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Ética versus “Realismo” en las Relaciones Internacionales

15/07/2013 01:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el cuadro del Derecho Internacional, de las Relaciones internacionales y de las Ciencias Políticas, los académicos han sido generalmente realistas

Ética versus “Realismo” en las Relaciones Internacionales

Por Teresa Da Cunha Lopes y Miguel Medina Romero

 

En el cuadro del Derecho Internacional, de las Relaciones internacionales y de las Ciencias Políticas, los académicos han sido generalmente realistas ( en la tradición de Maquiavelo, pasando por Henry Kissinger hasta los “Neo-Cons”), tradición que los ha por veces limitado en su desdeño por los Principios y por la relación íntima de la ley con la ética, a pesar de que dos de los fundadores del realismo, Hans Morgenthau (un abogado internacional) y EH Carr, autor comprometido con la moral y la justicia, reconocieron que, así como el Derecho internacional, también la Ética debe estar presente en la Política Internacional y en las Relaciones Internacionales (1)

 

Sin embargo, un poco como en la metáfora del médico, la línea entre descripción y prescripción, no obstante sigue siendo sinuosa (2). Por ejemplo, los institucionalistas racionales han considerado la mayor parte del tiempo que la moral puede ser sacrificada en aras del efecto positivo del papel de Ley(3).Una excepción significativa en la erudición reciente es Robert Keohane, que, en conjunto con Allen Buchanan, ha ofrecido una serie de criterios para legitimar las instituciones internacionales que deben mucho al carácter democrático de la institución y sus miembros

 

Los constructivistas, a su vez, están muy interesados ​​en las normas, que consideran que ayudan a formar la identidad de los Estados y que no sólo emanan de las interacciones entre los estados que expresan intereses predeterminados. Han rastreado cómo las normas internacionales pueden ser diseminadas, difundidas en efecto de “cascada’” (un concepto súper interesante) a través de redes de académicos y de “promotores sociales” y de defensores de los derechos humanos, por ejemplo, en el caso de la proliferación y el desarrollo de la aplicación de las normas internacionales de Derechos humanos (4) en los casos de violaciones a los DH en América Latina, en particular en el caso de Argentina y de Chile.

 

Esta posición teórica ha contribuido indirectamente a las discusiones sobre la Justicia global, como lo han demostrado la posibilidad de difusión de normas independientes del poder político para crear una conciencia internacional sobre Justicia global. En la medida en que la Ética depende de la demostración de tal sensibilidad, los constructivistas han ofrecido una contribución sobresaliente. Sin embargo, su investigación se limita principalmente a las normas específicas, una táctica que parece centrarse en la importancia de una metodología . Tal, significa que no han dado el paso necesario a la demostración de las posibilidades y las consecuencias de esas identidades para construir un mundo más justo. Como Richard Price ha señalado, mientras que su trabajo pone de manifiesto las posibilidades de un consenso moral global, y aunque su agenda de investigación se inclina hacia ejemplos en que la interpretación cosmopolita prevalece sobre la Estatal, siguen siendo reacios a participar en una evaluación profunda de la normativa de los desarrollos que estudian.

 

Por último, la Escuela Inglesa ha abrazado abiertamente las cuestiones de justicia global. Fundada en gran parte por Hedley Bull y Martin Wight (5) que conciben el mundo en términos de una sociedad internacional, en una especie de punto medio entre el Estado de naturaleza hobbesiano y una federación de Estados kantiana. Bull describió que la sociedad en Grocio aparece como un contexto en que el Derecho internacional refleja ciertas nociones que hoy en día hacen parte del ideário de la derecha, tal como Grocio vio al Derecho internacional como la incorporación de la ley natural. Partidarios de esta escuela han estado divididos entre aquellos que ven el orden mundial actual como igualitario y tolerante de una sociedad pluralista y otros que ven un orden liberal que crea únicamente una solidaridad entre estados. (6). La visión de la Escuela Inglesa no es una teoría de un mundo futuro, sino un descripción del mundo tal como es. Sus adherentes establecen un vínculo entre la Ética y el Derecho internacional a partir de la forma como los estados que han expresado, a través de la ley una exigencia de una determinada visión ética de una “sociedad de estados”, ya sea pluralista o solidaria.La ley es, pues, no sólo una expresión de política e intereses compartidos, si no también una variable que tiene su propia moralidad.

 

Sin embargo, esta Escuela de pensamiento ha fallado, también, sobre la “prescripción” de la Justicia global como factor de verdadero cambio del orden internacional. Si bien, reconoce la importancia de la Teoría ética y de su contribución a la construcción de una sociedad internacional (y de hecho pone de relieve el papel fundamental del Derecho internacional en la promoción de la comunicación entre los organismos internacionales y los actores políticos internacionales)(7), sin embargo, no ofrece una visión de cómo es el orden internacional actual y de si y cómo puede llegar a ser más. Mantiene un tipo de escepticismo moral que le impide evaluar la moralidad del orden internacional, no sólo en términos de prácticas (incluido el Derecho), pero también en términos de la Teoría moral.

 

Como Molly Cochran ha señalado, al tiempo que reconoce que la ética y los intereses no son mutuamente excluyentes, todavía se centra en “el seguimiento de consenso internacional y lo que puede soportar“, por lo que su análisis de la comunidad “moral” internacional es realizada en términos de “medición en lugar de juicio“.

 

Sin embargo, hay que resaltar el hecho de que sus partidarios siguen siendo conscientes de los debates morales sobre la Justicia global y tienen el interés empírico en “medir” cómo el Derecho internacional y la Filosofía moral realmente impactan en la lenta construcción de un nuevo orden basado en el paradigma de justicia global. Esta combinación hace que la Escuela Inglesa y sus adherentes son contribuidores potencialmente útiles para interdisciplinaria agenda de la Justicia global.

 

Finalmente, proponemos que los procesos de “liberalización”, tanto políticos como sociales, económicos o culturales, aunque no sean claramente visibles desde el exterior, existen y suelen tener importantes repercusiones sobre la estabilidad, la “legitimidad” y las probabilidades de supervivencia de los regímenes autoritarios.

 

O sea, que la semilla de su propia destrucción se encuentra en la naturaleza misma de las tiranías, dictaduras y totalitarismos, lo que explica, en parte, la reciente ola de movimientos “democratizadores” y la amplia participación en estos de las poblaciones del norte de África y Oriente Medio.

 

Además, defendemos que las dictaduras “desarrollistas”, aunque a corto plazo pueden recabar dosis importantes de “legitimidad”, acaban siendo más vulnerables en los periodos de inestabilidad económica, dado que su principal fuente de legitimidad se basa, precisamente, en el crecimiento económico y la paz social.

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La literatura teórica establece ciertas distinciones entre los casos de mera “liberalización” y aquellos otros genuinamente “democratizadores”.Por “liberalización” distintos autores entienden cosas diferentes, relacionadas con el aumento de las posibilidades de participación y de debate por parte de la sociedad. Otros lo definen como “el proceso de hacer efectivos ciertos derechos que protegen de los actos arbitrarios o ilegales cometidos por el Estado”.

 

A través de las medidas “liberalizadoras” las dictaduras suelen pretender consolidar su poder ampliando su base de apoyo social, con el fin de evitar llevar a cabo un proceso de democratización real, lo que les supondría perder las riendas del poder.La liberalización suele tener unas consecuencias a medio y largo plazo que pueden acabar siendo perjudiciales para la estabilidad de estos regímenes.El hecho de dar más oportunidades a la oposición puede traducirse en mayores posibilidades de conflicto.

 

Este es el gran dilema al que se enfrentan todos los regímenes dictatoriales: en ocasiones se ven obligados a llevar a cabo medidas liberalizadoras de tipo político porque la presión social es demasiado fuerte y temen una revuelta popular.

  

Sin embargo, cuando creen que suavizando la represión lograrán una mayor legitimación social, no suelen considerar que es muy probable que dicha relajación pueda llegar a volverse en su contra.Cuando, sin embargo, se resisten a liberalizar, cabe la posibilidad de que se produzcan tensiones incontrolables que podrían llegar a acabar con las dictaduras.

 

Es este proceso que estamos observando en Siria y en el Bahrain. Es este proceso que vimos en movimiento en la “primavera” árabe. Es este proceso que vemos en las calles de Egipto.

 

Y, a los dos regímenes en cuestión, tal como a cualquier otro estado dictatorial, sólo les resta dos opciones: liberalizar o morir; liberalizar y morir. Es esta paradoja, que en última instancia nos lleva a “predecir” que la Justicia global no es una utopía, sí el resultado del caminar teleológico del tiempo histórico.

 NOTAS

1.-Ver la Sentencia de la CIJ, publicada bajo el titulo (en Inglés) : “ Case Concerning The Frontier Dispute (Burkina Faso/ Republic of Mali)”, ICJ Reports (1986) 554 

2.-NARDIN, “International Ethics”, in C. REUS-SMIT y D. SNIDAL (eds), The Oxford Handbook of International Relations, 2009

3.-BUCHANAN, Allen y KEOHANE, Robert, “The Legitimacy of Global Governance Institutions, ” in Ethics & Int’l Aff. no. 4, 2006, pág. 405

4.- LUTZ, Ellen y SIKKINK, Kathryn, “International Human Rights Law in Practice: The Justice Cascade: The Evolution and Impact of Foreign Human Rights Trials in Latin America”, Chicago Journal International Law, 2001,  

5.-Ver: a) BULL, Hedley, “The Anarchical Society: The Grotian Conception of International Society”, in ALDERSON, K y HURREL, A. (eds), Hedley Bull on International Society, 2000 y b) MAKINDA, Samuel, “Hedley Bull and International Security”, Australian National University, Working Paper no 1997/ 3, 1997.  

6.-JACKSON, Robert, The Global Covenant : Human Conduct in a World of States, Oxford University Press, 2000

7.-HURRELL, citado por JACKSON, op. Cit. pp. 84–86


Sobre esta noticia

Autor:
Teresa Da Cunha Lopes (267 noticias)
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Opinión
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