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La generación del NO o el amiguismo compulsivo

29/09/2009 09:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Llevamos unos lustros siendo testigos de la pérdida de los valores de siempre que, para bien o para no tan bien (nunca para mal), han marcado a generaciones a fin de facilitar el difícil equilibrio de la tolerancia y la convivencia entre semejantes

La disciplina no es sinónimo de ser facha como muchos psicólogos y pedagogos se hartaron de pregonar, pero ese mensaje caló hondo tras la caída del régimen anterior, tan hambrientos de libertades; y ahora, tres decenios más tarde pagamos unas consecuencias cuyo resultado es todavía imprevisible. La disciplina debe ser innata como colectivo social y como individuales, sin orden establecido la sociedad no puede avanzar, es un hecho histórico y aunque parezca extraño, no está reñida con el amor.

¿Cuántas veces hemos visto con vergüenza ajena al niño plasta gritón colgando del brazo de su madre a grito estridente y caprichoso porque ella no quiere comprarle un huevo Kinder? ¡Y acaba la puesta en escena con la compra del dichoso huevo para que se calle de una vez! ¿Cuántas veces hemos sido testigos de jóvenes que ocupan asientos reservados en el transporte público y ni se inmutan frente a un anciano o una embarazada en las últimas?, ¿y los que fuman donde no deben?, ¿y los que hablan a gritos a altas horas de la madrugada?, ¿y los amantes de la micción callejera?, ¿y los escupitajos cual bendición Pascual?, ¿y el niño que le da el papel del caramelo o patatas fritas a la mami y esta lo lanza automáticamente al suelo con una papelera a escasos 2 metros?, ¿los excesos de velocidad?, ¿botellones?, ¿indigentes voluntarios encubiertos en una falsa identidad como ‘okupas’ que hacen lo que les conviene y cuando les conviene?

Y si vamos un poco más lejos, alto índice de maestros por baja laboral hartos de la falta de respeto de los alumnos que deben tutelar a diario, padres que reciben propinas en forma de paliza de sus retoños a cambio de su (según ellos) incondicional amor ofertado a lo largo de la infancia, adolescentes que matan a sus parejas y rozan con maestría la mentira, palizas que se graban con móviles, fiestas populares que acaban en batalla campal contra las fuerzas del orden público… y lamentablemente no hay una respuesta legal porque ese mensaje también se regularizó en el sistema de judicial y aquí todo vale.

No voy a justificar la escuela franquista del maestro de los sesenta porque fui testigo de abusos y protagonista de bofetadas, humillaciones y excesos con un profesorado (salvo raras excepciones) de doble rasero que aún hoy me hacen estremecer, pero nos hemos ido de un extremo a otro. Ser racionales no nos exime del hecho de ser animales, y en toda la fauna a lo largo y ancho de este mundo, los adultos muerden, empujan o reparten zarpazos si las crías se desmadran. El cachete o un bocinazo de alerta, son males necesarios, una forma de reorientar la conducta de nuestros primeros pasos en falso. Un NO a tiempo, por mucho que se desgañiten y se enfrenten a nosotros, no les va a traumatizar de por vida.

Un educador, un padre, la autoridad en definitiva no puede, ni debe ceder a las presiones y caprichos de las nuevas generaciones

El problema reside que todos podemos ser papás biológicos por el simple hecho de mantener 15 minutos de relaciones, pero nos acobardamos frente a una paternidad diaria y no sabemos decir ese NO por miedo a... ¿qué dejen de querernos quizás?, ¿ahorrarnos otro problema cotidiano?. Durante años ha sido casi norma mirar hacia otro lado, o defender a capa y espada cualquier conducta de nuestros chicos cuando se desmadran. ¡Qué moderno era ser guay con nuestros hijos y alumnos adolescentes y fumarse un cigarrito o tomarse una copichuela, escuchar juntitos Led Zeppelín o tolerar todo

o simplemente ignorar lo que sobradamente conocemos que está pasando. Un educador, un padre, la autoridad en definitiva no puede, ni debe ceder a las presiones y caprichos de las nuevas generaciones por el hecho de que se atrevan a levantar más la voz o disfruten casi sin límites a más facilidades de las que tuvimos nosotros. El amiguismo es la peor de las soluciones y la fuente de todos los conflictos sociales de hoy, al final el cachete inocente que nadie se entera menos el interesado, se convierte en una paliza policial porque el denunciado es muy agresivo, eso en el mejor de los casos.

Yo prefiero evitar el cachete, pero no renuncio a decir que NO, e invito a cualquiera a intentarlo por el bien de ellos, aunque la respuesta que reciban los hijos a su previsible pregunta ¿por qué no?, sea simple y llanamente, ¡PORQUE SOY TU PADRE!


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Autor:
Gilwellian (61 noticias)
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Opinión
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