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Esquinca, Arjona, Aute, Coelho y otros “sanadores” modernos

23/02/2013 22:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De la pobreza del espíritu y otras cosas intrascendentes

<a href="http://www.flickr.com/photos/24701860@N05/5557835839/" mce_href="http://www.flickr.com/photos/24701860@N05/5557835839/" target="_blank">rakugo</a> via Flickr

El filo del escalpelo se desliza sobre la piel de un desafortunado. Esta vez el turno fue para una damita que le dio por dejar en las paredes sangrientas de una herida el filván de un cuchillo homicida.

¿El motivo? ¡El que sea! Todo caerá como la moneda que rueda en el embudo. Y esa oscuridad insoslayable se llama NEUROSIS. Llamémosle a nuestra vieja huésped: Dolor emocional crónico. Depresión, fobias, hiperactividad, ansiedad, celos, dependencias emocionales, necesidad de afecto y aprobación, obsesiones, miedos, agresividad y demás suculencias. Si la neurosis fuera urgencia médica, no habría un solo país en el mundo y, por favor, piensen en Japón, Gran Bretaña, Estados Unidos o Alemania, que pudiera atender tan semejante plaga de terror.

Por fortuna para algunos (subrayo) existen proveedores de bálsamos que atenúan la urgencia. Los hallamos en todas las esferas de la expresión humana. Por eso, los apellidos con que intitulé este artículo, corresponden a diversas artes u oficios en los cuales estos “sanadores” se dan baños de pueblo y, de paso, cobran por ello. Ah, eso que ni qué.

Por la mañana subirse a un microbús en la cruda y atestada Ciudad de México, ya es estresante y escuchar la candidez y los consejos beatos de Antonio Esquinca sólo motivan una cosa: conseguirse otro transporte. Sencillamente no se puede ser tan impresionable como para recitar diariamente máximas de otros que luego resultan muy “mínimas”. Escuchar las letras de un Aute, de un Delgadillo o cualquier trovador de izquierda, ya suena a movimientos estudiantiles setenteros y áridos; o de un Arjona con su poesía de receta y, sólo muy de vez en cuando, con algunos destellos salmodiados indican que algo pasa con el ánimo en la sociedad. Y no es para negar valor a la ayuda de Arjona a niños con cáncer, pero ello da entender que eso es lo verdadera y talentosamente apreciable de él.

Y he de decir algo harto importante. (Sí, así se dice en mi tierra: “harto importante”.) No hay oferta, sin demanda. Se compra un libro de Coelho en cualquier librería, como licor en cualquier tienda. Un porcentaje de la población necesita consumir ese producto. Y los gurús de la “superación personal sin vocación de terapeuta” están prestos para ofrecerla. Insisto, sin la responsabilidad que sí adquiere cualquier profesional de la salud mental ante su cliente o paciente.

Dijo Robert Bloch (Psicosis) acerca de un personaje con doble moral: “Dicen que tiene un corazón de niño. Sí, pero sobre su escritorio dentro de un frasco de formaldehido.”

Sucede idéntico con el abuso de sustancias. Se usan porque se ha dejado de creer… o porque se cree en cualquier cosa. Hace poco, sobre un muro, vi escrito algo que un inspirado “estudiante” del CCH consideró una máxima y por esa razón la anotó: “LEE. DESTRUYE AL SISTEMA LEYENDO.” ¿El sistema se destruye leyendo? Leer debería servir para mejorar al sistema, para enriquecerlo, para modificarlo o adecuarlo, pero no para destruir. En ese caso hay que cuidarse de lo que uno lee. Y escucha.

Precisamente en el programa radiofónico de Esquinca escuché eso de que “el corazón tiene razones que la mente no entiende”. Y no dejé de recordar en ese día lo dicho por el escritor Lawrence Durrell: “Me pregunto quién inventó el corazón humano. Dímelo y muéstrame dónde lo ahorcaron.” Claro, del corazón figurativo se obtiene el coraje que, además, provienen de la misma raíz. Pero no se puede uno fiar de él. Es voluntarioso, veleidoso, inquieto. Para ello tenemos a la razón. Pero si la razón la tenemos enferma, neurótica, llena de complejos, de consejos de Esquinca, de versos de trovador…mmm, pues, luego entonces, tenemos a YoSoy132, YoSoyCan26, vándalos del 1ro de diciembre y del CCH Naucalpan y un largo etcétera. Nos dejamos el cabello y la barba hasta tropezarnos y fumamos un churrito de mariguana que, además, nos urge “legalizar”. Pasionales. Incrédulos de lo virtuoso y fanáticos de lo dubitativo. Lo “bueno” es “malo” y viceversa. Todos felices y contentos.

Con ese tipo de pusilanimidades, no hay población que se sostenga. Y si esta sobrevive, es porque somos muchos. El puro bono demográfico.

Crecer en este mundo requiere de madurez, sensatez y buen humor. Y no es consejo. Es observación. Porque una cosa es aprovechar el niño que todos llevamos adentro y otra, muy, pero muy distinta, dejarlo hacer de las suyas con las leyes en la Asamblea Legislativa del DF y dejarlo proponer cada cosa…

A propósito, recordé lo que dijo Robert Bloch (Psicosis) acerca de un personaje con doble moral: “Dicen que tiene un corazón de niño. Sí, pero sobre su escritorio dentro de un frasco de formaldehido.”

Lawrence Durrell: “Me pregunto quién inventó el corazón humano. Dímelo y muéstrame dónde lo ahorcaron.”

Con su permiso, terminaré la necrocirugía. Hasta un nuevo cadáver.


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