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La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política.

29/04/2009 20:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El presente trabajo, de carácter ensayístico, pretende analizar un caso específico de relaciones internacionales entre unidades políticas y dar cuenta, -a partir de un mero procedimiento analítico y en relación a las conceptualizaciones teóricas vistas a lo largo de todo el cuatrimestre- de una refl

En este sentido, el siguiente trabajo propone hacer una reflexión teórica sobre la guerra a partir de un caso específico: La Guerra de Malvinas. En cuanto a la justificación del tema elegido, considero que es de gran relevancia abordar la temática de la guerra a partir de un conflicto armado que tuvo lugar en nuestro país y en el que muchas personas se vieron no sólo involucradas, sino también perjudicadas.

Como siempre se tiende a hablar, analizar o nombrar como ejemplos a conflictos que han sucedido en otros países. Por este motivo, me pareció interesante “refrescar” este acontecimiento que tanto ha marcado, no sólo la historia argentina, sino también la vida de muchísimas personas.

Con el objeto de realizar un análisis somero del conflicto, considero necesario primeramente aportar una serie de datos que sirvan de sustento a dicho análisis y que además den cuenta de algunas características principales de lo que fue el conflicto armado de las Islas Malvinas. En este sentido, cabe destacar que la disputa se produjo entre Argentina e Inglaterra en el año 1982 y duró aproximadamente 74 días.

A modo de breve cronología de la guerra podemos decir que el 19 de marzo de ese mismo año desembarcaron un grupo de obreros argentinos en Port Leite –Islas Georgias- para desmontar una factoría y que entre ellos había comandos de la marina.

El 2 de abril desembarcaron en Malvinas militares argentinos y Londres, por su parte, anunció el envío de una fuerza de tareas. Al día siguiente y a través de la Resolución 502, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas reclamó el retiro de las tropas argentinas y dos días después, el 5 de abril, la Comunidad Económica Europea sancionó a Argentina económicamente.

Por su parte, Gran Bretaña impuso un bloqueo alrededor de Malvinas el 12 de abril. Luego, se comenzaron a producir una serie de acontecimientos que marcarían definitivamente el transcurso de la guerra: Bombardeos por parte de los británicos al aeropuerto de Puerto Stanley y Darwin; el ataque británico con submarino nuclear que produjo el hundimiento del crucero General Belgrano, donde murieron alrededor de 323 marinos argentinos, entre otros. A partir de estos sucesos el 6 de mayo de 1982 la Organización de las Naciones Unidas –ONU- propuso “el retiro de las fuerzas de ambos países del archipiélago a fin de iniciar conversaciones”.     

Por último y luego de una serie de acontecimientos que le costó la vida no sólo a muchos argentinos, sino también a británicos, el 14 de Junio las tropas argentinas se rindieron, lo que dio fin a la batalla.

Ya pasaron 26 años del conflicto que tuvo como epicentro las islas del Atlántico Sur y en este contexto de democracia cabe destacar que durante la guerra nuestro país se encontraba bajo un sistema dictatorial, el denominado “Proceso de Reorganización Nacional” que tuvo como consecuencia la pérdida de casi una generación: 30000 personas muertas y desaparecidas. En esa época “salvo excepciones, la mayoría de los medios gráficos, televisivos y radiales se sumaron al sentimiento triunfalista que proclamaba el Gobierno militar”.

Por otro lado, si bien el conflicto bélico se desató cuando Argentina invadió y tomó el control de las islas en abril de 1982, hay que remontarse muy atrás en la historia para entender la historia global del conflicto. “Las versiones argentinas señalan que diversos navegantes españoles y portugueses fueron los primeros en divisar las islas. El caso más documentado es el de Esteban Gómez en el buque San Antonio de la famosa expedición española encabezada por Magallanes, que descubre las islas mientras volvía a España en 1522”.

Hacia 1770 una flota española arribó a las islas y les ordenó a los británicos que se retiraran. Luego de varios conflictos entre Gran Bretaña y España en relación con las islas, en el año 1816 hizo su aparición en la escena histórica la Argentina independiente y en 1820 el gobierno de Buenos Aires –que había declarado su independencia de España en 1816- proclamó por primera vez su soberanía sobre las Malvinas.

En 1828 se produce el primer establecimiento argentino documentado en la isla pero en el año 1831 el buque de guerra USS Lexington destruye las instalaciones argentinas en la Malvina Oriental “en represalia por el arresto de tres buques estadounidenses que habían estado cazando focas en la zona”.

Es decir, hay toda una serie de acontecimientos que se remontan muy atrás en la historia y también anterior a la guerra de Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña que han marcado de alguna manera el curso de los posteriores acontecimientos. Lo cierto es que el las Islas siempre han sido terreno de disputa por el dominio, conquista y apropiación del terreno por parte de varios países. En este sentido, y en busca de una conclusión lógica a los motivos por los cuales las islas sean de gran interés para varios países, es factible considerar el hecho de que sea un lugar altamente estratégico a nivel geográfico.

Sin lugar a dudas, los conflictos en torno a estos territorios han existido desde la época en que se han conquistado las tierras de América y lo cierto es que la disputa por su dominio siempre ha estado presente.

Karl Von Clausewitz define a la guerra como “un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario” y en este sentido afirma que “la fuerza física es de este modo el medio; imponer nuestra voluntad al enemigo es el objetivo” y que “para tener la seguridad de alcanzar este objetivo debemos desarmar al enemigo, y este desarme es por definición, el propósito específico de la acción militar”.

Otras cuestiones importantes que plantea este autor es que “la guerra nunca es un acto aislado”, que “ninguno de los dos oponentes es para el otro un ente abstracto” y que la guerra “nunca estalla súbitamente ni su propagación se produce en un instante”.

Si trasladamos estos lineamientos teóricos al caso concreto de la guerra de Malvinas, rápidamente observamos la veracidad de las afirmaciones de este autor.  En este sentido el hecho de que la guerra sea considerada por el autor como un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario, vemos claramente que el 2 de abril de 1982, cuando la Armada Argentina desembarca en las islas con miles de tropas y cuando al día siguiente las tropas argentinas toman las islas cercanas de Georgias del Sur y el grupo de las Sanwich del Sur luego de una corta batalla; el objetivo de la Armada era, en términos de Clausewitz, imponer su voluntad a Gran Bretaña a través de la acción militar.

Continuando con el recorrido teórico es importante nombrar al historiador Frederik Hartmann quien afirma que las relaciones internacionales comprenden “todos los intercambios entre Estados, y todos los movimientos de personas, bienes e ideas a través de las fronteras. Como campo de estudio se centra en los procesos mediante los cuales los Estados amoldan sus intereses nacionales a los de otros Estados”. En el caso de Malvinas no se observa un amoldamiento de los intereses nacionales a los de otros estados, porque nos encontramos en presencia de un conflicto bélico en el que cada país, tanto Argentina como Gran Bretaña tienen intereses particulares, aunque sí resulta interesante nombrar la definición de este autor ya que si bien el análisis de este trabajo se centra en la guerra, también nos encontramos en este caso concreto con una relación internacional, aunque no amistosa por supuesto.

Por su parte, Raymond Aron, en su obra “Paz y guerra entre naciones” afirma que las relaciones internacionales “son relaciones entre unidades políticas”. Además, retoma en sus postulados a Karl Von Clausewitz quien en su obra “De la guerra” dice que “la guerra no pertenece al dominio de las artes ni de las ciencias, pero sí al de la existencia social”. En este sentido, dicho autor establece que la guerra “es un conflicto de grandes intereses solucionados con la sangre” y que por este motivo, se distingue de los demás conflictos.

Si bien en la guerra la dictadura que en esa época reinaba en la Argentina intentó recuperar por la fuerza las islas del Atlántico Sur, muchos sostienen que el conflicto bélico de 1982 fue un “manotazo de ahogado” que intentó la dictadura para perpetuarse en el poder, en un  contexto de profunda crisis económica y de credibilidad.

Hay que destacar que la guerra fue para los dictadores una de las consecuencias más evidentes de la utilización de la política con la más absurda irracionalidad y que como producto de ello, no sólo debió rendirse el ejército argentino, sino también que produjo la muerte de alrededor 12000 soldados argentinos y 7000 ingleses.

la guerra de Malvinas decretada por la dictadura no tuvo mucho sentido y que tranquilamente se podría haber optado por la alternativa de la paz, teniendo en cuenta el contexto que atravesaba el país

Por otro lado y con respecto a la bibliografía brindada por parte de la Cátedra de Paul Kennedy: “Auge y caída de las grandes potencias” cabe destacar que dicho material no brinda un gran aporte al análisis sobre la guerra de Malvinas, ya que como bien menciona este autor en la introducción, el libro “se concentra en la interacción entre economía y estrategia a medida que los Estados punteros del sistema internacional luchaban por aumentar su riqueza y su poder, por llegar a ser (o por seguir siendo) ricos y fuertes”.

Por otro lado y continuando con el recorrido teórico, Raymond Aron en el capítulo 1 “Estrategia y diplomacia o de la unidad de la política extranjera” de su obra “Paz y guerra entre naciones” retoma a Clausewitz acerca de su definición de la guerra quien la define como “un acto de violencia destinado a obligar al adversario a hacer nuestra voluntad” y que la guerra, vista como un acto social “supone una pluralidad de voluntades encontradas”.

Además este autor afirma que la guerra, por naturaleza implica un elemento psicológico y que, en este sentido, “no está derrotado sino aquel que se reconoce como tal”[20]. La frase anteriormente mencionada me parece relevante si nos detenemos a analizar lo que fue y significó el sentido de la guerra de Malvinas, ya que ante un contexto como el que había en esa época en el país era prácticamente imposible que resultaran vencidos los británicos, quienes contaban no sólo con mayor preparación sino también con mayores recursos técnico-militar. Además cabe destacar que la desición de plantear una guerra con el fin de recuperar las islas fue de un acto completamente irracional en el que muchos soldados fueron enviados al campo de batalla bajo mínimas condiciones de preparamiento y muchos de ellos eran de regiones del norte argentino, por lo que no estaban acostumbrados al frío reinante en las islas y a la mayoría les costó adaptarse al clima del lugar. Así sucedió que muchos, ante la desesperación de estar en un lugar tan sangriento como lo es una guerra y sumado a las condiciones climáticas extremas que no podían soportar, se dejaban congelar brazos o piernas, con el objetivo de que no estuviesen aptos para quedarse en el campo de batalla y los enviaran de regreso a sus hogares. Es importante observar este aspecto para dar cuenta al punto que ha llegado la acción humana para intentar de alguna manera poder evadirse de esa realidad y lograr así la supervivencia, a expensas de que les amputen alguna extremidad del cuerpo.

 Me parece pertinente retomar una vez más a Raymond Aron ya que él brinda toda una serie de planteamientos que pueden ser utilizados para el análisis. En este sentido, Aron expresa que “el centro de las relaciones internacionales viene constituido por las relaciones que hemos llamado interestatales, aquella que ponen en relación las unidades como tales”. Además este autor destaca que dichas relaciones se expresan a través de las conductas de dos personajes simbólicos: El diplomático y el soldado, que actúan como representantes de las comunidades a las que pertenecen. De esta forma, la figura del diplomático como así también la del soldado; el primero bajo el ejercicio de sus funciones y el segundo en el campo de batalla, se constituyen como las unidades políticas en nombre de la cual el embajador, por ejemplo, habla y el soldado, mata a su adversario.

Aron advierte además que “el embajador y el soldado viven y simbolizan las relaciones internacionales que, en tanto interestatales, nos llevan a la diplomacia y a la guerra. Las relaciones interestatales presentan una característica original que las distingue de cualesquiera otras relaciones sociales: Se desarrollan a la sombra de la guerra o, para emplear una expresión más rigurosa, las relaciones entre Estados llevan consigo, por esencia, la alternativa de la guerra o de la paz”.

Como resulta evidente, ni en el período de la guerra de Malvinas, ni aún en la actualidad existe una unificación de la humanidad en un Estado Universal. En este sentido, Aron destaca que en tanto esto no suceda, “subsistirá una diferencia esencial entre la política interior y la política extranjera”. Con respecto a la política interior, el autor dice que tiene por finalidad la sumisión de los hombres al imperio de la ley, mientras que la política exterior aspira a la simple supervivencia de los Estados frente a la amenaza “virtual” que conlleva la sola existencia de los demás Estados.

Cabe destacar que durante el período de la guerra, la Argentina venía desde hace años bajo un régimen estrictamente militar que sentaba sus bases bajo el denominado “Proceso de Reorganización Social” en la lucha contra los supuestos “subversivos”. En este sentido y en cuanto a la definición de política interior que desarrolla Aron considero que la dictadura como forma de gobierno no sólo proclamaba la sumisión de los hombres al imperio de la ley, porque no hace falta recordar que en aquella época se violaron todo tipo de principios y derechos. Por este motivo, no fue sólo sumisión, sino también obligación, imposición frente a un Estado irracionalmente estricto en cuanto al acatamiento de las órdenes por parte de la sociedad y en cuanto a los métodos de tortura, desaparición forzada de personas y violación de los derechos, entre muchos otros. Y la guerra, no estuvo exenta de este contexto. Nuestros jóvenes soldados fueron a pelear por la patria, a reclamar que las islas eran argentinas; patriotismo que a su vez se legitimó con la ayuda de los medios que crearon en la opinión pública un sentimiento nacionalista de querer recuperarlas, lo cual produjo en la audiencia la adhesión a la guerra y los soldados debieron ir a luchar en condiciones muy precarias desde la vestimenta con la que contaban para un clima tan crudo como lo es el del Atlántico, hasta la escasa provisión de armamentos. Por estas, y muchas otras razones, no era muy descabellado pensar o al menos, suponer por aquellos tiempos que seríamos los vencidos más que los vencedores. De todas maneras, el gobierno dictatorial la llevó adelante y aunque duró poco –setenta y cuatro días- tuvo infinitas consecuencias y repercusiones.

En cuanto a la baja de soldados en la guerra, diferentes investigaciones arribaron a que el coste final de la guerra en vidas humanas fue de 3 civiles isleños, 255 británicos y 649 militares argentinos, una gran cantidad teniendo en cuenta el breve período del conflicto bélico. Una vez finalizada la guerra y hasta el día de hoy siguen habiendo casos de suicidios de veteranos de guerra. Un artículo del diario La Nación de febrero del 2006, lo describe de esta manera: “En la guerra murieron 649 argentinos: 323 durante el hundimiento del crucero General Belgrano y 326 en el archipiélago. ¿Cuántos ex combatientes se suicidaron? El Estado no tiene cifras oficiales, pero entre los veteranos la mayoría habla de más de 350 casos. Hay incluso quienes afirman que ya son 454 los ex combatientes que se quitaron la vida, una tragedia que no cesa”.

Con estas cifras me interesa destacar las repercusiones que ha tenido el conflicto bélico con el Reino Unido, aún de mucho tiempo después de finalizada la guerra, de manera que si en las relaciones internacionales, en tanto que interestatales –como bien afirma Aron- se hubiese optado por la alternativa de la paz, el curso de la historia argentina quizá hubiese sido diferente.

Como afirma Clausewitz, la guerra pertenece al dominio de la existencia social y en este sentido constituye un conflicto de grandes intereses solucionados con la sangre, y que por este motivo, se distingue de los demás conflictos y convendría compararlo al comercio ya que éste también es un conflicto de intereses y de actividades humanas; aunque a su vez este autor plantea que podría compararse con la política ya que, no sólo es una especie de comercio en gran escala sino que también la política constituye el medio material en el que la guerra se desarrolla.

En cuanto a las operaciones militares este autor destaca que su finalidad es la de desarmar al adversario o situarlo en una determinada posición en la que se sienta amenazado por la posibilidad de su adversario de desarmarlo. Pese a esto, Clausewitz concluye que el adversario no constituye una masa inerte sino que muy por el contrario, la guerra constituye el choque entre dos fuerzas vivas. En este sentido, mientras no se haya derrotado al adversario hay que temer por la existencia de él y tener presente la probabilidad de que él también puede actuar para derrotarme: “Yo no soy mi propio dueño, ya que él me dicta a mí su ley, al igual que yo le dicto a él la mía propia”.

A modo de conclusión cabría preguntarse cuáles son las políticas que un Estado tiene en cuenta a la hora de plantear una guerra, o mejor dicho, qué factores llevan a una unidad política a intentar imponer su voluntad a otra unidad política a través de la guerra, la cual incluye no sólo un enfrentamiento armado sino toda una serie de consecuencias, la mayoría de las veces catastróficas y donde se podría optar por la alternativa de la paz.

En este sentido considero que la guerra de Malvinas decretada por la dictadura no tuvo mucho sentido y que tranquilamente se podría haber optado por la alternativa de la paz, teniendo en cuenta el contexto que atravesaba el país y en consecuencia la grave crisis, no sólo política-institucional, sino también económica, que de cara a la guerra, anticiparía una derrota por parte del pueblo argentino.

No obstante, el enfrentamiento se produjo y tuvo graves consecuencias para el país ya que a partir de la derrota, Gran Bretaña no sólo consolidó sus bases en las islas sino que el gobierno dictatorial perdió aún más credibilidad y produjo como producto de esto, su propia derrota; lo que dio paso a una nueva era en la historia Argentina: El tan ansiado retorno a la democracia, con las elecciones democráticas que pusieron a Raúl Alfonsín como el primer presidente del nuevo comienzo democrático a partir de 1983.

Sin embargo y pese a que el conflicto bélico culminó hace años, nuestro país insiste en que las islas les sean entregadas, aunque por vías pacíficas. Además, recientemente –el pasado miércoles 5 de noviembre- la reina Isabel II aprobó una nueva constitución para las Islas Malvinas, lo cual le otorga a la Argentina aún menos esperanzas. El nuevo documento formaliza el sistema de autogobierno del Archipiélago del Atlántico Sur y en materia de política exterior, administración y justicia, le da a Londres la última palabra.

Ante este nuevo panorama, el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Jorge Taiana afirmó que “esta nueva acción unilateral británica constituye una flagrante violación del mandato que nos imponen las Naciones Unidas a los dos países en la disputa de soberanía sobre la cuestión de las islas Malvinas” y que entre otras cosas, el gobierno argentino no sólo presentó una protesta formal ante el Reino Unido sino que denunciará ante la comunidad internacional esta violación de la soberanía argentina y del derecho internacional.

Como vemos, la relación entre Argentina y el Reino Unido sigue vigente, aunque tensas y aún más ante la aparición de una nueva constitución que, según Taiana “perpetúa una situación colonial” y que entrará en vigencia a partir del 1º de enero de 2009, la cual sustituirá a la promulgada en 1985.

Por último y como cierre de este análisis, me gustaría retomar una frase de Karl Von Clausewitz que cité al comienzo del trabajo: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios”.

La frase citada anteriormente me pareció la más adecuada para concluir este trabajo ya que en ella se destaca el hecho de que la guerra constituye no sólo un acto político, sino también una continuación de la actividad política lo que claramente intentó llevar a cabo el gobierno dictatorial de aquella época.

A través de la guerra, la dictadura intentó continuar con su actividad política de dominación y exterminio, tratando a su vez de consolidar los lazos nacionales y por otro lado de reforzar su forma de gobierno. Con esta actitud, la guerra como continuación de la política resulta evidente pero sin embargo, no tuvo para la dictadura los resultados esperados, sino que muy por el contrario, lograron que se debilitara aún más su mandato y credibilidad.

“En la guerra murieron 649 argentinos: 323 durante el hundimiento del crucero General Belgrano y 326 en el archipiélago.

 


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Autor:
Cecilia Gutiérrez (2 noticias)
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