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Historia, arte y cultura a cada paso

14/01/2010 22:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Parque Fundidora, además de ser desde mucho tiempo atrás un símbolo que identifica a Monterrey

El Parque Fundidora, además de ser desde mucho tiempo atrás un símbolo que identifica a Monterrey en todo el mundo y de contar en su interior con los vestigios del Horno que inauguró la industria siderúrgica en América Latina, presenta un compendio de arte escultórico de gran valor para sus visitantes, quienes lo van descubriendo conforme avanzan en su recorrido.

Cual celoso séquito al resguardo de la Pinacoteca y la Cineteca-Fototeca de Nuevo León, se erigen con cara al sol de Monterrey cinco esculturas de las cuales cada una y en conjunto, representan un universo simbólico que permite el juego de la interpretación por parte de los visitantes al parque y que para muchos puede significar de manera fortuita su primera aproximación al arte, lo que en lo sucesivo acarreará sin lugar a dudas beneficios para el desarrollo personal.

Desde el estacionamiento que se tiene asignado para el recinto que resguarda los tesoros audiovisuales de Nuevo León, al poniente del parque, el visitante se encuentra en primer lugar con una pieza llamada Columna quebrada, obra de uno de los más grandes escultores aún vivos que ha dado nuestro país: Sebastián.

En alguna ocasión Sebastián comentó sobre sus gustos en el arte que produce: Una de mis obsesiones es el cubo, la otra es transformar el espacio, torcer las formas y hacerlas plásticas. Esta obsesión se convirtió en una vocación desde que yo era niño, época en la que yo hacía formas geométricas con la masa de las tortillas de maíz y trazaba rayuelas.

En Columna quebrada, de 1998, pareciera que representa todas sus obsesiones hacia la forma, ya que desmenuza de manera más que interesante un cubo y lo deja libre para que éste camine por los senderos que el constante viento que sopla dentro del Parque Fundidora lo dirija hasta el infinito, en un baile que regodea no sólo la vista sino el espíritu.

Avanzando hacia la Pinacoteca, del lado izquierdo y como simulando a escala la fortaleza que representaron en alguna época las chimeneas de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, se erigen las esculturas del artista Alberto Vargas el Urim y el Tummim.

Obras realizadas en acero cor-ten una e inoxidable la otra, nos hacen pensar en un antes y un ahora. El Tummim, de acero inoxidable, revierte la impresión de detener el tiempo en un hoy constante, un presente que nunca avanza y que como consecuencia de esto no produjo un pasado, lo que convierte a la obra en una representación ahistórica que la saca de los parámetros evolutivos que hemos tenido no sólo los humanos sino también la propia naturaleza, inyectándole así el carácter de permanencia con que cuenta toda obra de arte.

En el Urim, por el contrario, se representa una historia que día a día señala lo inconmensurable que es el tiempo y lo demuestra a partir de la oxidación, un óxido que por otro lado es consecuencia directa de las entrañas históricas propias de la ciudad de Monterrey y su incesante industrialización a partir de la segunda mitad del siglo XIX teniendo como bastión a la industria siderúrgica del acero lo que da a esta pieza carta de naturaleza histórica y regiomontana.

Caminando en la misma dirección, están una frente a la otra dos esculturas diametralmente opuestas en su conformación de materiales pero que en cada uno de los vértices de su representación, dan la sensación de ser lo primero y lo último.

Marcador uno (equinoccios y solsticios) obra de Jorge Elizondo realizada sobre una talla directa en mármol negro y que se encuentra soportada en placas de hierro, nos remite a las raíces más profundas del México prehispánico, haciéndonos notar con el título que los basamentos culturales sobre los que descansamos como pueblo son tan diferentes como lo son los solsticios y los equinoccios, días en los que la normalidad de las jornadas se ve trastocada para sobresalir de entre las demás, como bien se sabe fueron nuestros pueblos y sus características culturales: únicas.

Frente a la obra de Elizondo, descansa rebosante de alegraría la escultura de Brad Howe Atlas melody representando lo más actual, una modernidad llena de vida y color: lo último.

Esta obra realizada en acero inoxidable y látex, es la más popular de entre el sin fin de jovencitas que vistiendo su atuendo de quinceañera, posan siguiendo las indicaciones del fotógrafo para que el recuerdo de ese día y la juventud que despliegan, perduren para siempre sobre el papel o los píxeles junto a una obra a la que parece nunca le llegará el tiempo de ser obsoleta, pasada de moda o vieja, lo que sin lugar a dudas es el sueño de los humanos representado casi a diario en la celebración de la juventud que se hace vía las niñas y sus XV años de edad.

Por último, la escultura con la que el visitante tropieza para decidir virar hacia el norte o el sur y continuar su paseo por el parque, es creación del artista Sergio Galán, quien la tituló Acante y la produjo en 1999 mediante piedra laja sobre una base de metal.

Ésta, representa la verticalidad de la tierra, el sometimiento de la naturaleza por la fuerza del hombre, quien a la piedra con toda su tozudez y resistencia le logró colocar un collar y domesticarla cual perrito faldero. Una escultura que en su simpleza, representa la dificultad de los costos endosados al ser humano para poder dominar la tierra que lo vio nacer, crecer, desarrollarse y morir.

Acante es la obra con la que el visitante cierra un recorridos con obras de arte en sitio que le ayuda a ubicar su condición humana en un entorno natural, que ha sido intervenido por los hombres para modificarlo, primero con una base industrial y de sustento para toda una comunidad a través de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey y ahora con una finalidad de entretenimiento y cultura que el Parque Fundidora nos ofrece en cada paso que marcamos.

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Autor:
Eric Lara (2 noticias)
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