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La falta de ética en la política española

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01/08/2019 03:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se podría decir que algunos representantes públicos utilizan la política como medio de vida y, según se ha visto, como negocio

 

Cuando hablamos de valores éticos nos estamos refiriendo a conceptos sociales y culturales, es decir una especie de guía del comportamiento de un individuo o de una organización. Se trata de consideraciones ideales, de normas socialmente aceptadas y valoradas de las cosas. evidentemente, no son valores absolutos, ni universales, ni eternos, cambian conforme lo hace la sociedad que los asume y respeta.

Su propósito es mantener claras las reglas de juego dentro de una sociedad. Por ejemplo, los sectores profesionales adhieren códigos éticos cuyo cumplimiento suele ser vigilado por una colegiatura o gremio; también los funcionarios públicos, sin embargo los políticos electos, parece que no adquieren junto con el poder un compromiso ético para garantizar el bien común, más bien trabajan para su beneficio personal.

La ética es una rama de la filosofía que estudia las nociones del bien y del mal, de lo correcto e incorrecto, teniendo en cuenta los cambios propios de la historia del pensamiento humano y de sus consideraciones. Dicho de otra manera, la ética es un conjunto de normas y valores que rigen a un grupo humano determinado en un momento determinado de su historia y de su cultura.

Entendemos como valores éticos, por ejemplo, la libertad, la autodeterminación y la capacidad de pensar por sí mismo, la responsabilidad, la honestidad, el compromiso con la verdad, la lealtad, los valores, la justicia, la equidad y la lucha por el bien común.

La política y los valores éticos deberían ser conceptos interrelacionados entre sí, sin embargo, desde hace años, esto está muy lejano de la realidad. Nuestros gobernantes tienen un compromiso moral con el pueblo que los eligió. Pero hablar hoy de política es igual a hablar de deshonestidad, corrupción, injusticia, irresponsabilidad, traición, inseguridad y odio.

La falta de valores en nuestra clase política es un reflejo de lo que nuestra sociedad vive y normaliza; y así es imposible pensar en un pueblo que progresa. La falta de moral, el enriquecerse ilícitamente, la compra de la justicia o la corrupción de las autoridades que deberían hacer cumplir las leyes, genera ciudadanos desencantados, desafectados y reacios a comprometerse en los asuntos públicos y de interés general.

Ética es el sentido, la intuición o la conciencia de lo que está bien y lo que no

El fin de un político es gobernar, sólo buscan el poder para ejercer su autoridad sobre una población. ¿Para qué? Desde las campañas políticas nos quieren hacer creer que ellos son quienes van a solucionar todos nuestros problemas como si hubieran sido tocados con un don divino otorgado exclusivamente a ellos; pues no es así. Gobernar no es ejercer el poder o la autoridad sobre el pueblo, gobernar es representar y velar por el bienestar de ese pueblo, por cubrir sus necesidades, por atender sus demandas.

La relación entre ética y política en la democracia moderna no deja de ser tensa y peligrosa, cuando el poder, al penetrar la dimensión ética, introduce en ella la más mínima distorsión, el discurso de la ética se convierte en una mera forma de justificación de ese mismo poder. Esto es lo que hace que la constante tensión entre ética y política nunca tenga un modo satisfactorio de resolución. Sólo la implementación de una lógica argumentativa que parta del reconocimiento de la precariedad que se entabla en la relación entre ética y política puede servir de resguardo ante aquellas distorsiones que planteen el riesgo de cercenar desde el poder del Estado los espacios de libertad.

En España, numerosos sucesos han puesto de manifiesto que el fenómeno de la corrupción en la gobernabilidad del Estado no es algo coyuntural, sino estructural, y prolifera peligrosamente en las instituciones públicas. Casos como Gürtel, Púnica, Lezo, Pretoria, Palma Arena, Palau, Operación Poniente, Operación Malaya, etc., recorren la geografía nacional, revelando que muchas Corporaciones Públicas han estado sometidas al poder económico y se han convertido en verdaderas plataformas de negocios diversos, y de tráfico de influencias.

Las causas que propician esta perversión pública son múltiples, la partitocracia; la profesionalización de la política; el fenómeno del transfuguismo; o el deficiente sistema de financiación de las formaciones políticas. Pero, por encima de todas ellas, la primera causa de todos los males de la clase política española es la falta de ética, pues llegan a la política no por vocación ni espíritu de servicio, quizás ni siquiera por ideología, sino por propio interés.

La política, tal vez la más noble de todas las tareas, se ha convertido en el más vil de los oficios; porque como actividad humana es defectuosa. Todos pensamos que la ejemplaridad y la honradez son virtudes que deben presidir la actuación de los políticos, en tanto que escaparate y guía de la ciudadanía. ¿Por qué no comenzamos a demandarla con más ímpetu entonces?


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