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De espaldas a Chile y a Haití, Japón desafía los terremotos con la torre "Tokio Árbol del Cielo"

06/04/2010 18:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque los metereólogos predicen para Ásia un año de tsunamis y seísmos, Japón compite con Dubai en la carrera hacia las alturas

Tokio proyecta la torre más alta del Japón. Tendrá 634 metros de altura, y se terminará para el 2011. Imitará a una pagoda, aunque para el visitante se parecerá mucho a la Torre Eiffel. Uno de los arquitectos que trabajan en el diseño de la "Tokyo Sky Tree", tras una rueda de prensa, se fue con su mujer y su hijo a dar un paseo por el parque de Ueno, uno de los más bellos de la ciudad. Su mujer admiraba las flores de los cerezos y observó en voz alta:

-Este año han florecido más temprano que nunca. Esto está precioso. Ya ha llegado la primavera.

-Pues eso de las flores anuncia más bien un desastre-contestó el arquitecto.

-¿Por qué?-replicó ella

-No lo entenderías. Eso significa que nos hemos pasado antes que nunca de "la línea de floración" que es la señal de que el cambio climático ha avanzado de repente en un decenio por culpa del hombre. Tal cosa quiere decir que este año será rico en seísmos, tsunamis y todo tipo de desastres naturales...

-¿O sea que vuestra torre se puede venir abajo?

-No, por supuesto que no; esas catástrofes caen dentro de los riesgos previstos, pero sí que puede haber muchas víctimas. Pero es algo que no se puede prever aunque se observen todas las medidas de prevención. Son víctimas como las del mes pasado en el seísmo que afectó a la ciudad de Otsuci, en que hubo pocos afectados gracias a la prevención, a los sistemas de alerta... a la metereología pero...

En Japón este tipo de conversaciones es diario, como son los partes metereológicos, las alertas que no se dan ya en los seísmos menores, los ejercicios trimestrales de entrenamiento preventivo en que se movilizan hasta 800.00 personas desde el alcalde hasta los niños de las escuelas con arreglo a normas fijadas. Y más ahora que se ha constatado que Tokio, construida sobre la llanura de Kanto, se sitúa a sólo 300 kms al noroeste del cruce de tres placas tectónicas.

Sin embargo los proyectos de construcción de nuevas torres siguen adelante. Y la "Tokyo Sky tree", no se detendrá porque los cerezos del parque Ueno batan records de floración temprana lo cual es ominoso.

Aunque la patria de los rascacielos sea Nueva York y otras ciudades de los Estados Unidos, los comienzos no fueron prometedores. Coinciden con la invención del ascensor y la aparición del arquitecto Edward Morris Hunt y la construcción de New York Tribune Building (1873) de sólo 78 metros. Este primer rascacielos levantó una oleada de críticas y medidas de los legalistas de la ciudad (y también probablemente celosos) liderados por Louis Sullivan que hicieron aprobar la Zoning Law, que divide la ciudad en zonas y regular la altura de los skybuildings en función de la extensión del terreno del promotor, para evitar la acumulación de la circulación. La pataleta se acalló con el piramidal y luego emblemático Empire State Building, de "solo" 381 metros de altura9).

Pero si contamos las torres que se han levantado en grandes ciudades del mundo desde 1995 hasta ahora, Tokio y los asiáticos se llevan la palma aunque si no vamos a incluir a Frank Floyd Wright entre los asiáticos sí decir que supo incorporar la arquitectura nipona y fusionar la estética de opo riente y Occidente y allanó el camino a los nipones con su famoso Hotel Imperial no de Nueva York, sino de Tokio.

1995: Kobe el punto de partida de la torre nipona moderna

El 7 de enero de 1995, el seísmo y el tsunami ocurridos en la ciudad de Kobe tuvo un saldo de 6.430 muertos y 200.000 viviendas destruidas. Esa fue la trágica constatación de que las técnicas parasísmicas debían aplicarse no sólo a las torres de más de 100 metros de altura, sino a todos los inmuebles de la ciudad. Y se está en eso.

Desde entonces se puede decir que todo cambió. Japón dormía sobre un tigre feroz que despertó en 1923 y 1995, pero desde la última de esas fechas ahora el tigre puede despertar y el suelo temblar pero los habitantes de la ciudad, no. En esa fecha la Landmark Tower de Yokohanma (296 metros), 71 plantas, y la vieja

Shinluku Mitsuo de Tokio, construidas en 1974, fueron minuciosamente revisadas. No para encontrarles fallas, sino por el contrario para saber cómo habían resistido al desastre telúrico de 1995. Serían en el futuro, el ejemplo de que siempre hay una esperanza. La técnica antisísmica era buena ya a finales del siglo XX en 1995 pero muy insuficiente.

LeMessurier, el arquitecto ideal para el futuro

En 1995 se formó una comisión de arquitectos y constructores que repasaría los principios de los viejos maestros en las técnicas de construcción de torres y se pusieron muchas manos a ojear libros en las bibliotecas.

Pero no sólo se estudiaban las obras y los técnicos locales sino que también se estudiaban las de los pioneros de los Estados Unidos y los ojos de los reformadores se fijaron en el innovador William LeMessurier.

La Torre de Citicorp fue la primera que se construyó utilizando el diseño diagonal, que es lo que más se adaptaba a las necesidades de la arquitectura nipona. Porque además fue el primero en utilizar soldaduras en vez de pernos, y la torre quedó terminada para 1977. Era revolucionaria en muchos otros aspectos.

La innovación se traducía en un ahorro de los grandes materiales pesados, por lo cual la torre parecía increíblemente ligera para su tamaño. Sin embargo, esto significaba que tenía cierta tendencia a flotar y a mecerse demasiado con el viento. Así que el arquitecto mandó instalar un amortiguador de masa sintonizado a la parte superior del edificio. La inercia de este bloque de hormigón de 400 toneladas, que resbalaban sobre rodamientos de aceite presurizado, servía para moderar un peligroso y anunciado balanceo de la torre. La de Citicorp fue el primer rascacielos que utilizó estructuras jamás incorporadas a un edificio. Utilizaba ayudas mecánicas para luchar contra la fuerza del viento manteniendo su cohesión. En su conjunto la obra tenía buenos sistemas de dispersión de energía y soportaba bien las ondas sísmicas.

Las mejoras introducidas por LeMessurier en la construcción de edificios no sólo eran buenas, de hecho, era también elegantes y técnicamente brillantes. Con tan sólo 25.000 toneladas, la superestructura de acero del edificio era un peso pluma comparada con la de otros rascacielos. El esqueleto del edificio Empire State pesaba 60.000 toneladas. Y desde 1995 todos los edificios de Tokio tienen incorporadas esas técnicas. Poco peso y la flexibilidad de un gimnasta.

En mayo de 1978, LeMessurier, en calidad de consultor estructural de un nuevo edificio de Citicorp en Pittsburgh, pensó en utilizar una especie de refuerzo diagonal como parte de su diseño. Al igual que en la primera torre de Citicorp, las junturas estaban, en los planos del proyecto, unidas con soldaduras de penetración completa, pero el proceso de soldadura, era costoso y requería mucho tiempo. A pesar de que las junturas atornilladas eran más débiles que las soldadas, los contratistas de Nueva York había convenido en que las soldaduras eran exageradamente fuertes y que los pernos serían suficientes para el trabajo y bajarían los gastos casi a la mitad.

En principio LeMessurier no consideró que el cambio representaba un peligro para la seguridad, pero pronto encontró nuevos datos que indicaban que el cambio de las soldaduras por los pernos se vería agravado por otro peligro adicional para de la estructura global de la torre. Un viento huracanado fuera de lo común podía tener consecuencias catastróficas.

Obsesionado por el problema de los vientos en diagonal vio que había cometido un fallo al acceder a lo hecho por los contratistas. Tomó sus cálculos para mostrárselos al ingeniero Alan Davenport, quien era un experto en el comportamiento de los edificios en condiciones de fuertes vientos. Davenport le demostró que ráfagas de setenta millas por hora serían suficientes para romper los tornillos que sujetaban las articulaciones, ocasionando al edificio una insuficiencia estructural. Estos vientos, no eran desconocidos en Nueva York, de hecho tormentas con tanta fuerza se producían aproximadamente una vez cada 16 años como promedio. La temporada de huracanes se acercaba, y ahora sólo dos hombres en el mundo sabían que los nuevos Citicorp de un costo de 275 millones dólares por torre eran muy vulnerables y sus ocupantes corrían un riesgos graves si se producía un colapso catastrófico. No era probable, pero sí posible. En cualquier momento.

Horrorizado, LeMessurier huyó a su refugio en la isla del lago Sebago para aquilatar los resultados y considerar sus opciones. Debido a que se enfrentaba a posibles litigios judiciales de ser conocidos los hechos, más a la quiebra, y la vergüenza profesional llegó a pensar en la posibilidad del suicidio, pero se galvanizó y comenzó a ocuparse en lograr información técnica para iniciar un esfuerzo máximo al menos para salvar miles de vidas humanas.

Al día siguiente comenzó a hacer llamadas telefónicas. Después de hablar con los abogados corporativos y consultar a Leslie Robertson-un ingeniero que ayudó luego a diseñar el World Trade Center-LeMessurier fue a Cambridge para informar a Hugh Stubbins, Jr., el arquitecto del edificio. Stubbins se estremeció al oír la noticia.

Juntos volaron a Nueva York para enfrentarse a los funcionarios ejecutivos de Citicorp con el dilema con estas: "Tengo un verdadero problema para ustedes, señores". John S. Reed y su arquitecto explicaron la falla en el diseño a los altos cargos de Citicorp. Y esbozaron su propuesta de soluciones: reforzar sistemáticamente todas las uniones atornilladas 200 + por soldadura de acero de dos pulgadas de espesor con placas sobre ellos. Aceptaron el plan de salvataje.

Se comenzó a trabajar inmediatamente, y la labor continuó las 24 horas durante tres meses. Los soldadores trabajaban toda la noche, y los carpinteros durante el día. Se puso en marcha, para el caso de un desastre inminente, un plan de evacuación en la zona de los alrededores, pero el público en general no sabía nada de las circunstancias... la prensa estaba afortunadamente en huelga en ese momento, por lo que la noticia de las reparaciones no se difundió entre la población. Estaban en la mitad cuando los meteorólogos anunciaron la aproximación del huracán ‘ Ella’ y parecía estar en curso de colisión con Manhattan, pero por suerte la tormenta se desvió hacia el mar en lugar de poner a prueba los las obras del edificio a medio reparar. Los refuerzos fueron terminados en septiembre de 1978, y toda la estructura volvió a recuperar su seguridad. Tras las reparaciones, el edificio fue considerado como uno de los rascacielos más resistentes del mundo. A pesar del éxito, la crisis se mantuvo oculta al público durante casi veinte años, hasta que apareció un artículo en el New Yorker en 1995. Sólo sabían lo ocurrido dos colegas japoneses que fueron después sus mejores aliados al valorar lo que un buen arquitecto es capaz de hacer por un error de sus subordinados tan sólo para dar al rascacielos seguridad total. Y Seguridad Total y más en tierra de seísmos como Japón es la virtud máxima que busca un arquitecto. LeMessurier había también dado una lección de solidez como hombre.

Después de LeMessurier, tras la catástrofe de Kope y tras estudiar los defectos de los edificios que había tumbado el terremoto (200.000) y hasta casi el año 2000, los arquitectos nipones estudiaron a fondo a otros magos de Estados Unidos que habían hecho obras duraderas y emblemáticas. Tales como Foster, autor del London Bridge Tower, que sería por un tiempo el edificio más alto de Europa.

En 1995 el terremoto de Kobe marcó un hito: inspirándose en los arquitectos norteamericanos, Japón dictó las leyes infalibles de la sismicidad

Después de Kobe, los japoneses tuvieron otros edificios en que basarse: la Sears Tower de Chicago, de 443 m. de alto; el proyecto del mismo LeMessurier para el Erewhon Center, un obelisco de acero y vidrio, para una altura de 800 m.

Adoptaron el CAD (Computer Aided Design-Diseño Asistido por Ordenador), que además de acortar el tiempo del diseño, sirve para evaluar posibles alternativas. Fue un gran paso al frente. Los constructores nipones contaban para entonces con materiales renovados: aceros de alta resistencia y cementos capaces de soportar unas tensiones jamás alcanzadas hasta entonces.

El acero es un material elástico y de ahí que futuras construcciones en toda Asia se podían convertir en algo mucho más flexible: cuando sopla el viento las construcciones ondean, se pliegan de forma espasmódica, se doblan como cañas de bambú. La oscilación tiende a aumentar geométricamente en relación con la altura del edificio. Una tormenta, con vientos huracanados de hasta 250 kms/hora, que ejerce una presión de casi 4.000 toneladas sobre la superficie lateral de un rascacielos, sería ahora algo soportable. Hasta hoy ningún rascacielos ha sido abatido jamás en Japón. Las construcciones más bien ‘ han bailado’ al son de la tormenta. Para proteger el edificio durante un seísmo se han estudiado los amortiguadores más eficaces. Y en casi todos los edificios nipones se han colocado en las zapatas grandes elastómeros que completan la perfecta amortiguación. Seguridad ante todo.

Las ondulaciones, además, pueden medirse hoy con toda precisión en laboratorio. El periodo de oscilación está determinado por el peso y la rigidez de la construcción. El de las Torres Gemelas, del World Trade Center de Nueva York, era de 10 segundos. El del Citicorp Building de LeMessurier, de siete segundos. Un edificio de un kilómetro de altura no sería un imposible... si es que las turbulencias monetarias y bursátiles no burlaran el panorama local o continental. Asia sigue siendo la tierra prometida para los arquitectos.

La legislación japonesa sobre normas de construcción dejaba amplio margen a los estilos, lo importante era la seguridad. Y así en el mismo año 2.000 surgieron como de la nada las torres JR Central en Nagoya, 245 m. de altura; el Ntt DoCoMo Yoyogo en Tokio, de 240 m, y en los dos años siguientes el Roppongi Hills Mori, también en Tokio, el Izumi Garden Tower, Tokio, 216 m.; el Shiodomi City Center, 215 m.; el Dentsu Building, 213 m. y en 2007 y 2008, la Grand Tokyo Tower y Tokyo Mode Gakuen Coccoon Tower. Atrás parecía quedar la Landnark Tower, pero en cierto modo seguía siendo el Gran Señor que lo dominaba todo desde Yokohama y que tenía el honor de haber aguantado el terremoto de Kope sin un rasguño.

El arquitecto japonés aprende desde la Escuela a desenvolverse con naturalidad en un medio en que el temblor de tierra es parte de su existencia diaria.

Japón se levantó la noche del 18 de diciembre 1999 sobresaltado por el terremoto de 5, 2 grados al sudoeste de Tokio que dejó siete heridos, una veintena de casas, más bien viejas, destruidas. La agencia meterológica japonesa está en estado de alerta, el domingo primero de marzo mandó un aviso a las emisoras locales: un tsunami acariciaba las costas de la isla de Shikoku, sin haberse registrado muertos ni heridos, aunque obligó a la evacuación de 522.000 personas. Se dice pronto, pero no fue un solo un ejercicio.

Parece que Japón y en general Asia van a vivir un 2010 y 2011 en medio de un sombrío panorama de tifones y tsunamis que amenazarán todo el Pacífico. No obstante, ni en éste ni en casi ninguno de los temblores que se suceden en el archipiélago nipón -a razón de un millar cada año- tumba un edificio desde 1995. ¿Por qué no se caen las casas japonesas?

Pues la respuesta está a lo largo de este trabajo.

Esa respuesta hay que buscarla en los estudiados métodos de ingeniería antisísmica civil del país y en la inercia constructiva de los japoneses, que en la Edad Media usaban la madera -resistente y flexible- y, ahora, hormigón y los aceros especiales en sus edificaciones atendiendo a la elasticidad de ambos materiales para resistir temblores de tierra.

"Las estructuras de Japón son de una sobredimensión tan increíble a primera vista que parecen salidas de otro planeta. Comparadas con las de España y de casi toda Europa pensaríamos que alguien ha querido pegar un 'pelotazo' a cuenta de la estructura", afirma el arquitecto Eduardo Arroyo, del estudio Nomad.

La tradición de actividad sísmica en Japón les ha enseñado que "con el bambú y con papel de arroz se pueden construir estructuras flexibles y articuladas que funcionan bien en caso de seísmos", señala el profesor de arquitectura Jesús Aparicio. En la primera parte del siglo -tras el terremoto de 1923- los edificios se empezaron a construir con acero, pero a partir de la segunda guerra mundial en Japón pasaron a usarse "grandes y masivas estructuras de hormigón conocidas como arquitectura brutalista".

Elasticidad, simetría, peso y movilidad

También se tiene en cuenta la simetría en el diseño de los edificios, ya que cuanto mayor sea esta, el inmueble se comportará como un todo ante las vibraciones, resistiéndolas mejor.

Otro factor determinante es la distribución vertical del peso. Cuando se construye un bloque de viviendas, se procura que los pisos inferiores sean los que soporten la mayor carga. Además, cuanto más amplia sea la base del edificio, mejor resistirá los embates del seísmo.

Es también obligatorio dejar espacios libres entre medianeras para permitir que los edificios cimbreen sin que se golpeen con otros para que, en caso de temblores, puedan oscilar libremente y, si hay derrumbe, "evitar el efecto dominó", según un distinguido arquitecto .

"El arquitecto japonés aprende desde temprana edad a desenvolverse con naturalidad en un medio donde el terremoto es parte de su existencia diaria", explica el técnico, al "igual que un nórdico debe aprender a combatir el frío, el africano el calor y el caribeño el trópico".

Los japoneses están acostumbrados a los riesgos de grandes movimientos telúricos. El ocurrido en Kobe, en 1995, a que nos hemos referido, es recordado por sus terribles consecuencias. Entonces un temblor de 7, 2 grados de magnitud en la escala de Richter arrasó la ciudad acabando con la vida de 6.500 personas, hiriendo a otras 40.000 y destruyendo 200.000 edificios. Queda quizás alguno que recuerda el tsunami de 1923, con olas de hasta 12 metros acompañado de un seísmo de magnitud 8, 3 y, al que se conoce como el Gran Fuego de Tokio, que provocó 142, 000 muertos.

Aunque se le llamó así también a la ofensiva de bombardeos de Tokio por la Aviación norteamericana, durante la II Guerra Mundial, años 1944 y 1945. Enjambres de aviones B-52 (se contaron hasta 400 a la vez) atacaron Tokio, con bombas Napalm M 47 y bombas de fragmentación e incendiarias M69, iguales a las que la Legión Cóndor alemana, utilizó en Gernika. Ese bombardeo ‘ estratégico’ , como le llamaban eufemísticamente los norteamericanos, bajo el mando del general Le Bay mató sólo en un gran complejo de escuelas de Fukagawa a 13.000 personas, que, carbonizadas, resultaron irreconocibles.

Destruyó el templo Kwaganon y otros, hechos de madera como casi todo Tokio, provocó el caos total con torrentes de fuego como gigantescos tentáculos que abrazaron la ciudad. El balance fue de 130.000 almas.

Un arquitecto a quien entrevistó recientemente un periodista de Nueva York respecto a la prevención en torno a futuros terremotos que se vaticinan contestó que las nuevas técnicas antisísmicas y el sistema de alertas están bien preparados y nadie teme ya ni a tsunamis, ni a seísmos, pero... hizo una pausa y añadió: ‘ en Japón lo que tememos todos son los bombardeos ‘ estratégicos’ como los de la II Guerra Mundial. No sólo los recuerdan los más viejos de lugar sino los niños de entonces que son nuestros padres... y no digamos nada de Hiroshima y Nagasaki’

La población japonesa está sobradamente instruida para afrontar los temblores y las autoridades disponen de cuerpos de rescate especializados. En todo el país hay tiendas que venden 'kits' de emergencia y artilugios para fijar el mobiliario de las casas y evitar que salgan despedidos.

Si la tierra temblara en España como lo ha hecho en Haití y Chile con la fuerza con la que lo hace normalmente en Japón un 65% de los edificios caerían abatidos "como naipes". Si ocurriera en una zona declarada como no sísmica -casi todas a excepción de Almería y Granada- "los edificios menos "elásticos" estructuralmente caerían, no así los de formato 'bunker'- que sí podrían sin embargo salvarse.

Con terremotos como el de Japón, España sufriría mucho, sobre todo en los edificios tradicionales e históricos, que fueron construidos con estructuras masivas y rígidas, sin pensar ni en la fuerza de la gravedad. Con estructuras de acero, las consecuencias serían menores.

Otro tema a estudiar es lo que ocurrió en Nueva York, el 11 de septiembre, 2001. Creo que hemos mencionado sin comentarios anteriormente el World Trade Center, escenario sangriento de un gran crimen hace casi una década. No creemos que lo ocurrido vaya a provocar una reflexión general sobre los rascacielos y sí una sobre el suceso en sí, pero antes hay que saber qué sucedió realmente y barajar la posibilidad de una gigantesca maniobra o montaje de desinformación que podría rivalizar con la de Pearl Harbour o el incendio del Reichstag (Parlamento alemán) en la preguerra. Y ‘ Diáspora’ siempre ha estado por la verdad. Hacen falta tiempo y objetividad.

Enfrentaremos, un día, el tema.


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