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Historia De La Alta Costura

23/06/2012 01:40
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Cristóbal Balenciaga (1895-1972), modisto español, uno de los diseñadores más influyentes del siglo XX, considerado el 'arquitecto del vestido' por la perfección y el carácter constructivo de sus modelos, capaces de transformar la línea del cuerpo femenino.

Balenciaga nació el 21 de enero de 1895 en Guetaria, un pueblo cercano a San Sebastián. Durante su juventud aprendió costura con su madre, hasta que la marquesa de Casa Torres, impresionada por las cualidades del adolescente, decidió pagarle la formación de modisto en París y patrocinó su primera casa de alta costura, abierta en San Sebastián el año 1915 con el nombre de Balenciaga. Durante un tiempo trabajó como comprador para unos almacenes, hasta que fundó un establecimiento llamado Eisa, con sucursales en Barcelona —desde 1922— y Madrid —desde 1931—. En 1937, huyendo de la Guerra Civil española y gracias a la ayuda económica de sus clientas, consiguió abrir su propia casa de modas en París, donde presentó su primera colección y finalmente triunfó gracias a la elegante precisión de sus confecciones. Hacia el año 1946 comenzó a experimentar con vestidos semientallados, precursores del new look impuesto por Christian Dior en la década posterior. Sin embargo, hacia 1951 Balenciaga ya estaba preparando su nuevo estilo, elaborado con materiales suntuosos y basado en la desnudez y la simplicidad de las formas, así como en la cintura caída, que alcanzó su plena aceptación con su 'línea saco', presentada en 1956 como respuesta a ese mismo new look de Dior. De este modo, Balenciaga reinventó la silueta femenina, con los vestidos de saco, el talle alto, las faldas balón, las mangas tres cuartos, la túnica y los grandes botones.

Después de la muerte de Dior en 1957, Balenciaga siguió investigando acerca de las posibilidades formales de las distintas telas, así como sobre la construcción del 'espacio interior' de sus vestidos, que parecían flotar con majestuosidad al moverse. Balenciaga creó también perfumes: en 1948 Fuites des Heures; en 1955 Quadrille, y en 1971 Ho Hang.

El trabajo del diseñador vasco siempre se basó en la precisión absoluta del corte de la tela, por lo que se mantuvo alejado del prêt-à-porter industrial. Sin embargo, sus formas curvilíneas ejercieron una enorme influencia en el mundo de la moda durante más de dos décadas. En su taller aprendieron modistos de la relevancia de Hubert de Givenchy, André Courréges, Emanuel Ungaro y Óscar de la Renta. En 1968 presentó su última colección y, ante el declive de su clientela, cerró su casa de alta costura y se retiró, incapaz de sacrificar la calidad artesanal de sus confecciones. Balenciaga murió el 24 de marzo de 1972 en Javea

Microsoft ® Encarta ® 2008. © 1993-2007 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. Diseño español, evolución de esta disciplina en España desde el inicio de la producción industrial. Aunque las sucesivas etapas de modernización han tenido serias dificultades para su implantación en el país, los diseñadores han sabido sustituir con ingenio las deficiencias técnicas que los separaban de los países más desarrollados. En cualquier caso, el área donde esta disciplina se ha impuesto en mayor medida —Cataluña y Levante— coincide con la región más industrializada del país.

El diseño se suele dividir en especialidades asociadas a la elaboración mecánica de diversos productos (véase Industria de la moda; Diseño industrial). De este modo, el comienzo del diseño gráfico se remonta al invento y difusión de la imprenta, mientras que el diseño de moda y el industrial se desarrollaron a la par que las revoluciones industriales.

2. DISEÑO GRÁFICO

Josep Renau

Una de las figuras más destacadas del cartelismo republicano, que se desarrolló durante la Guerra Civil española, fue Josep Renau. Desde su cargo de director general de Bellas Artes ejerció una importante labor de propaganda política con carteles como el de la imagen.

Con anterioridad al invento de la imprenta, los amanuenses españoles se habían destacado por sus cualidades ilustrativas, prueba de las cuales son los Comentarios al Apocalipsis de san Juan, un extraordinario códice mozárabe realizado por el Beato de Liébana. Sin embargo, parece que la única herencia que de ello recogieron los primeros impresores —casi todos ellos alemanes— se manifestó en una experimentada industria de naipes, tradición que se ha conservado intacta hasta nuestros días. Posteriormente, durante el imperio ultramarino gobernado por los Austrias, destacó la labor colonizadora de los calígrafos —Juan de Yciar inventó la letra bastarda española—, difundida por toda la geografía hispana y americana gracias a las órdenes religiosas.

El entronamiento de los Borbones a comienzos del siglo XVIII supuso un cambio radical para la mayoría de las llamadas artes industriales. Durante esta centuria se crearon las fábricas nacionales —tapices, porcelanas, vidrio— y se impulsó decididamente la industria del libro. Para emular las investigaciones que llevaban a cabo en Europa impresores de la importancia de John Baskerville, Giambattista Bodoni y Pierre Didot, Carlos III llamó a la corte madrileña a los mejores especialistas peninsulares: los tipógrafos Josep Eudald Maria Pradell y Jerónimo Antonio Gil, creador de un tipo de letra característico llamado gilismo en su honor; y el impresor real Joaquín Ibarra, inventor de procedimientos de estampación y considerado en su época —un momento histórico decisivo en la evolución de las artes gráficas— uno de los mejores profesionales del mundo.

Anís del mono

Con este cartel de estilo modernista, Ramón Casas obtuvo el primer premio del concurso convocado por el empresario Vicente Bosch para promocionar su conocida marca de anís. En la actualidad se conserva en el Museu d'Art Modern de Barcelona. También participaba en esta convocatoria el prestigioso ilustrador catalán Alexandre de Riquer.

El siglo XIX significó un importante retroceso para la industria española, incorporada lentamente al proceso de modernización que comenzó a finales del siglo anterior en Inglaterra. La litografía permitió la aparición de numerosas publicaciones periódicas, y entre los mejores grafistas destacaron aquellos que practicaron la caricatura, un género estrechamente vinculado a la caótica situación política decimonónica. Hacia finales de este siglo se extendió por toda Europa un movimiento artístico de carácter renovador, que pretendía asumir nuevos principios estéticos asociados a la modernidad. Este movimiento, llamado Art Nouveau en Francia, Jugendstil en Alemania, y asociado a la Sezession vienesa, se introdujo con vigor en Cataluña con el nombre de modernismo, auspiciado por la creciente burguesía nacionalista. Así, al amparo de una pujante industria situada a la altura de los mejores rivales, se introdujo la nueva técnica publicitaria del cartel, en cuyo ámbito se destacaron algunas figuras decisivas para la evolución del diseño gráfico: el pintor Ramón Casas, que consiguió fundir la influencia vanguardista francesa con la inspiración tradicional española; el ilustrador Alexandre de Riquer, máximo representante del estilo modernista catalán; y Josep Triadó, cartelista y dibujante de estilo geometrizante, más influido que sus compatriotas por las corrientes centroeuropeas.

En las primeras décadas del siglo XX aumentó el alejamiento entre España y los países industrializados, lo que provocó un enorme distanciamiento del grafismo con respecto a los movimientos artísticos de vanguardia. Tan sólo cabe destacar la adhesión de la burguesía acomodada al Art Déco, un estilo inerme en cuyas filas se destacaron personalidades dispersas como los noucentistas catalanes Francesc Galí y Josep Obiols, el ilustrador valenciano José Segrelles, el madrileño Rafael de Penagos o el gallego Federico Ribas, que llegó a ser el director artístico de la perfumería Gal. El advenimiento de la II República produjo una concentración de la intelectualidad española, involucrada en su mayor parte en la modernización del país. Así, el estallido de la Guerra Civil supuso un inesperado y unánime resurgimiento del grafismo propagandístico, encabezado por el valenciano Josep Renau —con sus característicos fotomontajes de influencia expresionista— y seguido por otros cartelistas excepcionales como Antoni Clavé, Arturo y Vicente Ballester o José Morell.

El castillo, de Kafka

La cubierta de esta novela es obra del diseñador español Daniel Gil, responsable durante 25 años de la imagen gráfica de la colección de libros de bolsillo de Alianza Editorial. La enorme K de la portada hace alusión al nombre del protagonista del relato de Franz Kafka, que refleja la incapacidad del ser humano ante fuerzas desconocidas que le sobrepasan y escapan a su control.

Los primeros años del franquismo —con una economía autárquica cercana a la miseria y los mejores diseñadores en el exilio— supusieron de nuevo un momento de penuria creativa, quebrada sólo por la figura marginal de Ricard Giralt-Miracle, que al frente de su taller artesanal desarrolló una línea particular de investigación gráfica. Con el aperturismo iniciado hacia 1955, sin embargo, comenzó un periodo de crecimiento económico que permitió la aparición, a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, de dos asociaciones que se convirtieron en la espina dorsal del diseño español: el SEDI —Sociedad de Estudios de Diseño Industrial— en Madrid, heredera del Grupo 13 y encabezada por el arquitecto Carlos de Miguel, en cuyas filas se encontraba ya el grafista José María Cruz Novillo; y el ADG FAD —Agrupación de Diseño Gráfico del Fomento de las Artes Decorativas— en Barcelona, influida por el grafista italo-suizo Sandro Bocola y dirigida por Josep Pla Narbona, máximo representante de la nueva tendencia artística que comenzaba a despuntar en la capital catalana.

Poco tiempo después, en 1963, Alianza Editorial lanza una colección de bolsillo diseñada por el joven Daniel Gil, formado en la escuela de Ulm y figura insólita tanto por su ingenio como por su precisión técnica. Sus cubiertas imaginativas y sugerentes, que oscilan entre la obviedad y el hermetismo, se han convertido en un paradigma de la comunicación visual, y junto con los trabajos del catalán Enric Satué han situado al diseño editorial español entre los más destacados del panorama internacional.

Con la recuperación de la democracia y el final de la crisis económica de 1973 se inició en España un nuevo periodo de consolidación en el campo del diseño, refrendado por la entrada en las instituciones europeas y por el apoyo institucional. Hacia finales de la década de 1970 comenzaron a aparecer las primeras muestras de imágenes corporativas, que se generalizaron durante la década de 1980 de la mano de Ives Zimmermann, José María Cruz Novillo, Josep Maria Trias y Alberto Corazón, antiguo editor independiente dotado de una fuerte personalidad que se ha convertido en el símbolo gráfico de la etapa política socialista. A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990 destacaron una serie de diseñadores de carácter independiente, ligados al mundo de la pintura o la ilustración. Entre ellos destaca la figura del valenciano Javier Mariscal, creador de la mascota para los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, así como la del catalán Peret (Pere Torrent) y la del madrileño Óscar Mariné, ligados a una reivindicación vitalista cuya influencia se pierde en las corrientes posmodernas italianas.

3. DISEÑO DE MODA

Adolfo Domínguez

El diseñador de moda español Adolfo Domínguez, autor del famoso lema "la arruga es bella", ha conseguido revolucionar el mundo de la vestimenta cotidiana y extender su imperio comercial por todo el mundo.

A pesar de que la Revolución Industrial se fraguó en torno a la industria textil, el diseño tardó mucho tiempo en imponerse como una disciplina generalizada para la vestimenta, y aún hoy la mayoría de los diseñadores se vuelcan en la confección de modelos para alta costura, una fabricación más artesanal opuesta a la producción seriada del prêt-à-porter. La primera figura española que sobresalió en el panorama internacional fue el madrileño Mariano Fortuny Madrazo, hijo del pintor Fortuny, afincado en Venecia durante el periodo de auge parisino conocido como Belle Époque. Fortuny acuñó un estilo basado en las vestimentas griegas, entre cuyos modelos más reconocidos destacaron el Knósos y, sobre todo, el Delfos, un vestido de seda plisada —una técnica artesanal patentada por el creador— que descendía dulcemente sobre el cuerpo femenino. En Madrid, Silvia Delauny diseñó la moda aristocrática, y llegó a abrir sus propias casas en Bilbao, San Sebastián y la capital de España.

Sin embargo, a partir del final de la década de 1930 se abrió un vacío creativo, aguzado por la Guerra Civil y las posguerras nacional y mundial, que no cesó hasta la década de 1960. En este gran lapso de tiempo tan sólo destaca la excepcional pero aislada figura de Cristóbal Balenciaga, que a partir de 1937 se instala en París, aunque apenas se distancia de su fiel clientela aristocrática. Otro español que se abrió camino en París a mediados de la década de 1960 fue el genial Paco Rabanne —Francisco Rabaneda—, que desde entonces ha seguido investigando en la inclusión de los nuevos materiales, en especial plásticos y metales, en el repertorio textil de la modernidad. Mientras tanto, Manuel Pertegaz y Elio Berhayer se constituyeron en los máximos exponentes de la moda dentro de las fronteras hispanas, creando modelos inspirados en las corrientes internacionales pero dotados de una singular personalidad.

Vestido de malla

El diseñador español Paco Rabanne es el precursor en la utilización de tejidos metálicos en la confección de prendas de vestir de alta costura, como la que lleva la modelo de la imagen.

Con el aperturismo de la década de 1970 comenzaron a aparecer las corrientes juveniles de inspiración pop, pero el prêt-à-porter siguió siendo un subproducto hasta que la siguiente generación de modistos se involucró definitivamente en la producción seriada, iniciando así el auténtico diseño de moda consecuente con las técnicas y los procesos industriales. Entre esta primera generación de nuevos creadores se destacaron figuras como Jesús del Pozo, Manuel Piña y Adolfo Domínguez, que partiendo de la recuperación de los tejidos tradicionales y bajo el lema de "la arruga es bella" revolucionó el anquilosado mundo de la vestimenta cotidiana y ha conseguido extender su imperio comercial por todo el mundo.

A mediados de la década de 1980, cuando el diseño español alcanzaba su momento culminante, el Estado apoyó un sello de calidad denominado Moda de España, que ha ayudado a promocionar una nueva generación de modistos entre los que destacan Antonio Alvarado, Jordi Cuesta, Antonio Miró, Roberto Verino, Ágata Ruiz de la Prada y las parejas Vittorio & Lucchino y Luis Devota-Modesto Lomba. Un caso excepcional es el de la diseñadora Sybilla, hija de padre anglo-argentino y madre polaca, formada en París bajo la tutela de Yves Saint Laurent y considerada por la crítica internacional una digna heredera de Balenciaga, tanto por la perfección técnica de sus confecciones como por su imaginación en el terreno formal.

4. DISEÑO INDUSTRIAL

Talgo

Talgo significa 'Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol'. Los tres primeros términos aluden a la característica del tren y los apellidos corresponden a los del ingeniero que lo creó, Alejandro Goicoechea, y a su financiero y promotor, José Luis Oriol. El modelo que aparece que en la ilustración es del Talgo III, el tren que consiguió imponerse en el mundo.

Los antecedentes de la industria española se remontan al siglo XVIII, en concreto al impulso institucional que concretaron los reyes Borbones con la creación de las diversas Reales Fábricas y con la apertura de las primeras Escuelas de Artes Aplicadas. Sin embargo, los problemas políticos y económicos del siglo XIX retrasaron la incorporación española a la Revolución Industrial, y con ello la aparición en el mercado de los primeros productos diseñados, inmersos, como en el resto de Europa, en el eclecticismo repetitivo de los antiguos estilos.

Con la expansión de la industria en Cataluña, Levante y el País Vasco, y gracias a la difusión que proporcionaban las Exposiciones Universales —Barcelona albergó la primera española en 1888— algunos empresarios comenzaron a hacerse eco de los movimientos estéticos europeos, en particular del Arts & Crafts británico. Pero, sin duda, la mejor aportación española a la cultura artística finisecular fue el modernismo, cuyo espíritu globalizador hace coincidir a los mejores diseñadores con arquitectos de la talla de Josep Maria Jujol, Lluís Domènech i Montaner y Antoni Gaudí. Con ellos nace un nuevo espíritu que fraguará en el diseño contemporáneo, y que esconde tras su apariencia caprichosa un profundo entendimiento de los materiales e incluso de las técnicas industriales. Como ejemplo baste citar las sillas y sillones de Gaudí, obras de arte excepcionales que al mismo tiempo se pueden considerar los primeros asientos ergonómicos de la historia.

El siglo XX comenzó bajo el influjo modernista, y la industria española tan sólo se interesó por el Art Déco durante la década de 1920, mientras en el resto de Europa se fraguaban las vanguardias del diseño, encabezadas primero por el Deutscher Werkbund —fundado en 1907— y culminadas después por la Bauhaus, dirigida desde 1919 por Walter Gropius y desde 1927 por Mies van der Rohe, que diseñó la silla para el pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona en 1929. Coincidiendo con la exposición, el arquitecto Josep Lluís Sert organizó una muestra alternativa de arquitectura moderna, precursora del GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), bajo cuyo influjo vanguardista se introdujo definitivamente en España el concepto moderno del diseño industrial. Entre los mejores objetos que se fabricaron en el seno del grupo, y en especial del sector catalán, destacan los muebles racionalistas del propio Sert y los más críticos de Josep Torres Clavé, como su famosa butaca fabricada con asiento y respaldo de enea. Durante estos años anteriores a la Guerra Civil se produjo también la singular aventura de la empresa ROLACO, que asesorada por el joven arquitecto Luis Feduchi fabricó las piezas más vanguardistas de Marcel Breuer y Mies, así como algunos productos del propio Feduchi y otros arquitectos del momento, con las que se amueblaron los espacios más emblemáticos del nuevo racionalismo madrileño.

La victoria en la Guerra Civil del bando nacional empujó al exilio a la mayoría de los miembros del GATEPAC, y durante casi dos decenios tan sólo sobresale la figura del incomparable ingeniero Alejandro Goicoechea Omar, diseñador del Talgo —Tren Articulado Goicoechea Oriol—, el famoso tren rápido que tomó el nombre del socio capitalista de la empresa. Pasada la etapa de economía autárquica, los diseñadores españoles comenzaron a reagruparse para exigir a la industria un mayor interés en la investigación, influidos por la paradigmática experiencia italiana, donde esta disciplina había sido parte esencial de la recuperación económica tras la posguerra mundial. Surgen así el SEDI —Sociedad de Estudios sobre el Diseño Industrial— en Madrid y el ADI FAD —Asociación de Diseño Industrial del Fomento de las Artes Decorativas— en Barcelona, heredera del Grupo R fundado por el activo Antoni de Moragas, que consiguió reunir a diseñadores y arquitectos de la talla de Oriol Bohigas, Josep Maria Sostres, José Antonio Coderch, Alexandre Cirici y André Ricard. En Madrid, sin embargo, la iniciativa se fue extinguiendo, y durante los años posteriores tan sólo destacó la figura aislada del arquitecto Javier Feduchi, que colaboró con los almacenes Galerías Preciados en la producción de un mobiliario propio, inspirado en la vanguardia italiana del momento pero dotado de una intensa expresividad personal.

En el transcurso de la década de 1960, el ADI FAD y sus premios anuales —los premios Delta— se convirtieron en el motor impulsor del diseño, una especialidad que comenzó a destacarse gracias a figuras de la talla de André Ricard, un auténtico diseñador industrial seguidor de los postulados de Raymond Loewy; Rafael Marquina, interiorista y pionero en el campo de las soluciones funcionales de gran economía expresiva; Miquel Milá, heredero de una de las familias más implicadas en el desarrollo cultural catalán —su abuelo encargó a Gaudí la casa Milá— y dotado de una intuición excepcional para la concepción de objetos sencillos y lógicos; y su hermano Leopoldo Milá, que colaboró como ingeniero en el diseño de motocicletas para la marca Montesa, como los modelos Impala (1962) y Cota 247 (1974), la primera moto de trial del mundo.

En el año 1972, un año después de la celebración en Ibiza del séptimo congreso internacional del ICSID —International Congress Society of Industrial Design—, se fundó en Barcelona la primera empresa editora de diseño con el nombre de B.D. —Boccaccio Design—, organizada a partir del estudio Per de arquitectura. Esta pequeña empresa sirvió de modelo para otras muchas iniciativas comprometidas con el diseño de mobiliario y pequeños productos, y hoy día se contempla como el paradigma del diseño español, que sigue necesitando este tipo de intermediarios entre los diseñadores y la industria. Sin embargo, uno de las claves de la relevancia que adquirió B.D. reside en el elenco de sus socios fundadores, entre los que se hallaban figuras claves para la evolución de esta disciplina como Pep Bonet, Cristian Cirici, Lluís Clotet y el impresionante Óscar Tusquets. Este último personaje de carácter renacentista, arquitecto, pintor y editor, se ha convertido en uno de los mejores diseñadores del último medio siglo gracias a la equilibrada combinación entre su ingenio mediterráneo y la lógica industrial que aplica con precisión a sus piezas, entre las que destacan el banco Catalano (1974) para B.D., en colaboración con Lluis Clotet, la silla Varius (1984) para Casas y el juego de té Oronda (1983) para Alessi.

Desde comienzos de la década de 1970 comienza una evolución en el terreno del diseño, que culminará a mediados de la década de 1980 con el apoyo de las instituciones estatales. Durante esos años aparecieron varias generaciones de diseñadores que, formados en las prestigiosas escuelas de diseño de Barcelona o en las de arquitectura de la capital catalana, Valencia o Madrid, consolidaron esta disciplina en todo el ámbito nacional, reforzada por la aparición de numerosas publicaciones específicas y la creación de nuevas escuelas en diversas ciudades españolas. Entre las personalidades más representativas que destacaron en esos años cabe reseñar a los barceloneses Ramón Benedito, Pete Sans, Josep Lluscá, Gabriel Teixidó, Carles Riart y Antoni Flores; el argentino residente en la capital catalana Jorge Pensi; y los valencianos Javier Mariscal, Vicente Martínez, Pedro Miralles y el grupo La Nave, en cuyas filas militaron Daniel Nebot y Nacho Lavernia. En la década de 1990, caracterizada por la adhesión de las generaciones jóvenes al movimiento posmoderno, el diseño español perdió parte de la vitalidad que tuvo a finales de los ochenta. Sin embargo, se ha producido una consolidación en el desarrollo de los productos, que han dejado de sufrir la excesiva arbitrariedad de los diseñadores para mostrar definitivamente la capacidad de investigación formal de la industria española.

1. INTRODUCCIÓN

Christian Dior

La modelo de la imagen viste un traje de lana azul marino con escote cuadrado diseñado por uno de los grandes nombres de la moda francesa, Christian Dior. El conjunto se complementa con un amplio sombrero de ala ancha y guantes.

Christian Dior (1905-1957), diseñador francés de moda, creador del estilo new look que volvió a la magnificencia de épocas pasadas en una exaltación de la femineidad en oposición al movimiento de simplificación que se había apoderado de la costura a partir de Paul Poiret.

2. JUVENTUD Y COMIENZOS

Nació en Granville y, a pesar de sus evidentes capacidades artísticas, decidió estudiar la carrera diplomática para complacer a sus padres, matriculándose en la Escuela Libre de Ciencias Políticas de París. Después de realizar el servicio militar, abrió una galería de arte donde exponía principalmente obras de sus amigos, Christian Bérard, Raoul Dufy y Giorgio de Chirico, al tiempo que frecuentaba las tertulias de Jean Cocteau.

Al arruinarse su padre durante la crisis de 1929, para sobrevivir se vio obligado a diseñar sombreros y vestidos, que aparecieron publicados en el periódico Le Figaro. En 1938 fue contratado como modelista en Robert Piguet, firma para la que realizó algunos trajes de noche de intenso lirismo que ya anunciaban sus futuras tendencias. Movilizado en 1939, no volvió a París hasta 1941, fecha en la que comenzó a trabajar para la casa Lucien Lelong, compartiendo durante varios años la dirección artística con Pierre Balmain.

3. LA REVOLUCIÓN DEL NEW LOOK

En 1946, la firma Philippe et Gaston le ofreció hacerse cargo de la dirección artística de la casa. Dior propuso a su propietario, el industrial Marcel Boussac, que financiara la creación de una nueva organización que le permitiera poner en práctica sus ideas. Con un presupuesto de 60 millones de francos (unos 10 millones de dólares) y rodeado de un equipo que contribuyó en gran medida a su éxito (Jacques Rouët como gestor, Raymonde Zehnacker como director del estudio de creación y Marguerite Carré, formada en Jean Patou, como directora de talleres) se instaló en París en una casa en el número 30 de la avenida Montaigne.

La presentación de su primera colección, el 12 de febrero de 1946, a la que asistieron la actriz Rita Hayworth y numerosas personalidades de la cultura parisina, como Jean Cocteau y Francis Poulenc, marcó la aparición de un nuevo estilo (el new look, expresión utilizada por la redactora de moda de la revista Harpers's Bazaar, Carmel Snow) que rompió claramente con la moda de la década de 1940.

El new look, con sus trajes Tendresse, Amour o Bonheur, caracterizados por una silueta de hombros rectos inspirados en los uniformes, faldas más cortas a causa del racionamiento de los tejidos y suelas con plataforma que dan un aspecto pesado a los zapatos, se convirtió en toda una manifestación de optimismo que invitaba a olvidar los años de la guerra.

Más sutilmente, el new look marcó también la vuelta a una forma de seducción basada en resaltar la silueta femenina: mayor volumen de caderas, busto alto, reaparición del corsé y empleo de la faja (que acababa de ser inventada por Marcel Rochas), tacones de aguja y amplias capelinas. Este enfoque supuso un discreto rechazo a la tendencia anterior que proponía alargar la silueta femenina y desterrar lo superfluo en el vestido. Marcó el retorno a una tendencia más artificial subrayada por el empleo de tejidos pesados, adornados con suntuosos bordados, que vino a coincidir con un periodo de prosperidad y dinamismo.

Esta primera colección, formada por noventa modelos entre los que figuraban Diorama, traje de lana con una falda de 14 m de perímetro, y Chérie, para el que se utilizaron 80 m de faya blanca, le valió a su creador la fama inmediata. Su éxito se vio coronado por la concesión en 1948 del premio Neiman Marcus en Nueva York. A partir de ese momento, Christian Dior comenzó a presentar dos colecciones por temporada. En años posteriores propondría siluetas más estilizadas con la llamada línea vertical, lanzada en 1950, a la que seguiría la línea H que desconcertó por su corte recto; en 1955 intentó volver a poner de moda los trajes saco. Su última colección, protagonizada por la llamada línea huso, que proponía modelos de trajes ajustados sin marcar el talle, permite apreciar la evolución del modisto.

4. EL ÉXITO COMERCIAL

Consciente de la fragilidad del éxito, Christian Dior comenzó muy pronto a preocuparse de la difusión de sus creaciones y de su imagen. En 1947 creó una filial de perfumes que lanzó en 1948 Miss Dior y Diorissimo. En 1948 inauguró una casa de prêt-à-porter de lujo en la Quinta Avenida de Nueva York y diversas casas en Australia y en Latinoamérica.

Christian Dior fue el primer modisto que dio su nombre a una marca de medias (1949), así como el pionero del sistema de licencias (para accesorios, corbatas, ropa interior y ropa de casa).

5. SUS SUCESORES

A su muerte, Yves Saint Laurent, su asistente, tomó el relevo. La presentación de su primera colección en 1958, marcada por la Línea trapecio, resultó un gran éxito, pero en 1961 el modisto decidió fundar su propia casa. A Yves Saint Laurent le sucedió Marc Bohan y éste, a su vez, fue sustituido en 1989 por Gianfranco Ferré, asistido por Patrick Lavoix en la línea del prêt-à-porter masculino Dior Monsieur. En 1996 el británico John Galliano se hizo cargo de la dirección artística, imponiendo un estilo nuevo muy audaz siguiendo la línea de Christian Dior. La sociedad, actualmente propiedad del grupo LVMH, realiza una facturación superior a los 1.000 millones de dólares. Esta firma ha lanzado asimismo diferentes perfumes como Diorella (1972), Poison, Dune, Fahrenheit y Eau sauvage.

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