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Estoy sola y no estoy ligando

14/10/2009 12:35 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estaba harta de los problemas de la oficina y decidí darme un respiro el fin de semana. Encontré un paquete muy barato que incluía el autobús y el hospedaje en un bungalow a dos cuadras de una playa poco concurrida

Estaba harta de los problemas de la oficina y decidí darme un respiro el fin de semana. Encontré un paquete muy barato que incluía el autobús y el hospedaje en un bungalow a dos cuadras de una playa poco concurrida. El viernes por la tarde iba rumbo a la costa.

Por la ventana del autobús entraban los paisajes verdes llenándome los ojos de tranquilidad, un buen libro, mi iPod tocando el soundrack ideal… Llegué a la playa entrada la noche, me instalé en el bungalow y me quedé dormida soñando con el ruido del mar. Iba a ser el fin de semana perfecto para purificarme, o eso pensaba.

Sábado

Desayuno, bikini, lentes de sol, bronceador, mi cuaderno Moleskine para dibujar, una botella de agua, la cámara y todo el día por delante. Caminé hasta la playa y me instalé bajo una enramada. Al rato llegó un tipo solo y me saludó cortésmente mientras colocaba su toalla justo frente a mí. Le respondí con una sonrisa igualmente cortés (o sea, de lo más indiferente) y seguí dibujando. Hacía bastante calor así que me metí al mar. Al salir, inevitablemente hice contacto visual con el tipo.

– Hola, ¿qué tal está el mar? –preguntó sonriendo.

Entonces pude verlo bien: treintón, sonrisa encantadora, ojos azules, bronceado perfecto, músculos trabajados. Era un bombón, pero yo no andaba de antojo, había venido a la playa a estar conmigo misma. Me dije: “Sé amable, responde y vete.”

– Buenísimo –respondí.

– ¿Vienes sola?

– Esteee… –no me dio confianza, uno nunca sabe.

– Con amigas –se apresuró a responder por mí-.

– Sí, pero se quedaron en el hotel -mentí-. ¡Bye!

Y salí huyendo.

Después se acercó con el pretexto de preguntarme la hora. Nunca he sido una amargada, así que decidí socializar un poco. Se llamaba Esteban, treintañero, surfer, ingeniero y soltero. Comimos juntos en la enramada, pedimos unas cervezas y cuando me di cuenta, ya estábamos viendo el atardecer. Entonces comenzó a mirarme de ESA manera y se acercó para besarme; la típica escena cliché junto al mar, maravillosa cuando hay pasión, chafísima cuando uno no quiere nada. “Pero si no he dado señales de ligue”, pensé.

Cuando las mujeres sin parejas están conformes con su soltería

– Esteban –me hice para atrás–, mejor no. ¿Sabes? Me encantó conocerte pero mis amigas deben estar esperándome y…

– Mentirosa –interrumpió–, vienes sola.

Me sentí expuesta y agredida.

– Y qué si vengo sola –respondí–, ¿ya por eso tengo que besarte?

– No te hagas la mosca muerta, ¿a poco vienes inocentemente a pasar el día en la playa? Seguro andas buscando con quién acostarte.

– Pues estás mal.

Tomé mis cosas y me fui enojadísima. Camino al hotelito iba imaginando todos los insultos que le pude haber dicho, pero sé que me frené para no exponerme a algo peor. El contexto “playa” era lo de menos; en un café, en un bar y hasta en la cola del supermercado, he visto chicas solas y amables que son acosadas por tipos como él. El ligue está bien, lo que ofende es que nos agredan porque no nos portamos como un pedazo de carne a su disposición.

Llamé a Gaby en la noche para desahogarme. Le conté que ya no quería volver a la misma playa por temor a encontrármelo, pero me animó para que eso no me arruinara el fin de semana: “Es un idiota gigoló región 4, amiga. Mañana vas y te instalas en el mismo lugar. Dudo que se acerque a ti; y si regresa, buscará otra víctima.”

Domingo

Seguí las instrucciones de Gaby. Tal cual, el tipo llegó, me vio y pasó de largo. Fue a instalarse cerca de una chica sola y al rato ya estaban conversando. Yo me enchufé al iPod, hice como si nada hubiera ocurrido y me quedé dormida. Abrí los ojos, el galán de balneario y su víctima habían desaparecido. No sé por qué pero me sentí aliviada; Esteban encontró a su chica y yo había salvado mi fin de semana (o lo que quedaba de él).

De regreso a la ciudad venía dándole vueltas a lo que había pasado. Cuando salimos solas y queremos estar con nosotras mismas, ¿tenemos que llevar un letrero colgado que diga: “NO estoy ligando, gracias por respetar mi espacio”? ¿Qué señales hay que enviar para que no confundan la amabilidad con la cachondería? ¿Qué entienden los hombres cuando ven a una chica sola?

noestoyligando


Sobre esta noticia

Autor:
Enrique Cabrera (641 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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Usuario anónimo (15/10/2009)

Muy bueno