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¿Eutanasia o... cobardía?..

20/12/2010 23:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La eutanasia es, en algunos casos, la manera mas efectiva de solucionar un problema por la vía rápida

Istockphoto

BRUSELAS (AP) - Un hombre que luego de 23 años salió de un estado que los médicos creían como vegetativo dijo que estuvo consciente todo el tiempo, pero que no podía responder porque en realidad se encontraba paralizado, explicó el lunes su madre.

Rom Houben, de 46 años, sufrió un accidente de automóvil en 1983 y los médicos creyeron que había quedado en coma. Su familia, sin embargo, continuó pensando que Houben estaba consciente y buscaron más consejo de expertos.

El profesor Steven Laureys, de un grupo belga de expertos en coma, se dio cuenta de que la diagnosis era errónea y enseñó a Houben a comunicarse a través de un teclado especial, dijo las doctora Audrey Vanhaudenhuyse, quien forma parte del equipo de Laureys.

Rom usó el teclado para decirle a un reportero de la revista alemana Der Spiegel que: "Grité pero no se escuchó nada".

Los médicos belgas que le trataron poco después del accidente dijeron que Houben había pasado del coma a un estado vegetativo.

El coma es un estado de inconsciencia en que los ojos están cerrados y el paciente no puede ser despertado.

El estado vegetativo es una condición en la que los ojos están abiertos y pueden moverse, el paciente tiene periodos de sueño y periodos en los que está despierto, pero permanece inconsciente y no se da cuenta de sí mismo o de los demás. El paciente no puede pensar, responder, hacer nada a propósito, masticar o tragar.

Los padres de Houben, sin embargo, no aceptaron eso. Su madre, Fina Houben, encontró finalmente al grupo de Laureys y tras un prueba de escáner comprobaron que estaba consciente. A partir de ahí intentaron comunicarse con el paciente, el cual empezó a decir sí o no moviendo un poco su pie para presionar una computadora.

Más adelante llegó el deletreo de palabras usando su dedo con una pantalla táctil colocada en su silla de ruedas.

"Fue extremadamente difícil para él y demostró un gran enfado, lo que es normal, ya que estaba muy frustrado", dijo Vanhaudenhuyse.

Houben ha empezado a escribir un libro sobre su experiencia.

¿Se imaginan ustedes el fiasco de la familia y equipo médico si, como hacen otros(por evitarle padecimientos inútiles, dícen) deciden administrarle “la pastilla” y luego se enteran (pongamos que en la autopsia) que era posible que estuviese impedido pero lúcido?. Vaya papelón...

Este caso me ha decidido a hablar sobre la eutanasia, tema que quería tratar hace tiempo. Hay una polémica abierta desde hace años en torno a la eutanasia: por una parte están los radicales de la católico-familiar-nacionalista, que no transigen, aduciendo que la vida solo puede quitarla Dios, y por otra, los radicales de la librepensante-viva la Pepa-nos gusta elegir, que consideran la anterior postura retrógrada y anti-todo.

Me parece que quienes deben decidir son los/as propios implicados, cuando puedan, claro. Sin presiones de ningún lado ni direccionismos soterrados. Y para ilustrar esto os voy a explicar una historia que sucedió en esta misma ciudad hace unos cuantos años ya. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

En el Hospital Provincial, en el que solo había las dependencias antiguas – que todavía se conservan –, allá por los 50 y 60, “vivía” un paciente(dicho esto en el mas amplio sentido de la palabra) cuyo nombre no recuerdo ahora, pero que seguramente en los anales del centro consta como el mas longevo en permanencia en la institución.

..."El tal paciente estaba postrado en un lecho, sin piernas ni brazos, mas que unos deditos como de bebé en uno de los muñones"..

El tal paciente estaba postrado en un lecho, sin piernas ni brazos, mas que unos deditos como de bebé en uno de los muñones, que le permitían agarrar y manipular, ayudado por el otro muñón, casi todo. Las piernas creo recordar que estaban segadas a ran de nalga. Es decir, un tronco viviente que necesitaba para casi todo de la ayuda de las hermanas que servían allí.

Pocas veces en mi vida he visto - desde mi asombro de niño - ojos mas abiertos y expresivos ni sonrisa mas franca: tenía un humor a toda prueba y le vi reir como un crío por cualquier cosa; sobre todo, por los goles del Barça, que seguía a través de un pequeño transistor que alguien le había regalado, pués, antes, tenía en la mesilla un aparato de radio de los antiguos que ocupaba casi toda la superfice del escaso mueble. No querais saber la de esfuerzos que debía hacer el pobre cuando no había nadie alrededor – la mayoría de las horas – para cambiar de emisora con riesgo de caerse y permanecer en el suelo hasta que a alguien se le ocurriese pasar por la sala, en la que había no menos de vainte camas, a uno y otro lado. Imaginaos la falta de intimidad que ello suponía para una persona en su estado: los gritos de agonía de algun moribundo en la cama de al lado o de dolor de alguien recien operado que acababa de despertar de la anestesia: y esto cada día y ¡cada noche!, durante mas de... 20 o 30 años.

Los Domingos y festivos estaba siempre rodeado de buenas gentes que se acercaban para regalarle algun purito o un paquete de tabaco o fruta, pero, sobre todo, lo que mas necesitaba, conversación y unas risas – antes no había porros ni nada por el estilo -.

Era el tal “paciente” un hombre valiente y optimista que decidió un buen dia que la vida todavía debia darle muchas sorpresas. Y eso sin esposa ni hijos ni padres que pudieran cuidar de el en privado, lo cual es un mérito añadido. ¡Señores, estaba solo!. ¡No tenía a nadie!.

No podeis imaginaros la de preguntas que suscitó en mi cabecita, y la de respuestas que me dio durante las horas en que tuve el privilegio de acompañarle y charlar con el. Seguramente alguien que lo conoció y lea esto, sabe muy bien a que me refiero.

Nunca me dio la impresión, ni física ni síquicamente, de que se sentía solo, y en su risa escandalosa y espontánea involucraba todas y cada una de las pocas partes de su cuerpecillo, como si con ella supliese todas las carencias que sufría.

Jamás le vi serio. Y eso me sorprendía, puesto que otros menos desfavorecidos que el estaban quejándose a todas horas y por tonterías.

Recordándolo a el y su valor me pongo a reflexionar sobre los casos de eutanasia que mas han trascendido en los media– incluso uno de ellos ha sido motivo de libro y película -, y me doy cuenta de que esos y esas, que tras unos “pocos” años de comodas estancias en sus hogares cuidados hasta la exageración por sus familiares, decidieron un mal día optar por la “comodidad” de la asistencia eutanásica(hasta en eso delegan en otros), deberían – si viviesen – tomar ejemplo de aquel amigo que nunca he olvidado, al que la vida le enseñó – como a mí a través de su ejemplo – a tener paciencia.

No voy a hablar de cobardía pero si de impaciencia, en esta sociedad en la que la prisa por todo es el único valor que se tiene en cuenta: una persona que ha tenido la fatalidad – o se lo ha buscado con sus actos – de sufrir un accidente o padecer una enfermedad, no puede esperar a lo que el destino tenga preparado para ella; toda espera es inútil según la filosofía de tres al cuarto de los impacientes. ¡No! No se les ocurra ni mencionar: “... total, lo único que les queda es morir”... “Si ya lo habían hecho todo en la vida, sin moverse”..., con la de ejemplos de heroísmo vital que en todos los tiempos nos han dado los/as auténticos “supervivientes a pesar de”, algunos de los cuales con barreras infranqueables tanto físicas como síquicas se han superado a si mismos dando una auténtica lección al resto de la humanidad.

Por ese artículo Stephen Hawking, antes de llegar a ser la eminencia científica que es hoy, debiera haber tomado por el camino de la eutanasia para acabar con su total inmovilidad, y, de paso, privarnos a los demás de sus descubrimientos, trascendentales para entender un poco mas claramente ciertos aspectos del universo que se nos escapában hasta que el metió baza en esos asuntos.

En definitiva, que hay dos tipos de personas: los que apechugan con lo que les venga, por encima de cualquier contingencia, mientras el cuerpo aguante, y los otros. Que cada cual los califique como le apetezca, que para eso tenemos libertad de expresión... O eso dicen...


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Wizfun (353 noticias)
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