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¿Enseñó la iglesia primitiva que Dios sea una Trinidad? Parte 3—¿Enseñaron los apologistas la doctrina de la Trinidad?

02/05/2011 02:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ni Jesús y sus discípulos ni los padres apostólicos de fines del siglo I y principios del II E.C. enseñaron la doctrina de la Trinidad. ¿La enseñaron más tarde eclesiásticos del siglo segundo?

La Atalaya , en los números del 1 de noviembre de 1991 y 1 de febrero de 1992, demostró que ni Jesús y sus discípulos ni los padres apostólicos de fines del siglo I y principios del II E.C. enseñaron la doctrina de la Trinidad. ¿La enseñaron más tarde eclesiásticos del siglo segundo?

DESDE alrededor de mediados del siglo segundo de nuestra era común aparecieron varios eclesiásticos a quienes hoy día se llama apologistas. Ellos escribieron para defender el cristianismo que conocían contra las filosofías hostiles que reinaban en el mundo romano de aquel tiempo. Su obra vino hacia fines, y después, del tiempo de los escritos de los padres apostólicos.

Entre los apologistas que escribieron en griego estuvieron Justino Mártir, Taciano, Atenágoras, Teófilo y Clemente de Alejandría. Tertuliano fue un apologista que escribió en latín. ¿Enseñaron ellos la Trinidad de la cristiandad moderna: tres personas coiguales (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en una Divinidad, en la cual cada uno es verdadero Dios pero sin que haya tres Dioses, sino un solo Dios?

“El Hijo está subordinado”

El Dr. H. R. Boer, en su libro A Short History of the Early Church (Breve historia de la iglesia primitiva), comenta sobre la esencia de la enseñanza de los apologistas:

“Justino [Mártir] enseñó que antes de la creación del mundo Dios estaba solo y que no había ningún Hijo. [...] Cuando Dios quiso crear el mundo, [...] engendró a otro ser divino para crear el mundo por él. A este ser divino se le llamó [...] Hijo porque nació; se le llamó Logos porque se le tomó de la Razón o Mente de Dios. [...]

”Por consiguiente, Justino y los demás apologistas enseñaron que el Hijo es una criatura. Él es una criatura elevada, una criatura suficientemente poderosa como para crear el mundo, no obstante, una criatura. En teología a esta relación entre el Hijo y el Padre se le llama subordinacionismo. El Hijo está subordinado, o sea, es subalterno al Padre, depende de él y existe por él. Los apologistas fueron subordinacionistas”1.

En el libro The Formation of Christian Dogma (La formación del dogma cristiano), el Dr. Martin Werner dice lo siguiente sobre el entendimiento más temprano de la relación entre el Hijo y Dios:

“Esa relación se entendió inequívocamente como que era una de ‘subordinación’, esto es en el sentido de la subordinación de Cristo a Dios. Dondequiera que en el Nuevo Testamento se pasa a considerar la relación entre Jesús y Dios, el Padre, [...] esta se concibe y representa categóricamente como subordinación. Y el Subordinacionista más decidido del Nuevo Testamento, según el registro sinóptico, fue Jesús mismo [...] Esta posición original, firme y evidente como era, pudo mantenerse por mucho tiempo. ‘Todos los grandes teólogos prenicenos representaron la subordinación del Logos a Dios’”2.

De acuerdo con eso, R. P. C. Hanson, en The Search for the Christian Doctrine of God (Búsqueda de la doctrina cristiana de Dios), declara:

“No hay ningún teólogo de la Iglesia oriental ni de la occidental antes del estallido de la controversia arriana [en el siglo IV] que no considere que en algún sentido el Hijo está subordinado al Padre”3.

El Dr. Alvan Lamson, en The Church of the First Three Centuries (La iglesia de los primeros tres siglos), añade el siguiente testimonio respecto a la enseñanza de las autoridades eclesiásticas antes del Concilio de Nicea (325 E.C.):

“Los Padres antenicenos por lo general, si no uniformemente, sostuvieron la inferioridad del Hijo [...] El hecho de que veían que el Hijo era distinto del Padre se hace patente por la circunstancia de que sostienen claramente la inferioridad de él. [...] Lo consideraban distinto y subordinado”4.

Del mismo modo, en el libro Gods and the One God (Dioses y el único Dios), Robert M. Grant dice lo siguiente sobre los apologistas:

“La cristología de las apologías, como la del Nuevo Testamento, es esencialmente subordinacionista. El Hijo siempre está subordinado al Padre, quien es el único Dios del Antiguo Testamento. [...] Lo que hallamos en estos escritores primitivos, pues, no es una doctrina de la Trinidad [...] Antes de Nicea, la teología cristiana fue casi universalmente subordinacionista”5.

En la Trinidad que la cristiandad enseña, el Hijo es igual al Dios Padre en eternidad, poder, posición y sabiduría. Pero los apologistas dijeron que el Hijo no era igual al Dios Padre. Consideraron que el Hijo estaba subordinado. Eso no constituye la enseñanza de la Trinidad.

Reflejo de la enseñanza del primer siglo

Los apologistas y otros primitivos Padres de la Iglesia reflejaron en gran medida lo que enseñaron los cristianos del primer siglo acerca de la relación entre el Padre y el Hijo. Note cómo se expresa esto en el libro The Formation of Christian Dogma:

“En la era cristiana primitiva no hubo ninguna señal de algún tipo de problema o controversia trinitario, como el que luego ocasionó conflictos violentos en la Iglesia. La razón de esto indudablemente estriba en el hecho de que, para el cristianismo primitivo, Cristo era [...] un ser del elevado mundo angelical celestial, que fue creado y escogido por Dios para la tarea de traer, al final de las edades, [...] el Reino de Dios”6.

Además de eso respecto a la enseñanza de los anteriores Padres de la Iglesia, The International Standard Bible Encyclopedia admite:

“En el pensamiento más temprano de la Iglesia, al hablar del Dios Padre se tiende a no concebirlo primero como el Padre de Jesucristo, sino como la fuente de todo ser. En consecuencia, el Dios Padre es, por decirlo así, Dios por excelencia. A Él corresponden descripciones como increado, inmortal, inmutable, inefable, invisible e ingénito. Es Él quien ha hecho todas las cosas, entre ellas la materia misma de la creación, de la nada. [...]

”Esto pudiera parecer que da a entender que solo el Padre es apropiadamente Dios, y el Hijo y el Espíritu lo son solo en segundo lugar. Muchas declaraciones primitivas parecen apoyar esto”7.

Aunque esta enciclopedia pasa a restar importancia a esas verdades y a alegar que la doctrina de la Trinidad se aceptó en ese período primitivo, los hechos desmienten tal alegación. Considere las siguientes palabras del famoso teólogo y cardenal católico John Henry Newman:

“Reconozcamos que la Iglesia Primitiva confesó consecuente y uniformemente todo el círculo de doctrinas, de las cuales es objeto nuestro Señor [...] Pero ciertamente es diferente en cuanto a la doctrina católica de la Trinidad. No veo en qué sentido puede decirse que hay un consenso de [las autoridades eclesiásticas] primitivas a favor de ella [...]

”Los Credos de aquel tiempo primitivo no mencionan [...] la [Trinidad] en absoluto. Sí mencionan a Tres; pero el que haya algún misterio en la doctrina, que los Tres sean Uno, que sean coiguales, coeternos, todos increados, todos omnipotentes, todos incomprensibles, no se declara, y nunca podría deducirse de ellos”8.

Lo que enseñó Justino Mártir

Uno de los primeros apologistas fue Justino Mártir, quien vivió desde alrededor de 110 hasta 165 E.C. Ninguno de sus escritos existentes menciona a tres personas coiguales en un solo Dios.

Por ejemplo, según La Biblia (versión católica de Serafín de Ausejo), Proverbios 8:22-30 dice esto de Jesús en su existencia prehumana: “Yahvéh me creó al comienzo de su acción, antes que sus obras más antiguas. [...] Nací cuando no existían los abismos [...] Antes que las colinas yo nací [...] Allí estuve a su lado [el de Dios] como arquitecto”. Justino, al considerar esos versículos, dice en su Diálogo con Trifón:

“Esta descendencia es engendrada por el Padre antes de todas las criaturas —la palabra lo ha puesto de manifiesto—; ahora bien, todo el mundo convendrá en que lo engendrado es numéricamente distinto del que lo engendra”9.

Puesto que el Hijo nació de Dios, Justino sí usa la expresión “Dios” tocante al Hijo. Declara en su Apología I: “El Padre del universo tiene un Hijo, que, siendo Verbo y primogénito de Dios, es también Dios”10. La Biblia también alude al Hijo de Dios mediante el título “Dios”. En Isaías 9:6 se le llama “Dios Poderoso”. Pero en la Biblia se llama “dioses” también a ángeles, humanos, dioses falsos y a Satanás. (Ángeles: Salmo 8:5; compárese con Hebreos 2:6, 7. Humanos: Salmo 82:6. Dioses falsos: Éxodo 12:12; 1 Corintios 8:5. Satanás: 2 Corintios 4:4.) En las Escrituras Hebreas, la palabra que se vierte “Dios”, ’El, significa sencillamente “Poderoso” o “Fuerte”. Su equivalente en las Escrituras Griegas es the·ós.

Además, el término hebreo que se usa en Isaías 9:6 muestra una distinción clara entre el Hijo y Dios. Ahí al Hijo se le llama “Dios Poderoso”, ’El Guib·bóhr, no “Dios Todopoderoso”. Este término en hebreo es ’El Schad·dái y aplica únicamente a Jehová Dios.

Sin embargo, note que aunque Justino llama al Hijo “Dios”, nunca dice que el Hijo es una de tres personas iguales, cada una de las cuales es Dios aunque las tres forman un solo Dios. Más bien, dice en su Diálogo con Trifón:

“Es [...] llamado Dios y Señor [Jesús en su existencia prehumana] otro que está bajo el Hacedor del universo [el Dios Todopoderoso], y que [el Hijo] se llama también ángel o mensajero, por ser El [el Hijo] quien anuncia a los hombres cuanto quiere se les anuncie el Creador de todas las cosas, por encima del cual no hay otro Dios. [...]

”[El Hijo] es otro que el Dios creador del universo, otro, digo, numéricamente, no en sentir y pensamiento”11.

Aparece un pasaje interesante en la Apología I de Justino, capítulo 6, donde él defiende a los cristianos de la acusación pagana de que son ateos. Escribe:

“A El [Dios] y al Hijo, que de El vino y nos enseñó todo esto, y al ejército de los otros ángeles buenos que le siguen y le son semejantes, y al Espíritu profético, le damos culto y adoramos”12.

Un traductor de ese pasaje, Bernhard Lohse, comenta: “Como si no bastara con que en esta enumeración se menciona a ángeles como seres que reciben honra y adoración de los cristianos, Justino no titubea en mencionar a los ángeles antes de nombrar al Espíritu Santo”13. (Véase también An Essay on the Development of Christian Doctrine [Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana]14.)

Así que, aunque Justino Mártir parece haberse apartado de la doctrina bíblica pura en relación con quién debe ser objeto de la adoración del cristiano, es patente que él no consideró que el Hijo fuera igual al Padre, como tampoco se consideró que los ángeles fueran iguales a Él. Respecto a Justino, citamos nuevamente de la obra The Church of the First Three Centuries, del señor Lamson:

“Justino consideró que el Hijo era distinto de Dios e inferior a él: distinto, no en el sentido moderno de constituir una de tres hipóstasis, o personas, [...] sino distinto en esencia y naturaleza; con una existencia real, sustancial, individual, separada de Dios, de quien derivó todos sus poderes y títulos; constituido bajo él, y sujeto en todas las cosas a su voluntad. El Padre es supremo; el Hijo está subordinado: el Padre es la fuente de poder; el Hijo, el recibidor: el Padre origina; el Hijo, como ministro o instrumento suyo, ejecuta. Son dos en número, pero concuerdan, o son uno, en voluntad; la voluntad del Padre siempre convence al Hijo”15.

Además, Justino no dice en ninguna parte que el espíritu santo sea una persona igual al Padre y al Hijo. De modo que en ningún sentido puede decirse honradamente que Justino enseñó la Trinidad de la cristiandad moderna.

Lo que enseñó Clemente

Clemente de Alejandría (c. 150 a 215 E.C.) también llama al Hijo “Dios”. Hasta lo llama “Creador”, término que nunca se usa en la Biblia con referencia a Jesús. ¿Quiso decir que el Hijo era igual en todo sentido al Creador todopoderoso? No. Al parecer Clemente se refería a Juan 1:3, donde se dice del Hijo: “Todas las cosas vinieron a existir por medio de él”16. Dios utilizó al Hijo como agente en Sus obras creativas. (Colosenses 1:15-17.)

Clemente llama al Dios Supremo “el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesús”17, y dice que “el Señor es también Hijo del Creador”18. Dice además: “El Dios del Universo es uno solo, bueno, justo, creador, [y el] Hijo [está] en el Padre”19. Así que escribió que el Hijo tiene a un Dios sobre sí.

Clemente habla de Dios como el “primer y único administrador de vida eterna, que el Hijo, quien la recibió de Él [Dios], nos da”20. El Dador original de vida eterna es claramente superior a aquel que, por decirlo así, la pasa adelante. Por eso Clemente dice que Dios “es primero, y supremo”21. También dice que el Hijo “es más allegado al único que es el Todopoderoso” y que el Hijo “ordena todas las cosas de acuerdo con la voluntad del Padre”22. Una y otra vez Clemente muestra la supremacía del Dios Todopoderoso sobre el Hijo.

Respecto a Clemente de Alejandría, leemos en The Church of the First Three Centuries:

“Pudiéramos citar numerosos pasajes de Clemente en los cuales se sostiene claramente la inferioridad del Hijo. [...]

”Nos asombra que alguien pueda leer a Clemente con atención regular, e imaginarse por un momento que él considerara al Hijo numéricamente idéntico al Padre o uno con él. Su naturaleza dependiente e inferior, según nos parece, se reconoce por todas partes. Clemente creía que Dios y el Hijo eran numéricamente distintos; en otras palabras, dos seres: uno supremo, el otro subordinado”23.

Además, de nuevo se puede decir: Aunque a veces parezca que Clemente va más allá de lo que dice la Biblia acerca de Jesús, en ninguna parte habla de una Trinidad compuesta de tres personas iguales en un solo Dios. Apologistas como Taciano, Teófilo y Atenágoras, que vivieron entre el tiempo de Justino y el de Clemente, tuvieron puntos de vista semejantes a los considerados. El señor Lamson dice que ellos “no fueron más trinitarios que Justino mismo; es decir, no creyeron en Tres indivisos y coiguales, sino que enseñaron una doctrina totalmente incompatible con esa creencia”24.

La teología de Tertuliano

Tertuliano (c. 160 a 230 E.C.) fue el primero que usó la palabra latina trinitas. Como hace notar Henry Chadwick, Tertuliano propuso que Dios es ‘una sustancia que consiste en tres personas’25. Con todo, eso no significa que pensaba en tres personas coiguales y coeternas. No obstante, sus ideas constituyeron la base sobre la cual escritores posteriores fueron formando la doctrina de la Trinidad.

El concepto que Tertuliano tenía del Padre, el Hijo y el espíritu santo era muy diferente de la Trinidad de la cristiandad, pues él era subordinacionista. Consideraba que el Hijo estaba subordinado al Padre. En Against Hermogenes (Contra Hermógenes) escribió:

“No debemos suponer que haya algún otro ser aparte de Dios que no sea engendrado ni creado. [...] ¿Cómo puede ser que algo, excepto el Padre, sea más viejo, y a causa de esto más noble, que el Hijo de Dios, la Palabra unigénita y primogénita? [...] Ese [Dios] que no requirió un Hacedor para darle existencia, estará mucho más elevado en categoría que ese [el Hijo] que tuvo un autor que lo trajo a la existencia”26.

También, en Against Praxeas (Contra Práxeas) muestra que el Hijo es diferente del Dios Todopoderoso y está subordinado a él cuando dice:

“El Padre es la sustancia completa, pero el Hijo es una derivación y porción del entero, como Él Mismo reconoce: ‘Mi Padre es mayor que yo’. [...] Así que el Padre es distinto del Hijo, por ser mayor que el Hijo, en la medida en que Aquel que engendra es uno, y Aquel a quien se engendra es otro; también, Aquel que envía es uno, y Aquel a quien se envía es otro; y de nuevo, Aquel que hace es uno, y Aquel mediante el cual se hace la cosa es otro”27.

Tertuliano, en Against Hermogenes, declara además que hubo un tiempo en que el Hijo no existía como persona, lo cual muestra que no consideraba que el Hijo fuera un ser eterno en el mismo sentido que lo era Dios28. El cardenal Newman dijo: “A Tertuliano se le debe considerar heterodoxo [que creía en doctrinas no ortodoxas] en la doctrina de la generación eterna de nuestro Señor”29. Respecto a Tertuliano, el señor Lamson declara:

“Esta razón, o Logos, como lo llamaban los griegos, se transformó después, como creía Tertuliano, en la Palabra, o el Hijo, es decir, un ser real, que había existido desde la eternidad solo como un atributo del Padre. Sin embargo, Tertuliano le atribuyó una categoría subordinada respecto al Padre [...]

”Juzgado según cualquier explicación aceptada de la Trinidad en este tiempo, el intento de salvar a Tertuliano de condenación [como hereje] sería inútil. Él no podría aguantar la prueba ni un momento”30.

Ninguna Trinidad

Si usted fuera a leer todas las palabras de los apologistas, hallaría que, aunque en algunos aspectos ellos se desviaron de las enseñanzas de la Biblia, ninguno enseñó que el Padre, el Hijo y el espíritu santo fueran coiguales en eternidad, poder, posición y sabiduría.

Esto también es así en el caso de otros escritores de los siglos segundo y tercero, como Ireneo, Hipólito, Orígenes, Cipriano y Novaciano. Aunque algunos llegaron a equiparar al Padre con el Hijo en ciertos detalles, en otros aspectos consideraron que el Hijo estaba subordinado al Dios Padre. Y ninguno de ellos siquiera especuló que el espíritu santo fuera igual al Padre y al Hijo. Por ejemplo, Orígenes (c. 185 a 254 E.C.) declara que el Hijo de Dios es “primogénito [...] de toda la creación” y que las Escrituras “saben de El que es más viejo que todas las criaturas”31.

Una lectura objetiva de esas autoridades eclesiásticas primitivas muestra que la doctrina de la Trinidad que la cristiandad enseña no existía en el tiempo de ellas. Como dice The Church of the First Three Centuries:

“La doctrina popular moderna de la Trinidad [...] no deriva apoyo alguno del lenguaje de Justino: y esta observación puede extenderse a todos los Padres Antenicenos; es decir, a todos los escritores cristianos por tres siglos después del nacimiento de Cristo. Es verdad que ellos hablan acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu santo o profético, pero no como si fueran coiguales, ni como si fueran una sola esencia numérica, ni como Tres en Uno, en cualquiera de los sentidos admitidos ahora por los trinitarios. Precisamente lo contrario es la realidad. La doctrina de la Trinidad, como la explicaron esos Padres, era esencialmente diferente de la doctrina moderna. Afirmamos esto como un hecho tan demostrable como cualquier hecho en la historia de las opiniones humanas”32.

En realidad, antes del tiempo de Tertuliano ni siquiera se mencionó la Trinidad. Y la Trinidad ‘heterodoxa’ de Tertuliano fue muy diferente de la creencia actual. Entonces, ¿cómo se desarrolló la doctrina de la Trinidad según se entiende en la actualidad? ¿Fue en el Concilio de Nicea en 325 E.C.? Examinaremos estas cuestiones en la Parte 4 de esta serie, en un número futuro de La Atalaya.

Referencias

1. A Short History of the Early Church, por Harry R. Boer, 1976, página 110.

2. The Formation of Christian Dogma, por Martin Werner, 1957, página 125.

3. The Search for the Christian Doctrine of God, por R. P. C. Hanson, 1988, página 64.

4. The Church of the First Three Centuries, por Alvan Lamson, 1869, páginas 70, 71.

5. Gods and the One God, por Robert M. Grant, 1986, páginas 109, 156, 160.

6. The Formation of Christian Dogma, páginas 122, 125.

7. The International Standard Bible Encyclopedia, 1982, tomo 2, página 513.

8. An Essay on the Development of Christian Doctrine, por el cardenal John Henry Newman, sexta edición, 1989, páginas 14-18.

9. Padres Apologetas Griegos, segunda edición, B.A.C., Madrid, 1979, página 528; introducciones, texto griego, versión española y notas de Daniel Ruiz Bueno.

10. Ibíd., página 254.

11. Padres Apologetas Griegos, páginas 394, 395, 397.

12. Ibíd., página 187.

13. A Short History of Christian Doctrine, por Bernhard Lohse, traducido del alemán al inglés por F. Ernest Stoeffler, 1963, segunda impresión en rústica: 1980, página 43.

14. An Essay on the Development of Christian Doctrine, página 20.

15. The Church of the First Three Centuries, páginas 73, 74, 76.

16. Clemente de Alejandría. El pedagogo, B.C.G., Madrid, 1988, página 130; traducción y notas por Joan Sariol Díaz.

17. Ibíd., página 107.

18. Ibíd., página 108.

19. Ibíd.

20. The Ante-Nicene Fathers, edición preparada por Alexander Roberts y James Donaldson, reimpresión estadounidense de la edición de Edimburgo, 1885, tomo II, página 593.

21. Ibíd.

22. Ibíd., página 524.

23. The Church of the First Three Centuries, páginas 124, 125.

24. Ibíd., página 95.

25. The Early Church, por Henry Chadwick, impresión de 1980, página 89.

26. The Ante-Nicene Fathers, tomo III, página 487.

27. Ibíd., páginas 603, 604.

28. Ibíd., página 478.

29. An Essay on the Development of Christian Doctrine, páginas 19, 20.

30. The Church of the First Three Centuries, páginas 108, 109.

31. Orígenes. Contra Celso, B.A.C., Madrid, 1967, página 364; introducción, versión y notas por Daniel Ruiz Bueno.

32. The Church of the First Three Centuries, páginas 75, 76.


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