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El gaucho. Mitos y verdades

04/11/2010 23:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Este hombre de costumbres nómades, anárquico y pendenciero, por otro lado, sirvió también a la causa de la Independencia y a la defensa territorial en la protección de la frontera

El gaucho. Mitos y verdades

El 10 de noviembre se ha establecido como el “Día de la Tradición” en homenaje a José Hernández, padre de la obra máxima de la literatura argentina, según la crítica tradicional. Este criterio no fue compartido por Jorge Luis Borges, quien consideraba que el personaje Martín Fierro no podía alcanzar semejantes alturas si se llevaba debida cuenta de sus borracheras y homicidios. Su admiración por Leopoldo Lugones lo impulsó a considerar a éste, un autor más completo para otorgarle el título honorífico arriba mencionado.

Muchos años después de la discusión, y situándonos en una zona, tal vez, más objetiva, no estaría mal revisar ambas posturas para lograr comprender quién era realmente este personaje y qué era lo que los argentinos, en general, esperaban de él.

Cierto es que José Hernández no niega el terrible derrotismo de su héroe, que lo lleva a quejarse, con un enorme sentimiento de minusvalía, de la situación en la que un estado insipiente y por cierto bastante corrupto, lo ubica, a partir de sustraerlo de una vida idílica; aunque nunca lograremos dar por cierto que haya sido tan feliz, familiero y trabajador como el autor pretende. Al respecto, podemos tomar algún pasaje de la infancia de Sarmiento, cuando recuerda, en su cansino San Juan, las repentinas invasiones de hordas de hombres salvajes que asolaban el pequeño poblado, o bien, de los textos de John Lynch, las matanzas de inmigrantes realizadas en la zona de Tandil por bandas de gauchos. En ambos casos, estamos hablando de pobladores sin asiento, a disposición de poderes corporativos o caudillos que muchas veces justificaban sus luchas por el territorio con discursos federalistas.

Este hombre de costumbres nómades, anárquico y pendenciero, por otro lado, sirvió también a la causa de la Independencia y a la defensa territorial en la protección de la frontera. (Admitamos, aunque no sea un razonamiento ad hoc, que el criollo mantenía con el indio una situación de mutuas hostilidades en las que le iba la vida, y, finalmente, el infortunado, también necesitaba un lugar donde vivir, aunque no registrara antecedentes originarios).

Es que, definitivamente, el gaucho, como grupo con características propias, no se asimila al paisano o criollo, sino que es el hombre de costumbres salvajes y andar solitario que permanentemente es perseguido con el cometido de someterlo a la ley, una ley que apenas comenzaba a elaborarse, y con unos modos muy propios de épocas inestables. Por esto mismo, el fin de los inmensos, casi infinitos, terrenos fiscales de la pampa húmeda y el ganado cimarrón (esas vacas y caballos que nunca agradeceremos lo suficiente a nuestra madre patria y que se reprodujeron con tanta abundancia) conlleva a la desaparición del gaucho como ser libre y vagabundo, que tan bien le iba a la literatura romántica dentro de la que se inscribe la obra hernandiana.

Sin embargo, es un modernista quien va a constituir a este personaje en el mito que se lleva todos los laureles: más allá, de los consejos que Martín Fierro - después del purgatorio que significó para él, la vida en la toldería - entrega como legado a sus hijos, y que dejan un sabor a grandeza, el cual dista leguas del homicida que supo discriminar a un moreno, el auténtico gaucho que toma la argentinidad como modelo, es el trabajador rural, vale decir, el mismo gaucho, ya conchabado como peón de estancia, Don Segundo Sombra, hombre sabio, prudente, noble y leal por sobre todas las cosas, y gran conocedor de los oficios campestres, del trabajo que lo enaltece en su masculinidad y lo dignifica hasta la altura que necesita la utopía argentina.

Es a Ricardo Güiraldes, a quien debemos este feliz suceso. El gaucho, modelo de argentinidad, síntesis de las virtudes que definen al auténtico hombre de las pampas, se eleva con todas las cualidades, que en la realidad, fueron contrarias a las circunstancias vitales del protagonista del Martín Fierro.

Tal vez, lo que vio Borges, más allá de la eximia pluma de Hernández, es, no sólo una cuestión de ética, sino también de objetividad histórica. La tradición, en ocasiones se construye sobre miradas románticas.

María Rosa Meléndez


Sobre esta noticia

Autor:
María Rosa Meléndez (25 noticias)
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8157
Tipo:
Suceso
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