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De haber vencido Abd el-Krim al colonialismo, Franco no hubiera podido alzarse en julio de 1936

11/02/2010 12:29 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aquí dos cosas importantes: el empleo de gases asfixiantes contra los rifeños, por decisión del Rey Alfonso XIII y el desembarco hispano-frances en Alhucemas

“La catástrofe de Annual-dice David S. Woolman en su biografía de Abd el-Krim-representó una enorme pérdida para España, no sólo en vidas, material y territorio, sino también en prestigio moral y nacional. Aunque las noticias procuraban ocultar al pueblo español tanto como fuera posible y el informe final de las Cortes recontó unos 13.192 muertos, otras fuentes de información elevaban las pérdidas a 19.000 hombres. Hay pruebas de que estas cifras se acercan más a las reales”.

Abd el-Krim mismo dijo: “en realidad no hubo batalla de annual, puesto que allí nadie se batió. Pero lo importante es el botín que capturamos consistente en 40 cañones de 65, 60 de 75, 50 de 77, 25.000 fusiles, 400 ametralladoras, 5.000 revólveres y millones de cartuchos y municiones de obus, y material retransmisiones en cantidad indeterminada. La mayor parte de ese material había recibido España de Alemania y Francia. Con lo que quiero acallar la estúpida leyenda de que nos proveían esos dos países”

Annual representó la mayor victoria de una guerrilla sobre un ejército colonial europeo en la edad contemporánea. Se calcula que Abdel-Krim tenía bajo sus órdenes tan solo una guerrilla de 5.000 hombres como máximo y a veces mucho menor, dotada de una movilidad asombrosa, mandos subalternos capaces, comunicación de órdenes rapidísimas. Disciplina. Y Abd el-Krim pasó a ser un mito heroico. Elogiado después hasta por Ho Chi-Minh, Ernesto Che Guevara, Ben Bella y varios latinoamericanos.

Después de los meses de julio y agosto un número enorme de rifeños se sumó a la guerrilla. Una nueva y poderosa amenaza se cernía sobre el poder colonial de España y Francia. Y fue ésta y no una agresión contra posiciones francesas a lo largo del río Werga, en abril l925, la que asustó de verdad a París y terminó por desencadenar la movilización del ejército regular francés. Tras una entrevista en Zoco el-Sebt entre el general Sanjurjo, Petain aprovechó para relevar a Lyautey de su cargo de comandante en jefe de las fuerzas francesas y echar una mano a los españoles para sacarles las patas de un barro sin fondo. Francia despidió a Lyautey a la francesa, para dar paso al héroe de Verdun (pero sin darnos cuenta hemos dado un salto a l925) Y echamos marcha atrás.

Respecto a las bajas habidas en Annual, no existen cifras oficiales históricas fiables, naturalmente. Claro que hay otras cifras además de las ofrecidas mucho menores que hay que citar, tales como la de la Revista “Ejército” (Madrid l984) que calculó el número de bajas españolas en 7.875 hombres, Indalecio Prieto en 8.668 y Juan Tomás Palma Romero en (“Annual, 1921. Ochenta años después del Desastre”, Madrid, 2001), en 8.180 muertos o desaparecidos. Según el propio expediente Picasso hubo 13.363 muertos (incluyendo 2.390 soldados indígenas) y los “desaparecidos” suman un 10 ó 15%.”Había tanto muerto reseña Wikipedia que se decía que a partir del segundo día, los buitres sólo comían de comandante para arriba”

Muchos historiadores se han formulado la pregunta de por qué Abd el-Krim, teniendo a mano Melilla, no saqueó o tomó la ciudad. Unos dicen que porque los Beni Sicar, que dominaban el norte de la ciudad, y obedecían a un caid pro-español, lo hubieran impedido. Eso es no conocer es espíritu de la guerrilla rifeña, embebida por el éxito, perfectamente cronometrada, capaz. Tampoco saben que como otras tribus antes, los Beni Sicar se hubieran sumado a Abd el-Krim en el saqueo.

Tiempo después cuando Roger Mathieu se dirigió a Abd el-Krim para preguntarle por qué no había atacado Melilla, teniéndola virtualmente en sus manos, éste le respondió: “Imagínese usted la polvareda internacional que eso hubiera causado. Todos los periódicos del mundo hablando del saqueo de Melilla. Preferí retirar a mis hombres, sin bajas”. Roger Mathieu pensó que aquel era el único hombre en todo Marruecos, que no había perdido la cabeza tras una victoria arrolladora.

No hay duda de que el líder rifeño no quiso entrar en Melilla bien asesorado por su hermano Mahmed, el político. Y sus seguidores, disciplinados, obedecieron. Cuando estaba a punto de retirarse, a mediados de agosto, su eficaz servicio de información le había comunicado que Berenguer, temeroso, había pedido refuerzos urgentes a la península y sabía que tardarían en llegar o sea que la causa tampoco fue del temor a los nuevos refuerzos, porque tuvo un lapso de más de un mes con la plaza a su merced.

Abd el-Krim proclamó una República rifeña por dos motivos: uno, porque quería evitar el culto a su personalidad contrario a las tradiciones del Islam y era necesario echar las bases de una especie de proyecto de reconstrucción nacional, bajo una entidad superior. Y, segundo, porque no quería en modo alguno ir contra el sistema de Sultanato”. Según Pierre Fontaine, el término “república” era un bluff para el caso de conversaciones con el Alto Comisario español o los dirigentes rifeños. Paz, negociaciones o venganza: ¿guerra sucia?

Silvela fue nombrado en Madrid, Alto Comisario Civil para el Protectorado. El ejército español se veía confrontado ahora con una federación de tribus rifeñas que obedecían ciegamente a Abd el-Krim. El 1º febrero 1923, éste se proclamó Emir (príncipe) del Rif en todos los zocos, mezquitas y rincones que se hallaban bajo su dominio. Siguiendo un clamor popular de paz, los “abandonistas” presionaron sobre el también pacifista Santiago Alba, Secretario para Asuntos Marroquíes para emprender negociaciones de una vez.

El escritor Woolman dice textualmente:”Así, Alba tramitó la entrevista con un rifeño de categoría, Dris ben Said, viejo amigo de Abd el-Krim. Pero para frustrar los planes de Alba, los militares sacaron del retiro al general Martínez Anido nombrándole jefe de la comandancia de Melilla. Poco después de la toma de posesión de Martínez Anido, Dris ben Said fue asesinado. Sin los buenos oficios de éste Alba poco pudo hacer para una negociación pacífica”. Apenas empezaba la “guerra sucia”

El propio Sebastián Balfour recoge la información y en nota aparte dice:”Las sospechas de Rosa Madariaga de que la muerte de Dris ben Said fue ordenada por Martínez Anido no están descaminadas, ya que el ala militarista del ejército colonial, no tenía ningún interés en llegar a un acuerdo con el propio Abd el- Krim”

Las efímeras conversaciones de paz, con intervención de personajes importantes como Castro Girona, se estancaron: España se mostraba dispuesta a reconocer a Abd el-Krim como caid del Rif, le ofrecía ayuda económica y protección militar (?), pero insistía en que acatara la autoridad del Sultán. Abd el-Krim consideraba como un hecho, la soberanía sobre el Rif, y respondió que la independencia del Rif no era negociable. Las conversaciones estaban rotas.

Las posiciones quedaron, por lo menos claras por las cartas cruzadas entre Diego Saavedra (Secretario general para el Marruecos español) y Mohamed Acerkan, ministro rifeño de Asuntos Exteriores.

El primero dejó claro que “no habrá ninguna negociación ni discusión que tome en consideración la independencia del Estado del Rif, ni haga mención al tratado de 1912”. Luego repetía el discurso tantas veces repetido antes de una independencia económica y administrativa para las tribus, etc… bajo la protección de España. Asistencia material o y moral, la paz sin derramamiento de sangre, etc… Pero terminaba advirtiendo que en caso de que Abd el-Krim, se hiciera el sordo, España adoptaría toda clase de medidas para sofocar cualquier rebelión, etc…

Mohamed Acerkan, ministro de asuntos exteriores del Rif, respondió dentro de las 48 horas del plazo que le daba el secretario para el Marruecos español, considerando en su respuesta que la carta de Saavedra era un virtual ultimátum. La de Acerkan era la respuesta- carta de un hombre de estado soberano:… "el gobierno rifeño-decía-establecido según las ideas modernas y los principios de la civilización, se considera a sí mismo independiente-tanto política como económicamente-con el derecho de mantener nuestra libertad, como lo hemos hecho durante siglos y vivir tal como los demás pueblos viven”. “Consideramos que el partido colonial español ha transgredido y violado esos derechos a la libertad al hacer un protectorado en una tierra ajena”. Abogaba por el derecho a regirse a si mismos por gobernantes elegidos por el pueblo rifeño, y “defenderemos esos derechos contra cualquier nación que nos ataque”.

Añadía “que el partido colonialista español no tiene derecho a derramar la sangre de sus hijos para satisfacer ambiciones personales y pretensiones imaginarias. Rogamos consideren sus pasados errores coloniales que motivaron nuestra protesta ante el mundo civilizado y la humanidad”.

Propugnaba por fortalecer lazos de unión, sin pisotear derechos ajenos, humillar a nuestro pueblo e ignorar todas las doctrinas humanas y legales de ley universal tal como se hallan contenidas en el Tratado de Versalles firmado después de la Gran Guerra. Terminaba augurando que el poder y la fuerza fracasarían ante el derecho. “Sepan que el pueblo del Rif está dispuesto a morir y créame, moriremos por la causa de la verdad hasta el ultimo hombre”

Como preámbulo al uso de gases, un poder político-militar fuerte con el consabido golpe

Además de los bombardeos sobre poblaciones civiles en diversos puntos de África y de Oriente Medio, las potencias coloniales terminaron por recurrir a la guerra química, dirigida no ya solo contra los soldados, como se había hacho en la Primera Guerra Mundial, sino también contra la población civil de la zonas más rebeldes de los territorios que se deseaba colonizar. Pero, antes, era preciso un gobierno fuerte y un hombre que dirigiera el golpe militar previo. Es lo que vamos a explicar a continuación.

Los valores militares de España en cuanto al comportamiento que había seguir en una guerra se había visto profundamente minados por las guerras coloniales de Cuba y Filipinas, entre 1895 y 1898. Además de las batallas, el ejército colonial español recurrió a la guerra económica para agotar al enemigo. En Cuba se había recluido a la población civil en campos de concentración mal abastecidos, y los soldados españoles tuvieron mano libre para quemar cultivos, plantaciones y aldeas, y eliminar a todo el que se les pusiera por delante.

Ya en 1912 los oficiales coloniales tenían la precaución de no mencionar para nada la creciente brutalidad de sus métodos. Se tenia la impresión de que la opinión publica de España rechazaría una practica habitual como la de decapitar a los prisioneros.

Ante el relativo fracaso y debilidad de la estrategia de los “progresistas”, que preferían intentar ganarse a las tribus locales mediante sobornos y con muestras de respeto hacia las autoridades nativas, en 1919 se impuso el discurso militarista, según el cual el avance de la civilización en Marruecos y donde fuera solo era posible una vez derrotado el enemigo, y esto había que conseguirlo por cualquier medio.

Así fue como la idea de usar las caras y tecnológicamente avanzadas armas químicas, para sustituir al reticente soldado de infantería como arma principal contra el enemigo, empezó a apoderarse de la imaginación de oficiales coloniales y políticos por igual. Lo cual no requirió, un gran esfuerzo mental.

Como hemos visto, casi todos los oficiales del Ejército e incluso los políticos liberales de entonces consideraban aceptable la idea de emplear armas químicas, como el gas mostaza, contra el enemigo rifeño. Por un momento, hasta Silvela y Alba quedaron enganchados por la “eficacia” de los gases.

Pero la estrategia empleada seguía sin tener ninguna coherencia. Además, infravaloraba estrepitosamente la capacidad militar de los rifeños, ahora reunidos bajo el mando de su nuevo líder, Abd el- Krim. Este había creado un Estado virtual en el Rif, recaudaba impuestos, negociaba con los líderes de las tribus y había formado un verdadero ejército, que se abastecía en gran parte de sus agentes en Tanger. Estaba perfectamente informado: era su punto fuerte.

El poder rifeño estaba organizado en dos instancias: el poder ejecutivo, confiado al consejo de ministros, presidido por Mohammed Ben Abd el-Krim el Jatabi, que comprendía seis carteras de las cuales las más importantes eran las de Interior, Justicia, Finanzas y Asuntos Exteriores. El poder legislativo estaba compuesto por una Cámara de 80 delegados, elegidos por sufragio universal entre las tribus que admitían la autoridad

de Ajdir, sede del gobierno rifeño, presidido por el propio Abd el-Krim. Este poder rifeño tomaba sus decisiones que adquirían ipso facto el carácter de ley.

Para empezar por algo se formó en Madrid (1923) un comité para diseñar un plan de invasión secreto bajo el título de “Proyecto de desembarco y Plan de Invasión sobre Al Hoceima” estaba al frente naturalmente el halcón general Martínez Anido. Necesitaba 20.00 soldados, dos meses de entrenamiento intensivo y 30 millones de pesetas. El ya anciano general africanista Luis Aizpuru, ministro de la guerra, alegó que si fracasaba se pondría en peligro al rey Alfonso XIII y al país. Martínez Anido presentó su dimisión.

Los militares africanistas seguían clamando venganza por la afrenta de Annual y por otras mil razones. Con la aprobación del moderado Silvela, emprendieron la ofensiva. El jefe rifeño mantenía la iniciativa y el ejército español defendía Tizzi Azza para evitar un nuevo Annual. Era la clave. La violencia en el campo de batalla hacía de éste un infierno de fuego y acero. La desigualdad del terreno jugaba en favor de Abd el-Krim. La potencia de fuego, en cambio, era abrumadora por parte del ejército colonial. Los rifeños sufrieron considerables pérdidas.

La Aviación española había mejorado, pero en aquel terreno era ineficaz. El botín de Annual-ya citado- se notaba: los rifeños usaban las armas pesadas españolas con maestría incluidos los cañones anticuados o no, pero sobre todo las ametralladoras antiaéreas (algunas Oerlikon). Llegaron a derribar el aparato del comandante Alfredo Kindelán que operaba en vuelo rasante. Salvó su vida y luego fue el cerebro en las operaciones nocturnas dirigiendo la flota aérea que extendió la nube tóxica por todo el Rif.

Pronto Alfredo Kindelán Duany sería general y brazo derecho de Franco y una figura de la aviación española. Le veremos de nuevo en 1937, ahora al lado del Mariscal Sperrle y Wolfram von Richthofren arropados por la Legión Condor de Hitler, en la demoledora campaña de Vizcaya l937. Y los bombardeos de Durango, Gernika y Bilbao desde marzo hasta junio 1937

El olor de la venganza atrajo al Coronel Francisco Franco y los gases asfixiantes

Probablemente las prisas de los atacantes causaron bajas en las fuerzas coloniales, por estar el terreno aún envenenado por los primeros gases. No se sabe. Y ya la figura del coronel Franco proyectó su sombra ominosa en tierra africana.

Silvela, Alto Comisario Civil, en una entrevista con un periodista francés, habló de su aislamiento espiritual, su horror y su rechazo cada vez mayor de los militares y dijo que Ceuta y Melilla eran “tierra conquistada”, sometida desde hacía siglos por intereses creados (interesados sobre todo en que la guerra continuara, la corrupción, etc… Aquel verano de 1923 se vestiría de negro. Era la cultura de la guerra.

Mientras, España estaba soliviantada peligrosamente. Los “pacifistas” habían cedido al discurso de terminar de una vez con el criminal Abd el- Krim. Ese pensamiento prevalecía en gran parte alentado por la prensa, pero la cuestión marroquí había generado una guerra interna en la propia sociedad. Fue en aquellos momentos que Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, anticatalán, campechano, barrigudo y “bon vivant” dio un golpe militar incruento. No lo había fraguado él sino un selecto grupo de militares monárquicos conocidos como el “Cuadrilátero” y liderados por el general de caballería José Cavalcanti, uno de los favoritos del rey.

Franco no estaba, (era demasiado joven) y además enemigo de Primo de Rivera, ya que éste era en principio hostil a la idea africana y más bien resignado a abandonar para siempre la empresa colonial, como tantos otros. Pero sí era en cambio partidario de restaurar el prestigio perdido del ejército y le aplaudieron o se callaron todos los africanistas disconformes porque sufrían como todos el complejo de que el ejército era víctima de una persecución popular por el Desastre de Annual. Esa idea la compartían y popularizaban Franco, Mola, Yagüe y los que generaron el Alzamiento en 1936.

Una de las primeras iniciativas de los golpistas fue el intento de “confiscar” el expediente Picasso de los archivos del Congreso de los Diputados, sin el cual la verdad de lo ocurrido en Annual no se podría probar nunca. Uno de los miembros del Comité de Responsabilidades lo salvó.

En agosto hubo manifestaciones populares e incidentes en oposición a la guerra en Valencia y Málaga, donde se amotinó un contingente que debía de salir para África… El instigador del motín fue condenado a muerte en consejo de guerra, pero el gobierno se negó a aceptar la sentencia. Eso “in extenso” sólo se pudo saber por la prensa francesa.

En Bilbao ya había habido uno, tremendo, protagonizado por soldados vascos del cuartel de Garellano, cuando un contingente regresaba de Melilla. Fue “el tumulto más popular que he presenciado en mi vida”-dijo el diputado socialista Prieto. La fuerza pública lo reprimió violentamente en las calles de Bilbao y el pueblo estaba con los que volvían. Fue precedido de un mitin, en que los oradores fueron detenidos. Se quejaban del mal trato dado a los soldados del Regimiento Garellano en Marruecos por parte de los militares españoles y de lo absurdo de las órdenes superiores de colocar la enseña española en los picos más altos del Gurugu, en desmedro de otras acciones menos riesgosas. Lo relata Prieto en “Convulsiones de España”.

Por qué fue elegido precisamente Primo de Rivera para dar el golpe militar

Pero volviendo al golpe los del Cuadrilátero, los cuatro generales (uno de ellos hermano de Berenguer) querían un gobierno fuerte capaz de proseguir la guerra en Marruecos. La única figura popular que habían encontrado para encabezarlo era Miguel Primo de Rivera, de 53 años, quien se dejó convencer aún siendo en teoría “abandonista”. Pero Cavalcanti le insistió en que era la única salida “honorable” que quedaba a España para salvar la faz, y terminó por aceptar a sabiendas que Alfonso XIII movía los hilos entre bastidores.

El rey supo buscar una buena coartada para no figurar para nada en el golpe militar dejándose ver en alguna recepción del Palacio Miramar de San Sebastián (su residencia veraniega), entregando trofeos a los ganadores de las regatas de balandros en el Club Náutico, etc… Dejándose ver, cubriendo apariencias de que él era ajeno a aquella operación militarista.

El manifiesto con la decisión personal (¿) de Primo de Rivera de asumir el mando de la nación fue publicado en Madrid el 12 de septiembre de 1923, en ausencia del monarca. Pero el día l5 el rey estaba ya en la capital naturalmente, para alivio de los africanistas e invitó a Primo de Rivera a “tomar las riendas de la nación”. Inmediatamente se estableció el consabido Directorio Militar, al frente del cual figuraba el propio Primo de Rivera y se arrinconó la Constitución. Todo según lo previsto. Primo de Rivera fue, en realidad, una figura decorativa muy útil.

El Directorio estaba compuesto de ocho Generales de Brigada y un Almirante. Los soldados profesionales recelaban de un “abandonista” como Primo de Rivera y los políticos profesionales estaban descontentos pues se les había desposeído de sus cargos. Pero aquel contaba naturalmente con los generales, la Iglesia y las Finanzas. Un chiste muy popular afirmaba que el nuevo el escudo de armas elegido por el dictador constaba de “una botella, una mujer bonita y una baraja”. Pronto se imitó popularmente su fuerte deje andaluz, sus supuestas ocurrencias ante una buena mesa a las tres de la mañana, en la tertulia. Eran conocidos su figura, su pelo blanco sedoso y su presencia en los mejores restaurantes y en las corridas de toros donde según Hemingway solía pedir le sirvieran en su palco los testículos cocidos de los toros muertos en corridas precedentes.

El directorio estableció la censura y prohibió las manifestaciones, autorizó la creación de un ejército africano de reserva y destituyó a Silvela como Alto Comisario Civil. Los cabos estaban todos bien atados.

Abd el-Krim se había hecho popular internacionalmente. Idealistas, aventureros, capitalistas, ingenieros, políticos, asediaban al fundador de la República Bereber. Entre los interesados en el caudillo de la primera guerrilla que sabía hacer la guerra estaba el inglés Gordon Canning, capitán retirado, rico, apasionado de la historia de un pueblo tan antiguo como original en África. Conectó con él a través de la Cruz Roja que se hallaba en el Rif, cuidando de cientos o miles de heridos, mutilados, gaseados.

Vincent Sheenan escritor muy enterado opinaba que los alemanes eran los dueños secretos de los minerales del Rif por decisión de España. El Tebib Arrumi que de los minerales preciosos del Rif sabía todo, sabía todavía mejor manipular la información para que nadie supiera nada. La opinión mundial se oponía al militarismo español y estaba con Abd el-Krim, los líderes de los países árabes colonizados le adoraban y le alentaban para que siguiera como un modelo ideal de sus propias y difíciles aspiraciones.

En cuanto a la guerra, Primo de Rivera se había pasado al bando de los militaristas, que tenían carta blanca. Pero l924, comenzó adverso para él. El mal tiempo y la lluvia estaban del lado de los rifeños, aunque estos ya adivinaban lo que se les avecinaba a juzgar por el material de guerra (incluidos bombarderos) que estaban informados que se estaban introduciendo desde Ceuta procedentes de los países más retardatarios de Europa con destino al ejército español.

También había noticias de la fundación el año anterior de una fábrica en España capaz de producir armas químicas en grandes cantidades obviamente contra Abd el-Krim.

Se habían inventado armas químicas muy eficaces, que fueron probadas en campos de la muerte en la Primera Guerra Mundial. La más básica de estas armas, la granada de mano rellena con gas lacrimógeno, fue utilizada por Francia desde el principio de la guerra, y Alemania, por su parte, había lanzado proyectiles T rellenos con otro tipo de gas lacrimógeno en el frente de Polonia a comienzos de 1915. Los alemanes inventaron en l9l5, el gas mostaza (iperita), ideal para el Rif en los años 20…

A principio de la primavera de aquel año Alemania había inventado un arma nueva mucho más letal, el gas de cloro de efecto asfixiante, que se lanzaba desde unos cilindros. Se utilizo por primera vez en Ypres en abril de 1915 contra soldados argelinos y franceses que no contaban con protección especial, por lo que el frente que estaban defendiendo se desintegró enseguida.

El punto de inflexión de la guerra química durante la Primera Guerra Mundial fue la introducción en 1916 de proyectiles cargados con veneno que eran disparados por la artillería. La sustancia más letal, el veneno vesicante denominado gas mostaza de azufre (dicloretil sulfúrico), fue empleada por primera vez por los alemanes en el sector de Ypres el 12 de julio de 1917 (de ahí su nombre francés, Yperite, y su equivalente en español, iperita). En total fueron gaseados 2.500 soldados, de los cuales 87 murieron casi de inmediato. Y el resto afectados de por vida.

La guerra del Rif y sus protagonistas son capítulos olvidados de la historia de España. Lo recordamos

Pero el efecto más desconcertante del gas mostaza era que quienes se encontraban a cierta distancia de la explosión no percibían los efectos en un primer momento, pero al poco el gas producía daños tremendos en sus cuerpos y organismo interno y contaminaba el medio ambiente. Más que un gas propiamente dicho, se trataba de una sustancia liquida y espesa de efecto lento, que abrasaba el cuerpo, matando las células nerviosas, contaminando el agua y atravesando los tejidos de la ropa y calzado. Quedaba pegado a las paredes de los edificios y, al suelo y a la vegetación. Sino se aplicaba algún tratamiento al entorno, se mantenía activo durante días o incluso semanas.

Tras la explosión de gas mostaza, era muy difícil evitar sus consecuencias, los efectos retardados aparecían al cabo de varias horas causando ceguera temporal, o definitiva, conjuntivitis, ampollas, sarpullidos, bronquitis, inflamación pulmonar y, si se prolongaba la exposición a dicha sustancia, muerte.

Para los supervivientes, sus efectos a largo plazo eran depresión, fibrosis, tuberculosis, laringitis, asma, problemas cardiacos, incapacidad neurasténica, ceguera y cáncer. Todo esto había de aniquilar al pueblo abisinio en la guerra imperial de Mussolini 1934-1936, con las indicaciones que haremos más adelante.

La fábrica de La Marañosa fue creada en 1923 para producir armas químicas que se habían de usar incluso contra la población civil del Rif en la guerra de Marruecos. El ejército español fue el primero del mundo en usar armas químicas contra una población civil inerme. Los siguientes textos tienen abundante información al respecto.

“El modo en que el ejército español se hizo con un importante arsenal de armamento químico exigió altas dosis de secretismo, so pena de exponer a la monarquía alfonsina a las críticas de los numerosos sectores descontentos. En sintonía con su imagen de “rey militar”, según el modelo prusiano, ya en 1918 el rey Alfonso XIII se había mostrado personalmente interesado por la adquisición de este tipo de armas en Alemania. Hacemos extenso uso del escritor Balfour.

La referencia más antigua del interés español en las armas químicas es una petición de 1918 hecha por el propio rey Alfonso XIII a las autoridades militares alemanas, solicitando muestras e información sobre su manufactura. No en vano le llamaba “el rey militar.”

Como militar y admirador de la Alemania del emperador Guillermo (además de tener sangre austriaca por el lado materno), siempre le gustó estar al día de las novedades en materia tecnológica bélica (y también de coches de carrera y de veleros de competición). Evidentemente, no le afectaba lo más mínimo el horror que habían causado las armas químicas entre millones de personas en la Europa contemporánea. Ya en enero de 1919 el gobierno español había intentado, infructuosamente, obtener armas químicas de Francia.

El rey, seguramente con apoyo de sus consejeros, envió a un emisario a Alemania en agosto de aquel año, en otro fracasado intento por negociar la compra de material bélico, del que lo más importante debieron de ser las armas químicas.

Un informe, sin fecha, de los archivos del rey, seguramente escrito aquel mismo año, recomendaba el uso de cartuchos de gas tóxico desde ametralladoras montadas en aviones (de estos, los únicos recomendados eran los Junker alemanes) y de bombas de gas mostaza lanzadas desde los mismos aviones.

En un intercambio de telegramas del 12 de agosto de 1921 con el ministro de Guerra, el vizconde Eza, Berenguer reconocía lo siguiente: “Siempre fui refractario al empleo de gases asfixiantes contra los indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta hacia España, he de emplearlos con verdadera fruición”.

Surgidas del clamor popular, emergieron una serie de voces que pedían el despliegue de armas químicas en el congreso de los Diputados y en los medios de comunicación, y el gobierno empezó a buscar en secreto otras fuentes de suministro.

1922: con asesoramiento francés, la artillería produce proyectiles tóxicos

Por otra parte, el mismo mes en que se firmó el contrato con los alemanes y mucho antes de que se arrojaran las primeras bombas de gas mostaza sobre la población marroquí, la Artillería española estuvo montando armas tóxicas en Melilla, en un taller bastante defectuoso en cuanto a construcción.

En efecto, a partir de junio de 1922, con equipo y materiales comprados a los franceses, y bajo supervisión de varios expertos galos de la empresa de armamentos Schneider, la fábrica empezó a producir proyectiles rellenos de gas toxico.

Entre las sustancias químicas empleadas había una amplia gama de sustancias como el fosgeno, el gas lacrimógeno o la cloropicrina, pero todavía no usaban gas mostaza. Parece que en noviembre de 1923 se utilizaron bombas para aviones rellenadas con fosgeno y cloropicrina probablemente fabricadas en el taller de Melilla.

Dado que estas sustancias químicas podían ser sensibles al calor, las fuerzas aéreas recibieron órdenes de bombardear sus objetivos al amanecer, o incluso en ataques nocturnos. Se cometieron errores al principio, después no.

En la época de entreguerras se produjo una gran polémica internacional sobre “los gases venenosos”. La opinión pública mundial estaba decididamente en contra de su utilización. Pero, aunque el Tratado de Versalles y otras convenciones anteriores habían condenado de forma explicita su uso en acciones de guerra, muchos políticos y oficiales militares, así como algunos científicos, los justificaban abiertamente, alegando que todas las guerras son inhumanas en esencia y que las armas químicas no se diferenciaban en nada de las convencionales.

Entre estos últimos se contaba nada menos que el científico progresista británico J. B. S. Haldane. Los defensores de la prohibición internacional, que venían a ser la inmensa mayoría de quienes hacían declaraciones publicas sobre el tema, argumentaban que sí eran armas muy diferentes a las tradicionales, ya que tenían un potencial mucho mayor para mutilar y matar a los combatientes y causaban un tipo de tortura física mucho mas atroz.

Los partidarios del gas, sin duda, no habían estado en las trincheras de Francia (1914-1918

El rey, que se identificaba con los africanistas militaristas, tal como ya hemos visto, no tuvo problemas en transmitir sus radicales puntos de vista a las autoridades francesas. En una entrevista con el agregado militar francés el 15 de junio de 1925, afirmó que contra Abd el-Krim había que utilizar lo medios mas violentos posibles, sin inquietarse por “vanas consideraciones humanitarias”. Por supuesto no había estado en las trincheras de Francia y las conocía en teoría.

Una combinación de bloqueos que condujeran a producir hambre generalizada y “bombardeos intensos y continuos” sobre las tribus del interior de Rif “con ayuda del mas dañino de todos los gases” salvaría muchas vidas españolas y francesas.

Fue en agosto de 1921, el año del desastre de Annual, cuando las negociaciones se agilizaron. Merced a un acuerdo secreto, en el que jugó un destacado papel el antiguo jefe del servicio alemán de guerra química, Von Stoltzenberg, Alemania se comprometió a vender armamento químico sobrante de la Primera Guerra Mundial a España, así como a asesorar a sus autoridades militares en su fabricación. Impunemente.

Todo ello, naturalmente, a espaldas del Comité Internacional creado en Versalles para fiscalizar el desarme alemán. El fruto señero del contrato hispano-germano firmado en 1923 fue la construcción de una fábrica de armas químicas en La Marañosa, cerca de Madrid, en el actual término municipal de San Martín de La Vega, que sería bautizada como “la Fábrica Alfonso XIII” en deferencia a la afición del monarca por este tipo de armamento.

Los asesores alemanes concluyeron que el gas mostaza era la sustancia química ideal para bombardear las cabilas del Rif, ya que además de sus efectos sobre la población, podía impregnar sus campos y sus escasos depósitos de agua. Durante los años siguientes La Marañosa llegó a producir ingentes cantidades de este gas, lo que no fue óbice para que el gobierno español importara también directamente bombas de Alemania. Fueron empleadas asimismo bombas de fosgeno y cloropicrina, lanzadas desde aviones y artillería terrestre, según se ha dicho…

Testimonios inapelables: desde Ramón J. Sender hasta Hidalgo de Cisneros

Un testimonio sobre la utilización de los gases asfixiantes se debe a Ramón J. Sender (él mismo sirvió en África cuando la guerra del Rif). En su novela “Imán” (1930) narra las trágicas experiencias de un soldado de origen campesino, Viance, y, a través de éste, los efectos del gas en las tropas españolas. A este testimonio, cabe añadir otros dos: el de Pedro Tonda Bueno, observador de la Aviación Militar, quien en su obra autobiográfica “La vida y yo” (1974) se refiere al lanzamiento de gases tóxicos desde los aviones y el envenenamiento que producían de los manantiales rifeños.

Y el de Ignacio Hidalgo de Cisneros, vasco, natural de Gasteiz, sobre el cual ya hemos escrito mucho pues fue el jefe de la menguada Aviación Republicana durante la guerra civil del 36 y era un aviador inteligente, experto y honesto. Durante esa guerra, Hidalgo de Cisneros se portó muy bien con sus compatriotas vascos intentando por todos los medios de dotarles de algunos aviones ante la embestida feroz e impune de la Legón Condor, sin lograrlo, en parte por la incomprensión de su ministro de guerra Indalecio Prieto.

En la guerra del Rif de Cisneros mostró su bisoñez, su ingenuidad y su tolerancia, al confesar en “Cambio de Rumbo”, que él, creyendo que lo de los gases eran inoperantes e inofensivos, intervino en varios lanzamientos a bordo de de un avión Farman 60. Es todo un testimonio veraz, original y sincero.

Todos estos testimonios revisten enorme interés histórico por cuanto están basados en experiencias vividas por sus autores. No obstante, en toda la historiografía sobre la guerra del Rif no existía hasta hace pocos años ninguna obra que abordara el tema de los gases tóxicos.

Cabe señalar que los primeros en sacarlo a relucir fueron dos periodistas alemanes, Rudibert Kunz y Rolf-Dieter Müller, en la obra “Giftgas gegen Abd el-Krim”. “Deustchland, Spanien und der Gasgrieg in Spanisch Maroko” 1922-1927. Publicada en 1990, de la que no existe versión española, pero sí árabe, editada en Rabat en 1996 en esa lengua (La guerra de gases tóxicos en Marruecos. Abd el-Krim El-Jatabi frente a las armas químicas).

Posteriormente, abordaron el tema otros autores, entre los que cabe mencionar a los españoles Juan Pando, en “Historia secreta de Annual” (1999); Carlos Lázaro Ávila, en un artículo titulado “La forja de la Aeronáutica Militar: Marruecos (1909-1927)”, dentro de la obra colectiva “Las campañas de Marruecos“. 1909- 1927 (2001); y, sobre todo, María Rosa de Madariaga, en “Los moros que trajo Franco” (2002). También la del escritor y profesor británico Sebastián Balfour, quien aborda extensa y acertadamente el tema en su obra “Abrazo mortal” (2002). Hubo en la otra acera quien sabía todo eso y mucho más: Víctor Ruiz Albeniz (el Tebib Arrumi), quien era en realidad médico, pero uno de los pioneros en el asedio y descubrimientos de las minas del Rif y sus riquezas. Pero en lo relativo a los gases “ignoraba” lo negativo para el ejército y en la guerra civil como informador oficial del Cuartel del Generalísimo, lo mismo. Silencio. Embuste en sus varios libros sobre la campaña de Vizcaya, difundidos como folletos obligatorios en escuelas por “Prensa y Movimiento”

La documentación de archivo sobre los gases tóxicos en el Rif es hoy ingente. Transcurridos los años, los investigadores interesados tienen acceso a una extensísima documentación en el Servicio Histórico Militar (SHM) de Madrid, y en el Archivo Histórico del Aire, de Villaviciosa de Odón.

La campaña de bombardeos con gases tóxicos, que se prolongaría hasta 1927, alcanzó su mayor intensidad en el período 1924-1926, durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. La estrategia consistía en lanzar las bombas de gas en las áreas más pobladas y a las horas en las que más víctimas podían producir, de modo que el bombardeo de los zocos de las aldeas se convirtió en una rutina.

Hay al respecto un documento único como es el telegrama(Agosto, 1923), cuyo original está en un legajo del SHM, que dice así: “El Excmo Sr. Alto Comisario en telegrama de hoy 30 me dice: “Ruego llame al Teniente Coronel Kindelán y le presente el proyecto de división por zonas de las kábilas Tensaman y Beni Urriaguel con el fin de que por días vaya batiendo intensamente cada una de ellas hasta terminar con todas, empleando para ello cuantas clases de bombas tenga de trilita, incendiarias y de X(gases tóxicos)”. Firma el Comandante General y va dirigido al Jefe de las Fuerzas Aéreas.

La flota de aviones había aumentado con la compra de muchas naves nuevas, gracias a las colectas organizadas en diferentes puntos de España por las autoridades provinciales. En la renovada flota había cazabombarderos De Havilland 4, ágiles cazas Bristol F-2B y pesados bombarderos De Havilland 9.

Los más pesados de los nuevos aviones eran los que componían una flotilla de cuatro Farman F60 Goliath franceses, el primer aerobús de la historia de la aviación, que desde 1919 se habían utilizado para transportar pequeños grupos de pasajeros de un lado al otro del Canal de la Mancha.

Sin embargo, en diciembre de 1924, en la campaña de Anjera, en la parte más al norte de Protectorado, se lanzó un ataque de bombas químicas sobre la gente de la región, similar al que se había llevado a cabo en el Este. Entre el 15 y el 30 de diciembre se lanzaron en la zona occidental, incluyendo Anjera, unas 184 bombas C1, 75 bombas de cloropicrina (C4) y 110 bombas de TNT, aparte de las 559 bombas no especificadas lanzadas el día 11 de diciembre solo sobre la ciudad comercial de Zoco El Arbaa.

“El Tratado de Versalles de 1919-añadimos- ilegalizó toda manufactura, importación y uso de armas químicas por parte de Alemania, pero extendió asimismo la prohibición a todos los países signatarios, entre ellos España. Pero conscientes de la ilegitimidad e ilegalidad de lo que estaba en curso, los diversos libros, informes públicos, reportajes y crónicas periodísticas españolas sobre la guerra de los años veinte corrieron un tupido velo sobre el hecho, salvo unas pocas excepciones.

Ahí el Tebib Arrumi, como médico y periodista también se quedó mudo. Y los libros que escribió tienen datos técnicos interesantes respecto al mineral, pero están empañados por un deseo enfermizo de silenciar lo malo del colonialismo rampante. Los gases no existieron.

Gases, pilotos yanquis, Mariscal Petain, General Franco… ¿en qué guerra estamos?

Cuando Francia entró como aliada del general Franco en el Desembarco de Alhucemas

España había llegado a fabricar 470 toneladas de gases tóxicos y utilizar 530 aviones de construcción francesa, alemana y danesa, pilotados en muchos casos por mercenarios europeos y norteamericanos, para bombardear el Rif.

David S. Woolman cita con nombres y apellidos a esos mercenarios, bien pagados. Cuando Francia entró con todo su poder, unida a España en el desembarco de Alhucemas, dirigida por el Mariscal Petain, Paris formó la “Escadrille Chérifienne”, de pilotos expertos, compuesta por diecisiete norteamericanos, cinco franceses (entre ellos el célebre Sadi Le Cointe, quien ostentaba récords de altitud y velocidad de esos años). Había otros de nacionalidad desconocida…

Esa escuadrilla efectuó 470 misiones en operaciones de bombardeo con gases y de reconocimiento. Curt Day, teniente del grupo dijo que el alistamiento, el funcionamiento, rangos, misiones, etc. eran informales, sin papeles, cosa difícil de creer pues se sabe que hicieron 653 misiones y dejaron el Rif, según ellos, agujereado como un queso de bola.

Afirmaban falsamente que Abd el-Krim tenía pilotos alemanes e ingleses, y la prueba es el hecho de que no hubo nunca ninguna batalla aérea y sí en cambio, la escuadrilla de París, se quejaba de la puntería de los rifeños, expertos en el manejo de las ametralladoras antiaéreas Oerlinkon lo que obligaba a los pilotos mercenarios a volar más alto de lo deseable.

Esos aviadores cobraban en dólares en concepto de paga por cada vuelo y por servicio en el extranjero. La revista inglesa “The Illustrated London News”, del 29 de noviembre de 1924, mostró fotografías aéreas sorprendentemente nítidas de aviones españoles lanzando “bombas incendiarias de gasolina-un antecesor del “Napalm”-sobre posiciones rifeñas.

Es difícil contar en pocas líneas cómo pudo escapar Abd el-Krim de la venganza de los españoles…

Francia puso en el empeño de derrotar a Abd el-Krim, casi más que en defenderse de los alemanes en 1940 en la guerra mundial.

Con su mejor militar al frente, el Mariscal Petain, aliado después de Hitler, persiguió desesperadamente Abd el-Krim. En mayo 1926, el líder rifeño estaba perseguido por el general Sanjurjo, el coronel Pozas y su plana mayor que casi le pisaban los talones, para cogerle vivo (a poder ser), en el monte Tidiguín. Todos los perseguidores pensaban que estaba escondido allí pero se equivocaban. Y no le encontraron. El monte fue machacado en consecuencia fue machacado por la aviación hispano-francesa. En vano.

Abd el-Krim escribió dos cartas, una al residente general francés Steeg y otra a Sanjurjo, ofreciendo una tregua. Al coronel Corap prometió poner en libertad a los rehenes españoles y franceses, a cambio de que le respetaran la vida y la de su familia.

Según lo pactado se entregaría a Corap él mismo al día siguiente. Las condiciones previas eran respetadas y así el 27 de mayo l926, Abd el-Krim y su familia salieron furtivamente de su escondrijo en Sbnada y se entregaron al coronel Corap y al general Ibos. No iba solo sino con toda su familia, incluso su hermano Mahmed, con los suyos.

España y el general Goded en cabeza insistieron vehementemente en que el líder les fuera entregado, diciendo incluso que Francia estaba infringiéndole el artículo 1º del Tratado de 13 de julio de 1925. Los militares franceses optaron por responder que el líder se había rendido porque le garantizaban su seguridad personal. Era un trato que tenían que cumplir. Fue deportado a la isla de Reunión, aunque años después logró escapar llegando a El Cairo, donde pidió asilo político. Egipto se lo concedió. Pero esa es otra historia.

El 10 de julio de 1917 se señaló oficialmente el fin de la rebelión del Rif. El 10 de octubre, el rey Alfonso XIII visitó Annual paseando sobre las ruinas. Y el 21 de noviembre de 1927 se creaba por real decreto la Medalla de la Paz Marroquí en cuyo reverso se leía la siguiente: “España siempre dispuesta a toda empresa de civilización universal, contribuyó a la de Marruecos con la preciosa sangre de sus hijos y el oro de sus arcas. El triunfo de sus armas y la cultura de sus métodos constituyen los cimientos de esta gran obra de humanidad”.


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ALI MUHAND (27/09/2012)

LO QUE SUFRIO ESPAÑA EN ESA GUERRA NO ES MAS QUE LA MALDICION DE DIOS ALTISIMO.POR EL GENOCIDIO DEL OUEBLO ANDALUZ POR LA INQUISICION...

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Otro (26/08/2013)

Quien sufre es la gente, ni España ni los pueblos... y los castigos del Altísimo quedan para el otro mundo.
Mejor conocer la historia que buscarse explicaciones mágicas.