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¿Cómo hacer realmente arqueología?

09/03/2018 17:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A 30 años de su publicación en castellano, se reseña el libro "Interpretación en arqueología. Corrientes actuales" (1988), del británico Ian Hodder quien realizó un estudio crítico sobre los modelos interpretativos que hasta ese entonces se habían aplicado en el campo de la arqueología. *

                                                                                                                                    Arqueólogo Ricardo Rincón Huarota 

*HODDER, Ian. Interpretación en arqueología. Corrientes actuales. España, Editorial Crítica, 1988. (Crítica/Arqueología)

Ian Hodder, uno de los primeros teóricos que incursionó en la metodología de la arqueología postprocesual y moderna, realizó hacia la década de los 80 del siglo pasado un estudio crítico sobre los modelos interpretativos que se habían aplicado en el campo de la arqueología. Señala las limitantes de métodos tales como los utilizados por la Nueva Arqueología, el marxismo y el estructuralismo, entre otros. Pero, asimismo, destaca las contribuciones de algunas de estas corrientes teóricas, en la medida que habían logrado explicar y entender el cambio social y económico de culturas anteriores.

Con base en su riguroso estudio, aún vigente, Hooder se plantea la pregunta de "¿cómo hacer realmente arqueología?", a la que responde ofreciendo su propio modelo teórico. Postula tres principios básicos que, en última instancia, corresponden a las ideas propuestas en el periodo inmediatamente anterior al surgimiento de la Nueva Arqueología, a saber: 

  1. La cultura material está constituida de manera significativa.
  2. El individuo forma parte de las teorías de la cultura material y del cambio social.
  3. Si bien la arqueología es una disciplina independiente, sus vínculos más estrechos los tiene con la historia.

 

1)     La dimensión simbólica de la cultura material

Hodder afirma que los métodos utilizados por la Nueva Arqueología, tales como la teoría de sistemas y la teoría del Alcance Medio, intentaron ser rigurosos y universales. Con los nuevos enfoques, los arqueólogos declaraban un rotundo rechazo a la arqueología tradicional que era, bajo su perspectiva, altamente normativa y descriptiva.

No obstante, al pretender la nueva metodología correlacionar la cultura material con los modelos humanos a través de leyes generales, podría siempre predecirse el significado de los restos materiales. A decir del propio autor:

"En última instancia la cultura material podía considerarse como el producto de la adaptación al medio tanto físico como social." (Hodder, 1988: 16).

Así pues, los enfoques sistémicos no lograron explicar la variabilidad cultural referente a problemáticas tales como el significado concreto de los objetos materiales, la ideología y las prácticas rituales. La capacidad adaptativa de un sistema implicaba que la"causa" de algún acontecimiento, hallara su explicación en su propio "efecto".

Hodder ejemplifica lo anterior con algunas conclusiones de Flannery y Marcus sobre su investigación en el Valle de Oaxaca. Ellos tratan de mostrar que la cosmología zapoteca desempeñaba un papel regulador de los subsistemas social y económico, así como de los acontecimientos naturales.

Así, un acto ritual que consistía en una sangría con púas de pastinaca (pez raya), era un indicador para que la gente se percatara de las pérdidas agrícolas de algún individuo y por tanto necesitaba ayuda en forma de donaciones de maíz.

Sin embargo, la variabilidad cultural de este hecho se ve excluida de toda consideración explicativa: la aparición de este evento, la sangría con púas de pastinaca, encuentra su significado sólo en un efecto posterior: la regulación de los recursos y la comunidad. Es decir, no se explica por qué se utiliza una púa de pastinaca o se realiza una sangría, en lugar de otro artefacto u otra práctica ritual. En este sentido, el marco sistémico tuvo escaso interés por comprender el acontecimiento en toda su riqueza y complejidad.

El vínculo entre la cultura material y la organización humana está supeditado a una serie de actitudes culturales que no pueden predecirse a través del medio ni ser reducidas al mismo. A su vez, la cultura material es un reflejo indirecto de la sociedad humana. Por consecuencia, entre la sociedad y los restos materiales se interponen las ideas, las creencias y los significados que adopta cada sociedad en torno a diversos aspectos humanos y de la naturaleza.

Señalar que toda la cultura material posee una dimensión simbólica y significativa, equivale a afirmar que existen aspectos de la cultura que son irreductibles. El papel de los arqueólogos es precisamente interpretar ese componente irreductible para que pueda "leerse" la sociedad que se halla tras esa evidencia material. Quizá esta idea no represente nada nuevo ya que la "lectura" de la evidencia material ha sido la razón de "ser" de la arqueología como disciplina científica.

Generalmente, los arqueólogos comienzan a asignar significados a los restos materiales a partir del contexto en que fueron encontrados. Sin embargo, nada nos garantiza que aún contextualizado lleguemos a comprender con precisión cuál fue la utilización concreta de algún artefacto.

Las teorías del determinismo ecológico intentaron subsanar estas limitaciones de nuestra disciplina por medio de leyes universales sin considerar que la cultura material tiene un contenido concreto de valores y tradiciones creados dentro de cauces históricos determinados. Es decir, la reconstrucción arqueológica debe hacerse "desde dentro" de las matrices culturales pasadas. Para lograr tal fin es necesario apoyarse en el contexto, las fuentes escritas ––si las hay­­–– y en un apropiado método deductivo que permita proyectarnos a nosotros mismos de forma crítica en el pasado, sin que esto signifique que nuestras interpretaciones queden atrapadas en el presente.

Hodder propone "revivir" el pasado mediante el método de pregunta y respuesta. Es decir, hay que poner en acción a los datos mediante preguntas concretas y definidas: ¿por qué tal enterramiento se orientó hacia esa dirección? ¿por qué se construyó aquí este muro? La respuesta depende de los datos disponibles, pero también de la imaginación histórica que nos permita confeccionar argumentaciones coherentes que guarden correspondencia con los datos.

Para Edmund Leach esto sería la elaboración de "conjeturas bien fundamentadas" ya que la organización social, que se encuentra entre "X" (el patrón de trabajo de alguna sociedad en interacción con su medio) y "Y" (los residuos arqueológicos), siempre será un misterio. Algo que se ha perdido y se ha ido para siempre. (Leach, Edmund. "Concluding address.", en The explanation of culture change: models in prehistory. A.C. Renfrew Ed., Londres, Duckworth, 1973. Pags. 761-771).

2)     El individuo activo

A decir de Hodder, la Nueva Arqueología, así como el marxismo y otros métodos aplicados a la arqueología, se olvidaron del individuo. Una frase extrema que ilustra tal situación es la aseverada por Flannery: "la meta no era llegar al indio individual tras el artefacto, sino al sistema existente tras el indio y el artefacto" (Hodder, 1988: 19-20).

Los enfoques sistémicos no lograron explicar la variabilidad cultural referente a problemáticas tales como el significado concreto de los objetos materiales, la ideología y las prácticas rituales

Las vasijas individuales, por ejemplo, se estudiaban como meros reflejos pasivos del sistema sociocultural. La teoría arqueológica, entonces, rechazó al individuo ya que éste era incapaz de modificar los sistemas básicos de la naturaleza. Lo realmente importante era tener conocimiento de cómo funcionaba esa vasija en el sistema, independientemente de lo que los individuos pretendieran hacer con dicho objeto.

Sin embargo, los individuos no cumplen roles predeterminados en concordancia con un guión concreto. La cultura material cumple un rol activo en la medida que es reflejo del cambio social y otros aspectos que indican barreras, posiciones o jerarquías sociales. De esa forma:

"No somos simples peones en un tablero, determinados por un sistema, sino que usamos centenares de miles de medios, incluyendo el simbolismo de la cultura material para crear nuevos roles, redefinir los ya existentes y negar la existencia de otros." (Hodder, 1988: 21-22).

Casi todos los enfoques sistémicos y el marxismo plantean una visión pasiva de la ideología, donde el individuo sólo desempeña un rol insignificante. De esa manera, se niega la posibilidad de que éste pueda manipular y negociar activamente las ideologías y el mundo simbólico.

Otro aspecto relativo a la ideología, especialmente dentro de la corriente marxista, es que los individuos son fácilmente embaucables por la ideología dominante y por tanto aceptan de buen grado la legitimación del poder. De ese modo, no se plantea la opción de que sectores o subsectores de una sociedad puedan interpretar de manera distinta algo que a los ojos del arqueólogo puedan ser normas compartidas.

Si pretendemos introducir al individuo como agente social activo debemos concederle "cierta capacidad para penetrar en la ideología y tener opiniones independientes acerca de sus propias condiciones de vida." (Hodder, 1988: 85).

El retorno de la voluntad y el libre albedrío al pensamiento antropológico puede ser un avance positivo en las ciencias sociales. Las teorías del determinismo materialista o del equilibrio ecológico fueron incapaces de explicar aspectos tales como las transformaciones, cambios radicales y adaptaciones ideológicas de determinada sociedad. Dicha limitación se debió precisamente a que estos fenómenos "son en gran medida producto de deseos humanos, intereses de clase e imperativos ideológicos - elementos voluntarios cuya importancia niegan las teorías deterministas" (CONRAD, Geofffry W. y Arthur A. Demarest. Religión e imperio. Dinámica del expansionismo azteca e inca. México, Alianza Editorial Mexicana-CONACULTA, 1990:271).

3)     El contexto histórico

El objetivo central de la arqueología tradicional era determinar de dónde venían las cosas. La Nueva Arqueología se opuso a tal circunstancia por lo que volvió su mirada a la antropología.

A través de esta disciplina, la arqueología analizó sistemas en función de sus entornos naturales respectivos y elaboró enunciados universales. Lo anterior le confirió a nuestra área de estudio un pasado atemporal. Así, el factor tiempo quedó segmentado y los arqueólogos se interesaron en definir regularidades interculturales que iban del tipo A al tipo B. Por ejemplo, de la fase de cazadores-recolectores a la fase de agricultores-sedentarios.

Cuando se explica por qué una forma cultural tiene un significado y un uso determinados, se requiere examinar las asociaciones y los contextos previos, su difusión y secuencia anteriores; es decir, en las sociedades se crean conceptos y formas culturales que los individuos perciben y aprenden. Estas tradiciones culturales se continúan en el tiempo aunque son renegociadas y transformadas.

Por tanto, se hace necesario explicar las transformaciones del significado a lo largo del tiempo, a través del análisis del contexto histórico-cultural inmediatamente anterior. La dificultad estriba en explicar el paso de la fase A a la fase B. La Nueva Arqueología no supo hallar la resolución concreta de la evolución cultural al considerar tan sólo las cualidades adaptativas de un sistema y al marginar la creación y la innovación.

Si la arqueología pretende dar explicaciones coherentes debe reafirmar sus lazos con la historia; concretamente, debe rescatar la importancia del trabajo histórico-cultural para responder preguntas de la siguiente índole: ¿cómo sobrevino el nuevo sistema de valores, de ideas y de legitimidad social?; ¿dónde se originó el nuevo sistema de creencias y por qué fue aceptado por la comunidad humana? Si podemos comprender las estructuras ideológicas de la fase A, comenzaremos a analizar cómo se produjo el cambio a la fase B y su significado. De ahí surge la importancia de tomar en cuenta los significados históricos.

 

 SEMBLANZA DEL AUTOR

Ricardo Rincón Huarota. (Ciudad de México, 7 de noviembre de 1963). Arqueólogo especializado en religión prehispánica. Escritor. Ganador del Premio Nacional de Ensayo sobre la Huaxteca (2016), con la obra Presencia de Tlazoltéotl-Ixcuina en la Huaxteca prehispánica, organizado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura Federal.

Ha sido investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Desde julio de 2016 forma parte de la Enciclopedia de la Literatura en México, auspiciada por la Secretaría de Cultura Federal. Autor de diversos artículos especializados entre los que se cuentan: Algunas reflexiones sobre la arqueología y la etnohistoria de Sonora (1992) y Estudio comparativo entre las garantías de seguridad jurídica actuales y la normatividad del Derecho azteca (UNAM-IIJ, 1993). De 1989 a 1994 fue colaborador y coordinador de diversas publicaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, entre las que se cuentan: Nuestra Constitución (1991); Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana (1991); Las mujeres en la Revolución Mexicana (Coordinador, 1992); Ricardo Flores Magón. Programa del Partido Liberal y Manifiesto a la Nación (1992). Entre 1998 y 2008 coordinó el Programa de Recorridos Turístico-Culturales de la Ciudad de México, del Gobierno del Distrito Federal. En 2009 incursionó como articulista en las revistas de gastronomía Soy Chef y elgourmet.com. En esta última fue autor de la Columna Bicentenario (2010), que abordó temas de gastronomía y su vinculación con la Independencia y la Revolución. Su cuento Calaveritas de azúcar fue uno de los ganadores del concurso “Escribe un cuento de terror”, convocado en 2012 por la editorial Random House y El mecanismo del miedo. En 2014 el jurado del Concurso “Cuentos de futbol”, lo seleccionó como uno de los ganadores con el relato corto de terror El campeón, antologado en el libro Cuéntame un gol. Cuentos de Futbol, (España, Verbum, 2014) presentado por el autor en mayo de 2014 en Madrid. Dicha antología fue presentada el 5 de diciembre de 2014, en el marco de la FIL de Guadalajara.

A finales de 2014, el relato Agua salada y tierra de panteón fue publicado en la antología Necrópolia. Horror en Día de Muertos (Ed. independiente). Su interés por el patrimonio cultural de la Ciudad de México y la literatura fantástica, lo motivó a escribir Dieciséis Fantasmas. Cuentos de terror de las 16 Delegaciones del Distrito Federal, coedición entre Rosa María Porrúa Ediciones (México, 2015) y Editorial Verbum (España, 2015) Dicho libro fue presentado en el marco de la FIL del Zócalo en octubre de 2015 y en la FIL Guadalajara en diciembre de ese mismo año. En noviembre de 2015, fue uno de los miembros del Jurado del concurso internacional de relato de terror “Cuentos de Fantasmas”, convocado por la Editorial Verbum, y que dio como resultado la antología Palabras en la Niebla. 20 cuentos de fantasmas. (España, Verbum, 2016). En octubre de 2016 presentó Presencia de Tlazoltéotl Ixcuina en la Huaxteca prehispánica, obra ganadora del Premio Nacional de Ensayo sobre la Huaxteca, en el marco de la FIL del Zócalo, y en diciembre del mismo año la citada obra se presentó en la FIL Guadalajara. Actualmente colabora en el periódico virtual GLOBEDIA.


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