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ENRIQUE MORENTE & LAGARTIJA NICK ''OMEGA'' (ESPAÑA, 1996) @ [192k]

14/12/2010 22:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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ENRIQUE MORENTE & LAGARTIJA NICK  ''OMEGA'' (ESPAÑA, 1996) @

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Nos hemos quedado un poco más huérfanos, hemos perdido el aliento, la vitalidad, la energía y el torrente creador de un genio, un grande, de estos que nos inspiran y que Enrique Morente, uno de ellos, nos ha recordado con su riesgo y su fundamento, la raíz, la suya, la del flamenco clásico, su escuela más firme e irremplazable.

Morente es un alma creadora y su obra seguirá viva como legado de arte grande, la herencia que deja al flamenco. "Uno cambia de un año a otro", "me aburre cantar siempre igual" eran formas sencillas, las que Enrique genio siempre ha utilizado desde la humildad y la generosidad para expresar su compromiso, su espíritu inquieto de gran creador que le hacía imaginar y cantar lo nuevo, recrear lo conocido desde la profunda convicción de que así cantaba más flamenco, de que este era su oficio y no hay nadie más entregado que él, tampoco he conocido artista menos complaciente.

Picasso, Lorca, arte, letra y flamenco. Enrique es un grande de la historia del arte y de la creación universal porque el flamenco es un arte universal y él ha sido su exponente planetario en dimensión y en calidad. Llevar la poesía al jondo, el rock al compás, el flamenco a Misa, la clásica al cante, el quejío a las montañas del Rif es un reto infinito, el que muestra la trayectoria de un Maestro del Cante, del mayor experimentador del flamenco responsable de llevarlo hasta la Alta Cultura, con su genio y su elegancia, con su voz y su sabiduría.

imagePudimos vivir la espiral arrolladora de Omega en 1996 y presenciamos a lo más grande del flamenco escuchar atentos la ideología del Maestro para llevar esta obra al directo. Lagartija Nick, Antonio Arias, Eric Jiménez (mi brother), Tomatito, Montoyita, Vicente Amigo, Cañizares, David Cerrezuela, Piraña, Paquete, Antonio Carbonell, el Tío Angel, el Negri, Chacalera, el Maestro y amigo Juan Verdú, Rafa Bermúdez (gracias, tío), Lluis Cabrera, los amigos de Sorter (Gerson siempre dispuesto) y Berenice compartimos una Navidades nevadas de aquél año en los entonces estudios Ovideo (hoy el centro CATA de la SGAE) para arrancar los ensayos del espectáculo Omega, el directo de una transgresión con raíces en cada nota y en cada toma. Todos los elementos del espectáculo eran guiados por Morente y nosotros, todos, descubríamos por momentos que estábamos inmersos en un viaje sin retorno, en una obra histórica. Seguimos la guía de Enrique Morente a cada paso y con compañeros de viaje como Borja Casani y Sabine Ecomard (responsables de la grabación y edición de Omega) descubrimos el riesgo, del que ya no nos hemos podido desenganchar.

Una charla en la cafetería del Círculo de Bellas Artes (esa noche acabamos en el Candela como tantas otras) y Enrique me dijo "vamos palante" para afrontar juntos la aventura del estreno del Heineken Greenspace de Valencia (gracias Juan Casero, gracias Javier Liñán) compartiendo escenario y encuentro con Sonic Youth a quienes llegamos de la mano de su promotor y amigo, Robert Grima y de su manager Carlos van Hillfte. Nos vimos en el Primavera Sound de Barcelona (Enrique y los Sonic actuaron la misma noche en escenarios distintos) y nos emplazamos a ensayar en la Cité des Sciences la Villette de París el día de antes de su espectáculo en las naves de Juan Verdeguer. La noche (siempre la noche) del 28 de Octubre de 2005 vivimos los 13 minutos más intensos sobre las tablas de un escenario, en el alambre, con Josele dejándose los dedos en su guitarra "enchufá" y los Sonic Youth poniendo sus guitarras como "colchón" al cante del Maestro.

imageEn 2008, Enrique ya es propietario del master de Omega y decide digitalizarlo (una vez más innovando) y con motivo de www.morenteomega.com, con la ayuda de Curro Conde y Bandolero, la selección de Lagartija Nick con Eric en casa, el cuadro flamenco de la familia Morente-Carbonell, las guitarras de David y Paquete y la incorporación de Enrique Morente hijo y Popo, la figura más cool del baile flamenco, nos ponemos en carretera. Se subieron al carro de esta obra rabiosamente actual los promotores de destacados festivales, Pacho en México, Miguel Morán en Benicàssim donde Enrique junto a la mesa de monitores vio cantar Allelujah a Leonard Cohen (justo antes de nuestro momento) gracias al buen gusto y la insistencia en programarlos en una misma noche de Miguel Morán, en el Primavera, en el Día de la Música Heineken (la Riviera 11 años después), en la Mar de Músicas, en Alcalá de Guadaira... Amelia Castilla lo vio y se lanzó en primicia, y Prado Arenas y David G. Natal se encargaron de contarlo a todo el mundo en las redes y en las almas.

Y de ahí, de esta fuente inspiradora hemos bebido muchos, aficionados y trabajadores, los que hemos tenido el lujo de "echar una peoná" con él, descubriendo el arte de la improvisación y la concepción artística de un genio, el arte integral, compartiendo su alegría, su exquisito y agudo sentido del humor, su empuje, su arrolladora personalidad y sencillez, su generosidad y su valiosa amistad.

imageMorente participaba en todo el proceso de un espectáculo, desde el repertorio (nunca lo repetía de una actuación a otra) y el elenco hasta la escenografía, la iluminación, los pasos del concierto, el cuidado de los tiempos para cada cosa, el protocolo, ahora el baile, ahora el rock, siempre el compás... Arrancamos con el Martinete, la expresión más racial y conmovedora en la que se forma un círculo arropando al grande desde el que vimos cantar por primera vez (fuera del canto en familia) a Quiqui, el heredero de Morente. Como vimos también subirse al coro por primera vez a Estrella en Omega y bailar a Aurora y Soleá, su familia, la nuestra.

Morente forma parte de nuestra vida y es base de nuestra experiencia profesional y de nuestro espíritu y vocación por la música. Hasta siempre, Maestro.

Nos unimos en el dolor a su familia y esperamos que el espíritu de Enrique les ayude, nos anime a todos, a "tirar palante" como él hubiera querido.

Enrique Calabuig y todo el equipo de Music2day

14 de Diciembre de 2010

http://www.morenteomega.com/morente.html

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image'Omega' cósmico

El gran aldabonazo en la carrera morentiana es, sin duda, un disco del que todavía se habla hoy día, se hacen tesis universitarias o se escriben libros

Si Camarón de la Isla es el Príncipe de los Gitanos, Enrique Morente es el Rey de los Payos. La sagacidad, la genialidad y su visión cósmica de entender el flamenco lo han convertido en uno de los más grandes maestros en la historia del cante jondo. Discos como Misa flamenca o Fantasía del cante jondo-Alegro soleá son auténticas obras maestras. Pero el gran aldabonazo en la carrera morentiana es, sin duda, un disco del que todavía se habla hoy día, se hacen tesis universitarias o se escriben libros: Omega.

Gestado en un largo embarazo que duró desde el verano de 1995 hasta comienzos de 1997, Omega supuso un tremendo choque de trenes cuyo impacto supera todavía a los flamencos de hoy: la unión, o mejor dicho, la confrontación, entre el cante jondo de Morente y el rabioso punk de la banda granadina Lagartija Nick. Fue un experimento extraño, sin precedentes y, por ahora, sin secuelas, como las grandes obras maestras.

Morente andaba en 1995 trabajando en un disco muy personal que pretendía ser un homenaje al cantautor canadiense Leonard Cohen. Fue durante ese proceso cuando, a través de Cohen, en temas como Take this waltz, el cantaor granadino vio un nuevo camino que explorar: la poesía salvaje y sin concesiones de Federico García Lorca en Poeta en Nueva York. Enrique Morente había trabajado muchísimo a Lorca y lo había venerado, como bien muestra en el disco Enrique Morente, en la casa natal de Federico García Lorca en Fuente Vaqueros. Pero en Poeta en Nueva York vio un reto de los tremendos, de los que le gustaban a él.

imageFruto de la casualidad, se topó de pronto con el grupo Lagartija Nick, que lo buscaba desde hacía tiempo para hacer una versión del poema Omega. Aquella coincidencia de ambos en Poeta en Nueva York parecía como una llamada del destino que Morente supo que sería profética cuando escuchó al batería de Lagartija Nick, Eric Jiménez, aporrear por bulerías la barra de un pub nocturno. El experimento podría resultar interesante, pensó entonces el cantaor quien, tras escuchar un día al grupo en su ensayo, gritó entusiasta: "¡Yo ya no quiero ser cantaor, quiero ser cantante de rock!".

El de Omega fue un proceso largo y meticuloso: el proyecto requería una lectura concienzuda de Poeta en Nueva York, un darle la vuelta al libro, abrirlo de cuajo y sacarle todas las tripas para verle todas sus cosas. La selección de poemas debía resultar cuidadosa y todo debía encajar, además, con los temas que Morente quería hacer de Leonard Cohen. Era como abrir la caja de Pandora y era frecuente encontrarse a Morente y los Lagartija Nick enfrascados en largas conversaciones a las tantas de la madrugada en el pub La Tertulia mientras jugaban al ajedrez y bebían whisky. Discusiones, más discusiones, ensayos fructíferos, ensayos fallidos, confluencia de modos de trabajar.

Uno de aquellos días, Morente encontró el camino a seguir cuando dijo, ante las críticas que comenzaba a oír a su alrededor por parte de los flamenkólicos que decían que por ahí, con una banda punk, no iba a ningún sitio bueno: "Si un cantaor clava a la perfección una seguiriya o una soleá, da igual que el acompañamiento sea un yunque, una guitarra flamenca, una orquesta sinfónica o una banda de rock. Lo que debe hacer es clavar a la perfección la seguiriya". Y ahí dio en el clavo.

Temas como Pequeño vals vienés, Aleluya o Manhattan, de Leonard Cohen, pronto se dieron la mano con piezas como Niña ahogada en un pozo, Omega, La aurora de Nueva York, Ciudad sin sueño o Norma y paraíso de los negros, de Federico García Lorca. Y pronto, el entorno de Enrique Morente y Lagartija Nick se pobló de colaboradores dispuestos a entrar de cabeza en aquella locura, artistas que intuían el enorme potencial del trabajo: Tomatito, Vicente Amigo, Miguel Ángel Cortés, Isidro Muñoz o Cañizares, entre otros.

Sin embargo, no todos tenían aquella visión transcendental del disco. Sony, el sello discográfico en el que estaba Lagartija Nick en aquel momento, se negó en redondo a financiar el proyecto. Llamaron a muchas otras puertas y todas ellas se les cerraron. El cantaor no podía entender cómo nadie intuía el valor del trabajo. Llegó incluso a plantearse grabar el disco en su propia casa y hasta compró el equipo necesario para ello. Finalmente, la revista El Europeo, cuyos responsables sí comprendieron el peso de la idea, decidió apoyar a Morente y Lagartija Nick y crear un sello discográfico expresamente para Omega.

Una vez que Morente vio la salida del túnel, fluyeron las ideas como el mercurio. Omega, el tema, tenía una duración de 11 minutos, grabaciones de cantaores ya muertos, el sonido rítmico de la Procesión del Silencio de Granada. Pero había más: Morente había decidido ponerle música al Solo del pastor bobo de la obra lorquiana El público y hasta se atrevió a meter unos cantes en inglés con versos de Walt Whitman. Se trataba de una locura que iba desde la psicodelia por cañas de Ciudad sin sueño a la hermosura armónica de Adán. Al oír las maquetas, la gente se quedaba helada: nadie sabía si aquello era una genialidad o un desastre, pero todos coincidían en lo mismo. "Esto no tiene precedentes en la historia del flamenco". Y eso era lo que Morente, convertido ya en el máximo valedor de Omega contra viento y marea, era lo que quería escuchar para tirar hacia delante de una vez por todas.

Cuando el disco salió, fue un hachazo. El público lo aceptó de inmediato. El ambiente rockero se entusiasmó, como ya lo había hecho en un concierto en directo de Lagartija Nick en Armilla en el que Morente se subió a interpretar algunos de los temas de Omega. Fue conmovedor el instante en el que Eduardo Rodríguez Valdivieso, el amigo de Lorca al que el poeta le había escrito sus mas profundas cartas de amor, leyó el poema Omega ante un auditorio mayoritariamente punkie. El silencio del público al escucharlo ya lo decía todo: era premonitorio del éxito que llegaría después.

Con el disco llegaron los conciertos, y con los conciertos, Enrique Morente fue conocido masivamente por el público de los grandes festivales de rock. Allí donde presentaban Omega, las audiencias enloquecían. El festival Espárrago Rock de Granada confirmó que el disco sería un trabajo histórico que soportaría perfectamente el paso de los años. Desde Canadá, Leonard Cohen decía que era uno de los álbumes que más le habían emocionado jamás. Omega rápidamente traspasó fronteras: ya era internacional.

A lo largo de los años, y hasta ayer, Morente y Lagartija Nick han tenido que reunirse un par de veces o tres al año para tocar juntos Omega en Nueva York, como hicieron ante un público en el que se encontraban Lou Reed y las hermanas de Cohen, México DF, París, Buenos Aires... Todos los públicos reclaman Omega y todo el mundo recuerda Omega. Es uno de los mejores discos de la década de los noventa, ovacionado unánimemente por la crítica flamenca... y la crítica rockera. Hoy es una referencia, un trabajo indispensable en cualquier joven que quiere adentrarse en el cante jondo sin renunciar a la experimentación vanguardista. Y en el centro de todo ello, Enrique Morente, el cantaor inquieto, cósmico, curioso con todo, creativo siempre. El Rey de los Payos.

Jesús Arias / Granada

Actualizado 14.12.2010

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Fuente:
bosquesonoro.blogspot.com
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