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¿Enseñó la iglesia primitiva que Dios sea una Trinidad? Parte 1—¿Enseñaron Jesús y sus discípulos la doctrina de la Trinidad?

30/04/2011 16:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Enseñaron Jesús y sus discípulos la doctrina de la Trinidad? ¿La enseñaron líderes eclesiásticos de los siglos subsiguientes? ¿Qué origen tiene? ¿Y por qué es importante saber la verdad sobre esta creencia?

¿Enseñaron Jesús y sus discípulos la doctrina de la Trinidad? ¿La enseñaron líderes eclesiásticos de los siglos subsiguientes? ¿Qué origen tiene? ¿Y por qué es importante saber la verdad sobre esta creencia? A partir de la Parte 1 en este número, La Atalaya considerará estas preguntas en una serie de artículos. Otros artículos de la serie aparecerán periódicamente en números posteriores.

LOS que aceptan la Biblia como la Palabra de Dios reconocen que tienen la responsabilidad de enseñar a otros acerca del Creador. También comprenden que lo que comunican como enseñanza acerca de Dios tiene que ser verídico.

Dios reprendió a los “consoladores” de Job por no hacer eso. “Jehová procedió a decir a Elifaz el temanita: ‘Mi cólera se ha enardecido contra ti y tus dos compañeros, porque ustedes no han hablado acerca de mí lo que es verídico, como mi siervo Job’.” (Job 42:7.)

El apóstol Pablo, al tratar de la resurrección, dijo que se nos ‘hallaría falsos testigos de Dios’ si enseñáramos algo incierto sobre las actividades de Dios. (1 Corintios 15:15.) Si esa es la realidad tocante a la enseñanza de la resurrección, ¡cuánto cuidado debemos tener con relación a enseñar quién es Dios!

La doctrina de la Trinidad

Casi toda iglesia de la cristiandad enseña que Dios es una Trinidad. The Catholic Encyclopedia dice que la enseñanza de la Trinidad es “la doctrina central de la religión cristiana”, y la define así:

“En la unidad de la Divinidad hay Tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estas Tres Personas son verdaderamente distintas una de otra. Así, en las palabras del Credo de Atanasio: ‘el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no hay tres Dioses, sino un solo Dios’. [...] Las Personas son coeternas y coiguales: todas son igualmente increadas y omnipotentes”1.

The Baptist Encyclopædia da una definición parecida. Dice:

“[Jesús] es [...] el eterno Jehová [...] El Espíritu Santo es Jehová [...] Se pone al Hijo y al Espíritu en exacta igualdad con el Padre. Si él es Jehová, ellos también lo son”2.

Anatemas pronunciados contra los opositores

En 325 E.C. un concilio de obispos reunido en Nicea, Asia Menor, formuló un credo que declaró que el Hijo de Dios era “verdadero Dios”, tal como el Padre era “verdadero Dios”. Parte de ese credo decía:

“Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que [el Hijo] no fué y que antes de ser engendrado no fué, y que fué hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia Católica”3.

De modo que a cualquiera que creyera que el Hijo de Dios no era coeterno con el Padre o que el Hijo había sido creado se le entregaba a la condenación eterna. Uno puede imaginarse cuánto presionaba aquello a la mayoría de los creyentes comunes para que se amoldaran a aquellas ideas.

En el año 381 E.C. se convocó otro concilio en Constantinopla, y este declaró que había que adorar y glorificar al espíritu santo tal como al Padre y al Hijo. Un año después —en 382 E.C.— otro sínodo se reunió en Constantinopla y sostuvo la divinidad plena del espíritu santo4. Aquel mismo año, ante un concilio celebrado en Roma, el papa Dámaso presentó una serie de enseñanzas que la iglesia había de condenar. El documento, llamado el Tomo de Dámaso, incluía las declaraciones que a continuación se citan.

“Si alguno no dijere que el Padre es siempre, que el Hijo es siempre y que el Espíritu Santo es siempre, es hereje.”

“Si alguno no dijere verdadero Dios al Hijo de Dios, como verdadero Dios a [su] Padre [y] que todo lo puede y que todo lo sabe y que es igual al Padre, es hereje.”

“Si alguno no dijere que el Espíritu Santo [...] es [...] verdadero Dios, [...] lo puede todo y todo lo sabe [...], es hereje.”

“Si alguno no dijere ser tres personas verdaderas: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo, iguales, siempre vivientes, que todo lo contienen, lo visible y lo invisible, que todo lo pueden, [...] es hereje.”

“Si alguno dijere que [el Hijo] constituído en la carne cuando estaba en la tierra, no estaba en los cielos con el Padre, es hereje.”

“Si alguno, al llamar Dios al Padre, Dios al Hijo de Aquél, y Dios al Espíritu Santo, los llama dioses [...] y no [...] una sola divinidad [...], es hereje”5.

Varios eruditos jesuitas, en su traducción del tomo del latín al inglés, añadieron el comentario: “Parece que el papa San Celestino I (422-432) consideró ley esos cánones; estos pueden considerarse definiciones de fe”6. Y el erudito Edmund J. Fortman afirma que el tomo representa una “doctrina trinitaria bien fundada y poderosa”7.

Si usted es miembro de una iglesia que acepta la enseñanza de la Trinidad, ¿definen su fe esas declaraciones? ¿Y se da cuenta de que el creer en la doctrina de la Trinidad según la enseñan las iglesias requiere que usted crea que Jesús estaba en el cielo al mismo tiempo que estaba en la Tierra? Esta enseñanza es parecida a lo que declaró Atanasio, eclesiástico del siglo IV, en su libro La encarnación del verbo:

“Él [el Verbo, Jesús, ] no estaba encerrado en el cuerpo, ni estaba en el cuerpo sin estar en otra parte. Ni él movía a aquél, mientras el universo estaba vacío de su energía y providencia. [...] Daba vida igualmente a todas las cosas y a la vez nacía en todos y estaba fuera de todos”8.

Lo que significa la doctrina de la Trinidad

Algunos han concluido que el simplemente atribuir deidad o divinidad a Jesús es todo lo que significa la enseñanza de la Trinidad. Para otros, creer en la Trinidad significa sencillamente creer en el Padre, el Hijo y el espíritu santo.

No obstante, un examen detallado de los credos de la cristiandad expone lo lamentablemente inadecuadas que son esas ideas con relación a la doctrina formal. Las definiciones oficiales dejan claro que la doctrina de la Trinidad no es una idea sencilla. En vez de eso, es un conjunto complejo de distintas ideas que han sido juntadas durante largo tiempo y entrelazadas unas con otras.

Basándonos en la descripción de la doctrina de la Trinidad que se presentó después del Concilio de Constantinopla en 381 E.C., en el Tomo de Dámaso de 382 E.C., en el Credo de Atanasio que vino algún tiempo después, y en otros documentos, podemos determinar con claridad lo que quiere decir la cristiandad con la doctrina de la Trinidad. Abarca las siguientes ideas específicas:

1. Se dice que hay tres personas divinas —el Padre, el Hijo y el espíritu santo— en la Divinidad.

2. Se dice que cada una de estas personas distintas es eterna, que ninguna viene antes ni después de las otras en el tiempo.

3. Se dice que cada una es todopoderosa, que ninguna es mayor ni menor que las otras.

4. Se dice que cada una es omnisciente, que todo lo sabe.

5. Se dice que cada una es verdadero Dios.

6. Con todo, se dice que no hay tres Dioses, sino un solo Dios.

Está claro que la doctrina de la Trinidad es un conjunto complejo de ideas que abarca por lo menos los elementos esenciales ya indicados e implica otros, como revela un examen de los detalles. Pero si consideramos solo las ideas básicas ya enumeradas es patente que, si se elimina alguna de ellas, lo que resta ya no es la Trinidad de la cristiandad. Para tener el cuadro completo, todas esas partes tienen que estar presentes.

Ahora que entendemos mejor el término “Trinidad”, podemos preguntar: ¿La enseñaron Jesús y sus discípulos? Si así fue, debe haber aparecido en forma completa en el primer siglo de nuestra era común. Y puesto que lo que ellos enseñaron se encuentra en la Biblia, entonces la doctrina de la Trinidad o es una enseñanza bíblica o no lo es. Si lo es, debería enseñarse claramente en la Biblia.

No es razonable pensar que Jesús y sus discípulos enseñaran a la gente acerca de Dios y sin embargo no le dijeran quién es Dios, especialmente si se requería que algunos creyentes hasta dieran la vida por Dios. Por lo tanto, Jesús y sus discípulos deberían haber dado prioridad a enseñar a otros esta doctrina esencial.

Examine las Escrituras

En el capítulo 17 de Hechos, versículo 11, se dice que ciertas personas eran ‘de disposición noble’ porque “examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas [cosas que enseñaba el apóstol Pablo] eran así”. Se las animó a usar las Escrituras para confirmar las enseñanzas hasta de un apóstol. Usted debe hacer lo mismo.

Tenga presente que las Escrituras son ‘inspiradas de Dios’ y han de usarse para “rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra”. (2 Timoteo 3:16, 17.) De modo que la Biblia está completa en asuntos doctrinales. Si la doctrina de la Trinidad es verdadera, debe estar en ella.

Invitamos al lector a buscar en la Biblia, especialmente en los 27 libros de las Escrituras Griegas Cristianas, para ver por sí mismo si Jesús y sus discípulos enseñaron una Trinidad. Mientras busca, pregúntese:

1. ¿Puedo hallar algún texto bíblico que mencione la “Trinidad”?

2. ¿Puedo encontrar algún texto bíblico que diga que Dios se compone de tres personas distintas: Padre, Hijo y espíritu santo, pero que las tres son un solo Dios?

3. ¿Puedo hallar algún texto bíblico que diga que el Padre, el Hijo y el espíritu santo son iguales en todo aspecto, como en eternidad, poder, posición y sabiduría?

Por más que busque, no encontrará ningún texto bíblico que use la palabra Trinidad, ni hallará uno que diga que el Padre, el Hijo y el espíritu santo son iguales en todo aspecto, como en eternidad, poder, posición y sabiduría. Ni siquiera un texto bíblico dice que el Hijo sea igual al Padre en esos aspectos... y si hubiera tal texto, no establecería una Trinidad, sino —a lo más— una “dualidad”. En ninguna parte de la Biblia se pone al espíritu santo en igualdad con el Padre.

Lo que dicen muchos eruditos

Muchos eruditos, incluso trinitarios, reconocen que la Biblia no contiene la doctrina misma de una Trinidad. Por ejemplo, The Encyclopedia of Religion declara:

“Exegetas y teólogos hoy concuerdan en que la Biblia hebrea no contiene una doctrina de la Trinidad [...] Aunque la Biblia hebrea describe a Dios como el padre de Israel y emplea personificaciones de Dios, tales como Palabra (davar), Espíritu (ruah), Sabiduría (hokhmah) y Presencia (shekhinah), el correlacionar estos conceptos con la doctrina trinitaria posterior iría más allá de la intención y el espíritu del Antiguo Testamento.

”Además, exegetas y teólogos reconocen que el Nuevo Testamento tampoco contiene una doctrina explícita de la Trinidad. Dios Padre es fuente de todo lo que existe (Pantokrator) y también el padre de Jesucristo; ‘Padre’ no es un título para la primera persona de la Trinidad, sino un sinónimo de Dios. [...]

”En el Nuevo Testamento no hay ninguna conciencia reflexiva de la naturaleza metafísica de Dios (‘trinidad inmanente’) ni contiene el Nuevo Testamento el lenguaje técnico de la doctrina posterior (hupostasis, ousia, substantia, subsistentia, prosō pon, persona). [...] Es indiscutible que la doctrina no puede establecerse sobre pruebas bíblicas solamente”9.

Respecto a los hechos históricos de esta cuestión, The New Encyclopædia Britannica dice:

“Ni la palabra Trinidad ni la doctrina explícita aparecen en el Nuevo Testamento [...]

”La doctrina se desarrolló gradualmente en el transcurso de varios siglos y en medio de muchas controversias. [...]

”No fue sino hasta el siglo IV cuando la distinción de las tres y su unidad fueron juntadas en una sola doctrina ortodoxa de una esencia y tres personas”10.

La New Catholic Encyclopedia hace una declaración parecida respecto al origen de la Trinidad:

“Exegetas y teólogos bíblicos, entre ellos una cantidad constantemente creciente de católicos romanos, reconocen que no se debe hablar de trinitarismo en el Nuevo Testamento sin seria reserva. En estrecho paralelo, historiadores del dogma y teólogos sistemáticos también reconocen que cuando se habla de trinitarismo pleno se pasa del período de los orígenes del cristianismo a, digamos, la última cuarta parte del siglo IV. Fue solo entonces cuando lo que pudiera llamarse el dogma trinitario definitivo de ‘un solo Dios en tres Personas’ llegó a asimilarse por completo en la vida y el pensamiento cristianos. [...]

”La fórmula misma no refleja la conciencia inmediata del período de los orígenes; fue producto de tres siglos de desarrollo doctrinal”11.

¿Se “da a entender”?

Quizás los trinitarios digan que la Biblia “da a entender” una Trinidad. Pero esa alegación se hace mucho después de haberse escrito la Biblia. Es un intento de atribuir a la Biblia lo que los clérigos de tiempos posteriores decidieron arbitrariamente que debería ser doctrina.

Pregúntese: ¿Por qué debería ser que la Biblia solo ‘diera a entender’ su enseñanza más importante: quién es Dios? La Biblia se expresa claramente en cuanto a otras enseñanzas básicas; ¿por qué no con relación a esta, la más importante? ¿No podría el Creador del universo producir un libro que mostrara claramente que él es una Trinidad si eso fuera un hecho?

La razón por la cual la Biblia no enseña claramente la doctrina de la Trinidad es sencilla: no es una enseñanza bíblica. Si Dios fuera una Trinidad, sin duda lo habría dado a conocer claramente, de modo que Jesús y sus discípulos pudieran enseñarlo a otros. Y esa información esencial se habría incluido en la Palabra inspirada de Dios. No se habría dejado para que fuera objeto de contienda entre hombres imperfectos siglos después.

Cuando examinamos los textos bíblicos que los trinitarios presentan como prueba de que la Biblia “da a entender” una Trinidad, ¿qué hallamos? Una evaluación honrada revela que los textos que se presentan no tratan de la Trinidad de la cristiandad. En vez de eso, ciertos teólogos tratan de forzar en los textos sus ideas preconcebidas de una Trinidad. Pero esas ideas no están en los textos bíblicos. De hecho, esas ideas trinitarias están en pugna con el testimonio claro de la Biblia en conjunto.

Un ejemplo de ese tipo de textos es Mateo 28:19, 20. Ahí se mencionan juntos al Padre, el Hijo y el espíritu santo. Algunos afirman que eso da a entender una Trinidad. Pero lea los versículos usted mismo. ¿Hay algo en esos textos que diga que los tres son un solo Dios, iguales en eternidad, poder, posición y sabiduría? No, no lo hay. Lo mismo pasa en el caso de otros textos que mencionan a los tres juntos.

En cuanto a los que creen que el uso de “nombre” en singular al aludir al Padre, el Hijo y el espíritu santo en Mateo 28:19, 20 da a entender una Trinidad, sírvase comparar con eso el uso de “nombre”, en singular, al aludir a Abrahán e Isaac en Génesis 48:16 (Reina-Valera, 1977; Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras).

Los trinitarios también señalan a Juan 1:1 en algunas versiones, donde se dice que “el Verbo” estaba “con Dios” y era “Dios”. Pero otras traducciones de la Biblia dicen que la Palabra o el Verbo era “un dios” o era “divino”, sin querer decir necesariamente Dios, sino alguien poderoso. Además, ese versículo bíblico dice que “la Palabra” (o “el Verbo”) estaba “con” Dios. Eso razonablemente lo excluiría de ser ese mismo Dios. Y sin importar la conclusión a que se llegue respecto a “la Palabra” (o “el Verbo”), el hecho es que en Juan 1:1 solo se mencionan dos personas, no tres. Una y otra vez, cuanto texto se usa para tratar de apoyar la doctrina de la Trinidad fracasa completamente en cuanto a ello cuando se examina honradamente.

Otro factor que debe considerarse es este: Si Jesús y sus discípulos hubieran enseñado la doctrina de la Trinidad, entonces sin duda eclesiásticos destacados que existieron inmediatamente después de ellos también la habrían enseñado. Pero ¿enseñaron aquellos hombres —llamados hoy padres apostólicos— la doctrina de la Trinidad? Esta pregunta se considerará en la Parte 2 de esta serie, en un número posterior de La Atalaya.

Referencias

1. The Catholic Encyclopedia, 1912, tomo XV, página 47.

2. The Baptist Encyclopædia, edición preparada por William Cathcart, 1883, páginas 1168, 1169.

3. El Magisterio de la Iglesia, por Enrique Denzinger (traducción directa de los textos originales por Daniel Ruiz Bueno), 1963, páginas 23, 24.

4. A Short History of Christian Doctrine, por Bernhard Lohse, edición de 1980, páginas 64, 65.

5. El Magisterio de la Iglesia, por Enrique Denzinger (traducción directa de los textos originales por Daniel Ruiz Bueno), 1963, páginas 28, 29.

6. The Church Teaches, edición traducida al inglés y preparada por John F. Clarkson, S.J., John H. Edwards, S.J., William J. Kelly, S.J., y John J. Welch, S.J., 1955, página 125.

7. The Triune God, por Edmund J. Fortman, edición de 1982, página 126.

8. Atanasio. La encarnación del verbo, traducción del griego al español por José C. Fernández Sahelices, 1989, página 59.

9. The Encyclopedia of Religion, Mircea Eliade, jefe de redacción, 1987, tomo 15, página 54.

10. The New Encyclopædia Britannica, 15.a edición, 1985, tomo 11, Micropædia, página 928.

11. New Catholic Encyclopedia, 1967, tomo XIV, página 295.


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