La Fasciolasis un parásito casi desconocido que renace en el mundo y afecta a España. Ataca al hígado

La fasciolasis es una enfermedad parasitaria producida en el hombre por el trematodo Fasciola Hepática. Infecta con frecuencia en el ganado bovino o porcino, y produce en ellos enfermedad, menor producción y, con gran frecuencia, muerte. Pero con todo, los medios están como extrañados cuando el parásito ataca al hombre.
Al hombre lo infectaba en general de manera ocasional. Ahora, no lo es tanto pues según la OMS puede afectar a más de 180 millones de personas en el mundo. Y es una enfermedad larga. Bolivia, país muy pobre marca el récord de casos en el mundo... España quizás es la última, detrás de Francia y Portugal.
Produce daño principalmente al hígado y vías biliares, lo que se traduce en enfermedad que va desde leve hasta la muerte del paciente; esto último depende del número de parásitos que infectan a un individuo.
La larga historia de una enfermedad rara tan fácil de adquirir por contagio o por ingestión
La primera referencia escrita en que se describe el agente etiológico de la fasciolasis es la que hizo Jean de Brie en 1379, cuando se refirió a F. hepática como el agente causal de la putrefacción del hígado. En 1686 Redi hizo el primer dibujo del parásito. Las cercarias y redias, que son estadios larvarios del parásito, descritos por Swammerdam en 1737 y Linneo en 1758, le dieron el nombre que tiene actualmente: Fasciola hepática. Pallas lo identificó como parásito del hombre y lo mencionó por primera vez en 1818. Thomas, en 1880, identificó a los caracoles pulmonados de agua dulce de la especie Lynmaea trucantula como huéspedes intermediarios de F. hepática.
Desde la década de 1980, la enfermedad de la fasciola hepática (infección gastrointestinal causada por un parásito), se constituye en una verdadera amenaza para la salud de los habitantes de las poblaciones aledañas al Lago Titicaca (Bolivia).
Según estudios epidemiológicos del Instituto Gastroenterológico Boliviano - (IGBJ), la variedad de plantas como la totora o el berro que crecen a orillas del Lago Titicaca, ubicado a gran altura sobre el nivel medio del mar, es la principal fuente de infección de ese mal, que en caso de no tratarse a tiempo produce severas complicaciones a la salud de las personas y animales.
El “Estudio multidisciplinario integrado de la fasciolasis humana en el altiplano norte boliviano fue el parámetro para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ubique a Bolivia como el país con el más alto índice de casos de fasciolasis hepática, de entre 51 países afectados con esta enfermedad.
Aunque los datos iniciales de los últimos 25 años reportan unos 8.000 casos de los cuáles unos 4.000 corresponden a América, 2.951 Europa, 487 África, 354 Asia, y 12 Oceanía, se estima que en el mundo existirían entre 2.4 y 1.7 millones de personas afectadas con ese mal hasta 1990. Hay actualmente 18 millones y 180 que están en situación de alto riesgo, precisa el último cálculo de la OMS.
El parásito de la fasciolasis hepática, tiene su origen en zonas por debajo de regiones con climas templados, húmedos, por eso a los estudiosos de esa patología en el país les costó establecer cómo ese parásito puede vivir y reproducirse en la altitud del Lago Titicaca.
Los estudios consideran, pues que la temperatura, las lluvias y la evapotranspiración de las aguas, son las causas para que el parásito no tenga dificultades para procrearse y atacar a personas y animales que consumen las plantas alimentadas con agua...
La época húmeda de la región, tanto en Bolivia, como en la zona Cantábrica, a causa de las precipitaciones pluviales, sería el ambiente climático propicio para la presencia de la fasciola hepática, por lo que esas zonas húmedas son las más riesgosas para contraer esa enfermedad.

Las áreas de distribución geográfica de la fasciolasis en la Península Ibérica han sido las zonas húmedas como de Asturias, País Vasco y Galicia. Allí abundan las verduras y lugares donde hay corrientes de agua dulce y presencia de caracoles pulmonados, ganado tipo vacuno, ovino, caprino, etc… que defecan en las aguas mencionadas. Eso y además la costumbre del hombre de ingerir plantas acuáticas, ya que es donde están las formas infectantes del parásito (las metacercarias), hace que el riesgo sea aún mayor.
La fasciola hepática es un trematodo plano, no segmentado, que en una forma adulta mide entre 2 y 3 centímetros de longitud por 12 y 13 milímetros de ancho. Es hermafrodita, foliáceo, provisto de dos ventosas y viven enrollado sobre sí mismo en los conductos biliares de los ovinos, porcinos, asnos y humanos donde depositan huevos. Los huevos tienen dimensiones de 130 - 150 / 63 - 90 micrones.
El adulto de F. hepática es un gusano liso, sin cavidad celómica, que tiene la apariencia de una hoja de árbol. Presenta una porción anterior cefálica, en la que se encuentra una ventosa oral, la cual se comunica con el esófago muscular, parte anterior de los ciegos intestinales que tiene en su tubo digestivo. Después de la porción cefálica, el parásito se ensancha como si tuviera hombros y más o menos a ese nivel, en la parte media, se encuentra la ventosa ventral, que le sirve para fijarse a las paredes de los conductos biliares.
Tradicionalmente la fasciolasis hepática, afectaba sólo al ganado, pero desde 1980 se reportaron los primeros casos de humanos afectados en la península ibérica.
La experiencia de la OMS abarca todos los estados de esta enfermedad y tiene historial internacional
En el mundo hay 17 millones de personas afectadas. En la cúspide está Bolivia, en la cola afortunadamente España
En la experiencia de la OMS se ha atendido últimamente casos clínicos cada vez más severos, principalmente en niños, adultos y jóvenes, con gran compromiso del estado general, desnutrición severa, ascitis, y desarrollo de hipertensión manifestada por esplegnomagalia y várices esófago-gástricas. Sin embargo, los daños también se manifiestan en los pulmones, músculos, ojos, cerebro y piel, a estas afecciones las han llamado fasciola hepática masiva.
El mecanismo de transmisión fundamental por medio del cual el hombre adquiere la infección por F. hepática, es mediante la ingestión de plantas acuáticas que crecen semisumergidas (como los berros) y que contienen metacercarias del parásito. Al llegar al intestino delgado éstas hacen eclosión y dejan en libertad al parásito juvenil, el cual atraviesa la pared intestinal y se dirige al hígado, atraviesa la cápsula de Glisson, penetra en el parénquima hepático hasta llegar a los conductos biliares y en la luz de éstos se establecen para desarrollarse hasta adultos.
La relación huésped-parásito. La migración prolongada del parásito juvenil por los tejidos del huésped es un aspecto importante de la patología resultante. Durante este período, el paciente puede presentar fiebre prolongada, y dolores en el cuadrante superior.
La localización de adultos de F. hepática corresponde principalmente a los conductos biliares, produciendo alteraciones dolorosas, como colecistitis y otras. Los síntomas desaparecen una vez que el parásito llega a los conductos biliares, aunque en menor grado. Pero los síntomas biliares persisten y se desarrolla fibrosis local alrededor de los parásitos maduros. Algunas veces los parásitos juveniles llegan a los conductos biliares y continúan migrando por los tejidos del peritoneo y retroperitoneo.

Los tres periodos del mal que dependen de la madurez sexual del parásito
En la fasciolasis se distinguen dos períodos: el primero, denominado inicial o de invasión, que va desde el momento de la ingestión de las metacercarias hasta la implantación de los parásitos en los conductos biliares, y el segundo período, que se conoce como de estado y es cuando los parásitos alcanzan la madurez sexual y comienzan a eliminar huevos en la materia fecal del hombre o animales infectados.
Durante el período de estado, y una vez que los parásitos se localizan en los conductos biliares, éstos aparecen dilatados y esclerosados, con reacción inflamatoria crónica en la periferia de los conductos biliares de tipo fibrosis. Cuando el número de parásitos es muy grande, se presenta atrofia en el parénquima hepático por compresión y cirrosis periportal.
La localización principal de los adultos de F. hepática son los conductos biliares, aunque se pueden desplazar hacia otros sitios como el colédoco, vesícula biliar, ampolla de Vater, etc., complicaciones que generalmente obligan a intervenciones quirúrgicas algunas veces y es cuando en ocasiones se hace el diagnóstico de fasciolasis al encontrar en esos sitios a los parásitos adultos.
Durante el período inicial, se presenta fiebre elevada constante y dolor en hipocondrio derecho de intensidad variable, que va desde un simple malestar hasta cólico biliar, se acentúa a la compresión; hepatomegalia dolorosa y urticaria fugaz. En la sangre hay leucocitosis con eosinofilia hasta de 80%. Las pruebas funcionales hepáticas están alteradas. Si el número de parásitos es escaso la infección puede pasar inadvertida y quizás el único dato es la eosinofilia elevada.
Durante el período de estado, se produce sintomatología de tipo digestivo y suele presentarse dispepsia de tipo biliar, anorexia, flatulencia, náusea, vómito, sensación de plenitud abdominal, constipación con períodos de diarrea y cuadros dolorosos con carácter de cólico biliar.
El diagnóstico del daño producido por la bacteria es muy variado hasta llegar a la intervención quirúrgica
Los métodos directos son los que con mayor frecuencia establecen el diagnóstico de la fasciolasis, bien mediante el hallazgo de huevos en exámenes coproparasitoscópicos, o utilizando el método de la cápsula de Beal. También se identifican parásitos adultos en las intervenciones quirúrgicas.
La Unidad de Parasitologia de la Universidad de Valencia (UV) ha recibido el nombramiento oficial de WHO Collaborating de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la investigación de la Fascioliasis Humana, la enfermedad parasitaria a la que nos referimos.
El equipo multidisciplinar valenciano, que ha recibido el reconocimiento de centro colaborador, está constituido por tres grupos de investigación y la organización les ha dado diferentes responsabilidades dentro de la investigación de esta enfermedad emergente que tantos problemas está causando en América Latina, Europa, África y Asia.
Así, el grupo de investigación se encargará de la epidemiología y el control; habrá otro grupo que se encargue de la transmisión y vectores y un tercero del diagnóstico y la immunopatologia.
Este reconocimiento internacional confirma el trabajo y las líneas de investigación que realiza la Universidad de Valencia, ayudando a los diferentes organismos de Naciones Unidas contra esta enfermedad tan patógena que afecta sobre todo a la población infantil y a las mujeres y que es causa del subdesarrollo en las comunidades afectadas, como es el caso que hemos citado de Bolivia donde el 70% de la población está en alto riesgo.
En España, dentro de estos centros altamente especializados incluyen dos universidades: la ya nombrada de Valencia, y la Autónoma de Barcelona en Farmacoepidemiología.
La Universitat de Valencia colabora oficialmente con la OMS desde hace veinticinco años. Entre los fármacos que han resultado eficaces en el tratamiento de esta parasitosis, se encuentra la dehidrometina. Hoy, con el prazicuantel y el bitionol ha habido resultados satisfactorios. En ocasiones, se aconseja repetir los tratamientos si vuelven a aparecer huevos en la materia fecal.
Curiosamente, el cuadro clínico de la fasciolasis es similar al de la amibiasis hepática; el primero cede con los quimioterápicos que se usan para tratar la amibiasis hepática, sobre todo la dehidroemetina.

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