Las Guerras del Peloponeso: Atenas contra Esparta
Las Guerras del Peloponeso son el nombre con el que se conoce a una serie de enfrentamientos que se desarrollaron en Grecia entre el 431 a.C. y el 404 a.C. Muchos historiadores lo han considerado el acontecimiento más importante de la Grecia Clásica, ya que los acontecimientos produjeron profundos cambios interiores y exteriores en los valores tradicionales y las bases de la cultura griega, lo que supuso el fin de una época y el nacimiento de una nueva. Los acontecimientos se desarrollaron en un escenario muy extenso, que comprendía desde Sicilia y la Magna Grecia al Asia Menor. La totalidad de las comunidades griegas se vieron involucradas de una u otra manera en el conflicto, cosa que no había pasado hasta entonces en la historia griega.
La guerra enfrentó a Atenas y a Esparta seguido cada uno por sus aliados. Atenas se encontraba a la cabeza de una confederación que reunía a cientos de polis, conocida como la Liga Ático-délica. Esparta lideraba la Liga del Peloponeso que reunía a la mayoría de las ciudades de la península del mismo nombre. La principal fuente para conocer el desarrollo de la contienda es Tucídides, el cual afirmó: "la Guerra del Peloponeso llegó a ser la mayor conmoción que sacudió a los griegos y algunos de los bárbaros, e incluso, por así decirlo, a la mayor parte de la humanidad".
Antecedentes
Uno de los principales incidentes que fueron considerados causa de la guerra fue el conflicto surgido en 435 a.C entre Corinto y su colonia Corcira, situada en el Adriático. Éste comenzó cuando Epidauro, a su vez una colonia de Corcira, solicitó la ayuda de Corinto para solucionar sus conflictos con su metrópoli. Este ofrecimiento fue aprovechado por los corintios para intentar ampliar su presencia en la zona, para lo cual reunió un ejército compuesto por hombres provenientes de numerosas ciudades de la Liga del Peloponeso: Megara, Cefalonia, Ambracia, Léucade y Tebas. En el conflicto resulto vencedor la flota corcirense que derrotó a su rival en el golfo de Ambracia, lo que le permitió saquear Léucade y Cilene en el Peloponeso.
Dos años más tarde (433 a.C.) Corinto preparó una expedición que buscaba resarcirse de la derrota. Ante la amenaza, Corcira solicitó ayuda a Atenas, lo que obligó a los corintios a hacer uso de toda su diplomacia para evitar una intervención ateniense, ya que poseía la mayor flota de todo el mundo griego. Atenas, para evitar romper el tratado de paz de los Treinta suscrito en el 446 a.C. con Esparta, firmó un alianza defensiva con Corcira. La llegada de treinta naves atenienses a la cercanía de la ciudad atacada obligó a los corintios a retirarse, lo que permitió que Atenas consolidara su presencia en el Adriático.
Las diferencias entre Corinto y Atenas volvieron a surgir en 433 a.C. en torno a Potidea, cuna colonia corintia situada en la península de Calcidia que, sin embargo, formaba parte de la Liga Ático-délica. A pesar de ser aliada de los enemigos de su metrópoli, mantenía buenas relaciones con Corinto, de la cual recibía anualmente a los epidemiurgos, magistrados mandados por la Asamblea de la ciudad. Atenas exigió a Potidea que ese año se negara a aceptar a los magistrados y que derribase sus murallas. Los poditeatas solicitaron ayuda a Corinto y Esparta, quienes se comprometieron a ayudarles en caso de ser atacados por los atenienses. Ante la insistencia de las amenazas, Potidea y otras ciudades calcidias abandonaron el seno de la Liga. Los corintios mandaron una contingente militar para ayudar a los habitantes de su antigua colonia, que se vieron obligados a encerrarse en la ciudad cuando Atenas sometió a asedio a la población. Éste se prolongó por espacio de dos años y medio.
Otro tercer foco de tensión entre Atenas y Corinto surgió con la promulgación de un decreto contra Megara, aprobado por la Asamblea ateniense a petición de Pericles, en el cual se prohibía a los navegantes de nacionalidad el acceso a los mercados del Ática y el resto de los puertos de las ciudades atenienses. El motivo de este decreto era que en la ciudad de Megara se refugiaban la mayoría de los personajes expulsados del ática.
Tras esta serie continuada de conflictos se hizo inevitable la guerra, ya que Corinto y Atenas eran dos grandes potencias comerciales que se disputaban las rutas procedentes del norte del Egeo, el Adriático, Magna Grecia y Sicilia. En el 432 a.C. una delegación de corintios, megarenses y eginetas se presentaron ante la Asamblea espartana para denunciar a los atenienses, acusándolos de no respetar la paz del 446 a.C. A pesar de la actitud favorable a Atenas del rey espartano Arquídamo II, la Apella culpó a Atenas de haber roto la paz de los Treinta Años. Decisión que para ser efectiva debía de ser refrendada por las Asambleas de todas las ciudades miembros de la Liga del Peloponeso y por la Asamblea común.
Las respuestas fueron afirmativas en todas las poblaciones, lo que hizo inevitable el inicio de la guerra. Para ganar tiempo, ambos combatientes intentaron las últimas gestiones diplomáticas; entre otras cosas, las dos grandes potencias pedían satisfacciones por antiguos sacrilegios y actos políticos. Los espartanos exigieron la independencia de Egina, el levantamiento del asedio de Potidea y la anulación del decreto antimegariano. Los atenienses respondieron solicitando la libre elección de sistema político para las ciudades bajo control lacedemonio y la suspensión de las expulsiones de territorio espartano de los extranjeros, los atenienses y sus aliados.
Estados beligerantes
Las dos grandes confederaciones contaban con unas fuerzas bastante parejas. La Liga del Peloponeso estaba encabezada por Esparta y en ella se incluían todos los estados peloponesios, excepto Argos y Acaya. También se incluían por medio de tratados: Megara, las ciudades locrias, los focenses y los beocios salvo los platenses. Por último una serie de ciudades como Léucade, Ambracia y Anactorion en el Adriático, Tarento y Locros en la Magna Grecia y la mayorías de las ciudades de Sicilia. Las fuerzas peloponesias tenían unas superioridad terrestre sobre sus enemigos, pero carecían de una flota importante. El ejército tenía como base a los soldados y oficiales espartanos, a los que se añadían como auxiliares los hombres del resto de las ciudades. Podían llegar a sumar en caso de necesidad 40.000 soldados. La principal aportación de los aliados era el equipo y los bagajes necesarios para la realización de las campañas militares.
La Liga Ático-délica estaba formada por más de doscientas polis, que contribuían al mantenimiento del tesoro de la confederación, que a comienzos de la guerra contaba con unas reservas de 6.000 talentos. La Liga controlaba todo el Egeo, excepción hecha de la isla de Melos, la región de Tesalia y las ciudades de Platea en Beocia, Acarnania, Naupacta, Corcira, Cefalonia y las de la Magna Grecia Regio y Leontinos. Si bien contaba con una fuerza terrestre menor que la de su rival, compuesta por 30.000 hombres, poseía una importante flota contaba con más de 300 trirremes atenienses, a las que se sumaban las naves de Quíos, Lesbos y Corcira.
Estrategias militares
Esparta trató de conseguir el apoyo económico de los reyes persas, para lo cual mandó varias embajadas a Persépolis, algunas de las cuales fueron interceptadas por los atenienses, lo que les permitió conocer las intenciones de sus enemigos. A cambio de reconocer el dominio de Persia sobre las ciudades griegas de Asia Menor, los espartanos pedían ayuda; su estrategia consistía en arrastrar a Atenas a una batalla en campo abierto, donde podrían hacer valer su superioridad numérica. Aprovechando la tenaza que ejercían sobre Atenas, los aliados espartanos de Grecia Central y Lacedemonia realizaron incursiones en el territorio del Ática para destruir las cosechas y las ciudades y destruir las bases económicas de los atenienses. Éstos preferían mantenerse a la defensiva, pues basaban toda su estrategia militar en la rapidez que les proporcionaba su fuerza naval con la que podrían atacar la retaguardia enemiga. El comandante de las tropas de la Liga Ático-délica, Pericles, mantuvo a su ejército a la defensiva y refugió a toda la población del Ática en el interior de las murallas de Atenas. La flota abastecía a la ciudad y trasladaba a las tropas de uno a otro para dar golpes de efecto en territorio enemigo.
La Guerra Arquidámica o de los Diez Años
Con este nombre se conoció el primer período del conflicto que trascurrió desde abril del 431 a.C. y marzo del 421 a.C. El acto que provocó las hostilidades fue el ataque por sorpresa de los tebanos a la ciudad de Platea, aliada ateniense. Los platenses resistieron heroicamente y expulsaron a los invasores. Los atenienses enviaron un contingente militar que se instaló allí a esperar un contraataque mientras las mujeres y los niños eran evacuados a Atenas. Atenas declaró la guerra a Tebas, lo que supuso el inicio de la guerra. Arquídamo, rey espartano, situó a sus hombres en el istmo de Corinto, desde donde realizaban incursioness para incendiar casas y cosechas áticas. Pericles respondió atacando por sorpresa Mesenia, Elide y Acarnania, arrasando el territorio de Megara y expulsando a la población de Egina. La isla de Atacanta se fortificó para evitar la invasión de Eubea.
Para conseguir el avituallamiento de sus aliados del norte del Egeo, Pericles firmó un acuerdo con el rey Sitalces de Tracia. El siguiente año (430 a.C.), Arquídamo volvió a repetir la misma estrategia de asolar las tierras enemigas mientras que Pericles, por su parte, mandó a sus hombres a saquear las ciudades enemigas de la Argólida, lo que coincidió con la aparición de una plaga de peste en Atenas que se extendió rápidamente por toda la ciudad a causa del hacinamiento resultado de la presencia de todos los refugiados del Ática y de Platea. La peste se prolongó por un período de cuatro años, acabando con la vida de un tercio de la población de la ciudad, incluida la del propio Pericles. Los peloponesios ante la amenaza del contagio abandonaron la zona y sometieron al Ática a un aislamiento absoluto. Pericles fue llevado ante los tribunales acusado de negligencia, por lo que fue condenado a abandonar su cargo de estratego. A comienzos del año 429 a.C. Potidea capituló tras dos años y medio de asedio, lo que permitió a Atenas controlar la costas de Tracia. Los éxitos devolvieron a Pericles a su cargo, recibiendo todavía más poderes. La flota ateniense, que a causa de la peste no había podido regresar a Atenas, consiguió ese mismo año derrotar a la flota enemiga en las Batallas de Patras y Naupacta. La muerte de Pericles a causa de la peste, provocó una fuerte lucha por convertirse en su sucesor. Se distinguieron dos bandos: el encabezado por Cleón que agrupaba a los partidarios de posturas radicales, y un segundo, al frente del cual estaba Nicias, en el que se reunían aquellos que querían continuar la política de Pericles. Fue Cleón, apoyado por los artesanos acomodados, quien consiguió ser nombrado para el cargo de estratego.
El fracaso de las expediciones en suelo ático llevó a los espartanos a cambiar de estrategia. Siguiendo los consejos de los tebanos emprendieron el sitio de Platea, que se prolongó por espacio de año y medio. La flota lacedemonia obtuvo su primera victoria y consiguió saquear la isla de Salamina. Estas derrotas empujaron a Mitilene a abandonar la Liga Ático-délica e incorporarse a la Liga Lacedemonia, cansada de los abusos económicos a los que los atenienses sometían a las ciudades de la isla de Lesbos. Mitilene reforzó sus murallas y se preparó para resistir un largo asedio. Los sublevados contaban con la promesa espartana de enviarles un fuerte contingente de tropas, pero el retraso de dicho envío permitió a la flota ateniense adelantarse y bloquear la isla, a la que no quedó más remedio que rendirse tras un año de resistencia. Todos los habitantes en edad militar fueron ejecutados y el resto de la población esclavizada, con el fin de persuadir a otras ciudades para que siguieran su ejemplo. El resto de la flota zarpó hacia las costas de Laconia con el fin de evitar un nuevo ataque de los hombres de Arquídamo al Ática. En el 427, Platea no resistió más el asedio y se entregó a los espartanos, que repitieron con sus habitantes los que había realizado Atenas con los de Lesbos; la ciudad fue arrasada y declarada propiedad de Tebas. Ese mismo año estalló una guerra civil en la ciudad de Corcira entre los partidarios de Esparta y los de Atenas. La llegada de una flota ateniense puso fin al conflicto, obligando a la aristocracia proespartana a refugiarse en los templos donde fueron masacrados por el pueblo partidario de Atenas. Esta última aprovechó el éxito de su misión para convertir el tratado defensivo en una verdadera alianza.
La campaña del 426 a.C. resultó un éxito para la Liga Ática. Un cuerpo de ejército al mando de los estrategos Demóstenes y Prodes asoló la región de Léucade, tras lo que se dirigió a conquistar Etolia, objetivo que no fue conseguido. Los invasores entonces decidieron tomar la ciudad de Olpas, donde se enfrentaron a todo el ejército peloponesio, la batalla acabó con una gran victoria ateniense. Los espartanos, viendo amenazada la seguridad de su propia ciudad, solicitaron la paz, petición que no fue atendida por sus rivales. A lo que los lacedemonios respondieron con una nueva invasión del Ática. A partir de este momento el conflicto se extendió a Sicilia, donde las ciudades de origen calcidio se enfrentaban a Siracusa a causa de la política expansiva practicada por esta última. La situación fue aprovechada por Atenas para ampliar su dominio en la zona, que estaba sustentado por un acuerdo firmado con Mesina que le permitía tener el control del estrecho entre Italia y Sicilia. A petición de Leontinos una pequeña flota ateniense llegó la isla, que se encargó de dificultar el envío de grano a Corinto y Esparta. La Asamblea decidió reforzar sus posiciones por lo que fueron mandadas cuarenta naves más. En un golpe de audacia Demóstenes, con parte de los expedicionarios, decidió desembarcar en la costa del Peloponeso, en las cercanías de Pilos. Con esta acción atacaba en el mismo corazón del territorio controlado por Esparta. Ésta se vio obligada a ordenar el regreso a sus hombres del Ática para expulsar a los invasores. Pero antes de su llegada ya se habían hecho los atenienses con el control de Pilos, obligando a los supervivientes a refugiarse en el cercano islote de Efactería.
Esta posición de ventaja fue aprovechada por Atenas para emprender una agresiva política diplomática. Triplicó los impuestos a los miembros de la Liga Ático-délica y firmó un tratado de amistad con el rey persa Darío II, que lo alejaba de la órbita espartana. En Sicilia las ciudades firmaron un acuerdo de paz que permitió a Atenas retirar sus naves de la zona. Éstas, a su regreso a Grecia al mando de Nicias, ocuparon la isla de Citera, un importante puerto lacedemonio, y saquearon el litoral de toda Laconia. Hipócrates y Demóstenes diseñaron un plan para invadir Beocia: el primero atacaría por tierra desde el Ática, mientras que el segundo partiría desde Naupacta con la flota ateniense. La falta de coordinación entre las acciones de los dos generales llevó al fracaso a la operación y supuso la primera derrota en campo abierto de las tropas atenienses. Las tropas espartanas, tras la victoria, se dirigieron a Tracia, donde trataban de apoderarse de las posesiones de sus enemigos. Tras cruzar sin ninguna oposición Beocia y Tesalia consiguieron la defección de Acanto, a la que siguieron la mayoría de las ciudades calcidias, entre las que destacaba Anfípolis, base fundamental en el suministro de la Liga Ático-délica. Sólo Potidea, Menda y Esciona permanecieron bajo control de los atenienses. Las noticias negativas que llegaban a la ciudad permitieron a Nicias obtener un permiso para negociar con Esparta.
Los dos viejos rivales, exhaustos por la guerra, buscaban la paz, así que en la primavera del 423 a.C. acordaron un armisticio de un año de duración, paso previo a un tratado de paz definitivo. El armisticio obligaba a que las tropas permanecieran en lugar en que se encontraran al entrar en vigor y a no dar cobijo a ningún desertor del otro bando. Pero la aceptación de las ciudades, anteriormente aliadas de Atenas, en la Liga del Peloponeso rompió de forma automática las negociaciones y el armisticio. En la primavera del 422 a.C. la Asamblea ateniense eligió a Cleón como estratego y le encomendó que llevara a cabo una ofensiva en Tracia. El comienzo de las operaciones fue favorable a sus intereses, pues se consiguió la conquista de Torona y otras pequeñas plazas. Cuando se acercaba a su objetivo final, Anfípolis, Cleón fue interceptado por una columna del ejército espartano, al mando del general Brasidas. Los dos jefes de los ejércitos encontraron la muerte en ese combate.
La Paz de Nicias
La muerte de los personajes más belicosos de ambas facciones permitió el inicio de nuevas conversaciones de paz, llevadas a cabo por Nicias desde el lado ateniense y por el rey Plistoanacte por el bando espartano. Tras salvar las oposiciones de muchos aliados de las grandes potencias en el 421 se restableció la paz. En el acuerdo, que tendría una duración de cincuenta años, se dispuso que todas las ciudades debían de volver al seno de la Liga en que se encontraran incluidas antes de la guerra, que Atenas garantizaba la independencia de las ciudades calcidias y que se produciría el intercambio de prisioneros. Cualquier diferencia que surgiera sobre la interpretación de lo firmado debía de ser sometido a un arbitraje. Algunos de los aliados de Esparta, entre los que se encontraban Corinto, Megara, Elide y la Liga Beocia, se negaron a aceptar lo acordado, ya que consideraban que era contrario a sus intereses. Para frenar las amenazas de estas ciudades rebeldes, Atenas y Esparta firmaron un tratado de alianza en que se comprometían a prestarse auxilio en caso de ser atacadas por un tercero o en caso de rebelión de uno de sus aliados.
Durante los siete años en que estuvo vigente la Paz de Nicias, los antiguos rivales trataron de evitar todas las circunstancias que pudieran llevar a un enfrentamiento directo, aunque en secreto apoyaban los conflictos en que se veían envueltos sus aliados. Esparta era incapaz de conseguir que los miembros de su alianza cumplieran las condiciones acordadas. Atenas, ante la negativa a la devolución de Anfípolis, se negaba a entregar Pilos y Citera. Con Beocia los atenienses consiguieron llegar a un acuerdo muy parecido al alcanzado con los espartanos, por el que se devolvía a Atenas Panacto y obtenían la libertad los prisioneros áticos de los beocios. Las negociaciones emprendidas con Corinto fracasaron, pues esta ciudad respondió creando una federación que reunía a todas las ciudades que se sentían perjudicadas por las decisiones de las dos grandes potencias. Toda esta serie de alianzas creó un escenario político en el que todas la ciudades se encontraban unidas entre si por diversos tipos de alianzas.
En el 419 a.C. Argos, aliada de Atenas, atacó Epidauro, aliada de Esparta, que respondió invadiendo la Argólida. El reinicio de la guerra entre las dos viajes rivales era inminente, pero la firma de un armisticio entre Argos y Esparta evitó la intervención ateniense. La Cuádruple Alianza (formada por Argos, Atenas, Elide y Mantinea) a los pocos meses atacó a otro miembro de la Liga del Peloponeso, Arcadia. Tras la conquista de Orcómenos, los ejércitos de ambos bandos se enfrentaron en las cercanías de Mantinea, donde Esparta obtuvo una rotunda victoria, y salió muy reforzada, aunque el choque no logró romper la Paz de Nicias. Atenas comenzaba a perder gran parte de su prestigio, lo que provocó el resurgimiento de las disensiones entre los dos bandos existentes: esta vez se enfrentaba a Nicias el belicoso Alcibíades. Argos sufrió una revuelta que situó a los demócratas en el poder, quienes rompieron el pacto con Esparta. Ésta respondió atacando la ciudad y restableciendo el gobierno oligárquico y, en represalia, Atenas invadió con la ayuda de Quíos la isla de Melos, que había permanecido autónoma tras la Paz de Nicias.
Expedición a Sicilia
La ciudad de Segesta solicitó ayuda a Atenas en su lucha contra la vecina Selinonte y Siracusa. La Asamblea, en contra de la opinión de Nicias, respondió con el envío de una potente flota en la que el mando de las fuerzas fue asignado a Nicias, Lámaco y Alcibíades quien, días antes de partir, fue acusado de un delito de impiedad, cuyo juicio se aplazó para que pudiera participar en la expedición. El impresionante ejército ateniense estaba formado por 134 trirremes, 2 pentecónteras, 130 barcos de transporte, 5.100 hoplitas, 480 arqueros y 700 honderos. Tras desembarcar, acamparon en Catania, donde les llegó una orden de regreso para que Alcibíades se sometiera a juicio; éste huyó y pidió asilo en Esparta, ciudad en la que se convirtió en uno de los principales consejeros militares.
La invasión ateniense de Sicilia supuso la ruptura definitiva de la Paz de Nicias. Esparta también mandó un importante contingente de tropas en ayuda de los siracusanos. Nicias solicitó refuerzos, los cuales llegaron a las ordenes de Demóstenes. Los espartanos invadieron el Ática en el 413 a.C., estableciendo una guarnición permanente en Decelia. Mientras, la situación para los atenienses en Sicilia se hacía muy preocupante, ya que su ejército y su flota se encontraban totalmente bloqueados en las cercanías de Siracusa. La mayoría de los barcos fueron hundidos por las naves de Corinto y Siracusa. Las fuerzas terrestres se vieron obligadas a huir hacia el interior de la isla, donde tras una estrategia de hostigamiento fueron hechos prisioneros los pocos supervivientes que había.
Ultimas fases del conflicto
Tras la expedición siciliana, Atenas había perdido la mayor parte de su ejército, lo que fue aprovechado por Persia para intervenir al lado de los espartanos. Éstos invitaron a todas las ciudades descontentas con Atenas a unirse a ellos, lo que hizo que Eubea, Lesbos, Quíos, Eritrea y otras varias ciudades jonias desertaran de la Liga Ático-délica. En compensación por su apoyo, Esparta reconoció la soberanía persa sobre estas últimas. Después de un año de luchas los atenienses recuperaron el control de Mitilene, Clasomene, Samos y Halicarnaso, a lo que había que sumar el control del Helesponto. Entre el 411 a.C. y el 410 a.C. Atenas sufrió una revolución política que sustituyó el viejo sistema democrático por uno oligárquico, en el que sólo cinco mil ciudadanos mantuvieron sus derechos políticos. Los demócratas solicitaron la ayuda de Alcibíades, al que perdonaron su traición, para restablecer la democracia, objetivo que fue conseguido. Alcibíades como recompensa obtuvo el mando del ejército, con el que consiguió en el 410 a.C. las importantes victorias de Cinosema, Abidos y Cízico, lo que le permitió recuperar gran parte del terreno perdido en Jonia.
Los combates en la costa de Asia Menor se prolongaron hasta el 406 a.C., cuando Alcibíades obtuvo la victoria de Notio sobre la flota espartana al mando de Lisandro. Un año después el nuevo estratego ateniense sufrió la gran derrota de Egospotamos, donde la flota lacedemonia de Lisandro sólo dejo sin hundir doce de los 180 trirremes áticos. Tras la victoria, todo el Egeo fue controlado por Esparta, excepto la isla de Samos que permaneció fiel a su aliado. Las tropas de la Liga del Peloponeso pusieron cerco a la ciudad de Atenas, Pausanias por tierra y Lisandro por mar. La amenaza fue tan grande que los líderes atenienses no tuvieron más remedio que negociar. Las condiciones ofrecidas a los sitiados fueron las siguientes: destrucción de la muralla del Pireo y de los Largos Muros, entrega de todas la naves, regreso de los desterrados, evacuación de todas las posesiones exteriores y sometimiento militar a la Liga del Peloponeso. En abril del 404 a.C. la Asamblea aceptó las condiciones y las tropas espartanas entraron en la ciudad. La rendición, dos meses más tarde, de la isla de Samos puso fin a la Guerra del Peloponeso.
Conclusiones
Al finalizar la guerra, Atenas había perdido por completo su imperio marítimo, quedando totalmente bajo el control de Esparta. El conflicto, sin embargo, afectó a todos los que participaron en él, ya que sus recursos económicos se vieron muy perjudicados. Los campos de cultivos se encontraban muy dañados, muchas ciudades estaban afectadas por los continuos saqueos a los que habían sido sometidas. La pérdida de Jonia en manos de los persas supuso un golpe mortal para el comercio, motor de la economía del mundo griego. Los escritores clásicos consideraban que con la Guerra del Peloponeso se puso fin a un mundo griego en el que la vida estaba basada en la libertad, la autonomía y la justicia. Las ciudades se vieron envueltas en una estabilidad política que las acompañó hasta la conquista de toda Grecia por Alejandro Magno.
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Autor: Jfl (475 noticias)
Fuente: lahistoriaconmapas.com
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Tipo: Reportaje
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