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Hijos que madres teneis..

19/09/2009 08:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El sindrome del nido vacio. Cuando los hijos se van

Siempre quise tener seis hijos, no pudo ser, me quede en la mitad, como en tantas otras cosas en la vida. Primero porque no quería mi marido, segundo porque no me daba el cuerpo y tercero porque no me daban los números, en ese preciso orden, porque me habría arriesgado con los dos últimos ítems, pero sin el aporte masculino, se tornó difícil.

Por lo tanto parí tres hermosas criaturas, todas del sexo masculino, lindos como si fueran del sexo femenino y que resultaron buenos tipos, con buena encarnadura.

Pase la maraña de los pañales, los biberones, las mochilas del jardín, todo acompasado por el trabajo, el estudio universitario y las bondades de llevar adelante un hogar con una familia adentro, lustre y brillo incluido.

Viví la típica de nuestro tiempo, madre multifunción, esposa poco esposa, laburante y además estudiaba, cuando el tiempo me lo permitía, cosa no fácil con tres hijos y un marido. Su familia, mi familia y en la escuela que nos decían que la primera educación era la nuestra, por lo que exánime por las noches a revisar mochilas, después del debido baño y cena, con el consabido ‘ya son las diez, a la cama’.

A los treinta y pico, de libro, me separé, quedando a cargo de los tres pequeñuelos que ya no tanto. El estudio ya no era de la partida, porque me había recibido, pero eso implicaba mayor cantidad de horas en el trabajo, primero por la exigencia full time del profesional y segundo porque ‘padre de niños en edad escolar’ no aportaba o aportaba para un boleto de ida solamente y el trecho más corto.

Crecieron, cometieron todos los desaguisados típicos de los niños-púberes-adolescentes, que afronté con sólida postura y utilizando la persuasión como herramienta o bien, cuando ésta no funcionaba, la percusión como método expeditivo y mucho más convincente. No fueron las más de las veces las que tuve que llegar a este punto, pero las hubo.

Dicen los que nos precedieron que chicos chicos, problemas chicos, chicos

grandes, problemas grandes, ni que lo digan, absoluta verdad a la que me aferro, por haberla vivido en carne propia.

Aún así, siendo una profesional exitosa, con dos de los muchachos ya fuera del hogar materno como corresponde, fuera del cobijo de la mamá para que terminen su factura varonil, yo que siempre me jactaba de que iba a ser imposible que me diera el síndrome del nido vacío, le pifié y no sabes como!!! Me dio con toda la furia, miraba el caserón que con tanto esfuerzo había construido para ellos y me parecía el castillo de los Finzi Contini, vacío. Quedaba el pequeñín, pero en ese preciso momento descubrió que tenía un padre y quiso ir a vivir con él para ver de qué se trataba y conocer un poco al extraño.

Por lo tanto, así estaba, me levantaba a la mañana miraba las camas muy bien arregladitas y no tenía que preocuparme porque no habían llegado, nunca habían salido de mi casa la noche anterior. Llegaba del trabajo, cada día más tarde, y entraba al caserón, parecía que me iba a comer. Era la Siberia.

No me alcanzaban los ojos para tanta lágrima junta y además razonaba que tenían que hacer su vida, su rumbo, pero cuanto los extrañaba

No me alcanzaban los ojos para tanta lágrima junta y además razonaba que tenían que hacer su vida, su rumbo, pero cuanto los extrañaba.

Es raro, te pasas toda la vida en una casa ruidosa, cuando sos chica, porque haces barullo vos, tu hermano, tu viejo y tu vieja, después te casas, sos vos, tu marido y los infaltables pendex como torbellino.

Cuando se van te das cuenta de lo que es una casa sin ruido, con un silencio pesado y pegajoso, una oquedad que te enfría el alma y te desgarra el corazón.

Si tuviste la desgracia de haber querido ser madre coraje, donde siempre el primer puesto lo tienen los hijos, antes que todo, sonaste, porque no buscaste un nuevo compañero, para no traumar a los pequeñuelos o porque no te lo bancabas en tu casa usando ‘TU’ control remoto, porque los fines de semana los dedicabas a descansar de tanto laburar de lunes a viernes y ahora llegó el momento de la verdad. No te da para salir de levante ni para armar programas locos, tampoco tenés con quien, por otro lado te aferras como garrapata a la compu, y te metes en una o dos salas de solos y solas para ver como viene la mano, si sos valiente hasta te animás a salir con unos cuantos, no es mi caso, con uno fue suficiente, cuarenta y cinco minutos en el bar de la esquina de mi casa y me fugué, con la trivial excusa que le tenía que cocinar a los niños…qué niños????????

Esos niños, que ya hombres seguís extrañando con desesperación y te pasa como cuando buscas novio, si estas desesperada te huyen, con los hijos pasa lo mismo cuanto más cerca los querés más rajan despavoridos.

Y por primera vez, yo, que decía con un orgullo impresionante que era madre de varones, siento la necesidad de haber tenido una hija. Siempre pensé que si hubiera tenido una gurisa, me hubiera matado con ella en la adolescencia, recordando las bizantinas discusiones que tenía con mi madre, pero eso pasó y habría pasado si la tuviera, con una hija es distinto, te vinculas desde otro lugar, tenés casi asegurado (porque a seguro se lo llevaron preso) un futuro acompañado, aunque te regañe, aunque te critique, es muy probable que siempre esté a tu lado.

Y nuevamente esto es lo que hay, podrás tener nueras, pero esas nueras tienen madre, y tus hijos se acobijan en su seno como antes lo hicieron con nosotras, pero nosotras somos prescindibles, porque estamos siempre y el amor es imprescindible, porque es esquivo y hay que cuidarlo.

Entonces descubrís, no con poco desasosiego, que tus hijos son el centro de tu vida, pero que vos no sos el centro de la vida de ellos y la rueda gira, y a ellos les pasará lo mismo, como les paso a mis padres, a mis abuelos, a mis pares. Supongo que no ha de ser mortal, porque todos todos, sobrevivieron a la partida……..


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Guardiana (117 noticias)
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