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Los grandes peligros del Acuerdo Estratégico Transpacífico, impulsado por el presidente Obama

25/12/2015 13:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los poderes y las competencias de las multinacionles, salen fortalecidos con el TPP. No es de extralñar que desde Hillary Clinton hasta el Papa Francisco lo rechacen. Hasta China se mueve

 

Los ministros de Comercio de 12 países sellaron el 5 de octubre de 2015, en Atlanta, Estados Unidos, el Acuerdo Estratégico Transpacífico (TPP) que pone en marcha el área de libre comercio más grande del planeta.

Son los firmantes de la alianza:

los tres miembros del NAFTA (Estados Unidos, Canadá y México), Chile y Perú (únicos países sudamericanos), Japón, Australia y Nueva Zelandia y cuatro países del Asia Sudoriental (Vietnam, Malasia, Brunei y Singapur). Estos países representan el 40% del PBI y el 30% del comercio mundial.

No se conocen todos los detalles del acuerdo, pero a pesar del optimismno de Obama, varios países, por lo menos los sudamericanos tuvieron serias dudas a la hora de firmar porque los paises emergentes, hasta ahora,   han abrigado el temor de verse después  perjudicados frente a la dinámica y falta de escrúpulos de los poderosos.Y debilitados en su competitividad al ingresar en mercados tan desiguales y se dieron cuenta demasiado tarde de que iba ser todo muy difícil.

Eso se había intuido en las discusiones previas que se alargaron  por años y los temas más difíciles de acordar fueron los de la protección a la propiedad intelectual de medicamentos biológicos, la industria automotriz y el sector lácteo. O sea  virtalmente todo.

Para entrar en vigencia, se requería la aprobación de los parlamentos de los 12 países, lo que puede exigir a lo sumo un par de años. Un caso conflictivo era el de EE.UU., que planeaba discutir el tema a principios del año entrante, una vez ya comenzada la carrera para las próximas elecciones presidenciales.

La libertad de Internet, los derechos de autor, la protección de patentes… 

El TPP constituye un acuerdo comercial tan global bajo un nuevo marco normativo para el comercio y por eso se negoció a puerta cerrada.De acuerdo con los documentos filtrados, los 12 países ribereños del Pacífico están tratando de eliminar todas las barreras al comercio, incluidas las leyes que garantizan la seguridad alimentaria, la protección de la agricultura y la privacidad de la información de los ciudadanos.

Por eso a pesar de denominarse tratado de libre comercio, no solo abarca temas comerciales, sino también aspectos sobre la libertad de Internet, los derechos de autor, la protección de patentes o la salud. De esta forma, el acuerdo podría exigir a los países miembros adoptar normas laborales y ambientales más estrictas, protegería la libertad de acceso a Internet, obligaría a los proveedores a suprimir contenidos a instancias de los propietarios de los derechos de autor, proporcionaría protecciones legales más fuertes a las compañías farmacéuticas y otorgaría a los inversores extranjeros una nueva forma de desafiar las leyes y las regulaciones nacionales, entre otros.

¿Qué amenazas económicas, políticas o sciles supone este acuerdo secreto? 

Numerosos expertos no dejan de advertir de las graves consecuencias económicas, políticas y sociales que podría acarrear la aprobación de este acuerdo al afectar a la libertad de expresión de los ciudadanos y al derecho de naciones soberanas a desarrollar políticas y leyes que respondan a sus prioridades nacionales

.Un documento descubierto recientemente por WikiLeaks reveló que el acuerdo no parece entrañar nada bueno. Y menos augurarlo para el futuro. La mayor sospecha es que el TPP fue diseñado para favorecer a las grandes corporaciones muliti y transnacionales y además permitiría a éstas demandar a los gobiernos y solicitar millonarias indemnizaciones a cuenta de los contribuyentes.

Además, a pesar de lo prometido por la Administración Obama, el acuerdo refuerza y amplía el sistema legal de solución de controversias inversor–Estado (ISDS) y eleva a las empresas de capital extranjero a la misma categoría que los gobiernos soberanos. A tenor de esto, la senadora americana Elizabeth Warren sostiene que "si la versión final del acuerdo sobre el TPP incluye al ISDS, los únicos ganadores serán las corporaciones multinacionales".

Según Lori Wallach, una de las líderes más destacadas del grupo norteamericano Public Citizen para la defensa del derecho del consumidor, otro punto preocupante del tratado es la creación de un tribunal secreto en el que las empresas podrán demandar a los gobiernos ante paneles de arbitraje secretos integrados por abogados corporativos que evitan los tribunales nacionales y anulan la voluntad de los parlamentos en caso de no conseguir lo que quieren. Según la activista, esta medida destruirá por completo la legislación y pondrá en peligro los derechos fundamentales que habitualmente proporcionan los Estados democráticos.

Pero todos los países ltinoamericanos consultados tienen el mismo temor que embarfga a Lori Wallach de Public Citizen. AsíMylan, un fabricante de medicamentos genéricos mexicano, ha alertado que el TPP podría de hecho dejar a su negocio fuera de los países participantes; es decir, no sólo la gente en México pagará más por los medicamentos, sino que también la gente dejará de tener acceso fácil a algunos fármacos que salvan vidas.

Incluso Obama se opuso supuestamente a los 12 años de exclusividad para datos biológicos. El verdadero punto es que fijar estas normas en un tratado difícil de modificar, cuando la ciencia  evoluciona rápido, es un grave error. Debería haber un proceso para fijar normas periódicamente, de manera que se incluya a los poderes ejecutivo y legislativo de los países del TPP. Los acuerdos comerciales bien diseñados del siglo XXI pueden fortalecer los procesos democráticos pero éste hace exactamente lo contrario.

Además, el TPP limitaría la facultad de los gobiernos de los países miembros –incluido México– de aprobar reglamentaciones para proteger la salud pública, la seguridad y el medio ambiente, o cualquier otro aspecto del bien público. Esto se debe a que el TPP podría crear mecanismos de solución de controversias entre inversores y estados (ISDS) que permitirían a extranjeros demandar al gobierno cuando creen que una reglamentación perjudica sus ganancias. El arbitraje sería privado –y por lo tanto opaco al público– y vinculante, incluso si el resultado contradice las leyes nacionales. Y la empresa recibiría compensación por la pérdida de sus ganancias esperadas, no sólo por sus inversiones pasadas, incluso si sus ganancias se generan con la venta de productos que matan a la gente y si no hay discriminación en la reglamentación.

Estas no son amenazas hipotéticas aunque no tanto porque ya existen acuerdos de inversión similares y han causado este tipo de demandas. México mismo ha hecho frente a estos retos muchas veces. En 1997, lo árbitros fallaron que México debía pagar más de 15 millones de dólares por la decisión del gobierno municipal de Guadalcázar de cerrar un vertedero de desechos tóxicos construido sin permiso, porque se halló que filtraba en las aguas subterráneas. En 2003 y 2004, los árbitros ordenaron a México que pagara 58 millones de dólares a la empresa estadunidense Corn Products International, 37 millones a Archer Daniels Midland Corporation y 91 millones a Cargill por gravámenes impuestos sobre bebidas que usaban edulcorantes producidos con jarabe de maíz rico en fructosa, conectados con un aumento en la incidencia de la obesidad.

En otras partes, Australia afronta una demanda presentada por empresas de tabaco norteamericanas por poner etiquetas de advertencia en las cajas e cigarrillos, lo mismo que Uruguay (que no es un socio de TPP). Canadá, ante la amenaza de juicio, abandonó una reglamentación similar sobre sus cajetillas.

Estos son sólo algunos de los cientos de casos indignantes que inversionistas multinacionales han presentado contra reglamentaciones en beneficio del público. Con mucha frecuencia los árbitros fallan a favor de los intereses de los inversionistas o los gobiernos nacionales optan por resolver como sea la disputa para evitar las presiones legales.

Los mecanismos de ISDS cambian drásticamente el entendimiento anterior de los derechos y obligaciones de los inversionistas y los estados. Bajo el TPP, los gobiernos deberán pagar a los inversionistas extranjeros por no perjudicar al público, en vez de tener la libertad de regular el alcance de una actividad comercial justa. Los mecanismos de ISDS existentes ya son suficientemente malos. Su ampliación radical bajo el TPP sería un desastre.

"Ciertamente, una mayor integración comercial y de inversión con el mundo es muy prometedora para México, pero el TPP no es la manera de lograrla. No hay evidencia que sus protecciones a los inversionistas y un fortalecimiento de los derechos de propiedad aumentarán la inversión extranjera o traerán más innovación a la economía mexicana. Lo que harán es asegurar que una mayor parte de los sueldos de los esforzados trabajadores mexicanos termine en los bolsillos de las corporaciones extranjeras.

Los líderes políticos han alardeado que con el TPP están promoviendo el bienestar de sus pueblos y sus países. Pero eso es pura retórica política. La realidad es que se ha brindado a los intereses especiales –en Estados Unidos y en todas partes– demasiada influencia en las negociaciones.

Si el presidente Peña Nieto desea hacer lo correcto por el pueblo mexicano, instruirá al secretario Guajardo Villarreal para que rechace un acuerdo que dejará el futuro económico de México en manos de inversionistas multinacionales."--*Joseph E. Stiglitz, premio Nobel en Economía, es profesor en la Universidad de Columbia y economista jefe en el Instituto Roosevelt, es autor de este comentarios.

¿Cuál es el estado actual del acuerdo y de los desacuerdos?

El texto del acuerdo sobre el TPP entre EEE.UU. y los otros 11 países ribereños del Pacífico, después de  casi ocho años, tardó un mes en estar disponible.

Entre los últimos puntos de desacuerdo se encontraban las protecciones comerciales para los medicamentos avanzados de los fabricantes, la voluntad de tener unos mercados más abiertos para los productos lácteos y el azúcar, así como una lenta eliminación de los impuestos de los automóviles japoneses vendidos en EE.UU.

Tras meses de acalorados debates en las cámaras del Congreso de EE.UU., el pasado 24 de junio el Senado de EE.UU aprobó la ley que otorgaba al mandatario Barack Obama el derecho a acelerar las negociaciones sobre los pactos de comercio libre, entre ellos, el TPP. Así, esta 'vía rápida' obliga a los congresistas de EE.UU. a aprobar las leyes propuestas por el presidente sin la posibilidad de introducir cambios.

La respuesta de China al Acuerdo Transpacífico

Con la firma del Acuerdo Transpacífico, se establece la más grande e influyente plataforma de producción y comercio mundial hasta ahora. El acuerdo se erige como un mecanismo inspirado por  Estados Unidos para establecer su hegemonía ante el acelerado crecimiento de la influencia de China en el marco económico y político global.

La rivalidad entre estas dos potencias ha propiciado alianzas en la disputa por los mercados; naturalmente para los norteamericanos era imperante obtener adhesiones en la región del Pacífico. Y el presidente Obama estaba consciente, y de ahí las consecuencias.

Sin embargo, por sus características el Acuerdo Transpacífico no es un esquema que no pueda imitarse; no es, pues, la única opción, sobre todo para los otros países que no quieren mantenerse bajo la sombra de los Estados Unidos. El efecto de las alianzas no se refleja únicamente en el aspecto económico, en la búsqueda de la superioridad, sino que incide poderosamente también en el ámbito  político.Por ello que el gobierno chino, en clara respuesta a la firma del TPP, está conformando una alternativa multinacional denominada Asociación Regional Comprensiva Económica, (RCEP).

En este nuevo pacto, los chinos intentan agrupar a los diez países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la ASEAN y a seis naciones, más incluida la India, que representarían una población estimada en más de tres mil millones de habitantes.

Comparativamente esta agrupación, conformada en este caso por dieciséis naciones, contarían con un mercado de producción y consumo mucho mayor aún al del TPP . Sin embargo, existe un conflicto de intereses de origen, ya que que siete países podrían pertenecer a ambas agrupaciones, sin que exista una cláusula de exclusividad que implique una limitación legal al respecto: estamos hablando de Australia, Brunei, Nueva Zelanda, Indonesia, Singapur, Malasia y Vietnam.

Lo interesante será determinar el rango de compatibilidad o, en su defecto, de competencia, que eventualmente pudiera prevalecer en la pertenencia a ambos proyectos, sobre todo porque se entiende que el fondo de ambos esquemas se fundamenta en una agresiva política para romper cualquier tipo de barreras arancelarias.

El resultado previsible derivado de los dos posicionamientos sugiere la desaparición de impuestos internacionales, aunque eso resulte complicado, primero, porque tendrían que homologarse las condiciones, lo cual fomentaría una profunda transformación de las reglas que actualmente rigen el comercio internacional. Aun cuando la tendencia se incline por la creación de más mecanismos y agrupaciones multinacionales, finalmente la competencia siempre será en función de precios y calidad.

En un escenario en el que no existieran ventajas de carácter administrativo para nadie ante la desaparición de las barreras arancelarias, de todas formas siempre las habrá en el proceso de producción y la habilidad para comprar y vender.Estamos en el antecedente de una profunda transformación que rompe con paradigmas que en el pasado se observaban como dogmas, pero que los intereses económicos hacen verlos como simples reminiscencias de otras épocas.

Porque hoy el predominio ya no es sólo territorial: la guerra se circunscribe a los mercados, las nuevas formas de invasión son a través de los productos y el dinero. De manera que invertir en tecnología para la producción, sea más rentable que gastar en armamento.

Por ello no debe de sorprender que el siguiente paso sea que China sea invitado al TPP, o que Estados Unidos se integre a la RCEP, incluso que ambas cosas sucedan  simultáneamente.

 

El Papa y el Vaticano contra el TPP.El lado moral contra el acuerdo se ha vuelto importante

El Papa Francisco abordó de manera radical una serie de temas importantes en su reciente discurso ante el Congreso de Estados Unidos. Condenó el comercio de armas, el negocio de la guerra e incluso la misma guerra contra el terror.

El Papa optó por no enfrentar a Obama y su agenda comercial en su terreno porque ignoraba el texto del TPP, aunque sabía por filtraciones lo que se preparaba. Es decir optó por no mencionar el TPP, que no estuvo gestado hasta el 5 de octubre, pocas semanas después de la histórica visita de Francisco a EE.UU. Fue en esa fecha que  Estados Unidos y otros 11 países anunciaron  un principio de acuerdo sobre el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP), un gran pacto de libre comercio que establecería reglas amistosas a los inversionistas, muchos de ellos a expensas de protecciones laborales y ambientales básicas.

 

¿Podrían unas fuertes palabras del pontífice haber impedido la prisa para completar el acuerdo? Probablemente no. Pero su autoridad moral hubiera dado a los legisladores de EE.UU. algo en qué pensar en la  votación a principios de 2016.

 

Nombrando a la bestia en países emergentes de América 

Cuando el Papa visitó Bolivia, pronunció en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares una invectiva  contra las políticas económicas de explotación.

“El neocolonialismo, dijo Francisco, término que utilizó siete veces en el discurso, “adquiere diferentes caras, incluyendo algunos tratados nombrados como de ‘libre comercio’ y las  medidas de ‘austeridad’ impuestas que tensan los cinturones de los trabajadores y los pobres”.

Sin embargo, otros funcionarios del Vaticano han hablado directamente contra el TPP. El arzobispo Silvano M. Tomasi, observador  del Vaticano en Ginebra, ha advertido a la Organización Mundial del Comercio en contra de los acuerdos comerciales megaregionales, como la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión o la Asociación Transpacífico.

Tomasi llamó a estos pactos asimétricos y señaló que entre las concesiones más dañinas están las que fortalecen los monopolios sobre los medicamentos que salvan vidas, reduciendo su acceso y asequibilidad, y proporcionan derechos legales excesivos para los inversores extranjeros, lo cual limita el espacio político para los países en desarrollo.

En palabras más simples, como dijo el Papa en Bolivia, normas como éstas aseguran que “las instituciones financieras y las empresas trasnacionales se fortalezcan hasta el punto de subordinar las economías locales, sobre todo debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones.

El secretismo con que llevó el TPP, fue el primer síntoma alarmante de que algo malo venía

Estas protecciones corporativas se hacen cumplir mediante un oscuro proceso llamado "el sistema de solución de controversias inversionista-Estado", creado por Obama para dirimir problemas que suran tras el acuerdo, que ha permitido a las grandes corporaciones demandar a decenas de países en los poco conocidos tribunales, como el Ciadi del Banco Mundial, por millones e incluso miles de millones de dólares.

Este sistema frena la capacidad de los gobiernos para regular, en función del interés público, incluida la salud, la seguridad y protección del medio ambiente –aunque el resumen norteamericano del TPP afirme lo contrario–, al permitir que las empresas reclamen daños y perjuicios por las regulaciones de interés público que puedan llegar a afectar sus ganancias.

Es típico el caso de El Salvador, que ha estado en el banquillo de los acusados del tribunal del Banco Mundial durante seis años. El pequeño país centroamericano fue demandado por la minera multinacional Pacific Rim-Oceana Gold por 300 millones de dólares, sólo por no proteger su cuenca principal de la tóxica minería del oro de El Salvador. Este es sólo una de las decenas de casos que se derivan del acuerdo Dr-Cafta, controlado por Estados Unidos, que además ha congelado iniciativas de protección ambiental en varios países de Centroamérica.Canadá y México, por su parte, han perdido muchos casos judicales bajo las reglas de inversión del TLCAN.

El TPP debe ser detenido, no simplemente porque podría poner puestos de trabajo al borde del precipicio. Tiene que ser frenado ya que vuelve a escribir todas las reglas en favor de las grandes empresas, lo que les permite eludir las regulaciones para el bienestar público, aunque sus partidarios afirmen que están haciendo todo lo contrario.El pontífice lo sabe. Obama debe saberlo. Incluso Hillary Clinton, dice que ahora lo sabe y lo desaprueba.  No es de extrañar que haya una creciente reacción global contra ese injusto sistema.

Es una lástima que el Papa no pudiera hacer entrar en razón a los congresistas norteamericanos en el tema del comercio. Pero no es tarde aún, para él y para otros, presentar el lado moral contra la Alianza Transpacífico.

Lo qe se esconde tras el Acuerdo de Asociación Transpacífico

En octubre pasado el presidente de EE.UU., Barack Obama, elogió al TPP como "el acuerdo comercial más progresista en la historia", pero mantuvo en secreto puntos claves alarmantes como son...

Violación de leyes, destrucción de puestos de trabajo, déficit del comercio, medicamentos caros, alimentos peligrosos... no es el acabose, sino 'los frutos' de un acuerdo comercial.

 Las organizaciones de interés público progresistas que tuvieron acceso al documento del acuerdo del TPP afirman que el texto final, fruto de siete años de negociaciones comerciales secretas entre EE.UU. y otros once países de la Cuenca del Pacífico, no solo sigue la mayoría de las características  ya preocupantes de los acuerdos comerciales desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sino que abre también nuevos caminos tortuosos en perjuicio de pueblo emergentes.

Dan la voz de alarma y advierten que conlleva riesgos en relación a la manipulación de divisas, la protección del medioambiente y de la salud, la deslocalización de puestos de trabajo, la seguridad alimentaria, los monopolios farmacéuticos, la transparencia del Gobierno y otras cuestiones. De hecho, la transparencia o en este caso lo contrario –el secretismo de las negociaciones- es lo que ha suscitado la mayoría de las suspicacias.

"El secretismo es el primer síntoma de que se está haciendo algo que a la gran mayoría del público no le va a gustar", comenta el economista Félix Moreno. Además, algunos sugieren que el TPP no es un acuerdo sobre comercio, sino sobre las maniobras geopolíticas y la dominación corporativa sobre los asuntos de las naciones participantes

 

.¿Un acuerdo destructor de la soberanía?

 Algunos documentos filtrados sugieren que las grandes industrias y las empresas multinacionales, incluidas las grandes farmacéuticas que operan en América del Norte, América del Sur y Asia, obtendrían amplios poderes para desafiar las regulaciones, acciones y decisiones de los tribunales de gobiernos soberanos ante tribunales organizados bajo el Banco Mundial o las Naciones Unidas. Este sistema se denomina arbitraje de diferencias inversor-Estado, es decir, que las empresas de capital extranjero se sitúan al mismo nivel que los gobiernos soberanos.

 Un documento descubierto por WikiLeaks revela que el TPP fue diseñado para favorecer a las grandes corporaciones transnacionales, permitiendo a las mismas demandar a los gobiernos y solicitar millonarias indemnizaciones a cuenta de los contribuyentes

Para orientarse mejor en este sistema engañoso el portal “In These Times” ha pedido a los expertos que expliquen los 7 puntos más alarmantes del tratado, tomando como base al más importante miembro del acuerdo uno de los líderes del acuerdo, EE.UU

1. Concede a más de 9.000 empresas extranjeras el derecho de violar leyes que protegen el medioambiente y evitar los tribunales ad hoc.¿Son claves de una trampa que Obama tendió?

Algunos documentos filtrados sugieren que las grandes industrias y las empresas multinacionales, incluidas las grandes farmacéuticas que operan en América del Norte, América del Sur y Asia, obtienen amplios poderes para desafiar las regulaciones, acciones y decisiones de los tribunales de gobiernos soberanos ante los organizados bajo el Banco Mundial o las Naciones Unidas. Este sistema se denomina 'arbitraje de diferencias inversor-Estado', es decir, que las empresas de capital extranjero se sitúan al mismo nivel que los gobiernos soberanos.

Un documento descubierto por WikiLeaks revela que el TPP fue diseñado para favorecer a las grandes corporaciones transnacionales, permitiendo a las mismas demandar a los gobiernos y solicitar  indemnizaciones millonarias a cuenta de los contribuyentes. Incluso cuando los gobiernos ganan, según las reglas del TPP, las multinacionales pueden pedir el pago de los costos de los procesos y honorarios de abogados, con un promedio unos 8 millones de dólares por caso.

2. La protección ambiental nacional es infructuosa y apoya al 'fracking' 

Así, en 2013, la empresa minera norteamericana Lone Pine Resources demandó a la provincia canadiense de Quebec por aprobar la prohibición del 'fracking' en la zona, en la que se produjeron graves efectos contaminantes para la salud humana y el medioambiente, algo que, según los representantes de la compañía, le costó al Gobierno más de 250 millones de dólares.

Algo más preocupante es que en las cerca de 6.000 páginas de texto del TPP ni siquiera mencionan las palabras "cambio climático". El acuerdo da un paso atrás respecto a las protecciones ambientales de todos los acuerdos de libre comercio de EE.UU. desde 2007, al no exigir a los países del TPP cumplir con sus obligaciones en un conjunto de tratados ambientales internacionales centrales.

Aún más, las organizaciones ambientalistas como Greenpeace, Amigos de la Tierra, el Consejo de Defensa de Recursos Naturales, entre otras, han denunciado públicamente al TPP, argumentando que permitiría demandar a los gobiernos por tratar de limitar a las industrias que contaminen el aire.

3.Se pierden millones de puestos de trabajo 

Entre 1997 y 2014, EE.UU. perdió más de 5 millones de empleos en la manufactura. La gran mayoría, según el Instituto de Política Económica, desapareció como resultado del creciente déficit comercial con socios de tratados de libre comercio y la inversión-oferta de EE.UU. Unos 850.000 puestos de trabajo se perdieron en el TLCAN después de que entró en vigor en 1994.

Pero el pronóstico para los empleos que se perderán a causa del TPP es aún peor. 'The Wall Street Journal' ha calculado que para el año 2025, el acuerdo aumentaría el déficit comercial de EE.UU. en la fabricación, montaje de automóviles y piezas de automóviles en 55.800 millones de dólares al año. A ese ritmo, basado en la fórmula del Departamento de Comercio, el TPP llevaría a otros 323.000 trabajadores manufactureros norteamericanos al paro. Eso es casi un millón de empleos cada tres años.

Y eso es una estimación conservadora, ya que los negociadores del TPP no incluyeron normas aplicables para detener los abusos laborales extranjeros, incluidos los salarios miserables y las condiciones de trabajo peligrosas.

4. No hace nada para arreglar el déficit del comercio 

El déficit comercial actual, por ejemplo, de EE.UU. ronda los 500.000 millones al año, o un 3% del PIB del país. Estas cifras, por su parte, dependen de la creación de la demanda y el empleo en otros países e implican la pérdida de cerca de tres millones de empleos en EE.UU. al año. Esto importa enormemente en el contexto de una economía frente a un déficit en la demanda, o "estancamiento secular". En tiempos normales, la pérdida de demanda al déficit comercial podría ser sustituida por una mayor inversión o el gasto del consumo, pero en condiciones actuales ni cubriría esa pérdida.

El TPP, por su parte, no aborda la razón principal del déficit comercial: la manipulación de la moneda por otros países. El aumento de los precios de las exportaciones y la reducción del precio de las importaciones hacen los bienes y servicios nacionales menos competitivos a nivel internacional.

 

5. Encarecen los medicamentos y aumentan los monopolios de granes empresas 

Tras las filtraciones de WikiLeaks, el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, alertó sobre las cuestiones de salud y los riesgos para los consumidores que podrían ir asociados al TPP. "En EE.UU. tuvimos un acuerdo para equilibrar los medicamentos genéricos y los de las grandes farmacéuticas. Queríamos que las grandes farmacéuticas trajeran nuevos medicamentos y que los genéricos mantuvieran el precio bajo. Mientras que nuestros precios de los medicamentos siguen siendo los más altos del mundo, si no hubiera sido por los medicamentos genéricos, habrían subido por las nubes", asegura

El director del Programa de Acceso Global a Medicamentos, Peter Maybarduk, por su parte, ha señalado que, "si el TPP se ratifica, la gente de los países ribereños del Pacífico tendría que vivir de acuerdo con las reglas de este texto que ha sido filtrado". "Los nuevos derechos de monopolio para las grandes compañías farmacéuticas pueden poner en peligro el acceso a los medicamentos en los países del TPP. El TPP podría costar vidas", ha advertido.

 

6. Pondría en peligro la seguridad de alimentos 

En lo inmediato, el TPP abriría una avalancha de importaciones de mariscos, lácteos, frutas y verduras a EE.UU. en un momento en que las inspecciones de importación sufren de una falta de financiación grave. EE.UU. actualmente inspecciona solo el 2% de las importaciones de alimentos, y hay pruebas presentadas por el Consumer Reports que demuestran que el 60% de los mariscos (el 91% de los cuales se importa) están contaminados.

El TPP también ofrece a las empresas nuevas maneras de desafiar los procesos de las inspecciones de seguridad de los alimentos. Se crearía un "mecanismo de respuesta rápida" que permitiría a las empresas extranjeras impugnar las decisiones de seguridad alimentaria.

7. Desestabilizaría las finanzas mundiales 

El TPP prohibiría los controles de capital, que permiten a los países bloquear vuelos desestabilizadores de "dinero caliente" de los inversores que esperan sacar provecho momentáneo de oportunidades especulativas y a continuación salir fuera del país, justo antes de que las burbujas que crearon colapsen. El acuerdo también detendría la promulgación de impuestos a las transacciones financieras, un medio de amortiguación de la especulación y un mecanismo necesario para aumentar los ingresos públicos.El lunes 5, los ministros de Comercio de 12 países sellaron en Atlanta, Estados Unidos, el Acuerdo Estratégico Transpacífico (TPP) que pone en marcha el área de libre comercio más grande del planeta.

¿Para bien? O para muy mal?

 

La precandidata demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, manifestó su oposición al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) firmado por EE.UU. con otros once países de la cuenca del Pacífico.

"Lo que sé es que a partir de hoy no estoy a favor de lo que he podido saber sobre eso", afirmó Clinton al respecto durante una entrevista para la cadena PBS.

" Desde el principio dije que tenía que ser un acuerdo comercial que cree buenos empleos en EE.UU., aumente los salarios y mejore nuestra seguridad nacional y sigo creyendo que ese es el listón que tenemos que cumplir", dijo la exsecretaria de Estado.

"No creo que vaya a satisfacer el listón que he puesto", añadió más tarde en referencia al contenido del acuerdo comercial, en el que están involucrados, entre otros, países como Japón, Chile, Perú y México.

La postura de Clinton supone un nuevo giro de la demócrata hacia la izquierda y otro desacuerdo con el Gobierno del presidente, Barack Obama, del que fue secretaria de Estado durante su primera legislatura (2009-2013), cuando las negociaciones sobre el TPP ya estaban en marcha.

El Partido Republicano no tardó en criticar ese "cambio de posición", en palabras del presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, que atribuyó las "penosas divagaciones de Clinton sobre el TPP" a su propia "conveniencia política".

Otro de los aspirantes demócratas a la Presidencia, el exgobernador de Maryland Martin O'Malley, criticó también a Clinton."¡Ese sí que es un giro! Yo llevo meses y meses en contra del TPP (...) Clinton puede justificar su propio cambio de opinión en esto, pero yo no tenía una opinión hace 8 meses y la  cambié en vísperas del debate (demócrata del 13 de octubre)", dijo O'Malley en declaraciones a periodistas en Washington.

Por su parte, el principal rival de Clinton en las elecciones primarias demócratas, el senador de Vermont Bernie Sanders, evitó criticar a la exsecretaria de Estado y celebró su nueva posición. "Me alegro de que llegara a esa conclusión. Esa es una conclusión a la que yo llegué el primer día (...) y trabajaré todo lo que pueda en el Senado para derrotar esa legislación", aseguró Sanders a periodistas en un acto del Instituto del Caucus Hispano del Congreso (CHCI), donde habló junto con O'Malley.El senador  Bernie Sanders ha enviado correos electrónicos a sus simpatizantes pidiéndoles que bloqueen el “desastroso” acuerdo.

"Wall Street y otras grandes corporaciones transnacionales han ganado de nuevo”, dijo Sanders. “Es hora de que el resto de nosotros frenen a estas empresas multinacionales que moldean el sistema para su beneficio, pasándonos el costo”.En la derecha hay mucha menos resistencia ideológica a cualquier tratado de libre comercio, de hecho fue la nueva ala republicana en el Congreso y en el Senado la que ayudó a Obama el pasado junio pasado a concretar este pacto comercial, al aprobar una reforma que impulsó el motor del acuerdo. Pero el aspirante republicano con mayor apoyo, el espectacular payaso de la política actual, Donald Trump, ha criticado a la ortodoxia partidista. El magnate se opone al acuerdo TPP,   asegurando incluso que modificará el NAFTA.

 

Otros aspirantes presidenciales con posibilidades como Carly Fiorina y Ben Carson no han sido tan críticos con el acuerdo como Trump, pero si han señalado algunos problemas que ven con el TPP.

 

Lo que podría ser un impedimento para el Acuerdo de Asociación Transpacífico es que la mayoría de los anti-TPP de ambos partidos se podrían unir en un esfuerzo para derrotarlo en el Congreso.De hecho la mayoría de los demócratas se muestran resistentes a la aprobación de un acuerdo. La senadora Elizabeth Warren, de Massachusetts, ha encabezado la oposición, enfatizando que la inclusión en el acuerdo de un árbitro internacional para resolver los conflictos entre las compañías y los gobiernos que imponen regulaciones puede violar sus obligaciones establecidas en el acuerdoDesde que los contenidos del tratado fueran cerrados este lunes en Atlanta (EE.UU.), Obama ha iniciado una campaña para lograr el consentimiento del Congreso, que tiene 90 días hábiles para su consideración, pero donde encontrará la oposición de algunos legisladores de su partido, el Demócrata.

El TPP, que aún debe ser aprobado tambien en los parlamentos de los 12 países firmantes para entrar en vigor, es un elemento clave de la política exterior de Obama, que busca priorizar la relación con la región de Asia-Pacífico para hacer frente a la influencia de China.

Los defensores del TPP, entre ellos la mayoría republicana que controla hoy el Congreso, argumentan que este acuerdo abre nuevos mercados a los productos norteamericanos y eso repercutirá favorablemente en los trabajadores del país.Sus detractores, por contra, argumentan que el TPP generará pérdidas de empleos en EE.UU. en beneficio de países con salarios más bajos.

Cuando entre en vigor, el TPP eliminará las tarifas para la importación de vehículos extranjeros si al menos un 45 % está producido en los países de la región, además de liberalizar parte de los sectores agrícolas de naciones altamente proteccionistas como Japón o Canadá.

 

 

 


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