Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Diasporaweb escriba una noticia?

El enigma Agatha Christie, ciudadana del mundo, antiracista, antiviolenta e inventora de crímenes indescifrables

19/05/2011 12:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Más traducida que Shakespeare, récord mundial de lectores, admiradora de Sherlock Holmes, apasionada de sus maridos, cantante frustrada, popular y hasta imitada en un videojuego

Nacida como Agatha Miller, en el seno de una familia acomodada de la burguesía de Torquey (Devonshire) Inglaterra, a orillas del Canal de la Mancha. Su padre era norteamericano, aficionado a las novelas rosas y a una sana tendencia a las inversiones seguras. Su madre era una medium reputada, su hermano una persona alegre y bromista y su hermana Madge tenía la costumbre de ir ataviada como un hombre.

La eterna fidelidad de la Christie por la banalidad sólo puede explicarse por su niñez y adolescencia en las que alternó solo con sus cocineros, gentes de la servidumbre y sus institutrices. Eso explica el que en sus libros hay invariablemente gente de este tipo entre los sospechosos, pero el asesino o asesina, nunca es uno de ellos y sí puede ser un jovencito elegante, un médico o un hombre respetable, en apariencia, un diplomático o un gentleman.

Agatha Christie era patológicamente tímida y quizá por eso como compensación se casó con un fogoso aviador. Era aficionada a las novelas policíacas de crímenes no macabros y pertenecía al Detective club de Torquay, localidad que contaba entonces con 60.000 habitantes. También le gustaban las novelas rosas como a su padre, aunque éste prefería las más insignificantes. Cuando sustituyó a Dorothy L. Sayets en la presidencia de su club, aceptó sustituirle con tal de no pronunciar jamás un discurso. Y no estaba en los brindis por personajes famosos porque se ruborizaba.

Pero salvó su cargo distinguiéndose en novelas bajo el seudónimo de Mary Westmacott en que predomina la misma banalidad de su niñez, como en "Unfinished Portrait" (Retrato inacabado) en que, sin embargo, domina un idilio apasionado que pudo haber sido tomado de su propia vida real.

Pero lo que le hizo cambiar a las "Mystery stories" fue la novela "El misterio de la habitación amarilla", que quien termina por descubrirlo es un insolente detective francés llamado Joseph Rouletabille, que no había salido de su pluma.

A la Christie no le gustó ni el protagonista, ni el nombre, ni la nacionalidad del sabueso, por lo que decidió inventar su propio personaje, no francés sino belga, Hercule Poirot, quizá tomado en gran parte de Hercule Flambeau de G.K. Chesterton.

En un aniversario de su éxito teatral "Trampa para ratones" que triunfó en el West End de Londres durante 40 años ininterrumpidos, una periodista de la BBC dijo sensacionalmente que la novelista había tomado hasta el nombre del detective de thriller de Frank Evans, a principios de siglo, con lo que se demostró su enorme espíritu de imitación.

Entendida en venenos pero con miedo a las pistolas

A Agatha no le gustaba la sangre, ni el terror sino la sorpresa. Por eso como Conan Doyle con Holmes echa mano sobre todo de los venenos, en los cuales no era demasiado experta, pero sí más que cualquier lector. De ellos supo durante el cargo que ejerció -jefe del departamento de farmacia- de un puesto de socorro durante la guerra mundial.

Pero a veces sustituye esa arma por otra: sustancias químicas sustraídas de plantas tropicales, bufandas para ahogar silenciosamente a la víctima y a veces tenía que admitir un certero golpe con un atizador de chimenea, dagas orientales muy alargadas, candelabros de plata, peces de mares tropicales introducidos en una pecera de un coleccionista. Pero nada de sangre, ni violencia física.

La novelista inventa primero el crimen

Luego lo rodea de gente siempre cortés, correcta incapaz de golpear a un animal. La llegada de la aguda Miss Marple -a la que tenía más simpatía que a Hercule Poirot- devoraba sus chocolates y su secreto consistía en que conocía perfectamente todos los tipos de la campiña inglesa, a través de los habitantes de Torquay. Su psicología profunda la había heredado de "Tantie Granny" (su abuela") y sus largas agujas de tejer le ayudaban a pensar. Conocía las virtudes, los vicios, los amores que a veces rozaban lo incestuoso del viejo militar con su sobrina. En fin, todos podían pasar por "uno de los nuestros".

El escritor de "novelas negras" Raymond Chandler, creador del detective Marlowe, consideraba a la Christie como una heterodoxa e indigna de la profesión. Los personajes de Chandler eran violentos, enemigo de los policías locales, despiadados pero quizá menos sádicos que los de Agatha y su acción se desarrollaba en pubs de alguna ciudad norteamericana, alejada de las vicarías y del ambiente refinado. Pero los hechos y las cifras vinieron a demostrar que aquellos escritos de la inglesa que según Chandler olían a naftalina eran los que gustaban en Inglaterra, quizá porque no sembraban la angustia, lo cual era en realidad una virtud. Un crimen con cadáveres y asesinos exquisitos y selectos.

Más traducida que Shakespeare

Cuando le hablaban de sus éxitos literarios a los 80 años la anciana enrojecía de vergüenza. Había sido más leída y más traducida que su compatriota William Shakespeare, y apenas un poco menos que la Biblia, Carlos Marx y Tolstoi.

Con setenta y siete novelas publicadas, trescientos millones de ejemplares vendidos y ciento tres traducciones que incluían hasta dialectos tribales de Africa, Agatha Christie era en todo caso el autor del siglo XX que ganó más dinero y con un record de número de lectores.

Churchill decía que desde Lucrecia Borgia, ninguna mujer obtuvo tanto provecho del crimen. ¿Cuánto? Nadie lo sabe, ni siquiera los agentes del fisco de su país, tan hábiles como Poirot. Diez mil dólares por semana, calculó con verdadera modestia una revista británica. La respetable escritora era poderosa accionista de una compañía mundial de conservas y productos alimenticios y esto era apenas una simple parte de su fortuna.

El día que, como regalo de cumpleaños, cedió a su nieto Matthew Prichard los derechos de autor de "La Ratonera" (Trampa para ratones), una obra de teatro adaptada por ella, que se estrenó y triunfó en el West End londinense desde 1953 en adelante, le hizo al chico millonario.

Todo lo supo planear diestramente, hasta su fin. Su última novela, publicada en Londres hace 20 años, llevaba un título significativo: "Curtain" (Telón). Como de costumbre, resultó un "best seller". En este libro, que guardaba inédito en la caja fuerte de un banco, muere Poirot.

Hércules Poirot, su héroe. El astuto y calvo detective belga, imitador de Sherlock Holmes, muere en "Curtain" de una trombosis coronaria, después de haber descubierto a su último criminal. Muerte irrisoria, por cierto, para un hombre que durante medio siglo se había codeado con las formas más sutiles y variadas del crimen.

Tras él, de una manera muy británica, con discreción y humor desaparecería después, a los 85 años, su creadora. La increíble Agatha lo había hecho figurar por primera vez 75 años atrás, en su novela "El misterioso affaire de Styles". Aquel libro, el primero, lo escribió, por simple capricho, en 1920, para ganarle una apuesta a su hermana mayor, que pretendía descubrir desde las primeras páginas todos los asesinos de las novelas policiales.

Cuatro editores lo rehusaron. Un quinto lo aceptó de mala gana. Agatha debió aceptar sólo sesenta dólares como derechos de autor, pero cinco años después ya era famosa. Había escrito "El asesinato de Roger Ackroyd", una novela que resultó un quebradero de cabeza para todos los expertos en este tipo de literatura: el asesino era el propio narrador, un insospechable médico de provincia.

Amante de las clases desposeidas en su hogar, sus empleados, jardineros y mayordomos los mezclaba en sus crímenes pero nunca eran los asesinos

La cantante frustrada

El origen de tanto éxito había tenido como punto de partida un fracaso. Educada en una atmósfera muy victoriana, de cortinas, tazas de té y campos de césped muy cuidado, Agatha soñaba con una carrera de soprano, era muy bella y tenía una excelente voz. Durante años siguió cursos de canto en la ópera de París. Pero, excesivamente nerviosa debió renunciar al canto, puesto que en cuanto comparecía ante el público, su voz desfallecía.

Desengañada, decidió enrolarse como enfermera voluntaria en la Primera Guerra Mundial. Allí conoció a un aviador, el mayor Archibald Christie, se enamoró de él y se casó. Segundo fracaso: el mayor Christie resultó un Don Juan. Al poco tiempo de estar casado con ella, le anunció que la abandonaba para irse a vivir con una muchacha más joven llamada Teresa Neele.

Lo que hizo entonces Agatha Christie, despechada, era digno de una de sus novelas policiales: desapareció. Su pequeño Morris fue descubierto por la policía, abandonado en medio del campo. El Mayor no supo explicar su paradero. Toda Inglaterra empezó a especular sobre su muerte. ¿Secuestrada? ¿Asesinada?

Quinientos agentes acompañados de perros exploraron, palmo a palmo, la región. Helicópteros sobrevolaron heladas mesetas, buzos descendieron al fondo de lagunas buscando su cuerpo. En realidad, Agatha estaba alojada en un modesto hotel de la costa sur de Inglaterra. Un músico de "jazz" la reconoció. Se había registrado con el nombre de su rival. Pero no era broma: víctima de un severo impacto emocional, había perdido la memoria. Tardó mucho tiempo en recobrarla.

"Cásate con un arqueólogo"

Para olvidar su fracaso con el aviador, la joven Agatha tomó el tren de una de sus novelas más famosas: "El Orient Express". Al término de este viaje, la esperaba sin saberlo un nuevo marido, de carácter diametralmente opuesto al primero. El arqueólogo Max Mallowan, profesor en las Universidades de Londres y Bagdad, no había leído ninguna novela policíaca en su vida. Su pasión eran los sarcófagos egipcios y las excavaciones en Mesopotamia, sus costumbres eran ordenadas y su fidelidad a toda prueba.

Agatha Christie le ayudó en sus investigaciones con la docilidad y abnegación de una mujer musulmana, limpiando la tierra de las vasijas halladas y preparando el té en tiendas de campaña levantadas en pleno desierto. Y en compensación, el profesor Mallowan se convirtió muy pronto en el mejor lector de sus novelas y en un apasionado por las intrigas policiales.

Los dos envejecieron en su famosa Greenway House, una lujosa casa señorial en la campiña inglesa de Devon. "Cásate con un arqueólogo" -le escribió alguna vez Agatha Christie a una amiga- son maridos ideales, pues mientras más envejece su mujer más la aprecian".

Las novelas escritas por ella en los ambientes vividos con su marido arqueólogo "Cita en Bagdad" y "Asesinato en Mesopotamia"- contribuyeron notablemente a su éxito. Cada libro, que fue apareciendo a partir de 1926, se convirtió rápidamente en un "Best Seller". "A Christie for Christmas" (Un Christie para Navidad) el lema publicitario de su editor, se hizo famoso en poco tiempo.

La fórmula de cada novela suya, parecía la misma clásica receta de los libros de intriga policial: un crimen y muchos sospechosos. Pero Agatha se las arregló para desconcertar siempre al lector más suspicaz, enredando de una manera increíble los hilos de la trama, confundiendo todas las pistas.

La muy inglesa Agatha Christie introdujo el crimen en todas sus formas dentro del ambiente sobrio y victoriano, que fue el suyo, el de su infancia, con sus viejos coroneles retirados, sus agudas solteronas, sus mayordomos austeros, sus pastores anglicanos, sus jóvenes románticos y sus dóciles jardineros, tras cualquiera de los cuales podía ocultarse la personalidad de un criminal. Sus personajes eran capaces de todo, pero manteniendo sus buenas costumbre y el orden inglés.

Para pintarlos, se inspiraba en sus propios amigos, cuyas manías y particularidades físicas copiaba con humor. Todos figuran en sus novelas, inclusive ella misma, que se describe con los rasgos de Adriadne Oliver, novelista famosa y distraída, capaz de inventar las más inverosímiles intrigas. De todos sus personajes, su favorita fue siempre Miss Marple, la solterona de ordenadas costumbres que descubre entre tazas de té los más temibles asesinos. Poirot, en cambio, no era hombre de sus simpatías. Agatha lo encontraba vanidoso y se complacía malignamente en ridiculizarlo con su acento belga y su apariencia más bien insignificante.

1940: ¿Un atentado contra Poirot?

En 1940 quiso matarlo, pero desistió. No quería que le ocurriera con él lo que a Conan Doyle con Sherlock Holmes. Como es sabido, después de matar a su héroe y cediendo a las protestas de sus enfurecidos lectores, el escritor debió resucitarlo. La Christie se resignó, pues, a convivir con Poirot hasta poco antes de su muerte. Prácticamente la novelista y su personaje desaparecieron al mismo tiempo. Según parece a la anciana le agradaba urdir la complicada trama confortablemente instalada en su bañera. Mientras escribía comía manzanas, una tras otra. Recibía un correo descomunal de sus innumerables admiradores, que le planteaban enigmas y le sugerían tramas y le pedían a veces la receta de un crimen perfecto. Ella los desconcertaba siempre con una novela que se salía de todo lo esperado.

La "anciana de los mil cadáveres", como la llamara recientemente un periodista francés, tenía un secreto respeto por la literatura. Alguna vez, con seudónimo, intentó escribir otro género de novelas, sin criminales ni detectives, pero fracasó. Esta era la parte oculta de su personalidad. Las obras que escribió ("Lejos de usted esta primavera", "Iris y la rosa") bajo el seudónimo de Mary Westmacott, mostraban una mujer tierna y sentimental, capaz de conmoverse con historias de amor. Pero Agatha Christie no había nacido para hacer suspirar a sus lectores, sino para atraparlos en la trama de sus misterios policiales y finalmente horrorizarlos.

Escribió sin parar durante 55 años. A veces un libro y a veces dos por año. Y aún le sobraba tiempo para sus "hobbies" favoritos: el cuidado de las flores y la buena cocina. No es extraño que a pesar de un trabajo literario tan intenso, pudiera cultivar los tranquilos pasatiempos de una inglesa victoriana, pues para ella la terminación de una novela sólo le representaba diez días de trabajo. Una novela, según ella, debía escribirse de un tirón, sin parar, una vez había sido ideada.

¿El secreto de su longevidad?. No fumar, no beber decía. Durante medio siglo su cerebro estuvo urdiendo todos los días las mil y una maneras de matar. Entre tanto horror, la vida de esta dama británica discurrió apaciblemente, siempre al lado de sus flores y de su marido.

Y la muerte le sorprendió en la bañera, como había vivido.

- Ahora quiero llegar a adivinar como o cuando ha llegado el día en que debo dejar de cantar. Después de 48 años de actividad quisiera escribir poesías y pasar el mayor tiempo posible en compañía de mis padres y de mi nieto, que acaba de nacer. Me canso mucho cuando canto, tanto física como anímicamente, aunque me encanta y todavía creo que lo hago bien.

Musicalmente no tengo demasiadas ambiciones, creo que hice todo lo que me propuse y pude. Hablo solo musicalmente. Respecto a la no-violencia es otra cosa. Escapan muchos factores a mis posibilidades y ahora todo depende de otras personas y poderes que no podría controlar.

-Respecto a lo que hoy me siento como persona humana, ninguna de mis muchas referencias personales (hispana, negra, mujer, india y blanca a la vez) sirve. Tampoco concretamente la latina. Ese terreno de las identidades creo que lo controlo, si bien me siento un poco de todo. Ni siquiera me identifico a mí misma como norteamericana. Mi única identificación es con la raza humana. Soy ciudadana del mundo.

Las novelas de la escritora inglesa Agatha Christie llegaron hace seis años al mundo virtual de los videojuegos con gran éxito. El año pasado Wii lanzó al mercado "Y no quedó ninguno", adaptación de la novela "Diez negritos". Diez personas, cada una de las cuales con algo que ocultar y algo que temer, recibe una invitación para pasar unos días en una solitaria mansión de la isla Shipwreck, donde para sorpresa de todos no aparece la persona que les ha convocado…


Sobre esta noticia

Autor:
Diasporaweb (1302 noticias)
Visitas:
9214
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.