barrigas es, que en ese mismo instante comenzaría un auténtico calvario hasta conseguir su meta.

 

 

 

Historia de dos barrigas (Continuación de su prólogo o capítulo final)

 

       Aquellas dos barrigas engalanadas con sendos chándales comprados en cualquier mercado de fin de semana, decidieron poner en práctica el plan trazado: dar vueltas a polideportivo, parque, campo de fútbol o simplemente por cualquier camino que estuviera alejado del mundanal ruido o mejor aún de cualquier persona que pudiera jactarse de los pliegues rellenos de todas las grasas saturadas ya sean poli- o mono- o como quieran denominarlas.

        Detenidos frente aquel parque se miraron a los ojos y sin decir nada quisieron preguntarse si eran capaces de iniciar una tortura física para quedarse como figurines, sílfides, “yogurines” musculosos que levantan pensamientos lascivos entre las educadas damas.

En cada pisada se notaba el esfuerzo

        Una de ellas iba envuelta en film transparente destinado normalmente para guardar alimentos en cualquier frigorífico, un envoltorio oculto tras una camiseta pero que en cada movimiento soltaba un pequeño crujido que intentaba ser disimulado; la otra directamente iba disfrazada con una bolsa de basura de color negro y perfumada, chirriando a cada paso de su agónico dueño.

       En cada pisada se notaba el esfuerzo y de ser aquellas gacelas de antaño que parecían flotar cuando corrían, habían pasado a ser torpes y pesados elefantes que huían en estampida apoyando sus patas aplanadas haciendo temblar el suelo mientras jadeaban exhaustos.

-ya no puedo más. Por hoy ha sido suficiente.

-¿Pero si no hemos hecho ni un kilómetro?

-¿Y te parece poco? Yo lo más que he hecho en los últimos años es andar desde el sofá hasta el frigorífico y no me cansaba porque regresaba feliz con mi cervecita fresquita.

-No seas vago. Un poco más por lo menos que le demos diez vueltas al campo de futbol.

-¿¡Diez!? Te has vuelto loco. Mi corazón no lo resistirá y tú serás el culpable de que deje viuda y siete hijos pelones.

twiter: @maljj71

blog: http//miguelangelescritor.blogspot.com


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