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¿Cómo se forma un tsunami? Hay mil teorías pero lo único seguro es que nadie se puede librar de él. Es un enigma

11/04/2011 11:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La falla más peligrosa para la Península Ibérica y las Canarias es la de Cabo San Vicente. Ya en 1755 Lisboa sufrió un terremoto y un tsunami que afectó a Ancalucia

El mundo ha sido testigo mudo, impresionado, al desastre de semanas pasadas que devastó Japón. Un terremoto de enormes dimensiones y un posterior tsunami de fuerza semejante que causó miles de víctimas mortales y desaparecidos en vastas áreas del archipiélago. Un país tan preparado para sucesos de este tipo como el nipón no ha podido evitar tan brutal tragedia.

Sin embargo, una pregunta ronda el ambiente desde entonces: ¿por qué, tras un terremoto, a veces se produce un tsunami y en otras ocasiones no?

El pasado año, un movimiento sísmico nada menos que de 8, 8 grados de intensidad en la escala Richter sacudió el suelo de Chile. Inmediatamente, se desató la alarma ante un posible tsunami. En Hawai cundió el pánico y miles de personas abandonaron las costas de la isla en busca del refugio de las zonas interiores. Incluso se decía que alcanzaría al propio Japón. Sin embargo, aunque se produjo el tsunami, fue de carácter local y mucho menos devastador de lo que se preveía.

En cambio, en Indonesia -zona hoy día muy preparada para este tipo de sucesos tras el brutal tsunami del año 2004-, se produjo recientemente un terremoto de 7, 7 grados (por tanto, bastante menor que el de Chile) al que siguió una ola asesina que causó cientos de víctimas. De nada sirvieron los avanzadísimos sistemas destinados a monitorizar el océano para prevenirla.

Es evidente, por tanto, que algunos terremotos provocan tsunamis mientras que otros, incluso más fuertes, no lo hacen o los generan de menor intensidad. ¿A qué puede deberse esto? La verdad es que lo mejor será comenzar por el principio.

Tsunami, palabra que en japonés significa ‘ ola de puerto’ , no es la más apropiada para denominar este hecho. Es más certera la hoy menos habitual de maremoto, que ha caído bastante en desuso. Se trata de un suceso muy complejo que se origina cuando algún fenómeno extraordinario desplaza verticalmente una ingente masa de agua generando olas de gran energía y tamaño.

Éstas poseen mucha mayor fuerza que las tradicionales, producidas por el viento, y mueven mucha mayor cantidad de agua. Según los científicos, casi siempre está provocado por un terremoto ?en el noventa por ciento de las ocasiones-, en cuyo caso recibe el nombre de maremoto tectónico.

Entonces, ¿por qué algunos terremotos producen tsunamis y otros no? Lo primero que debemos señalar es que ni siquiera los expertos lo saben a ciencia cierta. Depende de varios factores: la magnitud del propio terremoto, la dirección en que se desplazan las ondas sísmicas y el tipo de suelo que haya en el fondo marino. Esas son las tres más importantes.

En cuanto al primer factor, la fuerza que posea el terremoto, ésta se mide por la amplitud de la mayor de las ondas sísmicas que produce. Es decir, si por ejemplo el citado de Indonesia tuvo 7, 7 grados, ello significa que esa era la intensidad de la más fuerte de sus ondas sísmicas.

Y, precisamente, este suceso se hallaba aproximadamente en la frontera que los expertos marcan para que pueda producirse un tsunami. Según el geofísico Don Blakeman, del Centro Nacional de Vigilancia Geológica de Estados Unidos, ‘ los terremotos por debajo de 7, 5 grados en la escala de Richter generalmente no provocan tsunamis. Sin embargo, sabemos de terremotos de magnitud 6 que han causado tsunamis locales, más pequeños y menos destructivos’ . Dicho en otras palabras, no existe un baremo fijo y fiable que relacione la intensidad del terremoto y la posterior aparición del tsunami.

Sin embargo, lo que parece más claro es que hay una vinculación evidente entre la forma en que se mueve la tierra durante el temblor sísmico y la generación de maremotos. Según los expertos, cuando la citada actividad sísmica provoca el movimiento vertical de la tierra que bordea los límites de las fallas ?la que se encuentra cerca de los cortes de las placas en que se divide la corteza terrestre-, se origina un tsunami.

Sin embargo, cuando esas zonas se mueven horizontalmente, el agua no se ve afectada y existen muchas menos probabilidades de que se produzca el fenómeno marino, con independencia de la magnitud del terremoto.

En el primer caso señalado, el fondo marino se mueve verticalmente y genera una onda energética que empuja la columna de agua que está sobre él hacia arriba y esa inmensa masa se dirige a las costas con su efecto devastador.

No obstante, esto nos lleva a plantearnos otra cuestión: ¿qué es lo que determina la altura de las olas del tsunami? Según los científicos, depende de cómo el terremoto interactúe con la topografía del fondo marino. En palabras del citado Blakeman, ‘ cuando viaja en alta mar, un tsunami se mueve normalmente a una velocidad que está entre los ochocientos y los mil kilómetros por hora, prácticamente la misma que un avión a reacción. Pero a medida que se acerca a tierra esa velocidad disminuye’ . Ello significa que, cuando el fondo marino de la costa es más bajo, se generan olas más altas y a la inversa.

Más bien que tsunami habría que conservar su nombre de maremoto. No tiene nada que ver con la metereología

En cambio, al contrario de lo establecido por la creencia popular, la intensidad de un tsunami nada tiene que ver con las condiciones meteorológicas. Como decíamos, su energía procede del fondo del mar y el tiempo atmosférico que encuentre durante su viaje hacia las costas no lo hace variar o, si lo altera, es en una cantidad mínima.

Asimismo y también contra lo que se cree, casi ninguna zona del planeta está libre de recibir un tsunami. Por ejemplo, siempre se ha considerado que la Península Ibérica era un territorio libre de ellos.

El terremoto y tsunami de Lisboa debe estar siempre en la historia

A las 9.30 del 1 de noviembre de 1755, un terremoto sacudió el fondo marino 200 kilómetros al oeste del cabo de San Vicente, en el extremo suroccidental de Portugal. La escala Richter no existía todavía, pero el terremoto debió aproximarse al grado 9 porque no sólo causó graves daños en Marruecos, sino que también afectó a Huelva y Càdiz y se dejó sentir en Francia, Suiza, Italia y Finlandia. Pero fue Lisboa la ciudad que sufrió la mayor destrucción.

Una gigantesca ola se abatió sobre el litoral atlántico andaluz,

El tsunami de Lisboa causó daños en las costas de Huelva y Càdiz con olas de 15 metros.

La onda subió por el Guadalquivir y se dejó notar en Sevilla. Ya con menos potencia, alcanzó las costas de Francia, el Reino Unido, Irlanda y Holanda. Hace más de 250 años.

El número de víctimas no fue excesivamente elevado dada la magnitud del maremoto. Se calcula que pudieron morir unas 2.000 personas, la mitad de ellas en Ayamonte (Huelva), donde las olas arrasaron un poblado de pescadores. Las causas de este escaso número de víctimas son variadas. En primer lugar, era día festivo, y a esa hora, a media mañana, muchas personas estaban en las iglesias. En muchas poblaciones se alertó a la gente tras el terremoto, y los vecinos se alejaron de la costa. Los que murieron fueron en su mayoría marineros y personas que circulaban por caminos costeros.

En Cádiz fue decisiva la actuación del gobernador que, ante el pánico provocado por el terremoto, prohibió salir de la ciudad por tierra y mar, lo que evitó miles de víctimas. Sólo murieron 40 personas.

La carencia de recuerdos inmediatos en la memoria colectiva de catástrofes sísmicas en una zona tectónicamente activa, como el litoral andaluz, no es un argumento para desestimar medidas de prevención. Si se repitiera un maremoto semejante al de 1755, los tsunamis tardarían 30 minutos en llegar a las costas de Huelva y una hora a las de Cádiz. Las consecuencias serían catastróficas.

Hay que prevenir, contar la historia. Tal como fue, sin compararla con nada. Es urgente la elaboración de un plan de prevención de terremotos y maremotos que incluya normas de ordenación del territorio, de construcción de edificios e infraestructuras, de protección civil, y una eficaz red de alerta y aviso que detecte los tsunamis antes de que lleguen a nuestras costas. La cuestión no es si volverá a ocurrir, sino cuándo y si estaremos preparados para evitar la catástrofe.

Y no es ésta la única zona susceptible de recibirlo. Según el Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, existen varias áreas de riesgo en la Península ibérica: la costa del Atlántico, cinco fallas en el Mar de Alborán y las islas Baleares.

La falla del Cabo de San Vicente es muy activa, casi todos los días hay pequeños o medianos seísmos y gracias a eso las tensiones de la falla no se acumulan. Por otra parte el desplazamiento es muy pequeño (aproximadamente un centímetro al año).

Esta falla dio un susto en febrero de 1968 con un terremoto de magnitud aproximada 6º o 7º escala Richer aunque el sismógrafo no estaba aún en su plenitud operativa. Se sintió en toda España pero sobre todo el Huelva donde hubo algunas victimas por derrumbes.

El periodo de retorno de un terremoto de la misma magnitud que la que se produjo en 1755 del que hemos hablado es entre 1.000 y 10.000 años. De todas formas parece más peligrosa la falla al norte de Marruecos y al sur de Málaga y Almería.

Sin embargo, no se trata de asustar a nadie. Simplemente, de poner en alerta a las autoridades que pueden verse afectadas para que sean previsoras y no suceda lo que tantas otras veces, que se buscan soluciones cuando el hecho ya se ha producido.


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