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La ética periodística en el mundial de futbol: cuando ni tan siquiera... cabe la posibilidad

30/06/2010 18:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los periodistas se indignan al ver los errores que cometen los árbitros. Cuando el error favorece los intereses propios, callan, y ponen en evidencia su discurso esquivo e interesado

El camino que están tomando los diferentes medios de comunicación en el tratamiento de todos los acontecimientos ha dejado de ser una sutil defensa de los intereses de sus acreedores, para convertirse en una vulgar interpretación de una realidad que escapa de cualquier ética deontológica. Los principios y reglas de la actividad profesional del periodismo no buscan los senderos de la verdad, sino los objetivos de una autoridad de poder que desea, única y exclusivamente crear audiencias afines a noticias sensacionalistas, sin espacio alguno para que la reflexión y la crítica sean los ingredientes principales de cada noticia.

En todos los canales de televisión se aprecia con nitidez este oscura decadencia de la información. Un claro ejemplo lo podemos ver en el Canal Cuatro. Sus espacios deportivos utilizan el formato de "seducción" utilizado en los programas rosas para retener ante las pantallas un largo tiempo al espectador más paciente. Repetición interminable de noticias que se ofrecerán a posteriori, elección de informes para crear tensión o enfrentamientos, alusión a anécdotas o acontecimientos inverosímiles que no buscan sino una recreación de los hechos, sin que importe cómo ha de ofrecerse la crónica correspondiente.

Este recorrido está perfectamente analizado de antemano, y canalizado a través del trabajo de muchos profesionales a los que nada les importa su modo de actuación. Lo sucedido a Manolo Lama en Hamburgo, humillando a un pobre mendigo, no es fruto de la casualidad, sino la consecuencia de un modo de actuar ya interiorizado, que brota en cualquier momento y que termina por ser difícil de erradicar u olvidar en el transcurso del trabajo cotidiano. Quiso demostrar a España entera que la gente es generosa, y sin darse cuenta, ofreció el espectáculo más denigrante al que se puede llegar como profesional del periodismo, mostrando de forma clara, además, el esquema que estamos dibujando.

El mundial de fútbol es el nuevo foco de atención para todos los medios estos días. En el mismo canal, entre los comentaristas, encontramos el mismo modelo. Euforias descontroladas, información poco rigurosa, subjetividades inquietantes, y ensalzamientos patrióticos ajenos a lo que debería ser su labor: retransmitir un partido con la objetividad y rigor que requiere cualquier acontecimiento televisado a millones de espectadores.

La tarea de los árbitros ha sido puesta en tela de juicio, dados los fallos cometidos en sendos partidos jugados en una misma jornada. Los comentaristas juzgan, sonríen, se suman a la indignación patente en muchos de los seguidores, y repiten hasta la saciedad los hechos ocurridos. Celebran que dichos árbitros sean expulsados del mundial, y uno piensa que al igual que los buenos aficionados, desean que la justicia impere también en el mundo del deporte.

La certeza de que su selección es superior, y su envenedado deseo de victoria, eclipsan cualquier análisis razonado y equitativo

Lejos de esta impresión, la noche del partido que enfrenta a España y Portugal, la logia de periodistas, de este canal y casi todos los demás, celebra el triunfo de la primera, la roja que llaman, celebra el triunfo del buen fútbol y de la pasión. Pero vuelven a obviar su labor informativa, vuelven a olvidarse de ese código ético que hace ya tiempo dejaron en sus años de estudiantes. Durante el partido, y esa noche, olvidan que quizás el gol de su selección no fue legal, no recuerdan los criterios por los que han de dirigir sus razonamientos, y vuelven a zafarse de la realidad para mostrar única y exclusivamente sus deseos, sus intereses, sus lealtades más oscuras. Ni tan siquiera cabe la posibilidad.

Su certeza es el resultado de su "filosofía". Como ya hemos mencionado más arriba, es difícil escapar de la rutina, de esa interiorización de su modelo de trabajo. La certeza de que su selección es superior, y su envenedado deseo de victoria, eclipsan cualquier análisis razonado y equitativo. Lo que ayer era indignante para Inglaterra y México, hoy ni siquiera es anécdota para Portugal.

No nos informan sobre el partido, tampoco lo analizan como lo hicieron con otras selecciones. Se despreocupan completamente de sus actos y de sus palabras, y tan solo se recrean en su amor a sus colores, olvidando que el periodismo ha de ser otra cosa bien distinta.

Muchos somos ya los mendigos, esperando en silencio mendrugos de información. Y nos encontramos con donantes perversos, cientos de Manolos Lamas y Camachos ofreciéndonos limosna.

Limosna periodística.

Mañana, pasado, o el año que viene, nos comunicarán que quizás sí, que quizás hubo fuera de juego. Entonces ya no tendrá importancia. Estaremos mendigando por otra causa.


Sobre esta noticia

Autor:
Sivelius (3 noticias)
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Tipo:
Opinión
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