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La financiación del Terrorismo Islámico es la de un Estado con sus mercenarios, impuestos y... Terror sin fronteras

18/11/2015 11:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se trata, de una verdadera industria del crimen levantada mediante el saqueo de las cajas de seguridad de los bancos ubicados en las ciudades conquistadas, venta de petroleo, donaciones de Arabia Saudí y del mundo capitalista islámico

Como sostiene Howard J. Shatz, uno de los mayores expertos en la financiación del terrorismo, al fin y al cabo, el Estado Islámico tiene que pagar facturas, aunque sean de guerra, y tiene bocas que alimentar. Además de pagar mensualmente a sus 27.000 milicianos, mercenarios, abona salarios regulares a los miembros de cada familia en función de su tamaño, y hasta se ha comprometido a mantener los pagos si muere el terrorista, se inmola o es capturado.

El fundamentalismo islamista en su vasto territorio, donde viven alrededor de ocho millones de sirios e iraquíes, le permite funcionar con las estructuras administrativas de un Estado: recauda impuestos y vende petróleo, joyas u obras de arte. Además de traficar de la manera más repugnante con personas. Incluso ha creado una red de asistencia social con el botín de guerra conquistado.

Todo es tan macabro que su aparato de propaganda, incluso, ha publicado al menos dos veces una especie de Memoria anual de más de 400 páginas donde se da cuenta de sus hazañas. Una especie de hoja de cálculo del terrorismo en formato Excel. Los servicios de inteligencia británicos, citados por 'The Guardian', han calculado que tras la toma de Mosul (al norte de Irak), los yihadistas pueden estar manejando más de 2.300 millones de dólares.

Se trata, por lo tanto, de una verdadera industria del crimen levantada, en ocasiones, mediante el saqueo de las cajas de seguridad de los bancos ubicados en las ciudades conquistadas. Tan solo en Mosul, la segunda ciudad de Irak, se incautaron de unos 430 millones de dólares. Y es que los canales utilizados para captar sus recursos son muy conocidos por la comunidad internacional.

En marzo, el subsecretario de la unidad sobre Terrorismo del Tesoro de EEUU, David Cohen, se quejaba de la “legislación permisiva” de Qatar y otros estados del Golfo, que posibilita a diversas organizaciones supuestamente caritativas y a donantes privados enviar su dinero a grupos terroristas. Sin embargo, y pese a que los occidentales saben de la situación, “su respuesta general ha sido encogerse de hombros” y apenas hacer nada, en palabras de un informe de la Brookings Institution de EE.UU.

La manera más eficaz de proteger el sistema de moneda fiduciaria es conectar cryptocurrency al terrorismo. Esto es precisamente lo que ocurrió a principios de este mes, cuando el Estado Islámico, anteriormente ISIS, pidió el uso de bitcoin para financiar su jihad.

En un artículo titulado "Bitcoin y la caridad de la lucha física violenta, " Taqi'ul-Deen al-Munthir argumenta que para que ISIS pueda financiar sus operaciones de terror tiene que ir fuera del sistema financiero occidental. "Uno no puede enviar una transferencia bancaria a un muyahidín (combatiente del jihad) o sospecha del Kabir gobiernos (infieles) que rigen hoy  es ser inmediatamente consciente", escribeTaqi'ul-Deen al-Munthir

El punto cuarto de la última oferta realizada por Rusia sobre el futuro político de Siria habla, específicamente, de bloquear el comercio ilegal de petróleo extraído de los pozos controlados por los terroristas y distribuido mediante camiones-cisterna perfectamente identificables por drones en un territorio plano como la palma de una mano.

No es ningún gran descubrimiento. La resolución 2.199 de Naciones Unidas, suscrita por el Consejo de Seguridad el pasado 12 de febrero, ya advertía sobre la existencia de “yacimientos petrolíferos e infraestructuras conexas, además de otras infraestructuras como presas y centrales eléctricas”, que controlan tanto el autodenominado Estado Islámico como las ramas de Al-Qaeda y afines en la zona. En total, alrededor de una docena de pozos, según la ONG Corporación Rand, la institución que mejor ha estudiado las finanzas del Estado Islámico (EI) junto a algunas universidades norteamericanas. El contrabando de metales preciosos, como el oro, la plata, el cobre, los diamantes y otros activos, también está en el punto de mira de Naciones Unidas. Y, por supuesto, la extorsión.

Donaciones privadas, atentados y rescates

La resolución 2.199 recuerda que el “pago de rescates” a grupos terroristas es una de las fuentes de ingresos, y que “apoya sus actividades de reclutamiento, refuerza su capacidad operacional para organizar y cometer atentados terroristas e incentiva futuros casos de secuestro para obtener rescate”. La ONU advertía de que ese contrabando “está generando una parte importante de los ingresos de esos grupos, junto con donaciones privadas procedentes del exterior, extorsión, rescates de secuestros y dinero robado del territorio bajo su control, que sirven para apoyar sus actividades de reclutamiento y reforzar su capacidad operacional para organizar y llevar a cabo atentados terroristas”.

No es un negocio pequeño. Fuentes citadas por CNN estimaron unos ingresos de unos dos millones de dólares diarios por venta de petróleo. Los terroristas, incluso, utilizan refinerías móviles para tratar el crudo. El petróleo se expande vía Irán, Jordania y, sobre todo, la frontera turca para uso doméstico.

Como han asegurado algunos expertos que han estudiado a fondo la financiación terrorista, una de las características del EI (Estado Islámico) es que busca la autofinanciación. Tan solo el 5% de sus recursos procedería de fuentes externas (donaciones yihadistas). En particular, procedentes de países como Qatar, Kuwait o Arabia Saudí, a quienes de forma frecuente se relaciona como países aliados frente a la influencia de Irán.

Los donantes en Arabia Saudí constituyen la fuente más significativa de financiación de los grupos terroristas suníes en todo el mundo", asegura un despacho diplomático enviado hace un año por la Secretaría de Estado a sus embajadas en Riad, Abu Dhabi, Kuwait, Islamabad y Doha. El texto, uno de los más claros exponentes de la preocupación de EE. UU por el dinero del terrorismo, les pide que recaben la cooperación de esos Gobiernos para poner coto a la recaudación de fondos de Al Qaeda y los talibanes. Pero en los 1.110 cables que tocan el asunto se vislumbra que las prioridades de algunos de sus aliados van por otros derroteros. Las menciones al progreso llevado a cabo por éstos no logran eclipsar la frustración americana por la lentitud de sus avances

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La Financiación de Arabia Saudí

A Washington le preocupa que el continuo flujo de dinero al que tienen acceso los terroristas está minando su esfuerzo bélico  en Afganistán, además de costando vidas a sus tropas, las de sus aliados y a numerosos civiles. Eso lo explica el documento del representante especial para Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, y  ha establecido en coordinación con el Departamento del Tesoro una Fuerza de Trabajo sobre Financiación Ilegal, con el objetivo de comunicar mejor las prioridades en ese campo y generar la voluntad política para ese combate entre los aliados.

"Aunque Arabia Saudí se toma muy en serio la amenaza del terrorismo interno, ha sido un continuo reto convencer a los funcionarios saudíes para que aborden la financiación terrorista que emana de Arabia Saudí como prioridad estratégica", constata el despacho, que lleva la firma de Hillary Clinton. Ese país, asegura, "continúa siendo una base de apoyo crítico para Al Qaeda, los talibanes, (el grupo extremista paquistaní) Lashkar-e-Tayba y otros grupos terroristas, incluido Hamás, que probablemente recaudan millones de dólares anualmente de fuentes saudíes, a menudo durante el hach y el Ramadán".

Los saudíes admiten "la dificultad de controlar la recaudación durante el hach", durante una visita a Riad del vicesecretario adjunto del Tesoro Daniel Glaser para impulsar la cooperación saudí contra la financiación terrorista en junio de 2009. Pero también alertan contra los riesgos de imponer restricciones a las instituciones benéficas porque son organizaciones "profundamente arraigadas en la cultura saudí". Además, se quejan de que la prohibición de transferir fondos fuera del país que les impusieron en 2005 está beneficiando a Irán. "Los iraníes han dado un paso al frente y ocupado el hueco que ha dejado el cese de la asistencia caritativa saudí, lo que aumenta la influencia iraní en países como Líbano, Pakistán, Siria, Yemen y Nigeria", asegura un responsable del Ministerio del Interior.

En apoyo de sus argumentos, la Secretaría de Estado sugiere que se recuerde a los interlocutores que "la ayuda de su Gobierno para frustrar la financiación de estos grupos es clave para la estabilidad de Afganistán, Pakistán y en general el centro y el sur de Asia. También recoge el temor de EE.UU a que "los talibanes utilicen la cobertura de las conversaciones de reconciliación para recaudar fondos". Arabia Saudí actúa como padrino de esas conversaciones.

Las referencias al resto de los países a los que se envía el despacho no les dejan en mejor situación. Kuwait es "el único país del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que no ha criminalizado la financiación del terrorismo". En consecuencia, "los donantes kuwaitíes sirven como una importante fuente de fondos y otro apoyo para Al Qaeda y otros grupos terroristas".

Los canales utilizados por el Estado Islámico son públicos y en todo caso WikiLeaks publica filtraciones interesantes

"Qatar ha adoptado un enfoque esencialmente pasivo hacia la cooperación con EE.UU contra la financiación del terrorismo", asegura el cable que califica su aportación como "la peor de la región". "Duda en actuar contra conocidos terroristas por temor a parecer alineada con EEUU y atraerse represalias", concluye tras señalar que los mencionados grupos terroristas "explotan Qatar como lugar para la recaudación de fondos".

En el caso de Emiratos Árabes Unidos, con el que parece existir un mejor entendimiento de EE.UU., su "débil normativa de vigilancia le hace vulnerable al abuso por parte de los financieros terroristas y (sus) redes de apoyo".

Y luego está el agujero negro de Pakistán. "El ISI (el servicio secreto paquistaní) continúa manteniendo lazos con un amplio espectro de organizaciones extremistas, en particular los talibanes, Lashkar-e-Tayba y otras", que "explotan la extensa red de instituciones benéficas, ONG y escuelas coránicas del país", según un cable. En él se vuelve a mencionar un asunto que ha sido objeto de varios mensajes anteriores: que Islamabad cierra los ojos a la actividad del citado grupo y de su líder, Hafiz Saeed, contraviniendo la resolución 1267 de la ONU, que los vincula con el terrorismo. También instruye a los diplomáticos para que pidan a sus interlocutores que actúen "contra la red de Haqqani, que está canalizando armas y hombres a través de la frontera para combatir a las fuerzas norteamericanas y de la coalición en Afganistán".

Diferencias de percepción

Los documentos secretos a los que ha tenido acceso los medios aseguran tras cada visita de altos funcionarios norteamericanas que los responsables de los distintos países prometen cooperar. Pero el problema no es de falta de voluntad, sino de diferencias de percepción.

"Los funcionarios de seguridad de EE.UU. consideran que los talibanes puede obtener apoyo de la numerosa población pastún que reside en el país", escribe el embajador Richard Olson al dar cuenta de la reunión que Howard Mendelsohn, un enviado del Departamento del Tesoro, mantuvo a mediados de diciembre de 2009 con responsables del Emirato (Se estima que la mayoría del millón de paquistaníes y de los 150.000 afganos que trabajan en la federación pertenecen a ese grupo étnico). Los saudíes, por su parte, atribuyen la financiación de los talibanes a los ingresos del narcotráfico, tal como varios cargos de Interior le explican a Holbrooke durante una visita en mayo de 2009.

"La DEA (la agencia anti droga de EEUU) estima que al menos 2.000 millones de dólares procedentes del tráfico de drogas han transitado por EE.UU. en los tres años precedentes", señala un despacho enviado por Olson a principios de septiembre del mismo año. No obstante, Holbrooke y el resto de los funcionarios del Tesoro norteamericano insisten en que "los beneficios de la droga no son la principal fuente de ingresos de los talibanes, sino más bien los donativos privados procedentes del Golfo". Aún así, la Secretaría de Estado estudia el eventual vínculo étnico y envía un detallado cuestionario sobre las comunidades afgana y paquistaní en EE.UU. al que la Embajada en Abu Dhabi contesta con generalidades y escasa concreción, reconociendo desconocer si esos emigrantes admiran a los talibanes u otros extremistas de sus países.

El propio Olson admite en otro despacho que la numerosa comunidad inmigrante del subcontinente genera un significativo flujo financiero legal que, dada la falta de restricciones al movimiento de capitales y la costumbre local de utilizar grandes volúmenes de efectivo, complica la tarea de identificar transacciones ilícitas. "Las autoridades de EE.UU. se declaran comprometidas con la lucha contra la financiación terrorista. El marco legal existe, pero su capacidad para identificar e investigar sin pistas previas es limitada", concluye. La magnitud de la tarea se comprende al saber que, según estimaciones del Banco de Pakistán, ese país recibe de sus emigrantes el doble de lo que se documenta, tal como recoge un cable de la Embajada en Islamabad del pasado mes.

Además, aunque saudíes y emiratíes comparten la preocupación norteamericana ante Al Qaeda o los talibanes, consideraciones de política interna y regional les llevan a enfatizar otras amenazas que para Washington resultan menos urgentes. Así, por ejemplo, Riad expresa su inquietud por "los fondos que la comunidad chií saudí envía al grupo libanés Hezbolá" y la creciente influencia iraní. "Irán es un importante contribuyente a las actividades terroristas en muchos lugares, incluidos Yemen, África del Norte y América Latina", le asegura el general Saad al Yabri a Holbrooke. Los funcionarios del Emirato añaden que "Irán apoya a los talibanes con dinero y armas, les ayuda a pasar drogas y facilita sus movimientos y los de Al Qaeda".

Según Howard J. Shatz, investigador de Rand, “hay escasa evidencia” de grandes aportaciones económicas de los países del Golfo.

 

El yihadismo regresa a las masacres a gran escala en Occidente

Sin embargo, otra cosa muy distinta son las labores de adoctrinamiento o la cobertura política, diplomática o, incluso, militar. O su papel en la creación del ISIS cuando los terroristas se presentaban ante el mundo como el brazo de contención suní frente a la expansión chií en Irak tras el desmantelamiento del ejército de Sadam Husein. Qatar, de hecho, ha apoyado militarmente a los yihadistas en la zona oriental de Libia.

Cientos de documentos capturados por las fuerzas norteamericanas e iraquíes desde 2005, y desclasificados recientemente, han confirmado que el ISIS nunca ha dependido de los clientes extranjeros para su financiación. En particular desde que Abu Bakr al Baghdadi alcanzó el poder en 2010, algo que dificulta su estrangulamiento financiero, al contrario de lo que sucedía con Al-Qaeda, muy dependiente del exterior.

La macabra financiación del terrorismo es, en todo caso, muy compleja y difícil de controlar

Si no se hace sobre el terreno, no se puede saber casi nada. La propia ONU advierte en sus resoluciones su preocupación por el hecho de que los vehículos de transporte, incluidos aeronaves, automóviles, vehículos de carga y buques petroleros, que tienen su origen o destino en zonas de Siria y el Irak donde operan el Estado Islámico o el Frente Al-Nusra, la franquicia de Al-Qaeda en la zona, puedan utilizarse para la transferencia “no solo de petróleo o metales preciosos, sino también de cereales, ganado, maquinaria, productos electrónicos y cigarrillos que posteriormente se venden en los mercados internacionales para canjearlos por armas”

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Ante la posibilidad de su destrucción, los precios a pagar por los coleccionistas se disparan. Tesoros de la humanidad, como las ruinas de Palmira, forman parte, en este sentido, del chantaje de los grupos terroristas. En palabras de Naciones Unidas, ese comercio está generando ingresos al participar directa o indirectamente en el “saqueo y contrabando de artículos del patrimonio cultural de los sitios arqueológicos, museos, bibliotecas o archivos” en Irak y Siria. ISIS es la amenaza fundamentalista.

La toxicidad del Estado Islámico es tan grande que afecta hasta a los territorios que no ha podido controlar. Y de hecho, se da la circunstanciade  que el Gobierno kurdo de Irak no está pudiendo pagar a las compañías que explotan los yacimientos de Shaikan -el más grande del Kurdistán iraquí- debido a que no tiene dinero, toda vez que está gastando sus recursos en la lucha contra el Daesh, lo cual se hace más oneroso habida cuenta del desplome de los precios del petróleo. Y no hay que olvidar que la región del Kurdistán iraquí exportó 595.528 barriles en octubre, de acuerdo con fuentes oficiales citadas por Gulf News, lo que supone uno de cada cinco barriles exportados por Irak el mes pasado.

Ese estado de cosas puede provocar algo indeseable. Que los productores de crudo se echen en manos de los terroristas para vender su crudo, aunque sea con enormes descuentos, para que estos lo revendan o cobren comisiones por permitir el transporte. Muchas de esas compañías cotizan en bolsa y necesitan recursos para pagar a sus proveedores y a sus plantillas. En el caso de Gulf Keystone, por ejemplo, tiene que pagar en 2017 dos bonos, por valor de 325 millones y 250 millones, respectivamente. Todo vale en tiempos de guerra para lograr liquidez.

Wikileaks lo ha dicho todo en sus filtraciones. La tercera filtración de documentos norteamericanos versaba sobre La Guerra de Afganistán y los denominados Registros de la Guerra de Irak.

Los primeros 291 de los 251.287 documentos obtenidos por WikiLeaks fueron difundidos desde el servidor de la organización y de manera simultánea a una detallada cobertura de prensa de los diarios El País, Le Monde (Francia), Der Spiegel (Alemania), The Guardian (Reino Unido) y The New York Times (Estados Unidos). Del total de documentos, 133.887 estaban sin clasificar, 101.748 estaban clasificados como "confidenciales" y 15.652 como "secretos" en la escala de clasificación; según consta en los propios documentos y se recoge en la página de cable WikiLeaks. Tras la primera publicación, WikiLeaks anunció que el resto de documentos serían difundidos íntegramente en varias fases a lo largo de las siguientes semanas. Las filtraciones afectan a un gran número de países. O sea que la financiación la sabe todo el mundo. No es un secreto.

 

 

 

 

 


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