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Erasé una vez pedí cita con el médico...

18/11/2009 11:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque todos pagamos seguridad social, esta no nos ofrece el servicio que debiera, y es así, tras mi paso por el médico y urgencias como me decido a explicarles el actual funcionamiento sanitario del país

Les contaré un pequeño cuento, aviso que no tiene final, aunque les aseguro que daría oro para que lo tuviera.

Erasé una vez... hace unos cuantos meses me comenzó a doler la cabeza, como eran pocos días pensé que no era un gran problema, así que lo dejé pasar sin ir a ver mi señor doctor y me tomé unas pastillitas mágicas llamadas paracetamol. Los días transcurrieron sin penas, pero a los quince días el dolor de cabeza volvió, esta vez me duró varios días casi una semana, pero mis pastillitas mágicas me lo curaron de nuevo. Pasó una semana y pico y el dolor volvió y esta vez se quedó unos pocos días, pero en cosa de dos días volvió a aparecer. El paracetamol dejó de hacer efecto, así que probé con otras pastillas mágicas llamadas Ibuprofeno. Estas me hacían algo más de efecto, pero el dolor seguía ahí. Paso un tiempo y el dolor de mi cabecita comenzó a ser verdaderamente molesto, una semana entera con dolores muy malos y sin que nada hiciese efecto, así que decidí ir al doctor. El doctor muy amable me hizo muchas pruebas. Me movió el cuello como un tío vivo, me hizo andar adelante y atrás con los ojos cerrados, me dió con una lucecita muy curiosa y que hacía algo de daño en los ojos, y me miró de arriba a abajo. El doctor, como no sabía que podía ser la causa del dolor, me mandó al neurólogo y al oftalmólogo para que me viesen cuanto antes.

¡Hay pobre iluso doctor, que pensaba que esos doctores existían! Me dió dos papelotes, y me mandó de nuevo pastillas mágicas de Ibuprofeno. Cuando llegué a casita, llamé por teléfono para pedir cita con los doctores súper listos llamados Neurólogo y Oftalmólogo. Cuando marqué el teléfono me contestó una chica, "-Señorita este no es el número al que debe llamar, le facilitaré el otro". Así que llamé a un nuevo lugar. Esta vez me contestó una señora algo más mayor que la de antes "- Disculpe pero no tengo tiempo para atenderla, llame a partir de las 3 y le atenderá mi compañera" Así que mi cita con los doctores se hizo esperar. De nuevo llamé a las tres de la tarde, y una joven cogió esta vez "- Debe traerme en mano los papeles para que pueda darle cita con el doctor" Bueno, fueron tres llamadas para decirme que debía coger el coche para ir a un pueblo cercano para que me diese cita la joven. Pero claro, yo estaba muy malita, así que tuve que llamar a mi marido para que saliese de trabajar y me llevase a este pueblecito a ver a la chica que me daría cita con los doctores. Cuando ya estuve allí, me quedé sorprendida de las nuevas instalaciones, pero más me quedé cuando la señorita me dijo que ya me mandarían una carta con la cita. ¡Oh Dios mio! ¡No sabe cuando los veré! La señorita me repitió que había lista de espera y que ya me llamarían. Con esto me volví a mi casita, a esperar. Pero pasaron más de 10 día y el dolor no paraba de crecer. Llamé de nuevo a la señorita de las 3. Me dijo que aún no sabía nada. Por lo tanto, volví a visitar a mi querido doctor que se quedó anonadado con la lentitud del sistema y me mandó unas nuevas pastillas mágicas, Enantyum. El buen doctor me dijo: - Si ves que te duele mucho, que continuas así y que no puedes más vete a urgencias porque yo no puedo hacer más.

Gracias a Dios el dolor remitió un poco y durante unos quince días me dolía la cabeza pero no tanto. Pero el maldito dolor volvió. Ya no era que a veces vomitase, ni que me marease, o que hubiese perdido visión, es que cuando me dolía mucho mucho era incapaz de quedarme si quiera de pie. A penas dormía ya, y no podía aguantar más. Así que decidí, con mi santa paciencia, ir a visitar al señor doctor de urgencias.

Llegué al lugar, lleno de gente. Moras a dar a luz, niños llorando, ... y una megafonía que no se entendía nada. Llegué a ventanilla, y le dí mis datos a una buena mujer que posteriormente me pidió que me sentase a esperar. Y allí, una hora hasta que mi nombre sonó en la megafonía. Una hora con la cabeza a punto de explotar, niños llorando, y señoras que se aburrían mucho y se decidieron a ponerse a cotorrear sobre lechugas en una sala de urgencias y a grito pelado. La gente de la España profunda no parece entender que si de normal hablar a gritos no es muy educado, hacerlo en una sala de urgencias con gente convaleciente mucho menos. Pero bueno, soporté el martirio de las señoras y los niños llorando y otros tan enfermos que hasta corrian jugando con sus hermanos por toda la sala pegando gritos y brincos. Pasé a una salita donde me esperaba una doctora, me preguntó que me dolía y me mandó de nuevo afuera. Media hora más a soportar a las de las lechugas, los niños súper enfermitos que se ponían a correr por la sala, y los gritos de los niños que sí estaban enfermos. Mientras tanto, las moras iban pasando a la zona de los partos, silenciosas y tranquilas.

Finalmente me volvieron a llamar, esta vez me atendió un joven doctor, de ojos verdes, moreno, muy buena planta la verdad. Me pidió que me quitase la parte de arriba, y claro si hubiese sido fuera de urgencias quizá me hubiese animado más la propuesta. Pero no, no tenía yo ganas de juerga, y mi marido que no le desmerece al doctor tiene mejor planta para mi gusto y se encontraba más a mano. El joven me hizo caminar, tocarme la nariz, y me preguntó mis dolencias. Llamó a una auxiliar muy simpática que me pinchó en el brazo, me sacó sangre y me puso un liquido mágico llamado Nolotil. Me mandó a esperar a una salita, esta ya dentro de la zona de los doctores alejada de las lechugas y los parques para padres un poquito hipocondríacos. Allí estuve un buen rato, hasta que finalmente me vino a ver el doctor, me preguntó si el dolor había bajado, y no, que va, ni siquiera había bajado un poco.

"Chiste: una vez pedí cita para el especialista, ... y me la dieron"

Me metió de nuevo a su consulta y la chica que me había puesto Nolotil me pinchó esta vez algo en al pierna. De nuevo a esperar a la salita. Y de nuevo un buen rato hasta que me preguntaron de nuevo... "¿le ha dejado de doler, aunque solo sea un poco?" Tampoco eso me hizo efecto. Al ratillo vino una chica nueva, me dió una pastilla mágica de Diazepam y me puso un líquido súper mágico que no se lo que era. En cosa de un cuarto de hora la cabeza se me empezó a ir, los ojos se me cerraban, y el dolor comenzó a remitir, aunque no llegó a desaparecer del todo pero sí bajó mucho su intensidad. El doctor me llamó de nuevo a su consulta, creo, porque no recuerdo muy bien lo que pasó. Me dijo que me había puesto un opiáceo, y entonces entendí lo de que mi cabeza y yo estábamos en una nube rara. Me dijo que las analíticas de sangre estaban perfectas, y que me iba a mandar pastillas para el dolor hasta que me llamase el Neurólogo a casa y me diese cita.

Así que me vestí y llegué a casa, no se ni como porque no me acuerdo, las cosas mágicas me dejaron drogada perdida. Así que a la mañana siguiente fui a la farmacia, compré la medicación y aquí estoy, que no sé si escribo yo, las letras se ponen solas y tampoco sé si mañana me acordaré de esto. Eso sí, del neurólogo y el oftalmólogo ni rastro. Para mí que el neurólogo y el oftalmólogo de la seguridad social son los padres, igualito que los reyes. A mi me han dicho que existen, pero a mi no me la dan con queso. Ya hace más de un mes que estoy con dolor contínuo, más de un mes que espero a que me llamen para decirme cuando veré a estos médicos, que os digo yo que no existen... Eso sí, la seguridad social la pago religiosamente, los trámites burocráticos de llamar de lado a lado los he seguido paso a paso, pero de la cita ni rastro. Sinceramente preferiría que me dijesen que me dan cita para dentro de seis meses, por lo menos así sabré que me tengo que ir de pago.

Empiezo a pensar que se debería poder denunciar a la seguridad social, al fin y al cabo yo pago todos los meses por un servicio que está claro que no uso, no porque no quiera sino porque no me dejan. Sin duda alguna a esto se le podría llamar estafa ¿No creéis?

Bueno, ahora os dejo, los opiáceos están comenzando a hacer efecto de nuevo y mi cabeza comienza a hacer la ola sola. He dejado de tener un dolor de cabeza a estar colocada todo el día, lo cierto es que no sé que es peor... Lo que está claro es que por mucho que me gustaría, el fin de este cuento aún no ha sido hallado... y lo que le queda...


Sobre esta noticia

Autor:
Lorena López (27 noticias)
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Tipo:
Opinión
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