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Fracasarás Hugo, fracasarás..

18/07/2009 17:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hoy la crisis de la democracia occidental aparece asociada, en primer lugar, a la "sobrecarga del Gobierno" y a la "crisis de legitimidad del Estado". El centralismo asfixiante revela claramente por qué fracasan los gobiernos: genera una crisis de participación política ciudadana

En reciente artículo de Heinz Dieterich, titulado "¿Quién gobernará a América Latina en el 2010?", el ideólogo del gobierno chavista pronosticaba que "el epicentro del conflicto por la hegemonía latinoamericana será Venezuela, con frentes secundarios en Centroamérica (El Salvador, Honduras, Nicaragua), y que la posibilidad de que el bolivarianismo venezolano se debilite seriamente, incluso con pérdidas en las elecciones del 2010", todo ello debido a "la creciente disfuncionalidad del modelo de gobierno 2003-8, que se encuentra estructuralmente agotado", pues "no ha dado pasos hacia una nueva civilización poscapitalista". Dieterich tiene razón pero por otros motivos: el centralismo matará a este gobierno.

Hoy la crisis de la democracia occidental aparece asociada, en primer lugar, a la "sobrecarga del Gobierno" y a la "crisis de legitimidad del Estado". El centralismo asfixiante revela claramente por qué fracasan los gobiernos: genera una crisis de participación política ciudadana.

La forma y el funcionamiento de las instituciones democráticas son en la actualidad disfuncionales para una regulación eficiente de las cuestiones económicas, sociales y políticas, si ellas están inspiradas en el centralismo político-administrativo. En consecuencia, no es absurdo prefigurar una sociedad desestatalizada, regida por un permanente y sostenido proceso de transferencia de competencias (descentralización) del gobierno central, hacia ámbitos federados, regionales o autonómicos de poder, en donde la democracia local pueda asumir de una forma equilibrada, legitimada y racional, el rol protagonista que hasta ahora se le ha negado.

Destaca el agotamiento de ciertas fórmulas tradicionales, frente a un electorado que se identifica más con un discurso pragmático que pregone eficacia y firmeza para resolver sus problemas inmediatos y cotidianos, frente a discursos ideológicos trasnochados, aburridos y repetitivos que encuentran rechazo unánime por parte de los grandes colectivos desilusionados.

El ciudadano quiere tener una mayor incidencia en las decisiones de las cosas que lo involucran, necesita saber que es protagonista del ahora y de su propia historia y porvenir. El juicio final para ciertos demócratas ficticios y revestidos de falsos ropajes democráticos está cerca. Una objeción de conciencia colectiva contra una cierta democracia anquilosada y centralista, se proyecta en una nueva mentalidad democrática que pugna por nacer para anunciar una sociedad gobernada por los ciudadanos. La era posmoderna pareciera ser también la era del posimperialismo, el poscomunismo y el poscapitalismo salvaje, pero también de la posdemocracia centralista, herencia totalitaria de un mundo occidental edificado sobre la subestimación y desprecio por la inteligencia y participación de los ciudadanos en la administración de sus propias utopías realizables: la plena libertad y una democracia descentralizada y eficiente.

La situación de la democracia en América Latina está asociada ineluctablemente a una crisis económica estructural de sus países, como consecuencia de un modelo tradicional Estatista-Populista, asociado con la ingobernabilidad y la corrupción, teniendo como consecuencia inevitable el despilfarro. Si bien el tránsito de una economía estatista, altamente centralizada, burocratizada e ineficiente, hacia una economía de mercado, puede provocar fuertes conflictos sociales -por lo demás justificables- no obstante pretender establecer como elemento determinista y mecánico la relación entre "liberalismo" y quiebra democrática en América Latina, no deja de ser una vuelta nostálgica a una argumentación impregnada de un neo-estatismo, totalmente triturado por la historia más reciente.

En consecuencia, creemos que la alternativa para América Latina, y en particular para Venezuela, debe sustentarse en una revisión estructural del paradigma democrático centralista, hacia una sociedad descentralizada, profundamente democrática y participativa; para alcanzar una economía capitalista de mercado y, finalmente, para garantizarle al ciudadano un Estado mínimo de bienestar. En caso contrario, fracasarás Hugo, fracasarás...

Juan Carlos Apitz


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