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En Las Grandes Ligas. ¿Habrá terminado la carrera de El Duque Hernández?

22/03/2010 22:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El sábado 10 de octubre de 1998, los Yanquis de Nueva York, quienes habían ganado una cifra récord de 114 juegos durante la temporada regular, se disponían a celebrar el partido más importante de todo el año, pues de perderlo se encontrarían con la espalda contra la pared

Los fanáticos neoyorquinos se asomaron a las ventanas con la vista clavada en el cielo como pidiendo ayuda celestial. Y no era para menos, pues después de las glorias alcanzadas durante la temporada, estaban a una derrota de poner su espectacular hazaña en peligro, tal como le ocurrió a los Indios de Cleveland en 1954, pero el lanzador novato Orlando “El Duque” Hernández, lanzó siete entradas sin permitir anotaciones y los Mulos de Manhattan nivelaron la Serie de Campeonato a dos triunfos por bando, al vencer 4-0 al Cleveland en su propio patio.

Esto sucedió un día después que la Tribu había pegado cuatro cuadrangulares y a los dos días de la famosa marfilada de Chuck Knoblauch que proporcionó un inesperado descalabro.

La necesaria victoria sirvió para que el equipo de la Gran Manzana barriera a los Indios el resto del camino y conquistara el derecho a enfrentarse a los Padres de San Diego en la Serie Mundial, a la cual asistieron con la aureola de haber ganado 23 de ellas.

El Clásico Otoñal se inició con un triunfo de los inquilinos del Yankee Stadium, a pesar de que su abridor el zurdo David Wells, fue víctima de tres bambinazos por parte de lo toleteros de los Padres. Entonces le tocó el turno al Duque, el hombre que les había proporcionado la victoria número 112 del campeonato con el cual superaron el récord de 111 logradas por el Cleveland de 1954. Para el exiliado cubano representaba imponer una nueva marca, al unirse a Liván Hernández, como los únicos “hermanos novatos” que habían participado en Clásicos Otoñales en años consecutivos. Antes de comenzar el juego alguien le preguntó si ese era el encuentro más importante de su vida, a lo que respondió sin pensarlo dos veces: “El juego más importante de mi vida, fue saltar a un bote y escapar de Cuba”.

Alrededor de las cinco de la tarde, hora del Este, Hernández inició el partido enfrentándose al segunda base dominicano Quilvio Veras. Tras siete episodios ante una asistencia de 56, 692 parroquianos en el estadio que Babe Ruth construyó, ya tenía casi asegurado su primer triunfo en una Serie, al limitar al San Diego a una carrera, 6 hits y siete ponches, con una ventaja de 9-1 a su favor y teniendo como testigos a todos los que lo acompañaron en la travesía de tres días en una zozobrante embarcación cuando escapó de la Isla esclava. Lo increíble es que entre los dos hermanos novatos lograron SEIS triunfos sin derrotas en el periodo de dos series de postemporada seguidas, incluyendo la mitad de ellas en la Serie Mundial.

Desde su debut en las Grandes Ligas el miércoles 3 de junio de 1996, impresionó a los más exigentes al superar a los Mantarrayas de Tampa Bay 7-1, exhibiendo una espectacular variedad de lanzamientos. En ese encuentro sustituyó al estelar David Cone, quien había sido mordido en una mano por el perro de su mamá. El Duque había cosechado en las Ligas Menores marca de 7-1 con 3.33 carreras limpias permitidas.

Lo que más impresionó a los fanáticos fue su estilo de levantar la pierna izquierda muy alto, bajando el hombro izquierdo y la mandíbula hasta casi chocar con la rodilla. Todo esto sumado a que se “remangaba” los pantalones del uniforme casi hasta la rodilla, al estilo de los peloteros de antaño y como lo hacen en la actualidad Chipper Jones y Manny Ramírez. Recuerdo que el fallecido Bob Allison hacía lo mismo cuando vestía la franela de los Mellizos de Minnesota y los Azules del Almendares. Como si fuera poco, los aficionados notaron que El Duque se bajaba la gorra casi hasta los ojos.

Su inicio en la ciudad de los rascacielos provocó que le cambiaran la letra a la tonada: “Willie (Mays), Mickey (Mantle) and the Duke (Snider)”, por “Willie, Mickey and El Duque.”.

La inverosímil historia del entonces héroe de la Babel de Hierro, quien nació el 11 de octubre de 1969 en Villa Clara, Cuba; comenzó cuando escapó de la Isla esclava en una zozobrante embarcación de vela, que arribó a Cayo Anguila, Bahamas, el 26 de diciembre de 1997, en compañía de otros siete cubanos incluyendo a su actual esposa Noris. Todo después de haber estado dos años sin lanzar, debido a la suspensión de que fue objeto en Cuba por el “grave delito” de querer vivir en tierra de libertad, sin importarle su récord de 129-47 mientras actuó en la supuesta Liga Amateur Cubana y en partidos de competencia internacional. Durante ese tiempo trabajó como terapista en un hospital psiquiátrico por unos pocos dólares al mes.

Tras estar retenido en el campamento para refugiados de Carmichael Road en las Bahamas, logró viajar a Costa Rica por gestiones de su agente Joe Cubas, donde el viernes 6 de marzo de 1998, los Yanquis aseguraron su contrato por $6.6 millones garantizados por cuatro años. Su arribo a Estados Unidos se produjo el martes 17 de marzo y lo primero que hizo fue abrazar a su medio hermano Liván. Días después el viernes 20 de marzo, vistió por primera vez el uniforme de los Yanquis durante una conferencia de prensa en Tampa.

El dueño del equipo, George Steinbrenner, aprovechó la ocasión para declarar que si Orlando había escapado en un bote, tenía que ser un guerrero. Lo demás es historia porque terminó su primera temporada casi completa con récord de 12-4 y 3.13 en efectividad, además de convertirse en el único ser humano capaz de saltar en menos de un año de una frágil embarcación a un partido de Serie Mundial, demostrando la estirpe que ha caracterizado a los peloteros cubanos desde que Esteban Bellán fuera el primer cubano y latinoamericano en jugar en las Grandes Ligas en 1871.

En su primera temporada completa en 1999, ganó 17 desafíos con solamente 9 derrotas y volvió a demostrar que era un monstruo en la postemporada al alcanzar tres triunfos sin perder un solo encuentro, repartidos entre la Serie Divisional, de Campeonato y Mundial. En total El Duque tenía récord hasta el inicio de la campaña de 2003 de 53-38 y 9-3 en los partidos de postemporada, incluyendo los playoffs y el Clásico de Octubre.

Por primera vez en las Ligas Mayores tuvo una actuación mediocre en 2000 con marca de

12-13, especialmente en el Yankee Stadium, donde los bateadores zurdos le hicieron daño. Dolores en la espalda y el codo, contribuyeron a su récord negativo. Después de perder la mitad del campeonato de 2001, por tener una lesión en el dedo gordo del pie. Tuvo una buena actuación en 2002, a pesar de perder seis semanas con dolores en la espalda.

El Duque trabajó parte del tiempo como relevista por primera vez en su carrera y existía la probabilidad que ese fuera su destino en 2003, debido a la excesiva cantidad de abridores en el cuerpo de serpentineros de los Yanquis. Eso provocó que fuera cambiado al Montreal, en un triple cambio entre Expos, Medias Blancas y Yanquis el 15 de enero de 2003, quienes lo firmaron el 10 de febrero por un año y $4.1 millones.

Para muchos el canje lo benefició, después de perder la mitad del campeonato de 2001 debido a tener una lesión, porque de ese modo a pesar de no contar con el apoyo de una novena de primera clase, al menos podría continuar en plano de abridor. Sin embargo en mayo 12 fue operado para repararle un músculo rotador desgarrado de su hombro derecho que le impidió lanzar en toda la temporada, perdiendo además la oportunidad de compartir el montículo con su hermano Liván Hernández, que había sido adquirido en un cambio con los Gigantes de San Francisco el 24 de marzo de 2003. El Duque fue reactivado junto a Tony Armas (Jr), el 28 de octubre de 2003, con la esperanza que pudiera lanzar nuevamente. Sorpresivamente regresó con los Yanquis con un contrato de $500, 000 en 2004, quienes le ofrecieron la oportunidad de permanecer en las Ligas Menores, hasta que se recuperara de la operación a la que fue sometido en su hombro derecho. Con los Mulos de Manhattan por segunda vez en su carrera, el Duque ganó sus primeras ocho aperturas tras unirse al equipo en la mitad de la campaña, pero perdió sus dos finales debido a una molestia en su hombro, finalizando con marca de 8-2 y 3.30 de efectividad.

A pesar de que no lanzaba desde el primero de octubre, el manager Joe Torre lo puso a tirar los bultos postales en el cuarto encuentro de la Serie de Campeonato contra los

Medias Rojas de Boston, donde salió sin decisión en la derrota de los Yanquis 6-4, sin

Importar que dejara el partido con ventaja de 3-2, tras cinco episodios. Los bostonianos, se impusieron en la serie que se extendió a siete encuentros, dando por terminada la supuesta “Maldición del Bambino”, que los perseguía desde 1918, cuando blanquearon a los Cardenales de San Luis en el Clásico Otoñal.

Después de terminada la temporada, firmó un contrato de dos años con los Medias Blancas de Chicago por $8 millones, donde ganó un nuevo anillo de Serie Mundial.

Tras finalizada la campaña de 2005, lo enviaron a los Cascabeles de Arizona y su deambular por las Ligas Mayores continuó, cuando fue canjeado a los Mets de Nueva York en mayo 24 de 2006, ganando 18 partidos entre dos torneos para los inquilinos del Shea Stadium, hasta el 30 de septiembre de 2007, en lo que resultó ser su última actuación en las Grandes Ligas como relevo de Tom Glavine, que perdió 8-1 contra los Marlins de Florida en Nueva York.

Desde entonces ha luchado por regresar, probando fortuna con una sucursal de los Vigilantes de Texas e inclusive con su primera incursión en la Liga Invernal Venezolana en 2009.

Pero a pesar de sus esfuerzos, el camino parece haber llegado al final del legendario lanzador cubano, porque ninguna novena de Grandes Ligas se ha interesado por sus servicios y a su edad le será difícil superar una ausencia de dos años fuera de los circuitos mayores, sobre todo por su historial de lesiones.

Los dueños de equipos prefieren ofrecerle una oportunidad a jóvenes como Aroldis Chapman, Stephen Strasburg, Noel Argüelles o Madison Bumgamer, que puedan iniciar una larga carrera, con la posibilidad de convertirse en serpentineros dominantes al estilo del Duque, que finalizó su labor de nueve años con marca de 90-65 y un promedio de 4.13 carreras limpias permitidas.

Sin embargo todo es posible con el hombre que insiste en renacer de sus cenizas como el Ave Fénix.


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Ariel (3890 noticias)
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Nota de prensa
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