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Frida Kahlo y Diego Rivera: un amor loco que generó el arte más original de Mexico

30/11/2009 19:50

2 La pareja mítica Frida-Diego permitió a ella superar su discapacidad, estar a la cabeza de las subastas de América y pasar a la historia como un mito

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Trazar un perfil de Frida Kahlo para un periódico o revista, guiándose sólo por sus obras pictóricas, exposiciones y un retrato de su vida tomado de un diccionario biográfico cualquiera, si uno se atiene a lo superficial y a la literatura conformista y globalizadora de hoy no debe ser difícil. Hacer una biografía para Globedia, no frívola ni tampoco escandalosa, lo es.

Frida Kahlo es un exponente único de la compleja amalgama entre un amor loco casi desesperado por el muralista Diego Rivera 20 años mayor que ella, su vocación de pintora, el dolor físico, la enfermedad, los hospitales, las aventuras políticas y una belleza que perturba. A eso hay que añadir su vida junto a un genio, sus rupturas y reconciliaciones, que le dieron una esperanza hasta el final. Todo eso es imposible de olvidar al trazar su perfil, aquí.

Me imagino que para descubrir su enorme afán de superación ante las adversidades, habría que considerar y tener in mente a otros personajes como Stephen Hawking. Reconciliar o siquiera recordar la aventura humana de un pensador con sus teorías quánticas y sus pensamientos científicos, conquistó un Nóbel desde una silla de ruedas en el curso de una vida de inválido con una esclerosis amiotrófica incurable y una voz de síntesis conectada a un ordenador.

Tales personajes se escurren como de entre los dedos pero a la postre se captan y ayudan el esfuerzo del periodista. Esa es la misión que intentamos en el reportaje diario. Vamos a considerar primero que en el tiempo Frida fue una minusválida casi de nacimiento.

A la edad de 6 años en 1913 Frida contrajo poliomielitis. Fue el principio del dolor físico que tuvo que soportar toda su vida. Frida tuvo que guardar cama durante nueve meses y en esos meses su pierna derecha no se desarrolló bien, quedando muy delgada y su pie derecho se atrofió. Su padre se aseguró de que Frida hiciera los ejercicios de fisioterapia necesarios para enderezar la pierna pero a pesar de sus esfuerzos, su pierna y pie quedaron deformados para siempre. El sufrimiento físico que comenzó con la poliomielitis continuó con diversas enfermedades, lesiones, accidentes y operaciones.

En 1922, después de completar su educación primaria en el Colegio alemán, Frida entró en la “Escuela Nacional Preparatoria”, el mejor instituto de enseñanza secundaria en México. Frida deseaba estudiar ciencias naturales y convertirse en médico.

En esta escuela, Frida se unió a un grupo llamado Los Cachuchas, mote debido a las gorras que llevaban. “Cachucha” es un termino que se emplea en el Caribe y que a partir de principios de siglo se aplicaba peyorativamente a la gorra militar.

Frida tenía por entonces 16 años, dos menos que su novio Alejandro Gómez Arias, líder del grupo. Las cosas, digamos, iban bien, dentro de las dificultades de Frida para caminar, que su novio toleraba con paciencia. El proyectaba llegar a ser un buen periodista y ella soñaba con la medicina y en vivir rodeada de niños. Nunca se había imaginado su vida como artista.

1925: un accidente que cambia una vida

El 17 de septiembre de 1925, Frida y su novio como todos los días subieron a un autobús repleto de gente para volver de la escuela a casa. De repente, el atestado autobús fue embestido lateralmente por un tranvía y los ayes de dolor se oyeron en todo el barrio. Muchas personas murieron. Frida sufrió múltiples heridas y los médicos no estaban seguros de que pudiera sobrevivir. Tras pasar meses en el hospital, fue enviada a casa y tuvo que guardar cama durante otros tres meses. Pero de lo que parecía una recuperación aceptable, salieron secuelas no esperadas. Frida empezó a sufrir dolores en la columna vertebral y en el pie derecho, y se sentía siempre cansada y enferma. Algo había quedado dentro.

Un año mas tarde, tuvo que ingresar en el hospital de nuevo. En el momento del accidente, los doctores no tomaron rayos X de su columna, pero ahora se dieron cuenta de que varias vértebras se habían desplazado. Durante los siguientes nueve meses, Frida guardó cama y tuvo que llevar corsés de escayola.

Fue durante esta convalecencia para matar el tiempo a Frida se le ocurrió pintar y pronto quedó enganchada a ese hobby. Sus padres hicieron construir un caballete especial que se apoyaba en la cama y aguantaba los lienzos en los que Frida pintaba. También hicieron instalar un espejo bajo el dosel de su cama, el cual le permitía verse y convertirse en modelo para sus propios cuadros.

Pero, en definitiva el accidente la dejó lesiones permanentes debido a que su columna vertebral-como hemos dicho- quedó fracturada y rota, y afectó a diversas costillas, cuello y la pelvis, su pie derecho quedó como machacado, su hombro se descoyuntó y un pasamanos le atravesó el vientre, introduciéndosele por el costado izquierdo. La medicina de su tiempo la torturó con operaciones quirúrgicas (32 a lo largo de toda su vida), corsés de distintos tipos y diversos mecanismos de “estiramiento”.

El hastío que provocaba su postración la llevó a pintar más en serio en 1926 y todavía convaleciente, pintó su autorretrato, el primero de una larga serie en la cual expresaba y sus reacciones emocionales ante sus dolores. La mayoría de sus cuadros los realizó estirada en su cama y en el baño, sin el caballete. Sin embargo su deseo de vivir como los demás facilitó, según sus médicos, su recuperación.

Una fotogenia sobrenatural y a veces perturbadora

Frida hija y nieta de fotógrafos, era dueña de una fotogenia casi sobrenatural, y con los años, arrastrada por su ascendiente, cuando su talento de pintora afloraba hacia el autorretrato adoptó una disciplina, desde cierto ángulo, le empujaba a fotografiarse y posar con los condicionamientos de su enfermedad. Se convirtió en el modelo ideal para fotógrafos que querían algo original.

El 16 de octubre de 1932 su padre Wilhem, que ya para entonces era Guillermo, le hizo una de las fotografías más conmovedoras que nunca antes. Se trata de un retrato de Frida cruzada de brazos y vestida de oscuro.

Quizás porque había llorado, da la impresión de que su mirada nos llegaba desde lejos, con retraso, como si nos viera desde otro mundo, desde otra dimensión. La foto se titula “Retrato de Frida después de la muerte de su madre” y su extraña belleza ahí, en medio de ese trance, resulta insólita; viendo esa fotografía no puede evitarse el pensamiento de que el plato destinado para ella era estar en el ojo de la desgracia.

Según Edward Weston, otro de los fotógrafos que cayó bajo el embrujo de su patética fotogenia, Cuando Frida caminaba coja por las calles en San Francisco, la gente se detenía para mirar bien a aquella mujer de atuendo y peinado exóticos tocada con joyas de corte precolombino: un appeal del que Frida era consciente y cultivaba.

Sus amigos recuerdan cómo se preparaba cada vez que alguien iba a tomarle una fotografía. Se ponía de pie -apoyada en una muleta- frente a su armario, abarrotado de prendas, adornos y collares de diversas etnias mexicanas- y durante horas diseñaba escrupulosamente su vestimenta; más que para hacerse una fotografía, parecía que se preparaba para representar un papel en un escenario.

“Intuía que el campo de batalla del sufrimiento se reflejaba en mis ojos. Desde entonces empecé a mirar directamente al lente, sin parpadear, sin sonreír, decidida a demostrar que sería luchadora hasta el final. Nunca perder”. Así explica Frida el secreto de su fotogenia, como un antídoto para la imagen de su cuerpo dañado. La voluntad de ser bella le servía para contrarrestar las marcas del dolor y los estragos del sufrimiento.

Volviendo un par de hojas atrás las dolorosas páginas de la vida “normal” de una minusválida, algo que le animó fue el nacimiento en México de un movimiento artístico y cultural hacia una tendencia nacional autóctona que parecía querer recuperar su ser, dejando atrás modelos gringos o europeístas. Poner los pies en sus raíces y empezar a caminar hacia horizontes nuevos en la búsqueda de un distinto amanecer.

De nuevo se reunió con sus antiguos compañeros de escuela, algunos políticamente activos en la universidad. En 1928, uno de ellos, estaba en contacto Julio Antonio Mella, un cubano exiliado en México, cuya amante era la fotógrafo Tina Modotti, Fue a través de ella como Frida conoció formalmente al hombre más importante de su vida o como ella lo calificó una vez "el segundo gran accidente de mi vida" Diego Rivera.

Eso no es del todo exacto porque Frida había conocido a Diego Rivera anteriormente en la Escuela Nacional Preparatoria, donde Diego-ya famoso- había pintado un mural en 1922 y se sintió atraída a primera vista. Fue de nuevo a verle en el Ministerio de Educación Publica, donde él estaba trabajando en otro mural.

Frida admiraba al artista y se sentía atraída por el hombre. Quería su opinión acerca de su arte. Rivera pareció impresionado y la animó a continuar con su trabajo. Esas palabras no era un cuento: Diego apareció un día en casa de Frida y se convirtió en un asiduo visitante del hogar de los Kahlo. Ella estaba como arrobada. El pintor incorporó una imagen de Frida en uno de sus murales en el Ministerio de Educación Publica. Y eso es historia porque el mural está allí, ahora para los fotógrafos-biógrafos.

Diego era miembro del Partido Comunista Mexicano en aquellos días, y en 1928 Frida también se afilió al Partido. En 1929 ella abandonó el Partido cuando Rivera fue expulsado por sus opiniones contra el stalinismo.

El de Frida y Diego Rivera, un matrimonio loco

El 21 de Agosto de 1929, en una simple ceremonia en el Ayuntamiento de Coyoacán, Frida y Diego contrajeron matrimonio. Ella tenía 22 años y el 42. La madre de Frida no aprobaba esta unión; dijo que él era demasiado viejo, demasiado gordo y todavía peor, comunista y ateo. El padre de Frida ofreció menos resistencia. Comprendió que Diego gozaba de una confortable situación financiera que permitiría costear los elevados gastos médicos diarios de su hija y hacerle más llevadero su calvario.

Fue un matrimonio apasionado, y alocado, entre dos personas de caracteres extremadamente fuertes y distintos. El amor de la pareja se sometió a duras pruebas pero, como se demuestra en las raíces de la pintura "El abrazo de amor", el amor de Frida por Diego fue tenaz. No obstante, el matrimonio no protegió a Frida de los sufrimientos y padecimientos que caracterizaron su juventud, un cuerpo desgarrado y debilitado para el resto de sus días.

A principios de 1930, Frida se quedó embarazada por primera vez. Desgraciadamente, tuvo que sufrir un aborto terapéutico ya que el feto estaba en una posición incorrecta y peligrosa. Como resultado del accidente de autobús de 1925, la pelvis de Frida estaba fracturada en tres sitios y los médicos le dijeron por entonces que probablemente nunca podría tener hijos.

En 1932 se mudaron de nuevo, esta vez a los Estados Unidos, En Detroit, habían encargado a Rivera pintar un mural para el Institute of Arts. Allí, Frida se quedó embarazada de nuevo. Pero en el mes de julio Frida sufrió un aborto espontáneo y perdió el bebé que tanto deseaba. Fue una experiencia muy traumática para ella y pasó los siguientes 13 días en el hospital.

En Marzo de 1933, los Rivera volvieron a Nueva York para quedarse allá nueve meses, ya que a Diego le comisionaron para un mural histórico en el Rockefeller Center. El encargo se lo hizo personalmente el propio Nelson Rockefeller. Después de vivir en Estados Unidos durante casi tres años, Frida añoraba México y quería volver a su país, pero Diego estaba entusiasmado con Estados Unidos y expresó su deseo de permanecer allá.

Este desacuerdo causó serios problemas de opinión y domésticos a la pareja. A fines de 1933, Rivera fue despedido por pintar la cara de Lenin a uno de los trabajadores pintados en su mural del Rockefeller Center. Fue el propio Nelson quien furioso mandó destruir parcialmente la obra, de forma que no apareciera la cara de Lenin. Más tarde en México, Diego Rivera volvió a reproducirlo.

A pesar de su entusiasmo por Estados Unidos, Diego cedió a los deseos de Frida y en Diciembre de 1933 la pareja volvió a México. Los incidentes con Rockefeller pasaron a la historia de los muralistas mexicanos, como un incidente pintoresco, sin mayores consecuencias.

Dos accidente graves en la vida de una pintora extraña

A pesar de sus infidelidades, refiriéndose a su marido, Frida decía: “Ser la mujer de Diego es la cosa más maravillosa del mundo. Diego no es el marido de nadie y nunca lo será, pero es un gran compañero”. Por otro lado también repetía: “He sufrido dos grandes accidentes en mi vida: uno fue en un autobús, y el otro, Diego. Este tipo de contradicciones son una muestra del tipo de relación turbulenta que tenía la pareja.

Popularmente se decía que era el matrimonio entre un elefante obeso y una paloma coja.

Estos fueron años difíciles para Frida. Además de sus problemas de salud estaba teniendo un montón de peleas con Diego. En 1935 se descubrió que Diego, aparte de relaciones amorosas con otras mujeres, mantenía un flirt con la hermana más joven de Frida, Cristina. Frida estaba terriblemente dolida por esa relación.

Abandonó la casa común y se mudó a un apartamento en el centro de la Ciudad de México. Una vez allá se procuró asesoría legal con vistas a un posible divorcio. Al mismo tiempo, conoció al escultor americano-japonés Isamu Noguchi y mantuvieron una relación amorosa. También en sus biografías íntimas de esos años de desesperanza se dice que tuvo como amantes tanto a mujeres como a hombres. Algunos de ellos fueron: Georgia O´Keefe, María Felix, Leon Trotsky, Nicolás Murray y otros.

En este reportaje se relatan informalmente los amores, las rupturas, las infidelidades y el arte irrepetible de la pintora y su marido

No exageró el escritor Luis Cardozo y Aragón cuando señaló a Diego Riera y Frida Kahlo como hitos identificatorios del “paisaje espiritual” artístico de México. Fue múltiple y persistente la irradiación producida por la vida, obra y la leyenda de esa pareja de pintores que en su momento encarnaron, como pocos, el espíritu del arte moderno mexicano.

El México surgido de la Revolución de 1910, que en el siguiente medio siglo intentó conciliar la fidelidad a sus tradiciones con sus anhelos de modernidad, tuvo en las trayectorias de Rivera (1886-1957) y Kahlo (1907-1954) dos de sus relatos más ilustres y significativos.

El ¿quién es quién?: Diego Rivera y Frida ante la historia

Diego Rivera acometió una tarea ciclópea una lucha contrarreloj en su deseo de dominar el tiempo mexicano. Si bien la explicación oficial del muralismo apunta a un arte popular, cuya misión radica en educar al pueblo proporcionándole un espacio donde identificar su origen, su identidad e incluso su futuro, la amplitud de los espacios.

La composición monumental de cada una de esas tareas permitió a Diego Rivera un ejercicio casi metafísico: recluir el tiempo en una misma obra, articular una idea total de la historia de México-y en ocasiones del mundo-en un solo golpe de vista. En los albores del siglo XXI, la identidad de México se halla íntimamente ligada a sus trazos.

Por todo lo que hemos dicho y dicen editores de la talla de Lozano y Coronel Rivera. Más allá de sus veleidades, Diego era el gran artista, mientras que Frida era su esposa, militante y pintora ocasional. Paradójicamente, el cuento utilizado por Rivera para conquistar a decenas de mujeres-La Bella y la Bestia-terminó por volverse contra él.

La justa reivindicación feminista ha terminado en la verdad, llegándose al concepto e idea de un Rivera casi tiránico, adalid típico del machismo mexicano, suerte de Rodin tropical cuya enormidad ocultó el genio de su cejijunta Camille. Pero al menos para quienes defienden esta versión maniquea la historia del elefante (obeso) y la paloma (coja) tiene un final feliz y muy justo.

A los 100 años del nacimiento de Frida y a los más de 50 de la muerte de Diego Rivera, la celebridad y popularidad de Frida opacan por completo la de su esposo. Para miles y miles de personas, Diego Rivera no es más que un actor secundario-y cualquier comparación del cine es buena-al lado de Frida Kahlo, la protagonista. Y no parece lejano el día en que en las enciclopedias definan a Diego Rivera como “el que fue esposo de Frida Kahlo”.

Así lo definía en reciente y documentado trabajo, Jorge Volpi en un periódico de Madrid y en un subtítulo de su reportaje sobre Diego Rivera remata esa idea diciendo textualmente que “Rivera se dedicó obsesivamente a construir su epopeya (personal) y con el tiempo ha acabado ensombrecido por su mujer Frida Kahlo”.

Repasando, antes, un poco de historia

En los círculos de la celebridad mexicana de la primera mitad del siglo XX, que a fin de cuentas no involucra sino a unos centenares de personas, lo que hacían o dejaban de hacer Diego y Frida solía ser noticia del día, rumor, materia para el escándalo y la polémica. Quienes habían sido los anfitriones del ideólogo de la revolución permanente Leon Trotsky y del patriarca del surrealismo André Breton, estaban considerados en muchos puntos de referencia, voces influyentes, comportamientos extremos y caracteres indistinguibles de sus propias utopías políticas y artísticas.

El trabajo de Frida, algunas veces fantástico y original, otro sangriento, ha sido definido como surrealista; al respecto una vez ella comentó que nunca había pensado en que ella era surrealista "hasta que André Bretón vino a México y me lo dijo". ("El trabajo de Frida Kahlo es la mecha de una bomba" escribió con admiración Bretón).

Sin embargo, Frida evadía todo tipo de etiquetas y también mantenía a raya a Breton que le declaraba su pasión. Esa fue imposible.

Diego por su parte, la definía como realista y ella tenía su propia y sincera opinión: "no sé si mis pinturas son o no surrealistas pero, lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser". Frida escribió una vez: “como mis temas han sido siempre mis sensaciones, mis estados de ánimo y las reacciones profundas que la vida ha producido en mí, yo lo he llevado objetivamente y plasmado en las figuras que hago de mi misma, lo más sincera y realmente que he podido, la expresión de lo que yo he sentido dentro y fuera de mí.

La figura de Frida y su obra son un desafío a cualquier definición absoluta porque, se prestan más a una descripción en la cual la ambigüedad es la característica. Frida alternaba entre la esperanza y la desesperación. Le encantaba bailar y las multitudes, coquetear y seducir y sin embargo, muchas veces se sentía, miserablemente sola y rogaba a sus amigos y amantes que la visitaran o que no la "olvidaran".

Poseía un agudo sentido del humor, usualmente un marcado humor negro al igual que una disposición muy sutil a la inventiva y la metáfora. Frida siempre se esmeró por mantener un hogar para Diego y amaba preocuparse por él, prepararle comida y bañarlo. Le encantaba rodearse de mascotas exóticas como monos arañas, gatos y perros, y adoraba a los niños a los que siempre trataba como iguales. A Frida le gustaba los chismes, chistes subidos de tono y los sin sentido. En cambio, aborrecía la pretensión y la doblez.

Trataba a los sirvientes como miembros de su propia familia y a los estudiantes como colegas muy estimados. Frida Kahlo era la personificación de la alegría, un anhelo por la vida. Valoraba la honestidad, especialmente la propia. Una vez le escribió a un antiguo amante, quien abiertamente la había dejado por sus defectos físicos, "tú mereces lo mejor de lo mejor porque, tú eres una de esas pocas personas que, en este mísero mundo, siguen siendo honestas consigo mismas y esa es la única cosa que realmente cuenta".

1936: la guerra civil en España y la llegada de Trostky

Ese mismo año Frida se involucró de nuevo en política con Diego Rivera. Cuando la guerra civil estalló en España, junto con otras mujeres, fundó un comité de solidaridad para ayudar a los republicanos españoles, mientras él se arriesgaba en la lucha. Sus relaciones con Rivera mejoraron sensiblemente durante esos días. Y siempre consideraron ésa como una época feliz. Rivera admiraba al político ruso Leon Trotsky y cuando este fue expulsado de Rusia por Stalin y luego de Noruega, y elevó una petición al gobierno mexicano para que les concediera asilo político en México a él y su esposa. La petición de asilo fue concedida por mandato del presidente Cárdenas.

En Enero de 1937 Leon Trotsky y su esposa Natalia Sedova llegaron a Tampico, México. Frida los fue a recibir y se convirtieron en residentes de la "Casa Azul" en Coyoacán, en donde vivieron hasta abril de 1939. Al poco tiempo de su llegada, Kahlo y Trotsky mantuvieron un romance secreto que finalizó en Julio de 1937.

Nunca había pensado poder vivir con sus ingresos como pintora, pero en Nueva York se dio cuenta que sí cuando el actor Edward G. Robinson le compró varios cuadros pagando más de 200 dólares por cada uno. Realizó encargos del Museo de Arte Moderno de Nueva York y la editora de “Vanity Fair”, Clara Boothe Luce, se interesó por su trabajo.

Frida se embarcó en una nueva relación amorosa con el fotógrafo Nicolás Murray. En 1939 viajó sola a París y aunque André Bretón la animó y se mostró admirado por su originalidad y por su persona a ella no le gustaba París y se fue a Nueva York, dejando plantado al apasionado Breton. Detestaba a los europeos..

El divorcio, la bebida y su difícil carrera: una mezcla imposible

Su relación con Rivera se había deteriorado y en el verano de 1939 se separaron y Frida volvió a la “Casa Azul” con sus padres. Hacia finales de ese año Diego y Frida solicitaron el divorcio. El 6 de Noviembre de 1939 éste fue final. Fue él quien insistió en el divorcio, y la separación afectó emocionalmente mucho a Frida. Intentó desesperadamente ahogar sus penas bebiendo y sumergiéndose en su trabajo, pero como ella misma dijo "mis penas saben nadar". No deseaba depender económicamente de Diego Rivera nunca más y vio su carrera como pintora como su futuro y único medio de vida.

Su reputación alcanzó su punto culminante cuando después de la Exposición Internacional de Surrealismo que se inauguró el 17 de Enero de 1940 en la principal galería de arte privada en México, la Galería de Arte Mexicano, dirigida por Inés Amor. La contribución de Frida a la exposición fue "Las Dos Fridas", según los críticos, el mejor lienzo de la muestra. En el curso de 1940 participó en muchas exposiciones colectivas en México y USA.

Ese año Trostky fue asesinado cruelmente con un piolet de alpinista, por órdenes de Stalin. Frida fue detenida al encontrarse alguna correspondencia amorosa con el dirigente ruso, pero fue puesta en libertad al descubrirse la trama y ser el asesino el comunista catalán Ramón Mercader y el organizador del complot el pintor Alfaro Siqueiros. El crimen, sus implicaciones y los periódicos le produjeron un trauma. Ella seguía queriendo a Trotsky, a su manera, y aquel desastroso e inesperado final le entristeció. Su salud se deterioró. Se había reconciliado con Diego Rivera pero este no le hacia mayor caso.

En 1943 Frida fue nombrada parte del personal docente de la Escuela Nacional, donde daría una clase de pintura, doce lecciones por semana. Frida animaba a los jóvenes estudiantes a buscar sus modelos e inspiración en la vida diaria de la cultura mexicana, así como en el folklore del país y a no seguir los modelos europeos tradicionales.

Después de unos pocos meses de trabajo intenso, la mala salud de Frida la obligó a enseñar desde su casa. De nuevo sufría agudos dolores en su espalda y pie derecho y le ordenaron descansar. Tenía que llevar un corsé de acero, que se convirtió en el tema de su cuadro de 1944 "La Columna Rota".

En junio de 1946 Frida le practicaron una nueva operación en la columna. Un especialista de Nueva York había descubierto que su columna debía ser enderezada y ella estuvo de acuerdo. Desgraciadamente, la cirugía no tuvo éxito y Frida se sintió decepcionada, además de soportar terribles dolores.

En septiembre de 1946 Frida ganó uno de los galardones anuales "Premio Nacional para el Arte y la Ciencia" por su cuadro "Moisés". Aunque todavía sufría mucho y estaba convaleciendo de la cirugía, Frida hizo una aparición tan inesperada como aplaudida en la ceremonia y recibió con orgullo su premio.

Sus últimos años: sus deseos de hora undécima, cumplidos

En 1950 pasó nueve meses en el hospital ABC de Ciudad de México, donde sufrió más operaciones en la espalda. Después de una de sus cirugías, se desarrolló una infección la cual conllevó nuevas operaciones. Hasta siete. Por eso decía que no estaba enferma, sino partida en pedazos. En noviembre, después de la sexta intervención se empeñó en pintar de nuevo mediante un caballete especial montado en su cama, más sofisticado que el de sus comienzos.

Verla trabajar era un espectáculo casi circense. Se movía trabajosamente por la casa y los jardines en una silla de ruedas, pero seguía pintando. Mientras estuvo en el hospital ABC, su cirujano fue el Doctor Juan Farrill, quien se comportó como un padre. Se convirtieron en grandes amigos y como muestra de aprecio, Frida pintó "Autorretrato con el retrato del Dr., Juan Farrill" para dárselo como regalo.

Como resultado de su inmovilidad, Frida pasaba la mayoría del tiempo en casa. Su relación con Diego se había vuelto "platónica" y sus relaciones eran ahora casi exclusivamente con mujeres.

Después de 1951, el estilo de Frida cambió. Su dependencia de los imprescindibles analgésicos estaba afectando seriamente su coordinación. Sus cuadros ya no tenían la precisión técnica y el detalle que se habían caracterizado en el pasado. Parecían freudianos hechos durante un sueño. O, mejor, durante una pesadilla.

Aunque tenía orden de no moverse de la cama, en 1953 para acudir a la primera exposición antológica, exclusivamente de su obra, hizo llevar la cama a la sala. Todo un show inesperado.¿Cómo una persona tan rota en pedazos podía desarrollar tal actividad y hacer semejantes esfuerzos?

El dolor en su pierna derecha era ahora intolerable y en agosto de 1953 tuvieron que amputársela por debajo de la rodilla. Le fabricaron una pierna artificial que le permitía caminar, pero la operación le sumió en un estado de depresión profunda. Cinco meses más tarde, se las arreglaba para caminar distancias cortas con la pierna artificial e incluso apareció unas pocas veces en público. Su estado de ánimo cambiaba desde la euforia hasta los más negros pensamientos de suicidio, que intentó.

La última aparición pública de Frida fue el 2 de Julio de 1954, cuando participó en una demostración para protestar el derrocamiento del gobierno democrático del presidente de Guatemala Jacobo Arbenz por parte de la CIA.

Murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954. No se realizó ninguna autopsia. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y su féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista mexicano, un hecho que fue muy criticado por la prensa nacional, aunque alabado por algunos. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas las alberga la Casa Azul de Coyoacán, lugar que la vio nacer.

Sus últimas palabras en su diario fueron: “Confío en que la marcha sea feliz y espero no volver jamás”.

La escritora ecuatoriana Olivia Casares en su libro reciente “Matices de la Memoria. Diario Apócrifo de Frida Kahlo” relata un hecho macabro-cómico del instante en que el cuerpo de Frida, iba a ser incinerado. En ese preciso momento su cabello se esponjó y pareció como si tuviera una flor alrededor de su rostro Su viudo Diego Rivera sacó su libreta y dibujó el cadáver como rodeado por esa flor antes de que se convirtiera en cenizas. A los cuatro años de su muerte, la “Casa Azul” se convirtió en el Museo Frida Kahlo.

Varios museos le han dedicado retrospectivas: el Instituto Nacional de Bellas Artes de Ciudad de México (1977), el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago (1980), la Whitechapel de Londres (1982), la Tate Modern de Londres (2007) y el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (2007).

Frida Kahlo ahora vive en la historia de México. Y su deseo de no volver a este perro mundo parece haberse cumplido. Nadie la ha vuelto a ver desde julio 1954.

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iney (11/04/2012)

muy bueno

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Usuario anónimo (29/04/2013)

no se ni quien es frida kahlo