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ETA asesina a un policía crucial en la lucha que ha minado a la banda

20/06/2009 10:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El agente, hermano de un ertzaina, falleció por la explosión de una bomba adosada a su coche • El inspector Eduardo Puelles, la primera víctima del 2009, participó en la detención de 70 etarras

Eduardo Puelles García. Foto: REUTERS / VINCENT WEST Eduardo Puelles García. Foto: REUTERS / VINCENT WESTVarios agentes de la policía contemplan los restos calcinados del vehículo del inspector Eduardo Puelles tras la explosión, ayer. Foto: REUTERS / VINCENT WEST Varios agentes de la policía contemplan los restos calcinados del vehículo del inspector Eduardo Puelles tras la explosión, ayer. Foto: REUTERS / VINCENT WESTTras seis meses sin muertos, ETA reapareció ayer en el municipio vizcaíno de Arrigorriaga y asesinó al inspector del Cuerpo Nacional de Policía Eduardo Puelles García. La banda colocó una bomba lapa en los bajos del coche de este policía, jefe del grupo de vigilancias de la brigada de información de Bilbao que dedicó los 16 últimos años de su carrera a la lucha antiterrorista en su tierra, el País Vasco, donde participó en la detención de 70 etarras. El atentado, el primero desde que el socialista Patxi López es lendakari, confirmó las previsiones del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, del pasado fin de semana: «ETA no pasa un buen momento, pero mantiene su capacidad de matar». Ayer lo demostró.

Los terroristas han reaparecido tras una semana de derrotas morales y éxitos policiales: se ha abortado un rocambolesco plan de fuga de dos de sus presos, un abogado que actuaba de correo con empresarios extorsionados ha sido detenido, se ha localizado un zulo con 180 kilos de explosivos y han trascendido nuevos episodios de disidencia entre las filas del cada vez más desorientado colectivo de presos. Las buenas noticias se desvanecieron a las 9.10 horas de ayer cuando ETA sumó uno más a su dolorosa lista de muertos.

EN LLAMAS / El inspector Puelles salió de su casa en la calle de Santa Isabel y caminó los 100 metros que lo separaban de su coche. Abrió la puerta, se sentó y, al darle al contacto, una explosión agarrotó el corazón de Paqui, la madre de sus dos hijos. En el mismo estacionamiento al aire libre, Alejandro y su mujer estaban a punto de subir a su coche cuando, tras el estruendo, vieron el vehículo envuelto en llamas. «Chillaba y pedía ayuda. Quería que le sacáramos», contó el vecino. La mujer de Puelles bajó a la calle gritando: «¡Ha sido mi marido!». En la puerta se cruzó con la concejala de Seguridad, Marisol Ibarrola, del PNV, quien marcó con su móvil el teléfono de su amigo de toda la vida, el policía. Sonó un primer tono de llamada que devolvió la esperanza a la mujer de Puelles. Después, el teléfono enmudeció y Paqui se acercó del brazo de la concejala hasta el aparcamiento donde comprobó que el coche incendiado era el Citroën C-4 de su marido. La mujer sufrió un ataque de ansiedad y fue trasladada al Hospital de Basurto, donde compartió su dolor con sus dos hijos, de 21 y 16 años.

La bomba lapa, compuesta por dos kilos de un potente explosivo por determinar, fue colocada en la parte trasera de los bajos del coche, cerca del depósito de gasolina, y con un dispositivo para activarse por movimiento. Durante la mañana se especuló con la posibilidad de que ETA hubiera utilizado un coche bomba estacionado junto al del inspector porque era difícil creer que un hombre con la trayectoria de Puelles no hubiera mirado en los bajos de su coche como hacen a diario los miles de policías que trabajan en el País Vasco. «¿Y qué más da? Pudo perfectamente mirar, como seguro que ha hecho en los últimos 16 años, y no verla. Los terroristas camuflan las bombas y consiguen generar perversos debates como este en el que se traslada la responsabilidad de la muerte al policía porque quizá bajó la guardia y no se protegió. Pues no, la responsabilidad es exclusivamente de quien pone la bomba», puntualizaron anoche fuentes de Interior.

Basta echar un vistazo a la hoja de servicios de la víctima para creer que ayer, como todos los días, Puelles se arrodilló, miró en los bajos de su Citroën y no vio nada. En los últimos 10 años participó en algunos de los golpes policiales más importantes sufridos por la banda, entre ellos la desarticulación del comando Vizcaya, en el 2004.

En el barrio de Santa Isabel, donde vivía, y en el de La Peña, ya en el vecino municipio de Bilbao, donde se crió y sus padres regentaron muchos años una tienda y un bar, muchos sabían que Puelles era un policía nacional que hablaba euskera y uno de sus hermanos es ertzaina.

Los sabían los vecinos y lo sabían los etarras. Fuentes de la lucha antiterrorista no descartaron que los autores sean miembros legales del comando Vizcaya, a los que también se les atribuye otro atentado idéntico ocurrido el 9 de octubre del 2007 en el mismo barrio de La Peña. En aquella ocasión, el objetivo fue el escolta privado Gabriel Giner, que protegía al concejal socialista de Galdakao Juan Carlos Domínguez. Entonces ya sorprendió que la bomba estuviera colocada en la parte trasera del coche, junto al depósito de gasolina. El escolta tuvo suerte: el coche, como ayer, se incendió tras la explosión, pero, a pesar de las graves quemaduras, Giner pudor escapar de su Renault Megane y salvar la vida.

Es posible que Giner asista esta tarde a la manifestación convocada por el lendakari en Bilbao, como lo harán los hijos de Puelles, que compartirán pancarta con los del empresario guipuzcoano Ignacio Uria Mendizabal, hasta ayer el último muerto de ETA.


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