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El enoaznarismo, la revolución silenciosa

13/02/2011 00:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El enoaznarismo, la revolución silenciosa

Mientras en los países árabes se suceden las revoluciones, también en nuestro pequeño país se ha iniciado una rebelión modesta en sus principios pero grande en sus objetivos. Para muchos, el señor Arias-Camisón, propietario del ahora más famoso asador de Marbella, no es más que un valiente empresario que se enfrenta en solitario a la implacable dictadura de José Luis Rodríguez Zapatero, conocido en los mercados internacionales como el “ terrible marxista” . Pero Arias-Camisón, amigos lectores, es mucho más de lo que parece, es un revolucionario, un discípulo aventajado de lo que se conoce ya en los ámbitos de las ciencias políticas como enoaznarismo.

Este movimiento revolucionario, capaz de plantarle cara a uno de los estados más autoritarios del planeta, lo inició, como tantas otras cosas buenas de este país, nuestro querido Jose Mari con el ya legendario discurso, comparable en importancia histórica a los de Martin Luther King, Kennedy o Mandela, en el que incitaba a rebelarse contra el control del estado sobre el consumo de alcohol y sobre la velocidad en la conducción.

De la misma manera que el hercúleo castellano se negaba a que el gobierno pudiera controlar lo que debía beber o a qué velocidad debía ir, nuestro valiente vasco marbellí (que se enfrentó a ETA trasladándose a la costa malagueña), se niega a acatar una ley estúpida, por mucho que la hayan aprobado por mayoría absoluta los representantes del pueblo en las Cortes.

El enoaznarismo tiene como base filosófica dos conceptos esenciales. Por un lado la absoluta libertad del individuo en sus acciones, aunque ellas puedan causar daños a terceros (siempre que estos no sean fetos). Me explico. Aznar y sus seguidores, entre los que, por supuesto, me incluyo, no tendríamos el mínimo remordimiento si por conducir borrachos y a 200 por hora provocáramos la muerte de terceras personas o incluso (en el improbable caso de que los sistemas de seguridad de nuestro coches blindados fallaran) la nuestra. Lo lamentaríamos, sin duda, pero en todo caso debe prevalecer nuestro derecho a la libertad sobre el derecho a la vida de estas personas. Es el mismo caso que ocurre con el tabaco, el derecho a la salud de camareros y clientes no fumadores nunca debe estar por encima del derecho a la libertad de hacer lo que le salga de los cojones a este noble señor. Y punto.

El segundo precepto básico del enoAznarismo nace como consecuencia directa del primero: limitar los poderes del estado. Si cada uno es libre de hacer lo que desee, por encima de las leyes, lógicamente el estado debe limitar su acción. Y se preguntarán ustedes, ¿para qué sirve entonces el estado? Sencilla respuesta, el estado tiene una labor fundamental y casi única: proteger la propiedad privada. Porque lo contario sería anarquismo puro y duro, y aunque la palabra se asemeje a aznarismo, nada tienen que ver entre ellas.

Luego amigos, ya saben, a beber, a beber y a apurar las copas de licor, y cuando terminen fúmense un buen puro a honra de nuestro libertador.


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