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Francia xenófoba: la deportación de la joven romaní Leornarda, destapa la olla facha de los políticos de París

17/10/2013 20:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Europa está contaminada por el fascismo: Francia es el último ejemplo desde Jean Marie Le Pen hasta Sarkozy. El electoralismo político encuentra siempre chivos expiatorios en los inmigrantes, sean islamistas o gitanos. El fenómeno no es nuevo pero sí alarmante

La deportación de Leonarda Dibrani, una estudiante gitana de origen kosovar de 15 años, detenida por la policía francesa. Mientras participaba en una excursión a la fábrica de Peugeot de Sochaux con sus compañeros del instituto André Malraux de Pontarlier (este de Francia).

La adolescente kosovar entrevistada por la periodista Géraldine Hallot, habló desde Mitrovica (Kosovo) para la emisora de radio France Inter, y puso finalmente una voz, un rostro y un nombre al drama invisible que viven muchos de los diez millones de gitanos que residen en Europa, y en particular los 17.000 instalados en Francia. France Inter hizo oír las propias palabras de la chica. “No conozco a nadie aquí, no tengo casa, y si Dios existe, estaremos pronto en un avión con destino a Francia”, dijo Leonarda.

"¿Por qué la policía? ¿Qué has hecho, has robado?"-le preguntaron sus compañeros de clase a Leonarda cuando fue detenida y bajada del autobús por la policía francesa por ser gitana. Ella contestó ‘No puedo contestaros porque no lo sé, y la policía le presionaba ‘No hay tiempo, nos tenemos que ir”.

El hecho ha desatado polémica sobre el tratamiento dispensado por Francia a los gitanos de la minoría romaní. Y el presidente Hollande ha sido tachado de facha y xenófobo porque esta persecución está dictada por la política electoral de acercamiento hacia el Frente Nacional. Una vuelta de timón demasiado elocuente para pasar desapercibida. Hollande no hace sino imitar a Nicolas Sarkozy que le regaló la presidencia por estúpido.

En la información que se da en Francia sibre el testimonio de Leonarda Dibrani, la joven estudiante kosovar, detenida y expulsada de Francia, no se ha insistido que con ella fueron deportados sus cinco hermanos y su madre el 9 de octubre pasado, mientras participaba en una excursión a la fábrica de Peugeot de Sochaux con sus compañeros del instituto André Malraux de Pontarlier (este de Francia).

En un francés más que correcto, Leonarda explicó en un minuto que en Kosovo “tampoco tiene derecho a ir al colegio” porque es romaní y explicó que su familia estaba durmiendo “en los bancos de la calle”, y terminó: “Yo todo lo que quiero es volver a Francia con mi familia. Para retomar mis clases, para tener un futuro. La cosa más importante es el colegio”.

El ministro del Interior, Manuel Valls, que el martes por la noche defendió a través de un comunicado la actuación policial y su “firmeza en la aplicación de las órdenes de alejamiento”, se vio obligado a contradecirse días después y anunció la apertura de una investigación interna. Valls evitó utilizar la palabra romaní, y prefirió resaltar el origen kosovar de los deportados. “No duden un solo instante que las reglas de derecho público y constitucionales se aplican con inteligencia, discernimiento y humildad por mis servicios”, dijo. Luego llamó a “todo el mundo a mantener la sangre fría”.

En realidad, la investigación se abrió petición del primer ministro, Jean-Marc Ayrault, que prometió que se que el Gobierno francés anulará la expulsión de la familia si se demuestra que se cometió algún error: “En ese caso, la familia volverá hasta que su situación sea examinada en función de nuestro derecho, nuestras prácticas y nuestros valores”, prometió Ayrault.

Poco a poco, entre la indignación de los ciudadanos que dieron la voz de alarma en las redes sociales y la hipocresía de una clase política que prefirió mirar hacia otro lado durante casi dos días, los medios y los políticos franceses empezaron a reaccionar ante la deportación de una menor que llevaba escolarizada más de tres años en el país.

El primero fue el Partido de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, que criticó la “política inhumana” del ministro del Interior, Manuel Valls, al que acusó de “contar el cuento de que los gitanos no quieren integrarse para después ir a perseguirlos hasta los colegios”. El político añadió: “La lepenización de los espíritus ha llegado a los cuarteles de la plaza Beauvau”, sede del ministerio.

El asunto se ganó también un hueco en la primera página de Le Monde, cuya crónica omitía la información sobre el origen étnico de la familia Dibrani (los padres, seis hermanos de entre uno y 17 años) y daba fe de la “consternación” que el caso ha causado entre los colaboradores de Valls.

La deportación de Leonarda, dada a conocer por sus profesores tras su detención, sembró gran discordia en una zona del Gobierno y mostró la aguda división que genera en el Partido Socialista la política xenófoba (ellos le llaman "migratoria") del ministro más eficaz del Ejecutivo.

El portavoz del Partido Socialista, David Assouline, definió como “chocantes” las condiciones de la detención de la joven de la joven pero no se refirió a la política de Hollande…

Los líderes de los grupos parlamentarios socialista en la Asamblea Nacional, Bruno Le Roux, y ecologista del Senado, Jean-Vincent Placé, también pidieron explicaciones y acusaron al prefecto de la provincia de Doubs, Stéphane Fratacci, de haber tomado una decisión equivocada.

Fratacci fue mano derecha de Eric Besson, un socialista que se pasó al bando de Sarkozy para ser ministro de Inmigración, Integración e Identidad Nacional. Placé pidió que el prefecto sea sancionado, mientras Le Roux subrayó que “la familia kosovar estaba en vías de integración, instalada, escolarizada, y a solo unas semanas de poder ser regularizada”.

Los Dibrani llevaban cuatro años y diez meses residiendo en Francia, y les faltaban solo dos meses y medio para cumplir el plazo legal que permite a los extracomunitarios acceder al permiso de residencia si cumplen determinadas condiciones, como dominar la lengua o estar escolarizados durante tres años. La familia había solicitado su permiso hace dos meses, pero la prefectura lo rechazó aduciendo que no reunían los requisitos de residencia (haber pasado cinco años en el país) y por sus “insuficientes perspectivas de integración social y económica”. Los hijos mayores hablan “perfectamente francés”, y que la menor, llamada Medina, nació en Francia el año 2012.

Desde que llegó a Francia en 2009, la familia kosovar había solicitado hasta tres veces el asilo político, pero las autoridades administrativas y judiciales se lo negaron repetidamente, y a cambio les comunicaron dos órdenes de expulsión forzosa.

La expulsión de la estudiante y su familia puede que algunos la tomen como un hecho aislado pero desgraciadamente en Francia es historia y no reciente. Pero no vamos a anteayer sino a ayer. Sarkozy en 2010 decretó leyes para expulsar a cientos de gitanos y preparó una ley para quitar la nacionalidad a los delincuentes de derecho común de origen extranjero. Mientras muchos intelectuales, organizaciones de derechos humanos y hasta la misma ONU sostuvieron que las medidas están "recrudeciendo" los actos racistas y xenófobos en el país, la mayoría de los primeros sondeos realizados por los medios respaldan las medidas del Ejecutivo aun cuando se dude mucho de su eficacia para frenar la delincuencia. Algunos manejaron estadísticas en cuanto a las razones y la consciencia de Sarkozy de que su xenofobia tenía más que ver con el ascenso del facha Frente Nacional con Marine Le Pen al frente y a los progresos de los socialistas. Sarkozy se sentía amenazado.

Las medidas eran pues parte de la ofensiva electoral de Sarkozy con vistas a la reelección de 2012 y tras la derrota en los comicios regionales unos meses antes. Desde entonces, el presidente francés se dedicó a organizar reuniones cada tres semanas en El Elíseo para preparar la remontada. La última estrategia estaba, supuestamente destinada a la lucha contra la delincuencia, y se puso en marcha a finales de julio 2012.

La ONU alertó del "recrudecimiento" de los actos racistas en Francia avalados por el propio presidente y el Frente Nacional

Algunos reclamaron que Francia "debía seguir siendo tierra de acogida", lo cual es un mito incierto y que lo digan los republicanos españoles, vascos y catalanes de la guerra civil. Y el recuerdo de la entrega a Franco de Presidente Lluis Companys, aún vive en el recuerdo. Está lejano pero Sarkozy era un perfecto “colaborateur” del nuevo nazismo.

Francia desoyó a Bruselas y reformó la ley de inmigración para facilitar las expulsiones de gitanos pese a los avisos de la UE. La derecha italiana avaló las medidas xenófobas de Sarkozy. Y Berlusconi aplaudió el montante fascismo desde Roma.

En Grenoble, frente a cientos de policías, Sarkozy no dudó en ligar la seguridad ciudadana con la inmigración en su discurso para anunciar que los delincuentes de origen extranjero no merecen ser franceses. Para cuando dijo esto, la decisión de expulsar a los gitanos ya estaba tomada. La justificación se originó en los disturbios registrados en Saint-Aignan tras la muerte de un joven gitano a manos de la policía. Desde que el ministro del Interior, Brice Hortefeux, anunció en julio el desmantelamiento de los poblados gitanos, más de 40 de estos campamentos han sido erradicados y alrededor de 700 personas han sido repatriadas a Bulgaria y Rumania en vuelos chárter. Por orden presidencial, la policía desalojó a un millar de gitanos de 274 caravanas en Anglet, País Vasco, detallado por el periódico “le Sud-Ouest”. Los vascos les habían dado asilo.

La actitud de los socialistas de Hollande no puede ser más vergonzosa. Ahora hace política para acercarse al Frente Nacional

La ONU  criticó duramente la política de Sarkozy. El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial que esta semana analizó la situación en Francia concluyó que en el país había un "notable recrudecimiento del racismo y la xenofobia". La reacción de la UMP, el partido de Sarkozy, fue durísima. Su portavoz, Dominique Paillé, declaró que las conclusiones del comité le extrañaban, "sobre todo porque lo componen gente que procede de países que no respetan en absoluto los derechos humanos". El comité lo componen 18 miembros de diferentes países, como China, Pakistán o Burkina Faso, además de EE UU y el Reino Unido. Hortefeux, por su parte, añadió que el Gobierno no tiene "ninguna voluntad de estigmatizar" a la comunidad gitana, tal tal como le recrimina la ONU.

La intención del Ejecutivo de modificar la ley para poder retirar la ciudadanía a los franceses nacionalizados que ataquen a la autoridad pública o cometan un delito también ha sido denunciada por anticonstitucional por las asociaciones de Derechos Humanos, que sostienen que no se puede diferenciar entre diferentes tipos de franceses. La propuesta legal será debatida en septiembre en la Asamblea Nacional.

En principio, los sondeos apuntan a que el Gobierno cuenta con el apoyo de la población. Según una encuesta publicada por el diario conservador Le Figaro, el 79% de los entrevistados se declara a favor del desmantelamiento de los poblados de gitanos. Entre el electorado de derechas, el porcentaje se dispara al 94%. Más del 70% se muestra favorable a la retirada de la nacionalidad para cierto tipo de delincuentes extranjeros.

En otra encuesta, publicada esta vez por el diario comunista L'Humanité, el 62% consideró necesarios los desmantelamientos de los campos gitanos y el 57% estaba también de acuerdo con las medidas relativas a la ciudadanía. En cuanto a la tasa de popularidad el presidente Sarkozy, en términos generales, subió por primera vez en meses, al recuperar dos puntos entre julio y agosto, para situarse en el 34%, según Le Parisien. Misión electoral cumplida.

La revista Marianne, muy crítica con el presidente Sarkozy,   publicó otro sondeo en el que una ajustada mayoría (51%) reprovaba las medidas, mientras que un 46% las respaldaba. Otro dato curioso de la encuesta es que siete de cada diez ciudadanos creen que ninguna de las medidas tomadas en los últimos ocho años ha sido eficaz para reducir la criminalidad. Durante ese periodo, Sarkozy ocupó dos veces el Ministerio del Interior. Llegó a la presidencia en mayo de 2007.

La primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry, se limitó a denunciar la deriva "antirrepublicana" del Gobierno, no la deriva racista del gobierno aunque miembros del partido prometieron expresarse con más detalles sobre el proyecto de retirada de la nacionalidad de 2ciertosextranjeros”. Más duras todavía fueron las palabras del ex primer ministro socialista Michel Rocard, quien calificó la actitud electoralista "en busca del voto del (partido de extrema derecha) Frente Nacional" del Gobierno de "execrable y escandalosa".

Lo que sí logró Sarkozy fue dejar en un segundo plano su política xenófoba fue el que se anunciaba como el culebrón del verano, el escándalo politico-financiero conocido como caso Bettencourt, que salpicaba de pleno al titular de Trabajo, Eric Woerth. El ministro, había sido interrogado  unos días antes del anuncio de las medidas xenófobas por la policía financiera en el marco de la investigación en torno a mayor fortuna de Francia la dueña de L'Oréal, Liliane Bettencourt, por un posible conflicto de intereses. Y por haber financiado la campanada Sarkozy.

El soldado de Zarkozy que veló por una Francia francesa fue el  ministro del interior Claude Gueant xenófobo profesional

Era en 2010 el encargado de velar por la seguridad, de regular los flujos de inmigrantes y de hacer respetar la ley de laicidad. Pero, en realidad, Guéant es mucho más que eso. Xenófobo y racista sin tapujos, afable y enigmático a ratos alternos, este hombre flaco de 67 años que antes de ser ministro fue prefecto y omnipotente secretario general del Elíseo fue bajo “Sarko” el guardián de las rancias esencias de la ultraderecha francesa, el Juan sin miedo que permitió a Nicolas Sarkozy cortejar a los votantes del Frente Nacional sin dejarse el prestigio en ello.

Los medios satíricos suelen retratar a Guéant como un funcionario del Gobierno de Vichy (colaborador de la ocupación alemana durante laII guerra Mundial), y viendo su rostro anguloso, y el exceso de celo que le caracteriza no resulta difícil imaginarle despachando con el mariscal Pétain. Nombrado ministro en febrero del año pasado, Guéant se ha demostrado unos años un digno sucesor de Brice Hortefeux, uno de los personajes más fachas del entorno presidencial, envuelto en todo tipo de asuntos turbios y que usó con enorme soltura el argot de la policía política y de la otra.

Guéant fue y es más refinado que Hortefeux, se diría que es casi un intelectual, el ideólogo de la seguridad y la identidad. Cuando ocupaba del puesto de número dos del Elíseo, fue el coautor con Maxime Tandonnet del tristemente famoso discurso contra los gitanos que Sarkozy pronunció en Grenoble en julio de 2010, anticipo de las expulsiones en masa de miles de romaníes. Desde entonces, su prioridad ha sido rebajar las cifras de delincuencia (objetivo fallido), asociándolas todo lo posible a la inmigración (con éxito), complicar la vida a los franceses con ancestros extranjeros obligándoles a certificar su nacionalidad, y redoblar la deriva xenófoba con frases y actos que le han valido la irónica distinción del Frente Nacional: Marine Le Pen le dio la militancia de honor por hacer suyas todas sus ideas.

Diciendo cosas como “los franceses tienen la sensación de que ya no viven en su casa”, definiendo como una “cruzada” la batalla de Sarkozy durante la primavera árabe, suspendiendo  personalmente  el tráfico de trenes desde Italia cuando supo que unos cientos de tunecinos trataban de pedir asilo en Francia, y enviando circulares a las empresas para que den prioridad a las contrataciones de becarios franceses, Guéant se ha ido haciendo un hueco en el corazón de la Francia miedosa.

El ministro Gueant permitió al presidente cortejar a votantes del Frente Nacional sin perder prestigio. Todo eso  convirtió a Gueánt en uno de los grandes activos de la derecha para las eecciones de 2012. Aunque, el ministro marcó el giro a estribor que el  mismo Sarkozy confirmó en una entrevista a Le Figaro al sostener ante un grupo de jóvenes del sindicato derechista UMI: “A diferencia de los relativistas de izquierda, nosotros pensamos que no todas las civilizaciones valen lo mismo”.

La frase desató reacciones indignadas sólo durante una semana, y aunque le costó un rapapolvo histórico en la Asamblea Nacional, sirvió para comprender que Sarkozy iba a echar el resto en los temas de inmigración, seguridad e identidad para tratar de arañar votos al FN y reducir las distancias (hoy, de siete u ocho puntos) con el socialista François Hollande.

Serge Letchimy, el único parlamentario frances de raza negra, acusó a Gueant como un nostálgico  de los campos de concentración nazis

Letchimy es diputado adscrito al Grupo Socialista nacido en Martinica, y fue casi el único que supo responder a Guéant con un discurso encendido. Entre citas de Montaigne y Voltaire, le acusó de resucitar el espíritu del colonialismo y el fascismo para buscar el apoyo de la Francia más oscura y nostálgica: "Usted, señor Guéant, que confunde la inmigración con una invasión, usted que privilegia la sombra, nos recuerda cada día a esas ideologías europeas que dieron lugar a los campos de concentración”, dijo Letchimy.

“El régimen nazi, tan ansioso de purificación, ¿era eso civilización? ¿La barbarie esclavista fue una fuerza civilizadora?", preguntó el diputado. Mientras el ministro profería carcajadas y ponía cómicas caras de asombro, el Gobierno y la mayoría abandonaron el hemiciclo. Letchimy explicó: "Hay una declaración extremadamente bien pensada y concebida que considera que todas las civilizaciones no valen lo mismo. No podemos callar ante palabras así. No puede callarse alguien que es hijo de ese innoble proceso llamado esclavitud”.

Habitual visitante de los sátrapas árabes y africanos, Guéant ha vivido feliz en las primeras páginas. Le gusta decir que su objetivo es “reducir la distancia entre Francia y sus élites”, que “los franceses quieren que Francia siga siendo Francia”. Y aunque algunos digan que no controla sus instintos y que muchos en la derecha republicana sentían vergüenza al verle en el Parlamento hacer muecas excesivas cuando alguien le criticaba. Pero contó con el favor del jefe. Delante nada menos que de Angela Merkel, Sarkozy defendió la frase de Guéant sobre las civilizaciones diciendo: “Es de sentido común”

Y echando atrás las páginas del perfil en torno al renaciente fascismo francés nos encontramos con que Jean Marie Le Pen se destacó ya  en 2002 al obtener casi cinco millones de votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El líder del Frente Nacional disputó la presidencia de la República francesa, potencia económica, militar, diplomática y nuclear de primer orden, oponiéndose al corrupto y decadente Jacques Chirac.

Medios de comunicación, prensa francesa, europea y mundial, la CNN, los inmigrantes subsaharianos, el Parlamento europeo, los inmigrantes suprasaharianos, las ONG de medio mundo, las ONG del otro medio, la internacional democristiana, la liberal, la socialista, la eco-pacifistas, las iglesias, las mezquitas, las sinagogas, la derecha, la izquierda, el centro, Leticia Casta, los autoproclamados intelectuales de de Hollywood… cómo Yves Montand y Jean-Pierre Aumont. Una movilización mediática sin precedentes desde todas las instancias del Sistema evitó en 2002, que Jean Marie Le Pen se convirtiera en Jefe de Estado francés, lo cual era la mayor amenaza que ha vivido Francia desde 1945 y la reacción generalizada demostró lo que muchos habían señalado. Pero el que legalmente Jean Marie Le Pen, estuviera a un paso de la presidencia es significativo y alarmante. Le Pen acérrimo partidario de Argelia francesa en cuya guerra fue “para” (paracaidista), y luego amigo de los militares de la organización terrorista OAS que se oponían al general De Gaulle que ya se había rersignado a perder Argelia como colonia.

Una década después la histeria parece volver a apoderase de Francia, y ahora son la hija de Jean Marie, Marine, convertida en presidente del FN y  el oportunismo de Hollande las amenazas

Cuando se decidió de forma arbitraria levantar la inmunidad parlamentaria de Marine para que pudiera ser juzgada por “incitación al odio racial”, fue la última señal de alarma. La acción judicial contra Marine se basaba en  su campaña claramente xenófoba aunque al final la UE decidió que su discurso fascista no contenía el menor signo de “incitación a nada”. Por esos mismos días su padre había sido condenado en firme a pagar 10.000 euros y tres meses de prisión por sus declaraciones alabando la ocupación nazi de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el crecimiento electoral del Front National y la popularidad de su presidenta  este mismo mes ha alcanzado su cota más alto de opiniones positivas en Francia: un 40%. Una inquietud que aumenta conforme Marine Le Pen deja claras sus posturas en política internacional  acercamiento a todos los partidos de derechas.

Marine Le Pen se ha convertido en una amenaza para los demócratas y una esperanza para los fascistas de toda Europa. Por eso llega el momento de callarla, porque es aún peor que su militante padre. Pero la política de Hollande-demostrada claramente en el caso de la estudiante Leonarda-es exactamente la clara demostración de que Francia, por política electoralista o los genes xenófobos dé la mayoría de la población se encamina a una nueva dictadura de la ultraderecha.

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA.        


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