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¿Enseñó la iglesia primitiva que Dios sea una trinidad? Parte 2—¿Enseñaron los padres apostólicos la doctrina de la Trinidad?

02/05/2011 02:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De esta serie consideró si Jesús y sus discípulos enseñaron o no la doctrina de la Trinidad... la idea de que el Padre, el Hijo y el espíritu santo fueran tres personas en igualdad como un solo Dios

En La Atalaya del 1 de noviembre de 1991, la Parte 1 de esta serie consideró si Jesús y sus discípulos enseñaron o no la doctrina de la Trinidad... la idea de que el Padre, el Hijo y el espíritu santo fueran tres personas en igualdad como un solo Dios. La prueba clara procedente de la Biblia, de historiadores y hasta de teólogos indica que no la enseñaron. ¿Qué se puede decir de los líderes eclesiásticos que les siguieron poco después? ¿Enseñaron estos una Trinidad?

PADRES APOSTÓLICOS” es la denominación que se usa para los eclesiásticos que escribieron sobre el cristianismo a fines del primer siglo y principios del segundo de nuestra era común. Entre ellos estuvieron Clemente de Roma, Ignacio, Policarpo, Hermas y Papías.

Se dice que fueron contemporáneos de algunos de los apóstoles. Según eso, deben haber estado familiarizados con las enseñanzas apostólicas. Respecto a lo que escribieron esos hombres, The New Encyclopædia Britannica dice:

“Considerados en conjunto, los escritos de los Padres Apostólicos son históricamente más valiosos que toda otra literatura cristiana fuera del Nuevo Testamento”1.

Si los apóstoles enseñaron la doctrina de la Trinidad, entonces esos padres apostólicos deben haberla enseñado también. Esa doctrina debe haberse destacado en su enseñanza, pues nada era más importante que decir a la gente quién era Dios. Entonces, ¿enseñaron ellos la doctrina de la Trinidad?

Una declaración temprana de fe

Una de las declaraciones extrabíblicas más tempranas de fe cristiana se halla en un libro de 16 capítulos cortos conocido como la Didajé, o Enseñanza de los Doce Apóstoles. Algunos historiadores afirman que data de antes o cerca del año 100 E.C. Se desconoce su autor2.

La Didajé trata sobre lo que tendría que saber el que quisiera hacerse cristiano. En su capítulo 7 prescribe el bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, las mismas palabras que usó Jesús en Mateo 28:193. Pero no dice nada de que los tres sean iguales en eternidad, poder, puesto y sabiduría. En su capítulo 10, la Didajé contiene la siguiente confesión de fe en forma de oración:

“Te damos gracias, Padre santo, por tu santo Nombre, que hiciste morar en nuestros corazones, y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu nombre [...] Mas a nosotros nos hiciste gracia de comida y bebida espiritual y de vida eterna por tu siervo [Jesús]”4.

Ahí no se dice nada de una Trinidad. En The Influence of Greek Ideas on Christianity (La influencia de las ideas griegas en el cristianismo), Edwin Hatch cita el pasaje precedente y luego dice:

“En la esfera original del cristianismo no parece que haya habido gran adelanto desde estos conceptos sencillos. La doctrina en que se hizo hincapié fue: que Dios existe, que es uno solo, que es todopoderoso y eterno, que hizo al mundo, que Su misericordia está sobre todas Sus obras. No había afición a la discusión metafísica”5.

Clemente de Roma

Clemente de Roma, de quien se dice que fue “obispo” de esa ciudad, es otra fuente temprana de escritos sobre el cristianismo. Se cree que murió alrededor de 100 E.C. En el material que supuestamente escribió, él no menciona una Trinidad, ni directa ni indirectamente. La Carta primera de San Clemente a los Corintios declara:

“Que la gracia y la paz se multipliquen entre vosotros de parte de Dios omnipotente por mediación de Jesucristo”.

“Los Apóstoles nos predicaron el Evangelio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo fué enviado de Dios. En resumen, Cristo de parte de Dios, y los Apóstoles de parte de Cristo”.

“Por lo demás, el Dios que todo lo ve, el Dueño de los espíritus y Señor de toda carne, el que escogió al Señor Jesucristo y a nosotros por Él para pueblo peculiar suyo, conceda a toda alma que invoca su magnífico y santo nombre, fe, amor, paz, paciencia, longanimidad”6.

Clemente no dice que Jesús ni el espíritu santo sean iguales a Dios. Presenta al Dios que todo lo puede (no lo llama solo “Padre”) como un ser diferente del Hijo. Alude a Dios como superior, puesto que Cristo es “enviado” de Dios, y Dios “escogió” a Cristo. Clemente muestra que Dios y Cristo son dos personajes distintos y desiguales, al decir:

“Con constante oración y súplica pediremos al Hacedor de todas las cosas, conserve íntegro el número contado de sus escogidos en todo el mundo, por su amado Hijo y Siervo, Jesucristo [...] Para conocerte a Ti [Dios], el solo Altísimo en las alturas [...] Tú sólo eres el bienhechor de los espíritus y Dios de toda carne”.

“Conozcan todos los pueblos que Tú eres el solo Dios, y Jesucristo tu Hijo y Siervo”7.

Clemente llama a Dios “Altísimo” (no solo “Padre”), y se refiere a Jesús como el “Hijo” de Dios. También señala tocante a Jesús: “Él, que, siendo el esplendor de su grandeza, es tanto mayor que los ángeles cuanto ha heredado nombre más excelente”8. Jesús refleja el esplendor de Dios, pero no lo iguala; tal como la Luna refleja la luz solar, pero no iguala a la fuente de esa luz: el Sol.

Si el Hijo de Dios fuera igual a Dios —quien es el Padre celestial—, habría sido innecesario que Clemente dijera que Jesús era mayor que los ángeles, ya que eso habría sido obvio. Y sus palabras muestran que reconoce que aunque el Hijo es mayor que los ángeles es inferior al Dios que todo lo puede.

El punto de vista de Clemente es muy claro: El Hijo es inferior al Padre y está en posición secundaria respecto a él. Clemente nunca vio a Jesús como parte de una divinidad con el Padre. Muestra que el Hijo depende del Padre, es decir, de Dios, y dice claramente que el Padre es ‘el solo Dios’, que no comparte Su posición con nadie. Y en ningún lugar iguala Clemente el espíritu santo a Dios. Por consiguiente, no hay ninguna Trinidad en los escritos de Clemente.

Ignacio

Ignacio, un obispo de Antioquía, vivió como desde mediados del siglo I E.C. hasta principios del siglo II. Si suponemos que todos los escritos que se le atribuyen son auténticos, en ninguno de ellos hay igualdad entre el Padre, el Hijo y el espíritu santo.

Aunque Ignacio hubiera dicho que el Hijo era igual al Padre en eternidad, poder, posición y sabiduría, todavía no habría una Trinidad, pues no dijo en ningún lugar que el espíritu santo fuera igual a Dios en esos aspectos. Pero Ignacio no dijo que el Hijo fuera igual a Dios el Padre de esas maneras ni de ninguna otra. En vez de eso, mostró que el Hijo está sujeto a Aquel que es superior, el Dios Todopoderoso.

Ignacio llama al Dios Todopoderoso “el único Dios verdadero, el no engendrado e inaccesible, el Señor de todo, el Padre y Engendrador del Hijo unigénito”, lo cual indica la distinción entre Dios y Su Hijo9. Habla del “Dios Padre y [...] Jesucristo”10. Y declara: “Existe un único Dios, el cual se ha manifestado por medio de su Hijo Jesucristo”11.

Ignacio señala que el Hijo no era eterno como persona, sino que había sido creado, pues pone estas palabras en boca del Hijo: “El Señor [Dios Todopoderoso] me creó principio de sus caminos”12. También Ignacio dijo: “Uno solo es el Dios del universo, el Padre de Cristo, de quien todo procede; uno nuestro Señor Jesucristo, el Unigénito hijo de Dios, Señor de todas las cosas, por el cual todo ha sido hecho”13. También escribe:

“El Espíritu Santo no habla Sus propias cosas, sino las de Cristo, [...] tal como el Señor también nos anunció las cosas que recibió del Padre. Pues, dice Él [el Hijo], ‘la palabra que ustedes oyen no es Mía, sino del Padre, quien Me envió’”14.

“Hay un solo Dios, el cual se manifestó a sí mismo por medio de Jesucristo, su hijo, que es Palabra suya, que procedió del silencio, y de todo en todo agradó a Aquel [Dios] que le había enviado. [...] Jesucristo está sometido [...] a su Padre”15.

Es cierto que Ignacio llama al Hijo “el Dios Verbo”. Pero el uso del término “Dios” para referirse al Hijo no significa necesariamente que él sea igual al Dios Todopoderoso. La Biblia también llama “Dios” al Hijo en Isaías 9:6. En Juan 1:18 se llama “el dios unigénito” al Hijo. El Hijo, dotado de poder y autoridad por Jehová Dios, el Padre, podía ser calificado apropiadamente de “poderoso”, que es lo que “dios” básicamente significa. (Mateo 28:18; 1 Corintios 8:6; Hebreos 1:2.)

No obstante, ¿se aceptan como auténticas las 15 cartas que se atribuyen a Ignacio? En The Ante-Nicene Fathers, tomo I, los editores Alexander Roberts y James Donaldson declaran:

“Ahora la opinión general de los críticos es que las primeras ocho de estas supuestas cartas ignacianas son espurias. Contienen en sí pruebas indudables de que son producto de una época posterior [...] y ahora se descartan de común acuerdo como falsificaciones”.

“De las siete Epístolas que reconoce Eusebio [...], tenemos dos recensiones griegas (una corta y una larga). [...] Aunque la forma corta [...] se había aceptado generalmente y preferido a la larga, todavía había entre los eruditos la opinión bastante extendida de que ni siquiera esa podía considerarse absolutamente libre de interpolaciones, o que fuera de autenticidad indudable”16.

Si aceptamos como genuina la versión corta de sus escritos, esta elimina algunas frases (de la versión larga) que muestran que Cristo está subordinado a Dios, pero lo que queda en la versión corta todavía no muestra una Trinidad. Y prescindiendo de cuáles de sus escritos sean genuinos, a lo más muestran que Ignacio creyó en una dualidad de Dios y su Hijo. Esa de ninguna manera sería una dualidad de iguales, pues al Hijo siempre se le presenta como inferior a Dios y subordinado a él. Por lo tanto, prescindiendo de cómo vea uno los escritos ignacianos, en ellos no se halla una doctrina de la Trinidad.

Policarpo

Policarpo de Esmirna nació en el último tercio del primer siglo y murió a mediados del segundo. Se dice que estuvo en comunicación con el apóstol Juan y que escribió la Carta de Policarpo a los Filipenses.

¿Había algo en el escrito de Policarpo que señalara a una Trinidad? No; no hay ninguna mención de ella. En realidad lo que él dice concuerda con lo que enseñaron Jesús, sus discípulos y sus apóstoles. Por ejemplo, Policarpo dijo en su Carta:

“Que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el mismo [...] Hijo de Dios, Jesucristo, os edifique en la fe, en la verdad”17.

Note que, al igual que Clemente, Policarpo no habla de una relación trinitaria del “Padre” y el “Hijo” como iguales en una divinidad. En vez de eso, habla sobre “el Dios y Padre” de Jesús, no solo del ‘Padre de Jesús’. Así que distingue entre Dios y Jesús, tal como lo hacen muchas veces los escritores de la Biblia. Pablo dice en 2 Corintios 1:3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. No dice sencillamente: ‘Bendito sea el Padre de Jesús’, sino: “Bendito sea el Dios y Padre” de Jesús.

Además, Policarpo dice: “Paz de Dios todopoderoso y de Jesucristo nuestro Salvador”18. Ahí de nuevo Jesús es diferente del Dios que todo lo puede, no una persona de una Divinidad trina y una con igualdad establecida.

Hermas y Papías

Otro de los padres apostólicos es Hermas, quien escribió en la primera parte del siglo segundo. En su obra El Pastor, ¿dice algo que llevara a uno a creer que para él Dios fuera una Trinidad? Note ejemplos de lo que dijo:

“Ni cuando algún hombre desee que hable, habla el espíritu santo; sino que entonces habla cuando Dios quiere que hable. [...] Dios plantó la viña, a saber, creó al pueblo y lo entregó a su Hijo. El Hijo, a su vez, puso a sus ángeles sobre ellos, para que los conservasen”19.

“El Hijo de Dios es seguramente anterior a toda su creación”20.

Ahí Hermas dice que cuando Dios (no simplemente el Padre) desea que el espíritu hable, este habla, lo cual revela que Dios es superior al espíritu. Y dice que Dios entregó la viña a su Hijo, lo cual indica que Dios es superior al Hijo. También declara que el Hijo de Dios es anterior a sus criaturas —las del Hijo—, es decir, las que el Hijo de Dios creó como el Obrero Maestro de Dios, “porque por medio de él todas las otras cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra”. (Colosenses 1:15, 16.) La realidad es que el Hijo no es eterno. Fue creado como criatura celestial de alto rango, antes que las demás criaturas celestiales —como los ángeles— que fueron creadas por medio de él.

J. N. D. Kelly, en su libro Early Christian Doctrines (Doctrinas cristianas primitivas), escribe acerca del punto de vista de Hermas sobre el Hijo de Dios:

“En varios pasajes leemos sobre un ángel que es superior a los seis ángeles que componen el consejo central de Dios, y a quien se describe regularmente como ‘muy venerable’, ‘santo’ y ‘glorioso’. Este ángel recibe el nombre de Miguel, y es difícil eludir la conclusión de que Hermas vio en él al Hijo de Dios y lo igualó al arcángel Miguel”.

“También hay prueba [...] de que trató de representar a Cristo como un tipo de ángel supremo [...] Respecto a una doctrina de la Trinidad en el sentido estricto, desde luego no hay ninguna señal”21.

También de Papías se dice que conoció al apóstol Juan. Es probable que él escribiera a principios del siglo segundo, pero hoy día solo existen fragmentos de sus escritos. En ellos no dice nada de una doctrina de la Trinidad.

Enseñanza Consecuente

En cuanto a la supremacía de Dios y su relación con Jesús, la enseñanza de los padres apostólicos es razonablemente consecuente con la enseñanza de Jesús, los discípulos y los apóstoles, según se registra en la Biblia. Ninguno de ellos dice que Dios sea una Trinidad; más bien, todos se refieren a él como un Ser distinto, eterno, todopoderoso, omnisapiente. Y hablan del Hijo de Dios como una criatura celestial distinta, inferior y subordinada a quien Dios creó para que Le sirviera para llevar a cabo Su voluntad. Y en ningún lugar se iguala el espíritu santo a Dios.

Por lo tanto, en esos escritos de los padres apostólicos que datan de fines del primer siglo y principios del segundo no hay apoyo para la deidad trinitaria de la cristiandad. Ellos hablaron de Dios, Jesús y el espíritu santo tal como lo hace la Biblia. Vea, por ejemplo, Hechos 7:55, 56:

“Él [Esteban], lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: ‘Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios’” (Biblia de Jerusalén, católica).

Esteban recibió una visión de Dios en el cielo y vio a Jesús de pie al lado de Él. El Hijo estaba de pie al lado de Aquel a quien no se califica solo de “Padre”, sino de “Dios”, alguien de identidad completamente diferente de la de Jesús. Y no hubo ninguna tercera persona implicada en lo que vio Esteban. No se vio al espíritu santo en el cielo con Jesús y su Padre.

Eso se parece a lo que describe Apocalipsis (Revelación) 1:1, que declara: “Revelación de Jesucristo, que Dios le comunicó” (Cantera-Iglesias, católica). De nuevo se muestra que el Cristo resucitado en el cielo es totalmente distinto de Dios, y no se menciona al espíritu santo. Si Jesús fuera la segunda persona de una Trinidad y lo supiera todo, ¿cómo se le podría ‘comunicar’ una revelación?

Textos bíblicos como esos demuestran claramente que no existe ninguna Trinidad. Y en ninguna parte de la Biblia hay un texto que diga que Dios sea una Trinidad. Los escritos de los padres apostólicos reflejaron eso. No cabe duda de que no enseñaron la deidad trinitaria de la cristiandad.

El siguiente grupo importante de escritos sobre el cristianismo vino posteriormente en el siglo segundo. Estos escritos son las obras de eclesiásticos conocidos como apologistas. ¿Enseñaron una Trinidad? En un número futuro, la Parte 3 de esta serie comentará sobre sus enseñanzas.

Referencias:

1. The New Encyclopædia Britannica, 15.a edición, 1985, Micropædia, tomo 1, página 488.

2. A Dictionary of Christian Theology, edición preparada por Alan Richardson, 1969, página 95; The New Encyclopædia Britannica, 15.a edición, 1985, Micropædia, tomo 4, página 79.

3. Padres Apostólicos, quinta edición, B.A.C., Madrid, 1985, página 84; introducciones, notas y versión de Daniel Ruiz Bueno.

4. Ibíd., página 87.

5. The Influence of Greek Ideas on Christianity, por Edwin Hatch, 1957, página 252.

6. Padres Apostólicos, páginas 177, 216, 237.

7. Documentos de la Iglesia primitiva. Los Padres Apostólicos, ediciones Desclée, de Brouwer, Buenos Aires, 1949, páginas 156-158; versión, introducciones y notas de Sigfrido Huber.

8. Padres Apostólicos, página 211.

9. The Ante-Nicene Fathers, Alexander Roberts y James Donaldson, editores, reimpresión estadounidense de la edición de Edimburgo, 1885, tomo I, página 52.

10. Padres Apostólicos, página 459.

11. Fuentes Patrísticas, editorial Ciudad Nueva, Madrid, 1991, tomo 1, página 133; introducción, traducción y notas de Juan José Ayán Calvo.

12. Padres Apostólicos, página 522.

13. Ibíd., página 526.

14. The Ante-Nicene Fathers, página 53.

15. Padres Apostólicos, páginas 463, 466.

16. The Ante-Nicene Fathers, tomo I, páginas 46, 47; Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, por John McClintock y James Strong, reimpresa por Baker Book House Co., 1981, tomo IV, páginas 490-493; The Catholic Encyclopedia, 1910, tomo VII, páginas 644-647.

17. Fuentes Patrísticas, tomo 1, página 227.

18. Ibíd., página 213.

19. Documentos de la Iglesia primitiva. Los Padres Apostólicos, páginas 428, 444, 445.

20. Ibíd., página 476.

21. Early Christian Doctrines, por J. N. D. Kelly, segunda edición, 1960, páginas 94, 95.


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