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Escocia por su Independencia: una guerra de más que palabras con los conservadores de Londres

27/11/2013 20:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El "Sí" de los escoceses en el Referéndum del 2014, desata algo mucho más grave que una campaña plebiscitaria, las amenazas llueven desde Londres y eso que Escocia promete salvar a la Reina. Es un retroceso hacia los peores días de Mrs Thatcher

Alex Salmond, el carismático líder del independentista Partido Nacional Escocés (SNP), dio a conocer en Glasgow su hoja de ruta hacia la independencia como un camino sin riesgos ni peligros porque nada cambiará en cuestiones capitales como la moneda, la pertenencia a la Unión Europea o la reina Isabel, como jefe del Estado.

Salmond presentó el esperado Libro Blanco en una ceremonia modesta, sin triunfalismos: una rueda de prensa junto a su número dos y probable sucesora, Nicola Sturgeon, en el Centro de la Ciencia de Glasgow, la ciudad llamada a ser escenario del Referéndum del 18 de septiembre de 2014. Salmond explica que el libro, una “guía para una Escocia independiente”, responde a 650 cuestiones concretas sobre una eventual rotura de los amarres de Inglaterra y asegura que la separación traería más prosperidad e igualdad económica para los 5, 2 millones de habitantes de Escocia.

El jefe de gobierno escocés trata de puntualizar cosas como que "los escoceses han pagado más impuestos que el resto del Reino Unido en los últimos 32 años". E intenta salir al paso a una casi histérica campaña de Londres, que está causando mella en todas las clases del pueblo escocés respecto al proyecto ya anunciado.

De acuerdo con la guía presentada por Salmond, Escocia se quedaría con el 90% de las reservas de petróleo el Mar del Norte -24.000 millones de barriles- y cerraría la base militar de Faslane, que alberga el submarino nuclear del país.

Por otro lado, ya no utilizaría a la BBC como medio público nacional.

En cuanto a las encuestas, la última publicada el  por el diario Sunday Times estima que un 47% de los escoceses se opone a la independencia, un 38% la apoya y un 15% no sabe aún cuál será su opción.

Escocia, unida a Inglaterra desde hace 300 años, disfruta -según los medios- de mayor autonomía desde que así lo quiso en un referéndum de 1997. Su parlamento tiene competencias limitadas en educación, sanidad, medio ambiente y justicia

“Nuestra visión es la de una Escocia independiente que recupera su sitio como un igual en la familia de las naciones. No buscamos la independencia como un fin en sí mismo sino como una herramienta para cambiar Escocia para mejor”, proclamó. Su proyecto es precisamente presentar la independencia como algo normal, un trayecto sin sobresaltos en el que los escoceses no arriesgan nada y lo pueden ganar todo. Sobre todo, el poder para gobernar a su manera y no como Londres quiere porque hoy los escoceses no pueden dar un paso al frente ni al costado porque todo es competencia del Parlamento de Westminster.

Salmond por encima de otros problemas considera la opción de elegir la independencia como un camino lleno de oportunidades sin peligros adyacentes y trata de superar la realidad de que las encuestas reflejan que los votantes se identifican mucho con Escocia pero mucho tienen dudas sobre las consecuencias del “Sí” tal vez porque conocen al enemigo que trata de poner trancas al carro en marcha de la independencia y sus medios para hacerlo son muy superiores.

El gobierno británico en pleno se ha personado en la escena de la batalla con amenazas no veladas sobre los perjuicios de la independencia e inclinar la balanza a su favor. El Primer Ministro británico, el conservador David Cameron, por medio de su Secretario del Tesoro, Danny Alexander quien  ha dicho-quizás conociendo la fama de tacaños que los ingleses atribuyen a los escoceses-- que “…la independencia de Escocia incrementaría la presión fiscal (o de reducir el gasto), sobre cada ciudadano en 1.000 libras anuales (casi 2.000 euros) si gana el “Sí”, es decir  “ir por su cuenta”. Tal predicción se basa se basa en un reciente informe del Instituto de Estudios Fiscales (IFS). Para aumentar el alarmismo que han creado entre los escoceses esos estudios generados en Londres, los economistas ingleses aseguran que la independencia crearía un agujero fiscal de entre el 1, 9 y el 6% del PIB (Producto Industrial Bruto).

Los independentistas escoceses, que atribuyen esa negra radiografía al "nerviosismo de la campaña del no", acusaron al Gobierno británico de malgastar los ingresos derivados de la industria petrolífera del Mar del Norte que, según sus propias cuentas, supondrían hoy un fondo de hasta 22.000 libras (26.000 euros) "para cada escocés".

Aparte de la guerra de cifras, el gobierno inglés profiere otras muchas como la de tratar a Escocia como país extranjero si así lo elige en el Referéndums

 En esta guerra de cifras, la estrategia de Cameron pasa por demostrar que Escocia podría tratada como país extranjero, y ser tratada como tal y tendrá que asumir sus nefastas consecuencias económicas: deberá afrontar una difícil renegociación sobre su entrada en la Unión Europea y, a diferencia de lo afirmado  por Alex Salmond, hallaría trabas de los británicos para compartir con ellos la libra esterlina en una unión monetaria. Como en el caso de Cataluña, sucede con Escocia exactamente lo mismo: los partidarios de la independencia explican que ni Escocia ni Cataluña tendrían mayores problemas con la UE porque ya forman parte, virtualmente, de ella. Los británicos —y con calculadas medias tintas también la Comisión— afirman que ambos territorios tendrían que negociar su adhesión y enfrentarse a diversos problemas, más allá de otros posibles vetos monetarios.

El primer ministro británico está promoviendo en realidad, y como parte de su desesperada campaña para evitar la separación de los escoceses, una política del palo y la zanahoria. El mensaje reside en convencerles que vivirán mejor si siguen siendo parte integrante de Reino Unido. En esa línea hay que enmarcar el reciente anuncio de la multinacional aeronáutica BAE Systems, con el apoyo del Gobierno británico, de poner fin a la construcción de nuevos buques de guerra en el histórico puerto de Plymouth (sur de Inglaterra), para favorecer a los astilleros escoceses del río Clyde. Mientras Plymouth afronta el declive y la pérdida de puestos de trabajo, Escocia sale ganando. Pero, tal y como ya ha advertido, Londres está dispuesto a dar marcha atrás en su decisión si los escoceses deciden cortar amarras.

Alistair Carmichael, Ministro para Escocia cuyo reciente nombramiento encarna un endurecimiento del discurso de Londres,

ha advertido o más bien ha tratado de poner un acento  aún más sombrío añadiendo que una Escocia independiente sería expulsada de la libra esterlina. En declaraciones al Financial Times, Carmichael señala que Alex Salmond está dando por hecho que conservará la moneda británica en caso de ganar el 'sí' en el referéndums de  septiembre 2014, pero no es eso lo que entiende el Gobierno de Londres, aunque  David   

"George Osborne ministro de Finanzas.

Ha dicho que "eso" [conservar la libra] es muy improbable" y no que sea seguro y fulminante“.  El propio Carmichael está a favor de la exclusión de Escocia de la divisa británica en caso de convertirse en un país independiente.

 Alistair Carmichael, ha planteado todos los problemas que pueden surgir del “Sí“ haciendose la pregunta de cómo resolvería una Escocia independiente la cuestión de las pensiones (la media de pensionistas por empleado es superior en este territorio que en el resto del país que todavía comparten) o cómo sufragaría la creación del nuevo Estado. También considera contradictoria la posibilidad del partido de Salmond (SNP) de permanecer en la OTAN, al tiempo que promulga la eliminación de las armas nucleares de su territorio.

El ministro para Escocia también ha advertido a los electores indecisos que a pesar de la ventaja sostenida y constante en los sondeos a favor del 'no', el resultado sigue estando en el aire y no hay lugar para la complacencia.

El pueblo Escocés está atemorizado y eso hace pronosticar un "No", cuyas consecuencias pueden ser impredecibles

Cambiar enfoques importantes en la política internacional como la desnuclearización de Escocia a lo largo de la primera legislatura de la independencia, eso si lo consideran primordial todos los escoceses. Escocia en consecuencia retiraría los misiles nucleares “Trident” de su territorio en los primeros 10 años, con lo cual el país el pais se ahorraría 119.000 millones de euros que cuesta el mantenimiento de las instalaciones y la seguridad. Escocia crearía sus propias Fuerzas Armadas. Apartados estos del libro blanco que ”han creado profundo malestar” en Londres.

Lo que los independentistas también quieren son reformas muy concretas en el área de lo social que no contempla el gobierno inglés y eso lo dice Salmond en su libro blanco. Y eso se explica fácilmente con un breve perfil de David Cameron, es un político conservador sin experiencia de gobierno que llegó al poder después de Tony Blair, el amigo del presidente norteamericano en todas sus aventuras incluidas sus guerras de Irak y las otras. Tenía un mensaje en apariencia fresco y renovador y  explotando los errores de Tony Blair, llegó fácilmente al poder. Pero a los escoceses en general y los nacionalistas en particular  su giro al centro posthatcherista y sus posiciones derechistas les chocan de frente. Como las de un "conservadurismo moderno y compasivo" que más vez intenta parecer que incorpora preocupaciones sociales y medioambientales, que no aplica.

Hay que recordar que Margaret Thatcher desde 1978 ha sido para los escoceses la “dama nefasta”. Los presupuestos de la Nueva Derecha olvidaban deliberadamente a muchas capas de la sociedad escocesa sobre todo en zonas rurales y generó  un sentimiento generalizado disgusto en gran parte de los actores económicos y sociales de esa sociedad, olvidando la contribución de todas las clases sociales escocesas en la derrota de  nazismo durante la II Guerra Mundial. Hasta el punto que al revisar los discursos de su ministro de sanidad Kenneth Clarke la Thatcher tachaba deliberadamente la palabra ”sociedad” de todos los párrafos en que aparecía.

El libro blanco incorpora reformas sociales que nada tienen que ver con el  gobierno conservador inglés. Algunas nuevas, como 30 horas semanales de atención infantil para los niños de tres y cuatro años y para los niños más vulnerables de dos años. ; actualización de ciertas ayudas fiscales en línea con la inflación; una “triple salvaguardia” para el sistema de pensiones; un salario mínimo indizado al coste de la vida; otras ya anunciadas en el pasado, como la supresión de normas emanadas de los conservadores.

Salmond cree que la dureza verbal de Londres es meramente táctica, para crear miedo y fomentar el voto unionista. Pero está convencido de que en esto, como en otras cuestiones que dependen de un acuerdo entre las dos partes, ese acuerdo llegará, y de forma rápida, si gana el voto a favor de la independencia.

¿Por qué? Porque los acuerdos de octubre de 2012 que dieron luz verde al referéndum establecen que ambas partes aceptarán su resultado y trabajarán de buena fe para aplicarlo. Y porque cree que ni ha Londres ni a Edimburgo le interesa que las negociaciones sean largas, tensas y politizadas. Por eso sostiene que si la independencia gana el referéndum, Escocia accederá a ella el 24 de marzo de 2016, coincidiendo con la unión de las dos coronas ese mismo día en 1603 y con la fusión de los dos parlamentos el 24 de marzo de 1707.

El SNP de la mano de Salmond intenta hacer calar la idea de que lo que le importa al gobierno ingléses es el pragmatismo, lo que significa que, aunque Escocia gane la independencia, Londres nunca se opondrá a que Edimburgo siga en la libra porque es su segundo mercado exportador y le interesa tanto como a la propia Escocia. Y por eso el Libro Blanco sostiene también que Escocia seguirá en la UE o que no habrá controles fronterizos entre ambos países.

Escocia seguiría formando parte de la Unión Europea, aunque para ello requeriría la autorización de los Veintiocho, sin un solo veto

Bruselas trata de echar balones fuera, tal y como ha hecho a menudo con Cataluña. "La Comisión no se pronunciará hasta que no haya un escenario real", dijo escuetamente su portavoz, para luego repetir la fórmula catalana: si aparece un nuevo país en el continente, quedaría automáticamente fuera de la UE, tendría que pedir su inclusión, negociar el tratado de adhesión y que el resto de Estados miembros lo aceptaran.

La Comisión considera que el tratado (en su artículo 49) es claro en lo que respecta a un tercer país que solicite la adhesión a la UE. Pero los nacionalistas escoceses lo ven de otra manera: Escocia es un territorio que ya está dentro de la UE y en caso de una independencia pactada bastaría con alterar los tratados, siempre con el acuerdo de cada uno de los Veintiocho. Lo de seguir en la UE, que los políticos ingleses han considerado que sería casi imposible, porque Londres trata de torpedear el "Sí". Salmond dice que eso es incierto, porque no se puede aplicar el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea que rige en la adhesión de nuevos socios “porque Escocia ingresó en la UE en 1973”. Y defiende que en su caso se ha de aplicar el artículo 48 “que permite modificar el tratado común acuerdo con los socios”.

Alex Salmond ha tratado de desligar por todos los medios la cuestión escocesa de la catalana tal vez para evitar un eventual veto español, aunque es obvio que los problemas son hermanos gemelos, aunque los estilos puedan ser diferentes.

Bruselas tiende a lavarse las manos, aunque —a menudo regañadientes— siempre acaba recordando que una Escocia o una Cataluña independiente tendrían que pedir el reingreso en la UE. Esa- dicen- que fue la respuesta en su día del presidente Romano Prodi. Pero la primera respuesta de la Comisión es siempre más ambigua: para Bruselas, Escocia es "un asunto interno del Reino Unido", con lo cual Bruselas ha descubierto la pólvora.

Y también sostiene Salmond que Escocia mantendría una unión monetaria con el resto de Reino Unido, compartiendo la libra esterlina y manteniendo al Banco de Inglaterra como prestatario de último resorte. Esta es una de las cuestiones más ambiguas. No solo porque Londres dice que eso es “muy, muy difícil”, sino porque dentro del propio independentismo hay visiones contrapuestas y hay un sector que defiende que Escocia debería tener su propia moneda.

En concreto, el texto subraya que no hay precedentes para establecer qué ocurre cuando “a través de un proceso constitucional consensuado y legal, la opinión mayoritaria y democrática en parte de un territorio es que se debe convertir en un país independiente”.

Los independentistas escoceses admiten que eso requiere la aprobación de todos los demás socios, uno a uno. Lo que en realidad teme Inglaterra no es un veto, sino conseguir como sea que Escocia tenga que abandonar la UE y negociar luego su reingreso porque generaría incertidumbre y temor en Escocia  lo cuales obligaría a renegociar las salvaguardias que ahora tiene Reino Unido, en particular sobre el euro y los controles fronterizos.

El Libro Blanco sostiene que Escocia mantendría “la zona común de viaje que ha existido desde 1920 y que actualmente garantiza la libre circulación entre Reino Unido, la República de Irlanda, la isla de Man y las islas del Canal”. Es decir, no habría que enseñar el pasaporte para cruzar la frontera entre Inglaterra y Escocia.

Por ejemplo, el 63% se declara orgulloso de presentarse como escoceses en el extranjero, frente a un 19% que prefiere presentarse como británicos y un 18% a los que les da lo mismo, según una encuesta de Panelbase para The Sunday Times y Real Radio Scotland publicada el domingo pasado. Sin un 47% votaría contra la independencia frente a un 38% a favor y un 15% de indecisos. Y eso en Panelbase, que desde siempre ha dado las encuestas menos desfavorables a la independencia. Y eso es el temor que Londres ha lograr anclar en el alma de Escocia.


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