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Haití: La Política en Tiempos de Cólera

09/12/2010 23:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Haití y sus tragedias no son fortuita, están aquí, ominosamente presentes, para probar la sensibilidad humana

Ya no hay que repetir que Haití es el país más pobre de la Vía Láctea; insistir en que la comunidad internacional tiene la obligación moral de asistir humanitariamente a los haitianos es perder el tiempo. Nadie quiere a Haití, excepto los dominicanos, que para evitar una hecatombe han tenido que abrir la frontera aunque entre el mismo infierno.

Todas las cumbres han quedado en promesas. Cientos de miles de dólares se han aportado teóricamente, pero a la hora de sacarse los billetes de los bolsillos y entregárselos a las autoridades haitianas, los donantes sufren una amnesia total y no saben donde queda Haití, si está en el Caribe o al sur del Sahara.

La vida o lo que va quedando de ella, es una horrible pesadilla cotidiana. Haití es noticia de curiosidades, y los reporteros de las grandes cadenas siguien el drama del pueblo más pobre del universo con placer morboso. Los que se solazan en excentricidades se atrevieron a contribuir a organizar una farsa electoral, extemporánea y sin ningún significado para los haitianos que piensan con su propia cabeza.

El asunto haitiano, hasta para un hombre entusiasta y de fe inconmovible en el destino de los pueblos del tercer mundo, como lo es el emblemático líder cubano, Fidel Castro, sostiene que Haití es un Estado inviable.

Haití, en estos momentos, requiere que los organismos internacionales sean, más que generosos, inteligentes. Al mundo y a los haitianos les conviene, por lo menos durante 20 anos, ser administrado por las Naciones Unidad bajo fideicomiso.

La humanidad tiene una hermosa y quizás irrepetible oportunidad de demostrar que ha aprendido algo en su devenir desde que aprendió a caminar sobre dos patas. Todo lo que está sucediendo en Haití no es algo fortuito, es el resultado de las arbitrariedades acumuladas desde que Colón llegó a estas tierras y las naciones que tenían vocación imperialista comenzaron a repartirse el mundo, entre ellas Espana, Inglaterra, Francia, Portugal, Holanda.

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Si no hubiese habido trata de negros, ambición sin límites, explotación a extremos inenarrables, iniquidad hasta en las miradas de los poderosos, nada de lo que sucede en Haití habría sido posible. Le corresponde a las grandes naciones que arrancaron de sus tierras a los negros africanos para utilizarlos como bestias, demostrar su arrepentimiento.

Cientos de haitianos, graduados en las mejores universidades del mundo, políglotas, con maetrías en todos los conocimientos que necesita una sociedad para organizarse y aprovechar sus recursos, están esparcidos por el mundo, sirviendo a gobiernos e instituciones internacionales. Es de suponer que un punado de ellos son personas honestas y sensibles a la tragedia que abate su nación.

Ese recurso haitiano tiene que ser utilizado para el rescate de Haití. Todas las potencias deben de ponerse de acuerdo y destinar recursos para salvar al pueblo haitiano. Pensar que la solución es crear en la isla un estado dominicohaitiano es desconocer la idiosincrasia de dominicanos y haitianos, que se soportan, pero que al igual que el aceite y el agua no se mezclan, pues son dos espiritualidades visceralmente antagónica.

Intervernir a Haití y desmantelar su ejército, tal y como sucedió durante la administración Clinton, fue un error garrafal. Haití necesita un cuerpo armado suficiente para garantizar su seguridad interna y cuidar su frontera. Como también lo necesita el pueblo dominicano.

En ambos pueblos el principio de autoridad todavía reside en la fuerza. Sin fuerza no hay jefe. Es posible que dentro de mil anos se imponga la razón, pero la inmadurez de ambos pueblos los coloca en una etapa embrionaria.

El fideicomiso haitiano ayudará al pueblo de haití y al dominicano, pues traerá orden, inversiones y esperanza.


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Autor:
Drmartinezp (1 noticias)
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Reportaje
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