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3 formas de curar las heridas del alma

09/12/2013 00:31

0 Hay dolores que no los cura la medicina. Heridas abiertas y profundas que nos sangran por dentro. Son tristezas que nos impiden, a veces, seguir adelante

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Curar el alma

Hay dolores que no los cura la medicina.

Heridas abiertas y profundas que nos sangran por dentro.

Son tristezas que nos impiden, a veces, seguir adelante.

Pero podemos cortar nuestras ligaduras.

Lo necesitamos.

Nunca todo está perdido.

Luchemos por la libertad.

 

 

Heridas del alma

3 formas de curarlas

 

Todos sabemos que los peores enemigos son los que no vemos.

Los que te atacan a traición con armas invisibles y certeras.

Los que, sin necesidad de tocarte, te destrozan por dentro.

Los que te producen tanto daño que tu caminar se convierte en algo difícil y pesado. Como si arrastraras, día tras día, un peso muerto.

 

Y te das cuenta de repente...

Miras atrás y ahí está, como una broma pesada y absurda. Como cuando alguien te cuelga en la espalda un monigote de papel sin percatarte de ello. Y cuando, por fin, lo ves pegado a tí como una burla, te horrorizas al pensar que lo has llevado, sin saber, tanto tanto tiempo...

 

Es en ese preciso momento cuando llega la hora de liberarnos de nuestras ataduras.

Cuando debemos levantarnos y seguir adelante sin miedo.

Cuando tenemos que cortar la cuerda y aplicar el justo bálsamo reparador de las heridas.

Porque todo tiene un remedio.

 

 

 

Forma nº1: La aceptación

Método religioso

 

Esta manera de sanar el alma se la debemos a Santa Teresa de Jesús.

La gran religiosa no sólo fue doctora de la Iglesia Católica, mística y fundadora de las carmelitas descalzas, sino que además esta Santa de Ávila nos dejó importantes escritos y sentencias de mucha utilidad.

Una de esas frases constituye, en sí misma, un importante método de curación del alma.

 

Ella decía: "Sólo en la aceptación se produce el milagro de la disolución."

 

Por supuesto, no es algo fácil. Pero si nos damos cuenta de la cantidad de problemas y sufrimientos que podríamos ahorrarnos si tan solo aceptáramos la realidad tal cual es, le otorgaríamos a este consejo la dimensión que merece.

 

Forma nº2: La catarsis

Método neutro

 

Una de las grandes maneras de la que disponemos para deshacernos de nuestros males internos es la llamada catarsis.

La catarsis es, por ejemplo, hablar sobre los problemas que nos afligen para liberarnos del enorme peso que conlleva guardarlos en el interior.

 

La filosofía es muy sencilla y siempre la misma: mejor fuera que dentro.

 

Sabemos que cuando no podemos dejar de rumiar un pensamiento negativo, éste nos daña interiormente. De modo que si lo conseguimos sacar afuera, de alguna forma es como si lo elimináramos, como si nos liberáramos de él.

Esto incide, por supuesto, positivamente en nuestra salud.

Y es que es muy importante eliminar de nuestra mochila todo elemento pesado e innecesario.

 

Un buen ejemplo práctico de catarsis lo tenemos cuando alguien va a confesarse a la iglesia.

La confesión no deja de ser una liberación de los males que nos afligen. Aunque, en este caso, intervenga también un elemento adicional: la fe en un poder que nos ayuda a eliminarlos.

En este sentido, el sacerdote es la persona que hace de intermediario para sacar afuera todo aquello que nos hiere.

 

Sea como fuere, sigue siendo lo mismo.

Y es que es muy importante desahogarse. Y si para eso necesitamos llorar, no debemos temer hacerlo ni avergonzarnos por ello. Pues, haciéndolo, las lágrimas nos limpiarán por dentro y se llevarán con ellas nuestros pesares.

 

Pero, aparte de contar los problemas directamente a los demás, disponemos de otras formas de catarsis muy efectivas.

 

Tenemos la escritura.

 

Escribir sobre aquéllo que nos preocupa y corroe es también un muy buen método de desahogo ya que, al fin y al cabo, no deja de ser otra manera de sacar las cosas fuera de nosotros mismos.

 

Así pues, aquí tenemos otra solución que he calificado como "neutra" porque se puede usar de diferentes modos.

La catarsis es una extraña, liberadora y poco valorada palabra que, sin embargo, como hemos visto, puede resultarnos de gran utilidad.

 

Forma nº3: El olvido

Método laico

 

Finalmente, hablaré de un método que, a veces, yo mismo utilizo.

Lo he denominado El del olvido.

 

Es sencillo: olvidas tus males y ya está.

¡Nooo! es broma. Es muy difícil olvidar sin más, a palo seco.

 

Aquí hay que usar la mente de forma especial. 

Se trata de que haga de barrera para que tus problemas, tus heridas internas no lleguen, no calen al corazón.

Para ello, se coge el asunto que nos aflige, se mira, se observa, se escudriña, se analiza, se parte, se divide, se desglosa, se desmenuza, se tritura... hasta despojarlo de todo sentido.

Llegados a este punto, el problema y el daño que conlleva se disolverá en las aguas de tu alma como un dulce e insignificante azucarillo.

Por supuesto, como en todo, pueden quedar restos. Pero si lo hacemos bien, cerraremos nuestra herida del alma; la mandaremos, de una patada, al olvido.

 

Bueno, eso es todo.

Espero que, al menos, uno de estos métodos os sea de utilidad.

Y si no, ya se sabe: dicen que el tiempo lo cura todo.

Siempre nos quedará el tiempo...

 

 

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