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Froome respira hondo antes de su quinto Tour

07/07/2018 13:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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¿Dónde lo habíamos dejado? Ah, sí: esperando el quinto Tour de Froome. De esta manera tan abierta concluyó la edición 2017 de la prueba ciclista más importante, tiranizada desde hace hace seis años por un mismo equipo y prácticamente por un mismo corredor, con excepción de la edición de 2014, donde tuvo que abandonar por caída. Mientras nos quedábamos esperando que llegase este mes de julio y el británico entrase a formar parte del selecto grupo de Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain, el protagonista no ha perdido el tiempo.

Baste decir que en los doce meses pasados ha ganado la Vuelta y también el Giro, esto es: ha ganado las tres últimas grandes vueltas disputadas, y nada hace pensar que no seguirá su trayectoria a finales de este mes en París. No ha sido un año fácil, porque a los dos meses de ganar la carrera española, se conoció que había dado positivo por salbutamol, la sustancia que usan los asmáticos para prevenir y paliar los brotes de su enfermedad autoinmune, esa que difícilmente es compatible con el deporte, mucho menos con el deporte de competición, y aún menos con ganar las carreras ciclistas más duras y exigentes del mundo.

El ciclista ha conseguido rebatir a los organismos reguladores de su deporte y también del antidopaje

El perverso mecanismo legal por el que los supuestamente enfermos ganan más que los sanos ya se explicó en su momento, y ahora Froome lo ha perfeccionado. En vez de haber sido sancionado automáticamente y perdido su triunfo logrado usando una sustancia en una cantidades que el resto de corredores ni atisbaban, el ciclista ha conseguido rebatir a los organismos reguladores de su deporte y también del antidopaje, que han aceptado los términos de su defensa -básicamente que ese día el riñón le funcionó mal y por eso salió una concentración disparatada de salbutamol en orina-, humillándose en el procedimiento porque es reconocer tácitamente que incluso cuando alguien da positivo tampoco es dopaje.

Se ha conocido a pocos días del inicio del Tour. Antes de esto, Froome pudo conseguir el bronce en el Mundial contrarreloj cuando ya sabía que tenía un resultado médico adverso y, con la sanción pendiente, salir en el Giro de Italia, carrera a la que volvió después de haber sido expulsado en 2010 por remolcarse de un coche en el Mortirolo. Tras unos inicios titubeantes, consiguió remontar en un único día del cuarto al primer puesto de la clasificación, tras un ataque en solitario a 80 km. de meta y aumentando su ventaja progresivamente, en contra de cualquier consideración sobre el espacio y el tiempo en un deporte de resistencia.

Al margen de la primera victoria de un británico en el Giro, la carrera tuvo un hito apenas destacado por los que se aferran a que este deporte tiene esperanza. Ha sido el Giro más rápido de la Historia (40´105 km/h de media), incluso más que ediciones en las que hubo muy poca montaña o etapas sobre el papel más rápidas o con barra libre de dopaje, porque la EPO no se detectaba. Apenas se detectan positivos entre corredores de primera fila, y cada vez van más lejos, más fuerte, más rápido o ganando las tres grandes vueltas en un año natural.

Así se llega a este Tour 2018 que, no contento con la soporífera edición de 2017, redobla esfuerzos y plantea una edición clásica con una primera parte llana y por el norte de Francia, y una segunda parte con montaña con puertos reconocibles y perfiles de etapa en línea con la tradición de la carrera. Lamentablemente, no se ha intentado compensar la absurda superioridad del Sky de Froome y se ofrece el regalo de una contrarreloj por equipos el tercer día que dejará encarrilada la carrera, donde solo hay una única crono individual de apenas 30 km. y el último día competitivo.

En el Dauphiné, el tradicional banco de pruebas de la organización para lo que se hará en el Tour, hubo también una crono por equipos de distancia similar, y el Sky -que normalmente sitúa a tres o cuatro corredores entre los diez mejores de una crono individual- consiguió rodar a 57´416 km/h, una de las medias más altas jamás registradas, y enviando a sus rivales a una diferencia imposible de recuperar. No es casual que la carrera, ganada por el equipo por sexta vez en ocho años, fuese a parar a Geraint Thomas, el gregario más cualificado de Chris Froome.

Esto deja un escenario muy típico de los últimos Tour de Francia, donde Froome o el Sky han cogido el liderato muy pronto y después manejado la carrera a su antojo, escogiendo quien podía ir en las fugas de las etapas llanas -para no tener que desgastarse en la persecución- y poniendo a todo el pelotón bajo su locomotora en montaña, con un ritmo en el que aguantan sus gregarios pero muy pocos jefes de filas de los equipos rivales.

Es tal el dominio que ni siquiera la beneficiosa medida introducida este año de rebajar de nueve a ocho los integrantes de un equipo -y que ha facilitado que llegasen muchas escapadas a meta en carreras importantes-, apenas será percibida en el perfecto engranaje del equipo de Froome, que en 2012 perdió un gregario en las primeras etapas y fue capaz de hacer que otro se transformarse en escalador para paliar su ausencia, tal es el poder alquímico que manejan.

Es buscar lo imprevisto para que pase algo, porque si no el guión está escrito desde la propia salida

Los más esperanzados fían todo a que el noveno día de carrera, justo antes de la primera etapa de descanso y el domingo en que se juega la final de la Copa del Mundo de fútbol, pase algo. La organización ha programado una etapa de 150 km que atraviesa 15 sectores de pavés que también se recorren en la París-Roubaix, y 10 de ellos están en los últimos 50 km. Se vive del recuerdo de lo que pasó en 2014 cuando, en un barrizal por las lluvias, muchos favoritos se dejaron más tiempo que en la más dura de las etapas de montaña, y el propio Froome tuvo que abandonar.

No se dice explícitamente, pero es buscar lo imprevisto para que pase algo, porque si no el guión está escrito desde la propia salida. La etapa reina de la carrera, a los tres días de la encerrona en Roubaix, verá subir Madelaine, Croix de Fer y Alpe d´Huez, y es perfectamente factible que el Sky llegue con cuatro gregarios a pie del último y legendario puerto. Lo contrario sería la noticia, y no precisamente negativa para un deporte en busca de credibilidad.

Independientemente del recorrido, dos de los rivales más cualificados de Froome son antiguos gregarios. En el caso de Richie Porte jamás ha alcanzado el podio de una gran vuelta por etapas, pero llega fresco de una victoria en la Vuelta a Suiza, una carrera que tradicionalmente jamás propone un aspirante al podio de París. En el caso de Mikel Landa, la gran esperanza española porque el año pasado se quedó a 1" del podio, todo se basa en potencialidades imaginadas, dado que jamás ha logrado ganar algo ni grande ni mediano, y todas sus opciones pasan por llegar a la montaña sin tiempo perdido.

Dumoulin, el talentoso corredor holandés que sería un aspirante más que cualificado de tener más kilómetros contra el reloj, tiene que superar haber sido derrotado en el Giro por el propio Froome, y enlazar un casi doblete de 2º en el Giro-1º en el Tour raras veces visto en el ciclismo. El esloveno Roglic, que roza ya los 30 años, jamás ha disputado una gran vuelta con intenciones de ganar, y no tiene otro papel tras haber sido una de las sensaciones de la temporada con un dominio abrumador en las cronos y también en la montaña. Bardet, la esperanza francesa por quinto año consecutivo, bastante tendrá con aspirar al podio. El británico Adam Yates, cuarto en 2016, es una opción igual de sólida que las anteriores, donde todos comparten entre sí que para poder hacer algo Froome tiene que tener un problema, y también el segundo de a bordo del Sky.

En los sprints, tremendamente descafeinados en el Giro y uno de los alicientes que le quedan a un Tour maniatado en la lucha por la general, estarán los mejores del mundo sabiendo que es muy difícil que Kittel repita las cinco etapas de 2017, y con el talento emergente de Groenewegen, el joven holandés que el año pasado ganó el sprint de los Campos Elíseos: esta temporada está siendo el más rápido de todos, incluso más que el fenómeno colombiano Gaviria, debutante en la carrera.

El ciclismo vive en el eterno retorno y en un presente continuo del que no puede salir, simplemente esperar que no empeore

Así se llega a este Tour 2018, donde se celebra un doble aniversario: el de los 20 años del último doblete Giro-Tour, conseguido por Marco Pantani usando unas técnicas que le llevarían a la tumba con 33 años, y el del conocido como caso Festina, cuando el equipo más poderoso de aquella edición tuvo que abandonar en bloque después de que se descubriese su arsenal dopante en un control fronterizo. Después le siguieron otras formaciones -incluyendo todas las españolas- denunciando el "acoso" que recibían, y hubo un intento de plante general salvado de milagro por la organización. Sin golosinas no hay espectáculo, decía el subtexto de todo aquello.

20 años en los que el ciclismo ha muerto para volver a renacer, siempre a lomos del caballo de la regeneración, el "esto ya no es lo que era", "ahora van limpios" y "el que hace trampas, la paga". 20 años, y volvemos a tener a un corredor con serios visos de ganar Giro y Tour un mismo año, a unir al Tour y la Vuelta de 2017. Un corredor ya de 33 años -sería uno de los ganadores más veteranos- y que tiene acreditadas diferentes enfermedades crónicas difícilmente compatibles no ya con la práctica del deporte, sino con llevar una vida normal. El ciclismo vive en el eterno retorno y en un presente continuo del que no puede salir, simplemente esperar que no empeore, que es lo que ha pasado en estos 20 años.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
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