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Fantasmas en la Biblioteca de la Ciudad

24/04/2011 14:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por extraño que nos parezca, los lugares donde reina el silencio y la quietud, también son los preferidos para que espìritus de mala sangre se dediquen a inquietarnos y, al parecer, a hacernos perder los estribos

Era un día como muchos, entre semana y apresurado porque parecìa que otra vez no cumpliría con lo pronosticado, así que llegué a la Biblioteca Central de mi ciudad prácticamente corriendo y me dispuse a seleccionar el material de trabajo para consulta que llevaba ya seleccionado, por lo que después de dejar mis cosas en una mesa previamente escogida, me dispuse a recorrer los pasillos correspondientes para encontrar los libros que me eran necesarios en ése momento.

Lo anterior es importante mencionarlo para poder entender que lo que menos me interesaba era detectar si había otras personas en el lugar, por lo que, el lector comprenderá, que mi mente estaba enfocada en encontrar las obras de consultas y seguir con el itinerario que me había fijado desde el amanecer de ése extraño día . ahora lo digo, que vino a culminar con los sucesos que estoy a punto de relatar.

El día me había presentado la extraña sensación de que alguien me estaba vigilando ( sensación que había perdurado prácticamente todo el día ) a pesar de que mi oficina ocupa un tercer piso, de un edificio de más de ocho, con cortinas cerradas y donde trabajaba yo solo, ya que mi auxiliar, en ése día, no se había presentado a ayudarme, por lo que, además, el trabajo de investigación se me había complicado

Fue en el tercer pasillo del corredor de la sala especial llamada de " Investigación Especial ", y que utilizaba para encontrar el material de consulta, cuando me pareció escuchar, primero un susurro y, después, una voz que provenía del interior de dicho pasillo y que parecìa dialogar con alguien que estaría contestando al unísono, ya que recuerdo que posteriormente se escuchaba un par de voces, ininteligibles, pero claras, que continuaron hablando, al parecer, sin importarles la consigna de silencio que reina en ésos lugares generalmente . Sin voltear a ver al fondo del pasillo, me dirigí a mi mesa a tratar de concentrame en mi trabajo y con la idea que que aquello se terminaría pronto, me sumergí de inmediato en mis apuntes de trabajo . Recuerdo que lo primero que pensé una vez que detectè lo extraño del acontecimiento en ése lugar, fue el imaginarme la llamada de atención que se llevarían las personas por parte del bibliotecario para hacerlos callar, y que no tardaría en verlo pasar corriendo hacia el lugar del encuentro, cosa que jamás ocurrió .

El asunto empezó a ser molesto ya que el volumen era cada vez más alto y, más aún, cuando me dí cuenta que yo era el único visitante de ésa sala en especial y el único afectado, al parecer, de la molesta sinfonía que se estaba dando en ésos momentos y que era necesario poner fin si quería seguir trabajando en mis asuntos eficazmente. Así que, ya llevando rato de estar sentado y de estar escuchando la interrupción, me decidí primero a hacer yo la llamada de atención, y luego, dirigirme a la administarción de la Biblioteca, a presentar una queja por si aquello persistía y habría de tomar otras medidas.

Entré al mencionado tercer pasillo y caminé decidido al final del mismo y, sólo al no ver a nadie, fue que regresé al pasillo central para entrar a los siguientes pasillos donde esperaba encontrar a los causantes de las dichosas voces y a seguir buscando a los transgresores de esa felonía, así que fui al segundo, al cuarto, al quinto pasillo y nada, no encontraba a nadie, así que mi furor fue en aumento al imaginarme que estaba siendo objeto de una mala broma y centro de burlas y risas la por mayor. De repente, el silencio volvió a reinar en el lugar y preferí volver a mi lugar de trabajo, pensando que se me habían escapado por algún lugar desconocido por mí . Todavía pensé en lo raro del asunto, ya que los pasillos topaban en pared y el único camino de salida era volver a la entrada para tomar el pasillo central que dominaba los cauces de todas las entradas. En éso estaba cuando, otra vez, volví a escuchar las molestas voces, ya que ahora iniciaban el par de ellas, como si quisieran dejar en claro que se acompañarían hasta el final de ésta aventura.

Bueno, ahora enfoqué mis sentidos para ubicar el origen de los sonidos y ellos me señalaban el mismo tercer pasillo que antes había detectado como lugar de reunión de los maleantes, así que ahora corri prácticamente hacia él y entré como tromba y con una sonrisa de satisfacción al imaginarme que ahora sí había yo ganado la partida, cual expero ejedrecista de corazón . El lector se podrá formar una imagen muy clara de mi expresión cuando llegué al final del pasillo y nada, otra vez, nada de nada, Nadie, mejor dicho, estaba en ése pasillo, así que sin perder más tiempo, regresé sobre mis pasos determinado a seguir buscando con más ahínco que antes en los siguientes pasillos, no sin que una idea empezara a crecer en mi alterada mente buscando una explicación racional del origen de dichas voces : Si no había nadie, quería decir que tenía que ser una grabación de alguien que quería molestar a éste humilde investigador ya a punto de quedar, ése día, invalidado para rendir cuentas de investigación de ninguna especie.

Al llegar corriendo y esperando encontrar a alguien, mi sorpresa fue mayor al no encontrar nada, mejor dicho, a nadie

Siguiendo con la trama inicial. diré que hasta éste momento me mantenía ecuánime y con la idea de ser, ya lo dije, víctima de una broma . Así que lo siguiente que se me ocurrió hacer y con la idea firme de desentrañar éste mal suceso, acudí a buscar y traer al bibliotecario, al vigilante o quien estuviera en ése momento disponible, y juntos descubrir a los causantes de las voces.

La bibliotecaria resultó ser una persona de lo más solícita posible y con agrado resolvió seguirme, no sin antes, encargar a sus compañeros su puesto a la entrada del edificio. Al llegar junto a mi mesa de trabajo y explicarle de dónde creía yo que provenían las dichosas voces, decidimos buscar cada quien a los trnsgresores por distintos pasillos de la sala, quedando de acuerdo reunirnos en el mismo lugar una vez hecho algún descubrimiento en ciernes.

Por mi parte, me encontré con la misma situación anterior de no enconrar a nadie, a pesar de recorrer la mitad de los pasillos de la sala y de oir, casi paralelamente en la misma dirección en que yo estaba caminando, los pasos de la bibliotecaria también . Al fin, nos reunimos en mi mesa de trabajo para comentar lo sucedido y para decirme, amablemente, que probablemente lo había imaginado y que al parecer ya no existía nadie que perturbara mi trabajo. Pedí disculpas a la bibliotecaria y le agradecí su amable atención y, no muy convencido de las cosas, seguí con el trabajo que me había impuesto ésa tarde en especial.

Transcurrieron unos minutos antes de escuchar las voces y en ésta ocasión, lo reconozco, hizo efecto en mi un sentimiento de miedo hacia lo desconocido, ya que se juntaba con algo en el aire que parecía acercar las voces ya no al final del tercer pasillo, sino más cerca de mí y olía a miedo, a una presencia que se sentía pero que no se veía. Lo que recuerdo es que me encontré volando, prácticamente, hacia la salida del edificio y la cara de espanto y angustia de la bibliotecaria que algo quiso decirme, sin alcanzar a decirlo realmente, ya que no escuché absolutamente nada sino hasta llegar a las puertas de mi casa, en donde azoté la puerta y me escurrí tras ella intentando esconderme de no sé quién ni de qué, nada más quería ocultarme de todos y no salir para nada.

Ahora que lo veo tranquilamente, puedo decir que tal vez exageré y me dejé llevar al máximo de las sensaciones de miedo . Sin embargo, el que haya sentido ése sentimiento que escapa de todo control y que uno sabe que existe y que, además, no podemos controlar y se expresa en nuestro cuerpo como un visitante viejo y conocido desde años ancestros, y que tal vez nos haya salvado de una destrucción inminente, comprenderá que la piel erizada y los cabellos electrizados no son obra consciente y sabrá que el miedo existe, aún sin que lo queramos.

No he vuelto a ésa biblioteca ni mucho menos, hablado con la bibliotecaria. Todavía me invade el sentimiento de verguenza y de incomodidad que me aterró durante varios días, antes de que mi cuerpo volviera a estar en calma y en reposo, y sentir que todas mis funciones corporales volvieron a la normalidad. Siento que lo vivido es resultado de un fenómeno inexplicable y no por ello, inexistente . Pero he resuelto no volver a pensar en él ni mucho menos, escabar más en explicaciones . Sólo lo quise relatar para encontrar un eco que ayude a quien viva ésta experiencia que no por fantástica, deja de ser real. El miedo, ahora lo sé, es así .


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Hebron (10 noticias)
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