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¿Enseñó la iglesia primitiva que Dios sea una Trinidad? Parte 4—¿Cuándo y cómo se produjo la doctrina de la Trinidad?

02/05/2011 02:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Este último artículo considerará cómo se desarrolló el dogma de la Trinidad y qué papel desempeñó el Concilio de Nicea de 325 E.C

Los primeros tres artículos de esta serie mostraron que ni Jesús ni sus discípulos ni los primitivos Padres de la Iglesia enseñaron la doctrina de la Trinidad (La Atalaya del 1 de noviembre de 1991, 1 de febrero de 1992 y 1 de abril de 1992). Este último artículo considerará cómo se desarrolló el dogma de la Trinidad y qué papel desempeñó el Concilio de Nicea de 325 E.C.

EN EL año 325 E.C., el emperador romano Constantino convocó un concilio de obispos en la ciudad de Nicea, Asia Menor. Su objetivo era zanjar las continuas disputas religiosas sobre la relación del Hijo de Dios con el Dios Todopoderoso. Respecto a los resultados de ese concilio, la Encyclopædia Britannica dice:

“Constantino mismo presidió y dirigió activamente las discusiones y personalmente propuso [...] la fórmula decisiva que expresaba la relación de Cristo con Dios en el credo que el concilio emitió, que es ‘consustancial [ho·mo·óu·si·os] al Padre’. [...] Impresionados por el emperador, los obispos —con solo dos excepciones— firmaron el credo, aunque muchos de ellos no estaban muy inclinados a hacerlo”1.

¿Se debió la intervención de ese gobernante pagano a sus convicciones bíblicas? No. El libro A Short History of Christian Doctrine (Breve historia de la doctrina cristiana) declara: “Básicamente, Constantino no entendía nada de las preguntas que se hacían en teología griega”2. Lo que sí entendía era que las disputas religiosas amenazaban la unidad de su imperio, y quería zanjarlas.

¿Estableció la doctrina de la Trinidad?

¿Estableció o confirmó la Trinidad como una doctrina de la cristiandad el Concilio de Nicea? Muchas personas suponen que así fue. Pero los hechos muestran lo contrario.

El credo que ese concilio promulgó ciertamente sostuvo varias ideas acerca del Hijo de Dios que permitirían a diversos clérigos considerarlo en cierto modo igual al Dios Padre. Sin embargo, es instructivo ver lo que no dijo el Credo de Nicea. Según se publicó originalmente, el credo entero decía:

“Creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció, y resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo”3.

¿Dice este credo que Padre, Hijo y espíritu santo son tres personas en un solo Dios? ¿Dice que los tres son iguales en eternidad, poder, posición y sabiduría? No, no lo dice. No contiene ninguna fórmula de tres en uno. El Credo de Nicea original no estableció ni confirmó la Trinidad.

Como mucho, ese credo iguala al Hijo con el Padre cuando dice que el Hijo es “consustancial” a él. Pero no afirma nada parecido acerca del espíritu santo. Lo único que dice es que “creemos [...] en el Espíritu Santo”. Esa no es la doctrina de la Trinidad que enseña la cristiandad.

Ni siquiera la expresión clave “consustancial” (ho·mo·óu·si·os) quiso decir necesariamente que el concilio creía en una igualdad numérica de Padre e Hijo. La New Catholic Encyclopedia informa:

“Es dudoso que el Concilio tuviera la intención de confirmar la identidad numérica de la sustancia de Padre e Hijo”4.

Aunque el concilio hubiera querido decir que el Hijo y el Padre eran uno numéricamente, todavía no habría una Trinidad. Solo habría un Dios de dos en uno, no de tres en uno como lo precisa la doctrina de la Trinidad.

“El punto de vista de una minoría”

En Nicea, ¿creían los obispos en general que el Hijo era igual a Dios? No, había puntos de vista en conflicto. Por ejemplo, uno de ellos lo representaba Arrio, quien enseñaba que el Hijo había tenido un comienzo finito en el tiempo y por lo tanto no era igual a Dios, sino que estaba subordinado en todo sentido. Por otro lado, Atanasio creía que el Hijo era igual a Dios en cierto modo. Y había otros puntos de vista.

Martin Marty declara en cuanto a la decisión que el concilio tomó respecto a considerar que el Hijo era de la misma sustancia (consustancial) que Dios: “Nicea en realidad representó el punto de vista de una minoría; el acuerdo fue molesto e inaceptable para muchos que no compartían el parecer arriano”5. De igual manera, el libro A Select Library of Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church (Biblioteca escogida de padres nicenos y posnicenos de la iglesia cristiana) menciona que “solo una minoría adoptó la posición doctrinal formulada con claridad que contrastaba con el arrianismo, aunque tal minoría triunfó”6. Y A Short History of Christian Doctrine indica:

“Lo que a muchos obispos y teólogos del Oriente les pareció especialmente censurable fue el concepto que Constantino mismo introdujo en el credo, el homoousios [“consustancial”], que en la contienda posterior entre la ortodoxia y la herejía llegó a ser objeto de disensión”7.

Las controversias perduraron después del concilio por décadas. Los que favorecían la idea de igualar al Hijo con el Dios Todopoderoso hasta cayeron en desgracia por un tiempo. Por ejemplo, Martin Marty dice de Atanasio: “Su popularidad ascendió y descendió, y se le desterró tantas veces [durante los años posteriores al concilio] que se convirtió prácticamente en un viajero que iba y venía”8. Atanasio pasó años en el destierro porque hubo funcionarios políticos y eclesiásticos que se opusieron a sus puntos de vista de que el Hijo y Dios eran iguales.

De modo que es inexacto afirmar que el Concilio de Nicea de 325 E.C. estableció o confirmó la doctrina de la Trinidad. Lo que luego llegó a ser la enseñanza de la Trinidad no existía en aquel tiempo. La idea de que el Padre, el Hijo y el espíritu santo eran cada uno el Dios verdadero y eran iguales en eternidad, poder, posición y sabiduría aunque un solo Dios —un Dios de tres en uno— no se produjo en ese concilio ni fue formulada por los primitivos Padres de la Iglesia. Como declara The Church of the First Three Centuries:

“La doctrina popular moderna de la Trinidad [...] no deriva apoyo alguno del lenguaje de Justino [Mártir]: y esta observación puede extenderse a todos los Padres Antenicenos; es decir, a todos los escritores cristianos por tres siglos después del nacimiento de Cristo. Es verdad que ellos hablan acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu santo o profético, pero no como si fueran coiguales, ni como si fueran una sola esencia numérica, ni como Tres en Uno, en cualquiera de los sentidos admitidos ahora por los trinitarios. Precisamente lo contrario es la realidad. La doctrina de la Trinidad, como la explicaron esos Padres, era esencialmente diferente de la doctrina moderna. Afirmamos esto como un hecho tan demostrable como cualquier hecho en la historia de las opiniones humanas”.

“Desafiamos a cualquiera para que presente a un solo escritor de renombre que, durante los primeros tres siglos, creyera en esta doctrina [la Trinidad] en el sentido moderno”9.

Con todo, Nicea ciertamente representó un punto de viraje. Abrió la puerta para la aceptación oficial de que el Hijo era igual al Padre, lo cual preparó el camino para el concepto posterior de la Trinidad. El libro Second Century Orthodoxy (Ortodoxia del siglo segundo), escrito por J. A. Buckley, menciona:

“Al menos hasta fines del siglo segundo, la Iglesia universal permaneció unida en un sentido básico; todos aceptaban la supremacía del Padre. Todos consideraban al Dios Padre Todopoderoso como el único supremo, inmutable, inefable y sin principio. [...]

”Con la desaparición de esos escritores y líderes del siglo segundo, la Iglesia se vio [...] deslizándose lenta pero inexorablemente hacia ese punto [...] en que en el Concilio de Nicea se alcanzó la culminación de toda esa socavación gradual de la fe original. Una pequeña minoría volátil impuso allí su herejía a una mayoría condescendiente y, con el apoyo de las autoridades políticas, coaccionó, engatusó e intimidó a los que procuraban mantener sin mancha la primitiva pureza de su fe”10.

El Concilio de Constantinopla

En 381 E.C., el Concilio de Constantinopla confirmó el Credo de Nicea. Y le añadió algo. Llamó al espíritu santo “Señor y dador de vida”. El credo ampliado de 381 E.C. (que es sustancialmente el que se usa hoy en las iglesias y al que se llama “el credo niceno”) muestra que la cristiandad estaba a punto de formular un dogma trinitario desarrollado. No obstante, ni siquiera este concilio completó esa doctrina. La New Catholic Encyclopedia reconoce:

“Es interesante que, 60 años después de Nicea I, el Concilio de Constantinopla I [de 381 E.C.] evitó homoousios en su definición de la divinidad del Espíritu Santo”11.

“Hay eruditos a quienes ha desconcertado la evidente blandura de expresión de este credo; por ejemplo, la ausencia de la palabra homoousios para decir que el Espíritu Santo es consustancial al Padre y al Hijo”12.

La misma enciclopedia admite: “Homoousios no aparece en la Escritura”13. No, en la Biblia no se usa esa palabra ni para decir que el espíritu santo es consustancial a Dios ni para decir lo mismo del Hijo. Esa fue una expresión no bíblica que ayudó a conducir a la doctrina no bíblica —en realidad, antibíblica— de la Trinidad.

Aun después de lo acordado en Constantinopla, pasaron siglos antes de que la enseñanza de la Trinidad se aceptara a través de toda la cristiandad. La New Catholic Encyclopedia dice: “En el Occidente [...] parece haber predominado un silencio general con respecto a Constantinopla I y su credo”14. Esta fuente muestra que el credo de ese concilio no se reconoció en todas partes del Occidente sino hasta el siglo VII o el VIII.

En círculos eruditos también se reconoce que el Credo de Atanasio, que con frecuencia se cita como definición y apoyo normales de la Trinidad, no fue escrito por Atanasio, sino por un autor desconocido mucho tiempo después. The New Encyclopædia Britannica comenta:

“La Iglesia Oriental no conoció el credo sino hasta el siglo XII. Desde el siglo XVII los eruditos en general han concordado en que el Credo de Atanasio no fue escrito por Atanasio (quien murió en 373), sino que probablemente fue compuesto en el sur de Francia durante el siglo V. [...] La influencia de ese credo parece haberse visto principalmente en el sur de Francia y en España en los siglos VI y VII. Se usó en la liturgia de la iglesia en Alemania en el siglo IX y algún tiempo después en Roma”15.

Cómo se produjo

La doctrina de la Trinidad tuvo una lenta evolución durante un período de siglos. Las ideas trinitarias de filósofos griegos como Platón, que vivieron varios siglos antes de Cristo, se introdujeron furtiva y gradualmente en las enseñanzas eclesiásticas. Como dice The Church of the First Three Centuries:

“Sostenemos que la doctrina de la Trinidad fue formándose gradualmente en tiempos comparativamente tardíos; que se originó de una fuente enteramente diferente de las Escrituras judías y cristianas; que las manos de los Padres que impusieron la influencia de Platón la desarrollaron y la injertaron en el cristianismo; que en el tiempo de Justino, y mucho después, se enseñaron de manera universal la naturaleza distinta y la inferioridad del Hijo; y que entonces se había puesto de manifiesto solo la silueta vaga elemental de la Trinidad”16.

Las tríadas o trinidades eran comunes en Babilonia y Egipto antes de Platón. Y los esfuerzos de los eclesiásticos por atraer a los incrédulos del mundo romano llevaron a la incorporación gradual de algunas de esas ideas al cristianismo. Esto condujo con el tiempo a que se aceptara la creencia de que el Hijo y el espíritu santo eran iguales al Padre.

La misma palabra “Trinidad” solo se aceptó paulatinamente. En la segunda mitad del siglo segundo, Teófilo, obispo de Antioquía de Siria, escribió en griego e introdujo la palabra tri·ás, que significa “tríada” o “trinidad”. Luego el escritor latino Tertuliano, de Cartago, en el África septentrional, introdujo en sus escritos la palabra trinitas, que significa “trinidad”. Pero la palabra tri·ás no se encuentra en las Escrituras Griegas Cristianas inspiradas, y la palabra trinitas no se halla en la traducción latina de la Biblia conocida como la Vulgata. Ninguna de esas expresiones era bíblica. Pero la palabra “Trinidad”, basada en conceptos paganos, se introdujo furtivamente en la literatura de las iglesias, y después del siglo IV llegó a ser parte de su dogma.

Por eso, no se trata de que los eruditos hubieran examinado la Biblia cabalmente para ver si en ella se enseñaba esa doctrina. Más bien, la política seglar y la eclesiástica determinaron en gran parte la doctrina. En el libro The Christian Tradition (La tradición cristiana), el autor, Jaroslav Pelikan, llama la atención sobre “los factores no teológicos de la controversia, muchos de los cuales parecían estar listos vez tras vez para determinar su resultado, solo para que los contrapesaran otras fuerzas de igual importancia. A menudo la doctrina pareció ser la víctima —o el producto— de la política eclesiástica y de conflictos de personalidad”17. El señor E. Washburn Hopkins, profesor de Yale, lo expresó así: “La definición ortodoxa final de la trinidad fue en gran parte un asunto de política eclesiástica”18.

¡Qué irrazonable es la doctrina de la Trinidad en comparación con la enseñanza bíblica sencilla de que Dios es supremo y no tiene igual! Como dice Dios: “¿A quién me asemejarán ustedes o me harán igual o me compararán, para que nos parezcamos uno al otro?”. (Isaías 46:5.)

Qué representó

¿Qué representó la evolución gradual del concepto de la Trinidad? Fue parte de la apostasía del cristianismo verdadero que predijo Jesús. (Mateo 13:24-43.) El apóstol Pablo también había predicho la apostasía venidera:

“Vendrá tiempo en que no soportarán la enseñanza sana, sino que, llevados del propio capricho, se rodearán de maestros para que les halaguen el oído, y dejarán de escuchar la verdad, volviéndose de nuevo a los mitos”. (2 Timoteo 4:3, 4, La Biblia, versión católica de Serafín de Ausejo.)

Uno de esos mitos fue la enseñanza de la Trinidad. Algunos otros mitos ajenos al cristianismo que también se produjeron gradualmente fueron: la inmortalidad inherente del alma humana, el purgatorio, el limbo y el tormento eterno en un infierno de fuego.

Entonces, ¿qué es la doctrina de la Trinidad? En realidad es una doctrina pagana que se hace pasar por cristiana. Satanás la fomentó para engañar a la gente con el fin de que les pareciera que Dios era confuso y misterioso. Esto lleva a que las personas también estén más dispuestas a aceptar otras ideas religiosas falsas y prácticas incorrectas.

“Por sus frutos”

En Mateo 7:15-19 Jesús dijo que se podía distinguir entre la religión falsa y la religión verdadera de este modo:

“Guárdense de los falsos profetas que vienen a ustedes en ropa de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los reconocerán. Nunca se recogen uvas de espinos o higos de cardos, ¿verdad? Así mismo, todo árbol bueno produce fruto excelente, pero todo árbol podrido produce fruto inservible [...]. Todo árbol que no produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al fuego”.

Examine un ejemplo. Jesús dijo en Juan 13:35: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. Además, en 1 Juan 4:20 y 21 la Palabra inspirada de Dios declara:

“Si alguno hace la declaración: ‘Yo amo a Dios’, y sin embargo está odiando a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto. Y este mandamiento lo tenemos de él, que el que ama a Dios esté amando también a su hermano”.

Aplique el principio fundamental de que los cristianos verdaderos tienen que amarse entre sí a lo que ocurrió en ambas guerras mundiales de este siglo, así como en otros conflictos. Personas de las mismas religiones de la cristiandad se encontraron en los campos de batalla y se mataron unas a otras por diferencias nacionalistas. Cada lado alegó que era cristiano y recibió el apoyo de sus clérigos, quienes afirmaron que Dios estaba de su lado. Tal matanza de un “cristiano” por otro “cristiano” es fruto podrido. Es una violación del amor cristiano, un rechazo de las leyes de Dios. (Véase también 1 Juan 3:10-12.)

Un día de ajuste de cuentas

Así que, el que se apostatara del cristianismo no solo llevó a creencias impías, como la doctrina de la Trinidad, sino también a prácticas impías. Sin embargo, habrá un día de ajuste de cuentas, pues Jesús dijo: “Todo árbol que no produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al fuego”. Por eso la Palabra de Dios exhorta:

“Sálganse de ella [la religión falsa], pueblo mío, si no quieren participar con ella en sus pecados, y si no quieren recibir parte de sus plagas. Porque sus pecados se han amontonado hasta llegar al cielo, y Dios ha recordado sus actos de injusticia”. (Revelación 18:4, 5.)

Dentro de poco Dios ‘pondrá en el corazón’ de las autoridades políticas el deseo de volverse contra la religión falsa. Ellas “harán que quede devastada y [...] se comerán sus carnes y la quemarán por completo con fuego”. (Revelación 17:16, 17.) La religión falsa, junto con sus filosofías paganas acerca de Dios, será destruida para siempre. En esencia, Dios dirá a los practicantes de la religión falsa lo mismo que Jesús les dijo en sus días: “Su casa se les deja abandonada a ustedes”. (Mateo 23:38.)

La religión verdadera sobrevivirá a los juicios de Dios, de modo que finalmente toda la honra y gloria irá a Aquel de quien Jesús dijo que es “el único Dios verdadero”. Este es Aquel a quien identificó el salmista que declaró: “Tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”. (Juan 17:3; Salmo 83:18.)

Referencias:

1. Encyclopædia Britannica, 1971, tomo 6, página 386.

2. A Short History of Christian Doctrine, por Bernhard Lohse, 1963, página 51.

3. El Magisterio de la Iglesia, por Enrique Denzinger (traducción directa de los textos originales por Daniel Ruiz Bueno), 1963, páginas 23, 24.

4. New Catholic Encyclopedia, 1967, tomo VII, página 115.

5. A Short History of Christianity, por Martin E. Marty, 1959, página 91.

6. A Select Library of Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, por Philip Schaff y Henry Wace, 1892, tomo IV, página XVII.

7. A Short History of Christian Doctrine, página 53.

8. A Short History of Christianity, página 91.

9. The Church of the First Three Centuries, por Alvan Lamson, 1869, páginas 75, 76, 341.

10. Second Century Orthodoxy, por J. A. Buckley, 1978, páginas 114, 115.

11. New Catholic Encyclopedia, 1967, tomo VII, página 115.

12. Ibíd., tomo IV, página 436.

13. Ibíd., página 251.

14. Ibíd., página 436.

15. The New Encyclopædia Britannica, 15.a edición, 1985, Micropædia, tomo 1, página 665.

16. The Church of the First Three Centuries, página 52.

17. The Christian Tradition, por Jaroslav Pelikan, 1971, página 173.

18. Origin and Evolution of Religion, por E. Washburn Hopkins, 1923, página 339.


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