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El final de ETA no es una película con The End

28/02/2011 23:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Zumbido

El final de ETA no es una película con The End

Los estatutos de Sortu son, a primera vista, impecables. Pero la ley tiene la exigencia de que el respeto por su letra se corresponda con el compromiso con su espíritu. Llegan noticias de que ETA no está contenta con las manifestaciones públicas de quienes quieren presentarse a las elecciones por la izquierda abertzale. Y no es porque la banda terrorista crea que las manifestaciones de Sortu sean sinceras; es que sencillamente no quieren que se juegue ni se ponga en cuestión, aún cuando no fueran expresiones veraces, su autoridad.

ETA, o muchos de sus componentes, no se resignan a desaparecer. Les ocurre lo que a la mayoría de los seres vivos: no quieren morir ni perder el protagonismo que han tenido en los últimos cas cuarenta años. Y su vida está basada en la muerte de los demás: por lo tanto no quieren dejar de ser unos asesinos porque en esa condición radica su poder.

Ser matón es, para ellos, un privilegio y no quieren perderlo. La sombra de las armas, como ocurre en todas las mafias, impone por el miedo que generan. Y de repente pasar a no ocupar ningún poder en la sociedad es un acto de voluntad complicado cuando no va acompañado del convencimiento de que esa práctica, la violencia, es abominable independientemente de su utilidad o del beneficio que pueda reportarles a quienes la practican. En algo la reinserción necesita del arrepentimiento y el convencimiento ético de que matar es un crimen.

No es fácil que el conjunto de la organización terrorista se ponga de acuerdo, por unanimidad, en dejar de matar. Y menos movidos por un convencimiento ético y moral. En el fondo, la desaparición voluntaria de ETA es la confirmación de una derrota histórica de quien ha sembrado y utilizado el dolor ajeno – y también el propio- para socializarlo y conseguir cuotas de poder que nunca habrían conseguido por el convencimiento pacífico.

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Ahora podemos incluso ser generosos, pero no nos podemos permitir el lujo de ser ingenuos. No hay una sola palabra en los estatutos de Sortu ni en las declaraciones de sus dirigentes que indiquen arrepentimiento ni invoquen perdón de las víctimas. Si han propuesto a ETA que deje de matar es porque en este momento no le encuentran la rentabilidad que para ellos ha tenido en el pasado. Piden a los terroristas que dejen de serlo por puro utilitarismo; no por convicción. Lo que equivale a decir que si necesitaran que ETA volviera a matar y pudiera hacerlo, no dudarían un segundo en pedírselo.

Lo que procede en un estado de derecho es que sean los jueces los intérpretes de la ley y de las intenciones de quienes se quieren acoger a ella. Lo demás son cábalas que podemos hacer pero que no determinan la decisión sobre la legalización de Sortu.

Lo que niego es que la democracia se vaya a enriquecer con la presencia de los abertzales radicales en las instituciones. Esa afirmación sólo es cierta en el caso de que el abandono de la violencia sea una realidad. No es suficiente que se desmarquen de ETA, porque han sido coresponsables de sus crímenes. Hace falta que pidan públicamente a ETA que sencillamente se evapore, desaparezca.

Carlos Carnicero es periodista y analista político

Blog de Carlos Carnicero


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