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La escalera de los dioses o la Torre de Babel

08/05/2011 20:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el relato bíblico abundan los momentos en los que el pueblo hebreo está tentado por falsos dioses y cae directamente en la idolatría especialmente por la influencia de las deidades de sus vecinos, como la diosa asiria Astarté o el dios cananeo, Baal

“El Génesis dedica a la Torre de Babel el breve apartado inicial de su capítulo 11, que comienza afirmando «Era la Tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras. En su larga marcha desde Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí» (Gén 13:1-2). No hay duda de quienes marcharon hacia Oriente eran los descendientes de Noé con los que acaba el capítulo 10. Pero la Biblia no cita nombres ni genealogías de los que llegaron a Senaar, ni tampoco indica el tiempo transcurrido hasta que decidieron construir la torre. Yahvé se asomó a ver lo que estaban construyendo los hombres y se dijo que, como eran un solo pueblo con una sola lengua, nada les impediría llevar a cabo su propósito, «Bajemos pues, -decidió - y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros» (Gén 11:7)»… así comienza uno de los capítulos del libro Misterios de la antigüedad de Spencer Carter y que voy a resumir y comentar por lo interesante del tema.

En el relato bíblico abundan los momentos en los que el pueblo hebreo está tentado por falsos dioses y cae directamente en la idolatría especialmente por la influencia de las deidades de sus vecinos, como la diosa asiria Astarté o el dios cananeo, Baal, que se citan en distintas ocasiones como paradigmas de los falsos dioses.

¿Fue la Torre de Babel un santuario pagano?

Hay que suponer que si la Torre de Babel se encontraba en algún lugar cercano a Babilonia, es posible que se tratara de un zigurat o pirámide escalonada destinada a los cultos paganos de la civilización mesopotámica. Eso era contrario al monoteísmo de Abraham y a la hegemonía de Yahvé como único Dios de ahí que les enviara un castigo ejemplar, al igual que sucediera con Adán y Eva al expulsarlos del Edén o con Sodoma y Gomorra al lanzarles bolas fuego desde los cielos.

Del mismo modo que ocurre con otros libros sagrados de la antigüedad, la Biblia es una recolección de relatos orales y escritos. Su función fue, y es, la de transmitir tanto los hechos originarios del Pueblo Elegido, como el de registrar, con meticulosidad de escribano, los linajes así como los dogmas, las liturgias, las normativas éticas o legales y los códigos de conducta individual o social del Pueblo Elegido.

Es posible que en el relato de la Torre de Babel, los autores de la época, recogieran hábitos de tradiciones anteriores para dar verosimilitud a sus interpretaciones, en todo caso, la cuestión es dilucidar si esa tradición, oral o escrita, correspondería a una leyenda imaginaria o a unos sucesos reales.

Babilonia y la construcción de su zigurat

El zigurat o pirámide escalonada era el monumento sagrado más típico en Asia Menor dentro del contexto religioso de la época. Hoy se conocen más de veinticinco de ese tipo de construcciones halladas particularmente en las ruinas de ciudades sumerio-babilónicas situadas al sur de la antigua Mesopotamia. Después del diluvio, Noé y sus descendientes se instalaron en los valles del monte Ararat, en la actual Armenia, y la Biblia dice que, en algún momento de sus vidas, marcharon hacia Oriente. Los hebreos primitivos eran nómadas dedicados mayormente al pastoreo y es probable que emprendieran ese camino en busca de mejores pasturas para su ganado. Debieron, por tanto, seguir el curso del río Éufrates que daba fertilidad a las tierras de sus riberas. En las márgenes de ese caudaloso y largo río se erigieron las grandes urbes de finales del Neolítico tales como Sumer, Acad, Ur y Ninive. Cabe la posibilidad que el pueblo hebreo hubiera llegado a lugares próximos a ésta última siendo en aquellos tiempos la capital de una civilización mucho más avanzada que la de ellos mismos. ¿Intentaron, los hebreos, imitar la cultura de los babilonios y ese intento es el que está registrado en el Génesis?

Estudios modernos descartan tal hipótesis ya que Torre se traduce al hebreo como «migdal» que vendría a ser: atalaya o torre de vigilancia, siendo ésta de forma cilíndrica y no piramidal. El supuesto que más fuerza tiene entre los eruditos es el de que los pastores hebreos, fascinados por las grandes construcciones que se plantaban ante sus ojos, decidieron colaborar con los arquitectos babilónicos en la construcción de un zigurat a las afueras de la ciudad -«vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego», sostiene el Génesis-, lo que daría explicación a la preocupación de los sacerdotes al ver la colaboración en la construcción de un monumento sagrado dedicado a falsos dioses. También se hallaría otra explicación posible a la «confusión de lenguas» ya que los arquitectos y los capataces hablaban una lengua difícil de entender para los hebreos por lo que algunos grupos decidieron abandonar la construcción tomando distintas direcciones lo que vendría a dar una explicación sobre que los descendientes de Noé se dispersaron «por la faz de toda la tierra». También tendría explicación la tajante intervención de Yahvé por estar su pueblo ayudando en la construcción de un santuario pagano, lo que podría pervertir los fundamentos de sus mandamientos y sumir al Pueblo Elegido en la idolatría, riesgo evidente si se tiene en cuenta que estos monumentos sagrados eran punto de encuentro de la religiosidad de los pueblos vecinos de aquella época.

La escalera de los dioses

Muchas civilizaciones de entonces, algunas de ellas muy alejadas entre sí, hicieron construcciones piramidales, escalonadas o no, o zigurats. Las más famosas y arquetípicas se encuentran, además de en Egipto o la antigua Mesopotamia, entre las culturas del sudeste asiático, en la India e incluso en la América precolombina. En todas ellas, como ocurría en las civilizaciones mesopotámicas, cumplían funciones fúnebres y de santuarios religiosos, siempre de acuerdo con la idea que asignaba, a la forma piramidal, unas propiedades magnéticas que se elevaban hacia el dominio de los dioses: la Escalera al Cielo. En el culto egipcio, la pirámide representaba la morada divina generadora del Universo, su vértice atraía una fuerza cósmica dirigida por una determinada energía divina que influía en el destino de los mortales antes y después de su tránsito terrenal.

La antigüedad de la construcción de los zigurats o de las pirámides es anterior, supuestamente, al diluvio universal o, como mínimo, al gran deshielo que los sumerios dejaron registrado para la memoria. Algo debió ocurrir durante la catástrofe ya que como consecuencia de ese hecho, los monumentos posdiluvianos dejaron de tener su poder original. «El dios ya no viene a yacer en su lecho en lo alto del zigurat» se lamenta un texto de una tablilla ugarítica.

El gran arquitecto innovador Imhotep

Los zigurats sumerio-babilónicos datan de unos tres mil años a.e.c., llegaron a Egipto durante el Antiguo Imperio. En ese periodo se comenzaron a construir pequeñas pirámides escalonadas que servían de referencia mística a las «mastabas» o monumentos funerarios que servían de santuario y panteón. Alrededor de 2700 a.e.c., el rey Zoser I, trasladó la capital de Tinis a Menfis, en el curso superior del río Nilo y encargo a su arquitecto Imhotep la construcción de un complejo funerario en el valle de Sakkara, en las afueras de la ciudad.

Imhotep fue un innovador que varió completamente la estructura de los zigurats mesopotámicos utilizando una pirámide básica para construir sobre ella una mayor y en lugar de usar ladrillos de barro cocido empleó piedras esculpidas en la roca. Así la construcción final ideada por este magnífico arquitecto constaba de una pirámide que albergaba a otra más pequeña en su interior y una mastaba, -o lecho mortuorio- en su cúspide. ¿Qué sentido místico-religioso podía tener esta nueva construcción? La hipótesis que más cuerpo ha cogido entre los expertos es que este tipo de construcción conectaba directamente las almas de los muertos con los cielos.

El triangulo sagrado

Unos cincuenta años, aproximadamente, después de la muerte del gran arquitecto, el faraón Houni, de la III Dinastía, inició la construcción de otra pirámide similar a la del valle de Sakkara sobre el valle de Meidum, en el extremo sur de Gizeh. Al haber fallecido antes de su conclusión su sucesor, Snefru –rey guerrero fundador de la IV Dinastía- finalizó la magna obra y el vasto complejo funerario que la albergaba. Siglos después, en él, se encontraron las valiosas tumbas del príncipe Rahotep y de su esposa Nofret.

Los arquitectos del faraón Snefru introdujeron otra novedosa técnica al cubrir, por primera vez, los lados de la pirámide de un material liso a diferencia de los zigurats mesopotámicos cuya forma era escalonada. Las dos primeras pirámides con sus caras lisas fueron la de Meidum y la del propio faraón en Dahshur.

¿Impidieron los sacerdotes esa construcción para que el pueblo llano no alcanzara esos niveles de misteriosa sabiduría?

Es sabido que tanto los arquitectos como los sacerdotes egipcios buscaban la proporción perfecta en la construcción de las pirámides. Los primeros por una cuestión de equilibrio estético, los segundos por razones místicas. El poder magnético de la forma de las pirámides, que en egipcio se llaman «mer» -en español, imán-, era capaz de alcanzar el cielo teniendo contacto directo con los dioses siempre y cuando su formula fuese la acertada. Por ello tanto arquitectos como sacerdotes compartían la misma inquietud esotérica. Esa búsqueda continúa a mediados del tercer milenio a.e.c. con el diseño de las grandes pirámides de Kefrén y Keops. Hay quienes creen que en la construcción de la pirámide de Kefrén se logró descifrar un arcano anterior al diluvio el cual revelaba la proporción del llamado «triangulo sagrado» y su forma de progresión de los lados era 3–4-5 llegando a la conclusión de que en ella se había inspirado Pitágoras para formular su teorema fundamental de la geometría plana.

Conexión lejana con México

Cuando Hernán Cortés invade la península del Yucatán apenas hacía dos siglos que los aztecas ocupaban el actual territorio de México y, de hecho, se habían limitado a refundar Tenochtitlán. Quizás una de las más grandes ciudades de la época. En 1499 sufrió una fortísima inundación quedando anegada por las aguas del lago Techcoco. Cuando, al fin, los aztecas habían acabado con su reconstrucción en 1521, los conquistadores españoles volvieron a destruirla quedando solamente en pie la gran pirámide de Tenochtitlán la cual resistió las vicisitudes de todos los tiempos y hoy en día aun se encuentra erguida en los alrededores de Ciudad de México. Dos pequeños zigurats la acompañan. Al norte el dedicado a la Luna, al sur, el dedicado al Sol.

Sin entrar en la discusión de si esta magna obra fue realizada por los aztecas o heredada de los toltecas lo cierto es que la pirámide de Tenochtitlán ofrece sorprendentes datos. Por ejemplo, la pirámide del Sol tiene exactamente la misma base que la de Keops en Gizeh, Egipto, y el mismo número de escalones. Parece impensable que los aztecas mexicanos hubiesen copiado las fórmulas egipcias ya que, ambos monumentos, están separados por tres milenios en el tiempo y por 12.000 Km en la distancia teniendo en cuenta, que además, un inmenso Océano, el Atlántico, separa a África de América.

Algunas voces esoteristas recurren de vez en cuando al manido y más omnipresente mito de la Atlántida cuyos supervivientes habrían llevado consigo el arcano egipcio. Otros, sin embargo, sostienen que ambas culturas alcanzaron en distintos momentos un determinado estadio de evolución que les permitió efectuar las observaciones y los cálculos pertinentes para llegar a conclusiones similares. La mente humana, en una fase de desarrollo similar, podría expresar de forma muy parecida las mismas conclusiones en el resultado de un descubrimiento.

Una pirámide, la de Cholula, mucho más antigua que la de Tenochtitlán hace referencia a la existencia legendaria de un gigante al que se le llamó: Shelua quién, siempre según la leyenda, levantó tan soberbia construcción con el fin de salvarse del Diluvio Universal. Los mitos se alimentan entre las distintas culturas y se relacionan entre sí reforzando la hipótesis de una Gnosis común o de una sabiduría revelada proveniente de las brumosas épocas antediluvianas. Los datos están ahí y son objetivos. No es posible ignorarlos pues hacerlo no implica que no se hayan dado. Aunque una explicación racional del fenómeno podría ser cualquier otra, no cabe la menor duda de que la sola idea de que una misma fuente común desconocida constituyó esos resultados en escenarios bien distintos.

Lo sagrado de la Matemática

Recientemente se ha planteado la posibilidad de que tanto los egipcios como otros pueblos de la antigüedad hayan tenido acceso a una «matemática sacralizada» de difícil explicación para la ciencia exacta moderna. El autor del tal planteamiento ha sido el egiptólogo francés Jean-Louis Bernard quien entre otras cosas dice: «Si la pirámide pitagórica de Kefrén exhala en su interior un ambiente sedante, a la inversa de lo que se detecta en Keops, vagamente angustiante, ello no significa que ésta también no represente una perfección matemática». Este mismo personaje cita a otros autores que atribuyen a los egipcios el perfecto conocimiento de todas las medidas fundamentales como son el radio del Planeta, la inclinación del eje polar, la distancia entre la Tierra y el Sol, etc.-, y la proporción, relación y orientación de las pirámides con algunas constelaciones estelares, y, con gran sentido del humor, replicó al escéptico Mendelsohn cuando registró, con insana ironía, que la altura de la Torre Eiffel multiplicada por 10.000 daba como resultado el diámetro de Marte. Este autor refutó los cálculos de Napoleón cuando este último aseveró que con las piedras de las tres pirámides de Gizeh se podía rodear a Francia con un muro de un metro de ancho por uno y medio de alto. Eso nos lleva a una conclusión ¿cómo es posible que en tiempos tan remotos y tan cercanos a la prehistoria, una civilización, la egipcia, hubiese alcanzado ya, por ejemplo, deducir el valor de las constantes Pi y Phi?

La lengua de los sabios

Otra coincidencia existente entre las pirámides de Keops y Teotihuacán es la cámara subterránea que las dos presentan en su interioridad siguiendo, en ambos casos, la verticalidad de la cúspide. Varios expertos en parapsicología han comprobado también que en ambos recintos subterráneos sucede un fenómeno idéntico y extraño: la presencia de vibraciones que producen experiencias de audiofonía y visualización en quienes se hallan en el interior de esos lugares. ¿Son quizás ecos provenientes del exterior? ¿Alucinaciones transitorias por el encierro experimentado? Sin duda es posible apelar a esta sintomatología o establecer otro tipo de hipótesis como forma de explicación racional, pero los argumentos esotéricos plantean inquietantes razones que no deben ser ignoradas.

Michel Skariatine realizó sendas pruebas en las cámaras de México y Egipto, en horarios vacios de público y bajo estrictos controles de su estado psíquico. Su conclusión fue que no cabía duda de que ambos ambientes favorecían los fenómenos de clarividencia, provocados por algún tipo de energía desconocida, que si bien podía ser cósmica, solo en un entorno como el de una pirámide, dadas sus características, se podía captar. Obviamente, si la pirámide de Keops posee esa cualidad energética, no hay por qué negársela a otras construcciones similares como los zigurats mesopotámicos. ¿Impidieron los sacerdotes esa construcción para que el pueblo llano no alcanzara esos niveles de misteriosa sabiduría?

La energía cósmica del «Rayo Verde»

Muchos visitantes de la Gran Pirámide de Gizeh han sufrido alucinaciones auditivas a las que se les ha venido a dar la explicación racional de ser producto de la claustrofobia que producen las cámaras cerradas y los estrechos pasadizos. Pero en esta opinión no coinciden los expertos radiestesistas Chaumery y Bauzal, citados por Bertrand, que asignan al interior de la pirámide un efecto electromagnético. Lo cierto es que la construcción piramidal, escalonada o no, interactúa con un fenómeno físico llamado «telurismo». Se trataría de una radiación propia de la corteza terrestre, que emite ondas supercortas en el arco del «verde negativo». Según esta teoría, estas ondas, formarían parte del espectro de las radiaciones cósmicas del mismo color cuando son positivas y que los radiestesistas conocen con el nombre de «Rayo Verde», así pues, la pirámide, actuaría al mismo tiempo como un imán y un condensador de esas energías astrales que ejercerían determinados efectos sobre el organismo humano.

Ese malestar y la sensación de ahogo vendrían a obedecer a la masiva concentración de ondas telúricas de la corteza terrestre que producen una ralentización del proceso cardio-respiratorio y de la circulación sanguínea. Llevado a su extremo máximo, este efecto, acabaría secando todos los tejidos corporales llevando al individuo a una «momificación natural», como la que presentan algunos restos humanos hallados en grutas o cuevas de alta montaña, cuyas cumbres tendrían capacidad electromagnética para atraer vibraciones del espectro cromático «verde negativo». Pero en el interior de una pirámide perfectamente equilibrada y orientada según normas precisas, se produciría una momificación de otro tipo, favoreciendo el tránsito del difunto a una dimensión extracorpórea y mística, por la acción del «verde cósmico positivo».

Se sabe que, en un principio, esas cámaras interiores de las pirámides no eran tumbas en el sentido estricto de la palabra ya que los sarcófagos se depositaban en sepulcros adyacentes, sin embargo pudieron cumplir la misión de ser una especie de «santuario cósmico» donde los sacerdotes pudieran visualizar el futuro y recibir la comunicación de los dioses en el curso de sus estados alterados de consciencia inducidos por las mencionadas energías cósmico-telúricas.

Otra posibilidad sería que la forma piramidal fuese únicamente parte de un mecanismo excepcional por el cual se captaban determinadas energías cósmicas cuyo conocimiento se ha perdido en la noche de los tiempos. De lo que no cabe duda es que, aunque no sepamos explicar muy bien el porqué, las pirámides gozan de un halo mágico y esotérico y su poder continúa siendo todo un enigma en plena era de la tecnología.


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Autor:
Jaime Bel Ventura (52 noticias)
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Reportaje
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