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Envidia e injusticia

09/11/2014 22:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El mundo es un lugar extraordinario dotado de todos los recursos para que los seres humanos puedan vivir y gozar de bienestar. El hombre se ha encargado de desahuciarse a sí mismo, es imprescindible volver la hoja, y cambiar de rumbo

La envidia y la injusticia, cuando van asidas de la mano puede resultar una mezcla explosiva. El declive de nuestra sociedad nos ha llevado por senderos escabrosos, con las nefastas consecuencias que todos conocemos. Es pavoroso ser testigo a diario de los  actos cometidos por miles de personas a causa de estos “males” que aquejan a tantísimas otras.

La envidia puede llegar a ser un arma mortífera, tan maléfica como un arma nuclear. Por otro lado la injusticia se mueve cual culebra venenosa por todos los ámbitos, sin que nadie ose detenerla.

La gran incógnita es, ¿existe realmente un límite? ¿Hay alguien capaz de ponerle el cascabel  al gato?

Lo peor de todo ello es que ambas se trasmiten como reguero de pólvora entre los principales medios de comunicación, a saber: televisión, radio, periódicos,   internet, etc. etc.

Existen personajes populares que han sido encumbrados a una posición destacada merced a su fina ironía, su ambigüedad, su destreza ponzoñosa y su inopia de valores.

Sin piedad, implacables y sin escrúpulos atacan a sus víctimas cual animales salvajes, despellejándolos sin piedad hasta acabar con ellos. La gran materia pendiente que poseen es la empatía ¿conocen acaso el significado de esta palabra? ¿Conocen de valores y de presunción de inocencia? Con que autoridad se erigen como fiscales y jueces trastocando a la opinión pública y predisponiéndolos a navegar por sus turbias aguas. Todos estos actos detestables son movidos por la envidia, una insania que puede llegar a destruir todo a su paso.

Acorazados e investidos por su ambición de notoriedad, se enfundan las togas de jueces y abogados, devorando ávidamente a sus víctimas. Hurgan sin piedad en los contenedores en una búsqueda implacable por envenenar a la opinión pública, aprovechándose de su privilegiada posición. Existen millones de espectadores ávidos de seguir sus retorcidas estrategias, desvirtuando muchas veces la realidad en pro de sus sórdidos beneficios. Esta misma enfermedad que padecen muchos “comunicadores”, también la padecen políticos y destacados personajes sociales. Evidentemente la degradación social nos ha llevado a deambular entre verdaderas minas antipersonas.

Debido a la envidia, a los pocos escrúpulos la Diosa Justicia se ve manipulada por tráfico de influencias. Increíblemente la civilización actual está dejando aparecer su lado más oscuro, en lugar de evolucionar e intentar destacar su lado más solidario, fraterno y humano.

Sinceramente esta oscurecida realidad hiere la sensibilidad de quienes aborrecen la injusticia, y lamentablemente ésta se vislumbra a nuestro alrededor en los cuatro puntos cardinales. El afán de poder, por el poder en sí; la soberbia, la ambición desmedida, son factores que han conducido al descalabro social actual. La caída en picada de valores ha derivado en una decadencia indecente, que ha tirado por tierra la búsqueda de intereses mancomunados en pro del bienestar general. Estos “monstruos” en potencia, que han logrado asirse con encumbradas posiciones, ostentando cargos destacados, padecen y practican la apostasía, blasfemia y la deslealtad.

Los humanistas han sido relegados y aplanados por una borrasca que los ha dejado inertes.

Yo creo en el periodismo, pero este cuarto poder debe ser entendido y bien ejercido, no desprestigiado en manos y voces que solo buscan notoriedad y bienestar propio, a costa de manipular a la opinión pública sembrando discordias. Este tipo de periodismo es tan soez como aquellos políticos que hacen un mal uso de su posición y de sus funciones.

Pero creo que lo peor de todos estos dobleces es el ejemplo que les estamos legando a las nuevas generaciones. Si se sigue actuando de forma tan irresponsable tal y como lo venimos haciendo, irremediablemente el futuro será mucho más tenebroso que la realidad actual.

Nos movemos activados por mezquinos y egoístas intereses individualistas, que solo persiguen el bienestar propio, sin detenernos a pensar ni un solo segundo en el prójimo. Los valores reales se han ido extinguiendo en el tiempo. El materialismo, la avaricia, se ha convertido en amo y señor del mundo, sumergiendo en un abismo sin fin a los más vulnerables. Pero esto no es lo más triste, lo más lúgubre es el hecho de la apatía hacia las consecuencias derivadas de nuestros actos.

Sabemos que existe la hambruna en el mundo, somos plenamente conscientes que el continente Africano sufre carencias de toda índole, injusticias sociales, culturales, sanitarias, sin embargo “ningún” gobernante hace nada por remediarlo. Cuando “todos” deberían unirse para paliar esta situación, lo único que hacen es esconder la cabeza como hace el avestruz. Nadie se mete en la piel de estas personas que mueren a puñados desprotegidas, careciendo hasta del agua ¡esencial para la vida!. El continente Americano también presenta carencias y limitaciones, erogadas de la economía mundial que la ha sumergido merced a deudas imposibles de pagar, todo ello debido a abusivos intereses de usura. En Europa también se padecen los “coleteos” de una economía capitalista que solo ha procurado enriquecer a los que más tienen.

La gran materia pendiente en la sociedad actual se traduce a una sinfonía que armonice y hermane a todas las naciones con iguales derechos y bienestar generalizado

La inteligencia del ser humano está siendo dilapidada meciéndose entre devaneos esencialmente materialistas, que solo persiguen el beneficio de aquellos que ya se sitúan en posiciones privilegiadas y destacadas. Se está utilizando la inteligencia humana al servicio del enriquecimiento de una élite que solo está preocupada por sí misma, por mantener el status y atesorar más y más riquezas. Estas personas no sospechan que todos venimos al mundo en idénticas condiciones y que cuando lo abandonamos lo hacemos igualmente desnudos de todo lo que tenga que ver con los bienes materiales y terrenales. ¿Por qué no se compadecen entonces de los más desprotegidos, en lugar de utilizar todo su empuje en hundirlos y dominarlos?. Hay un viejo dicho que reza “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita” y podría citar otro  “muchas veces menos es más”.

Vemos a diario una lucha implacable por el poder, por aplastar a quien ose oponerse a los intereses de quienes ostentan el poder. Esta lucha de supremacía nos ha llevado a librar guerras ajenas que ni siquiera entendemos el porqué de su existencia. La violencia, la guerra, el terrorismo, son todos sinónimos que han pasado a formar parte de las habituales herramientas de políticos y poderosos, pero que existen para perseguir sus propios intereses y que solo perjudican a la gran masa de la población mundial.

Esta población que se convierte en conejillo de indias, en víctimas inocentes y mártires inmolados, cuya vida “alguien” ha decidido carece de valor. Y todo ello ¿para qué? Solo para el beneplácito de unos pocos, para alimentar su ego, para engrosar sus ya abultadas cuentas bancarias.

La soberbia, la petulancia, la arrogancia, son características inherentes a quienes se creen por encima de todo, en muchos casos hasta de la ley y de la legitimidad. Desde los comienzos de la historia existen personajes despiadados, capaces de atrocidades en post de lograr sus metas preconcebidas. Las guerras se han convertido en meros instrumentos que solo redundan beneficios para quienes las apoyan. La guerra es un “comercio” a gran escala donde se mueven todas las industrias: “destruir para luego construir”. Países que se declaran pacifistas y que sin embargo soslayadamente venden armas, municiones, vehículos, armamentos de todo tipo; a eso podríamos llamarle “fraude”. Por un lado se declaran contrarios a la violencia y tras bambalinas comercian, enriqueciéndose. Este tipo de acciones son detestables, la política y quienes la practican, son afines a la hipocresía. Sin embargo este tipo de terrorismo es legal. Sin importar las víctimas inocentes que se vean involucradas, ni la masacre que se geste, ni el dolor de aquellos que pierden padres, madres, hijos… ¿Cómo es posible que se comercie con vidas humanas?. Es un juego deshonesto, disfrazado de “quijotada”. No es posible amar a Dios y al diablo. La humanidad está cansada de padecer oprobio y de ser mancillada, vilipendiada en pro de ideales preconcebidos que solo benefician a unos pocos.

La injusticia pulula por el mundo a diestra y siniestra sin que nadie haga nada para detenerla. Vivimos inmersos en un mundo de mentiras, patrañas y fábulas literalmente urdidas para vendernos el famoso “cuento chino”. Este maravilloso planeta en el que habitamos es fructífero y productivo para albergar a toda la humanidad satisfactoriamente. La geografía es generosa, exuberante e inagotable, capaz de satisfacer las necesidades de todos, sin embargo existe un “reparto” no equitativo que solo favorece a unos pocos. Los políticos mundiales han fracasado de pleno, sin lograr acabar con la hambruna, creo que lamentablemente podríamos aseverar que  han incurrido en delitos de lesa humanidad. Mientras existan seres humanos con carencias, desprotegidos, damnificados convertidos en “presas” inocentes de un sistema político – económico, que desde tiempos inmemoriales se divide entre dominadores y dominados, seguiremos anclados.

El calor humano, la solidaridad, la empatía, la benevolencia,   han sido reemplazadas por la ferocidad de una barbarie destinada a asolar y subyugar a quienes forman parte de una mayoría. La lucha desproporcionada por el poder y la supremacía han fisurado gravemente a la humanidad.  Es necesario que este patrón cambie, mientras exista un abismo que separe a la sociedad actual, no será posible hablar de un cambio global.

Resultan escandalosas las cifras fraudulentas que se manejan a nivel mundial. La corrupción instrumentada al servicio del enriquecimiento ilícito mayoritariamente de quienes manejan los hilos políticos y económicos mundiales. Todo ello mientras la sociedad padece sus escarceos, traducidos todos ellos a consecuencias nefastas, que solo arrojan como saldo la vergüenza y la falta total de valores morales y éticas de quienes son los encargados de administrar los estados y bregar por el bienestar ciudadano.

Las cifras que salen a luz resultan tan irrisorias que se me antojan hasta grotescas. La sensibilidad de la clase política brilla en su ausencia, la justicia social, son  las grandes ausentes. En la mayoría de los gobiernos mundiales se muestra el repudio y el desprecio hacia los derechos humanos. ¿Es posible esperar un cambio social mundial?. Rotundamente “no”; no mientras la esencia humana no cambie. Es triste ver que a pesar de la evolución que ha sufrido el ser humano, este nefasto factor ha permanecido adormecido en el tiempo.

Mientras no desterremos el egoísmo, el culto a los bienes materiales; mientras no se realice una “limpieza” a fondo desterrando la envidia que mueve a las personalidades más mezquinas; mientras no se arranque de cuajo el capitalismo, estaremos condenados a seguir sobreviviendo en un mundo asocial, amoral, e injusto. Es menester que breguemos por el bienestar de todos en general, no es posible vivir individualmente, mientras existan personas carentes de lo mínimo indispensable para la vida. Huérfanos de la vida, desposeídos de techo, comida, abrigo, trabajo, sanidad… Deberíamos pensar que todos podríamos padecer estas terribles situaciones límites; calzar los zapatos ajenos podría llevarnos hacia un mundo más justo y equitativo. Mientras primen el capitalismo, la soberbia, la envidia, la injustica, seguiremos formando parte de los menesterosos de la sociedad, gobernados y dominados por unos pocos privilegiados que hacen y deshacen a su antojo, sin que nadie ose siquiera impugnarlos.

En España uno de cada cinco personas vive debajo del umbral de pobreza, estamos hablando del “primer mundo”. Mayoritariamente en toda la geografía española vemos hurgar en los contenedores hombres, mujeres, niños, ancianos en busca de algún alimento. Todo ello como consecuencia de una política antisocial, que solo ha favorecido a la clase gobernante y a sus adeptos… secuaces de la misma logia.  Estamos hablando de un país desarrollado, Europeo… Si así estamos viviendo en un país del primer mundo, ¿Cómo viven quienes habitan en otros puntos terrestres?

El programa de Naciones Unidas para el desarrollo revela que casi mil quinientos millones de personas pertenecientes a 91 países en proceso de desarrollo, conviven en una situación de pobreza multidimensional y casi ochocientos millones están proclives a caer en ella. Si seguimos transitando por estos tenebrosos senderos el desarrollo humano no será ni equitativo ni sostenible. La humanidad debe despertar de su largo letargo y primeramente meditar sobre la inminente necesidad de un cambio, para luego traducirlo a acciones que logren abolir un sistema que hace aguas y esta caduco.

 

 


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Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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