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Gárgolas: los monstruosos guardianes de las catedrales góticas

21/10/2010 07:39

0 Su presencia es habitual en numerosos recintos sagrados de estilo arquitectónico gótico. Su función básica es la de verter al exterior el agua recabada de las lluvias

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Su presencia, ornamentando las más bellas catedrales del orbe, parece un esputo infeccioso arrojado por malévolos diosos de una dimensión infernal regida por la furia y los odios encontrados.

Las gárgolas, esos diabólicos engendros aliados con las tinieblas para difundir el espanto con su apostura aterradora, pertenecen a un rango de criaturas inicuas, generalmente grifos o misceláneas indescriptibles de bestias inmundas con rasgos antropomórficos.

Moran en los aleros, tejados, campanarios y torreones de los más sublimes recintos sagrados. Uno alza la mirada hacia las alturas, para admirar la belleza de las magníficas iglesias, erigidas por excelsos arquitectos enamorados de los aderezos ornamentales propios del gótico, y se congela el pulso de nuestro corazón.

La visión de fealdad superlativa de las gárgolas, con sus dentadas fauces abiertas y su faz, un espejo flagrante de perversa malignidad, nos impele hacia atrás, como propulsados por un resorte invisible. Detectamos en ese rostro ominoso y contraído por la ferocidad de sus intenciones una advertencia insoslayable, una amenaza muda implícita.

¿Cómo algo de manufactura tan bella, las iglesias centenarias creadas por la mano del hombre, pueden anexionarse a un complemento de catadura tan horripilante?

Las gárgolas cumplen una función precisa y necesaria como vierteaguas, vomitaderos o canalones que recojen las aguas de las lluvias para expulsarla por sus enormes bocazas hambrientas.

"Gargouille" proviene del término "garganta"

GÁRGOLAS DE LA REGIÓN DE LOS CASTILLOS DEL LOIRE, FRANCIA.

Durante la hegemonía arquitectónica del gótico eran leales aliadas de los principales recintos sagrados. Expelían el agua de las lluvias al exterior y ahuyentaban a posibles intrusos. Su mera presencia suponía una advertencia para el visitante malintencionado u hostil.

El origen de estos monstruos del averno proviene de una fascinante leyenda épica con tintes gloriosos.

Se cuenta que en el año 600 habitaba en una región bañada por el río Sena un espeluznante monstruo, al que denominaban Gargouille, que devastaba la población con pertinaz recurrencia. Devoraba a sus gentes e infundía el pánico con su mera mención.

Romanus, un sacerdote cristiano, osó enfrentarse a la bestia para liberar a los despavoridos habitantes de esta región subyugada a los desmanes de Gargouille (del término "garganta").

Prosigue la narración con el dichoso desenlace del deceso de la gárgola, derrotada por este impertérrito clérigo que logró dominarla pertrechado úncamente con una cruz.

Romanus orgulloso y gallardo llevó su cabeza al ayuntamiento de Rouen para que todo el mundo pudiera contemplar a la horrible criatura que les había atormentado desde tiempos inmemoriales.

DETALLE DE UNA GÁRGOLA EN LA CATEDRAL DE MÁLAGA.

Cuenta la leyenda que habitaba en una región bañada por el río Sena una pavorosa criatura llamada Gargouille. Un clérigo romano logró doblegar a la bestia con la señal de la cruz

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