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¡Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga!

30/01/2013 20:15
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¿Nunca habéis tenido un jefe que ‘su palabra es la ley‘? Para que nos vamos a extrañar, es de lo más habitual. Lo raro sería que nunca hubieseis dado con alguno así. Yo me acuerdo de uno que tuve que me decía que ‘lo que el decía era lo correcto, aunque después estuviese mal. Si algo salía mal luego, la culpa era de nosotros porque no lo habíamos comprendido ni hecho bien‘.

Además suele ser un personaje este tipo de jefe que no disimula que es el jefe ‘de la plantación’, es más, le encanta y se siente a gusto en ese papel y sobre todo, se entusiasma cuando oye el sonido del látigo ‘pegando’ en las espaldas de los esclavos.

Son aquellos jefes que cuando convocan cualquier tipo de reunión notas que te empieza a doler la cabeza aunque falten 8 horas para que se celebre. Tienen una habilidad especial para hacer equipo, curiosamente, son los mejores en conseguir que todos los subordinados se pongan en su contra, pero a ellos a eso les da igual. Se consideran en un nivel superior, intocables, por encima del bien y del mal.

Son jefes que no se olvidan, que quedan perennes en las culturas empresariales de las organizaciones por donde han pasado y son siempre recordados, mayormente por alguna hazaña o anécdota poco agradable para los empleados que la sufrieron.

Son los claros exponentes de lo que es el clima laboral poco apropiado para los empleados de la organización, pero seamos realistas, hay organizaciones que tienen buenos resultados con jefes como estos y que puede que alguno intentase ser un poco más líder que jefe en el pasado y la cosa no funcionó.

Estas reflexiones van encaminadas no a justificar la existencia de los malos jefes o jefes despóticos, pero si a realizar una profunda reflexión sobre la conveniencia o no de que existan.

Hay empresas que poseen enraizadas en su cultura organizacional un sistema de liderazgo que genera un clima laboral adverso, en el cual cualquiera diría que no se puede trabajar. Pero ya he comentado en ocasiones, la cultura organizacional en una empresa no es algo que se pueda cambiar de un día para otro y mientras toda la organización intenta cambiar hacia otro tipo de liderazgo más coherente, los resultados de la empresa dicen que como estaban hasta ahora, la cosa iba bien. Entonces ¿para qué cambiar puede pensar la alta dirección? ¿y si cambio y los resultados no salen?

No es siempre así, pero si mayoritariamente suele ocurrir que el mal jefe es así por dos motivos: porque no es capaz de cambiar hacia un liderazgo más racional sin cambiar la cultura de la organización y porque su propia organización ni está interesada ni pone los medios para generar ese cambio.

La alta dirección se equivoca siendo conservadora y no intentar adaptar a sus jefes hacia el liderazgo adecuado con la disculpa de que los resultados van bien, porque cuando ocurra la catástrofe de que los resultados no van bien, difícilmente encontrará colaboración entre sus miembros para tirar de la organización cuando saben en sus carnes, que durante mucho tiempo han estado dirigidos de forma inadecuada sin que la alta dirección hubiese hecho nada para defenderlos.

Esto es parte de lo que ha ocurrido en nuestro tejido empresarial, que se ha fomentado unas plantillas desmotivadas por un total alejamiento de la alta dirección de la plantilla base, poniendo en medio a un jefe incapaz. Cuando las vacas eran gordas, las organizaciones funcionaban solas, daba igual el tipo de jefe, pero cuando vinieron las vacas, el jefe es el pilar fundamental para motivas y hablar con los miembros del equipo y pedirles un plus o esfuerzo para tirar de la organización hacia adelante pero, ¿con qué cara pide eso cuando hace dos días estaba a latigazos?

Ahora llegamos tarde para muchas organizaciones, por eso sería recomendable que las que aún hay, intentasen cambiar hacia un liderazgo correcto y generar un clima laboral adecuado para buscar el objetivo de la supervivencia en el futuro. Aún están a tiempo, otras ya no.

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