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Un grupo de borrachos creativos: los amigos de Gabo, el grupo de Barranquilla

27/05/2010 17:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Gabriel García Márquez fue siempre un aguafiestas. Al menos, lo fue, para Heriberto Fiorillo, aunque el Nobel colombiano no tuviera la culpa de su naturaleza

Garcia  Marquez e Fernando Birri El escritor y cineasta colombiano Heriberto Fiorillo pasó por Buenos Aires para recordar al Grupo de Barranquilla, la facción intelectual a la que pertenecía García Márquez y que se reunía en el mítico bar La Cueva, que este activista cultural reinauguró.

Gabriel García Márquez fue siempre un aguafiestas. Al menos, lo fue, para Heriberto Fiorillo, aunque el Nobel colombiano no tuviera la culpa de su naturaleza. "Fui el mejor amigo de su hermano Egidio y el Gabo cuando llegaba a casa nos echaba a perder las reuniones, porque todos se ponían a hablar con él", recuerda entre risas, este auténtico barranquillero, al tiempo que amenaza con acortar su estadía porteña por el invierno frío y húmedo, que no esperaba.

Y si Gabo no vuelve a la Argentina desde la publicación de Cien años de soledad, tanto más valen las palabras del presidente de la Fundación La Cueva, quien administra el reinaugurado e histórico bar que lleva el mismo nombre. Allí, se juntaban Gabo y los demás miembros del denominado Grupo de Barranquilla, la intelectualidad bohemia a la que pertenecían José Félix y Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón y Orlando Rivera "Figurita", entre otros.

No cabe imaginarse a este colectivo de individualidades artísticas como a los más cercanos geográficamente (y más lejanos en el tiempo) grupos de Florida y Boedo. "Hay dos clases de grupos intelectuales. Están los historiadores y los académicos que hacen tertulias y sesiones por la mañana; y están éstos, que eran amigos. Lo cierto es que si tú andas con borrachos lo más probable es que termines borracho, pero si esos borrachos son creativos, también es probable que termines por contagiarte de ese espíritu", explica Fiorillo que justamente convoca a creadores de todo el mundo al Carnaval de las Artes que todos los años se festeja en Barranquilla, para propagar esa creatividad. "Decidimos reabrir La Cueva para las nuevas generaciones. Ya hay fotógrafos y escritores que van tertulias allí. Todos están buscando la creatividad para alimentar el espíritu y son seres solitarios que se reúnen en sitios como éste", dice.

Fiorillo, de hecho, heredó cierta facilidad para saltar del cine a la novela, de la novela al ensayo y de allí a los cuentos, su última incursión. De paso en Buenos Aires, donde vino a dar una conferencia gratuita en el Malba, se hace cargo y revela. "Es el espíritu de Cepeda Samudio, a quien le encantaba la literatura y conseguía los libros que acababan de salir en Estados Unidos. Eso es lo que deslumbra a García Márquez cuando llega a Barranquilla y él los mete en el cine, también. Si hubiera habido Internet entonces, creo que los habría metido a todos. La creación se encuentra cómoda en muchos campos. Somos tipos rebuscadores, que se reinventan, que dicen: ´Mientras no hay trabajo, vamos a hacer algo, si no, nos convertimos en una unidad más del sistema", dispara.

Pero más allá de las proclamas estéticas de Fiorillo, lo más rico son las anécdotas a través de las que reivindica al grupo de Barrranquilla, como cuando filmaron "La langosta azul" y en una escena mataron sin querer por exceso de viridiana al gato que aparece en el filme.

-¿Qué es lo que más valora del Grupo Barranquilla?

-Valoro el espíritu de la amistad, algo que se está perdiendo hoy en día. Los primeros que hablaban bien de ellos eran ellos mismos. Si Cepeda sacaba un libro era el mejor libro del mundo, según Gabo y viceversa. Lo mismo pasaba con Obregón en los certámenes de pintura. Estos tipos se agarraban a trompadas sólo para ver quién ganaba y después se tomaban tres cervezas o se quedaban jugando al dominó. O se iban a buscar suecos al puerto para pelear, porque Cepeda sabía que Obregón había sido campeón de boxeo.

-¿Cómo compararía la literatura colombiana de entonces con la actual?

-En primera instancia, (si) pensamos en la literatura de ahora y en la de García Márquez, son universos distintos. La violencia ahora ha tocado las puertas; Gabo, en cambio, la incluía transversalmente, porque también ve la maravilla del mundo y hace esos mundos posibles, y que no me deprima tanto. La literatura que hoy hacen los jóvenes es también una literatura contra ese mundo, porque el mundo de García Márquez aplastó a una generación. Los escritores actuales tienen su propia experiencia y así el país se parece cada vez menos a Macondo, porque todavía estamos viviendo nuestra barbarie. Hay una literatura urbana que le quita espacio a aquella que transcurre en el campo. Cien años de soledad, por ejemplo, cuenta nuestra historia desde un punto de vista mítico. Por otra parte, las novelas de Gabo llevaban 4 o 5 años de trabajo y eso ya no es posible, porque los escritores jóvenes firman compromisos por cinco novelas y tienen que escribir una por año. Un libro gordo y que salga al año, es un requerimiento de un atleta. Colombia cuando yo nací ya estaba sumida prácticamente en la guerra y creo que me voy a morir y van a seguir con la guerra a pesar de la promesa de este presidente de terminarla hasta de su mandato: le queda un año...

-La cuestión del mercado parece más global, no estrictamente colombiana...

-No importa, a mí, por ejemplo, me gustan muchos los cuentos y trato de buscar antologías latinoamericanas, pero son cada vez más difíciles de encontrar. Las editoriales no publican porque dicen que se venden más las novelas los cuentos. Yo puedo amar u odiar a un tipo con solo leer dos cuentos. Le pregunté a un editor una vez por qué no había espacio para el cuento y el tipo me contestó con un argumento de psiquiatría: "A los tipos hoy en día les gusta sumergirse en una historia que no tenga nada que ver con su propia vida. Y mientras más dure, mejor, porque menos rápido regresan a su mierda vida", me dijo. Que vengan los psiquiatras a escribir los libros.

-Usted vivió en Estados Unidos, viajó por el mundo, ¿cuánto le pesaba el estigma de la mala prensa colombiana?

-Al principio me daba mucha rabia, llegabas a cualquier lugar y te pedían cocaína o marihuana. Poco a poco, me di cuenta de que ése es su problema, su propia ignorancia. Pero la gente que viaja se va dando cuenta que Colombia no es sólo un platanal como enseña Hollywood.

-¿Qué significan para usted los integrantes del grupo de Barranquilla?

-Eran mis superhéroes. Yo pasé de Batman y Robin, a Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez. A lo largo de mi vida he sido como una esponja. Los tipos que se agarraban a trompadas en La Cueva son los mismos que yo leía en mi adolescencia. Mi padre me los marcaba cuando íbamos a un cine justo enfrente de La Cueva. En algún momento después de estar en Estados Unidos durante 8 años, quise hacer un libro sobre los que me hicieron ser cineasta y escritor.

Y vaya si lo hicieron...

fuente: Revista “Ñ”


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